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Thursday, 25 December 2014

Los Estados Unidos en la percepción de Brasil

Por el profesor Luiz Alberto Moniz Bandeira
La ONDA digital Nº 702
El comerciante norte-americano Joseph Bryan, comerciante en Recife, capital de Pernambuco, ha participado de hecho de la conspiración, juntamente con su socio, Joseph Ray, que vivía en Filadelfia, y poco después del levante, en 28 de marzo de 1817, partió a bordo del navío norte-americano Gipsy, llevando Antonio Gonçalves da Cruz, apodado Cabugá, con la misión de hacer una alianza con los Estados Unidos, aunque no obtuviese el reconocimiento del gobierno revolucionario, bien como comprar armas e municiones de boca/2 . En Washington, Cabugá mantuvo encuentros con Cæsar Rodney, “confidente de gabinete”, el presidente del Banco de los Estados Unidos, William Jones, y el Secretario de Estado, Richard Rush, que no solamente reconoció de modo tácito la beligerancia de Pernambuco como hasta admitió la posibilidad de enviar una fuerza naval para la costa de Brasil, con la finalidad de proteger o su comercio/3 . 
Los rumores de que los Estados Unidos ayudarían a la revolución en Pernambuco se difundieron entonces de tal forma que el Conde dos Arcos, gobernador de Bahía y encargado de la represión, tuvo de emitir un comunicado, para asegurar, bajo su “palabra de honor, que los Estados Unidos (…) de cierto no desplegarían sus soldados para favorecer horrorosos crímenes”/4 . Con efecto, los Estados Unidos nada hicieron. El intento de establecer una república en Pernambuco fue aplastado y el clérigo Francisco Muniz Tavares, participante del movimiento y su historiador, comentó: “El espíritu de esta nación (JUL) es tan mercantil y los mercantes son avaros”/5 . Según, después, observó, el gobierno de los Estados Unidos saludaría a “los oprimidos que aplastarán a los opresores, porque está cierto de que ganará más en el comercio”. Pero, si los oprimidos no muestran igual valor, el gobierno americano seguiría el camino de las otras naciones.
“El temor del comprometimiento lo tornará sordo y no siquiera auxilio alguno ofrecerá” – acrecentó el clérigo Muniz Tavares/6 . El propio Antonio Gonçalves da Cruz, que desde la insurrección de 1817 vivía en los JUL, escribió, en 1823, a José Bonifacio de Andrada e Silva, Ministro del Interior e Extranjeros en el primero gabinete organizado por el imperador Dom Pedro I, que el comercio y a industria eran los recursos de aquel país e no era de extrañar
“si estos americanos penetran en todas las partes, con la mayor perseverancia para granjear lo que puede satisfacer su necesidad y codicia, no debe causar admiración si su gobierno, siguiendo esa propensión nacional, va continuamente especulando en las sus relaciones extranjeras, cuya delicadeza está frecuentemente subordinada al logro”/7 .
El Reino de Brasil se separó de Portugal en 7 de septiembre de 1822. Y el la posición de los Estados Unidos, al contrario de lo que se difundió, no fue la de pronto reconocimiento de su independencia. En 1824, el imperador Dom Pedro I nombrara a José Silvestre Rebelo como Encargado de Negocios y Ministro Plenipotenciario en Washington. El Secretario de Estado, John Quincy Adams, lo recibió, tras mucha reluctancia, pero no quiso reconocer a Brasil como Estado independiente, argumentando que mucha gente, sobre todo en la provincia de Pernambuco, se oponía al gobierno monárquico/8 . Y solamente después de algún tiempo, el presidente James Monroe concordó en concederle una audiencia, hecho que fue interpretado como el reconocimiento de la independencia de Brasil. Pero Condy Raguet, el cónsul que representaba a los Estados Unidos en Rio de Janeiro, no aceptó esa interpretación. Cinco meses después de la audiencia, no recibiera ninguna comunicación de Washington, lo que demostraba cautela y dubiez en el comportamiento de los Estados Unidos, y decía que la audiencia que Monroe concedió a Silvestre Rebelo significaba no más que una “tendencia” para lanzar las bases de un intercambio de opiniones/9 . La euforia de los primeros momentos se transformó en desconfianza. E solamente después que fue aplastada otra insurrección en Pernambuco, también alentada por hombres de negocio americano, fue que salió, en 9 de marzo de 1825, la designación de Condy Raguet como Encargado de Negocios. Y aún así ocho meses se pasaron hasta que Washington remitiese sus credenciales, lo que solamente ocurrió después que Portugal reconoció la separación del Reino de Brasil. Y en 29 de octubre de 1825, cerca de tres años después de la proclamación de la independencia, Condy Raguet se presentó ante el Imperador D. Pedro I, oficialmente, como encargado de Negocios de Estados Unidos.


Las relaciones entre los Estados Unidos y el Imperio de Brasil se establecieron en un clima de desconfianza y sospecha, cuyas raíces estaban en la diferencia de regímenes y de estructura de las dos sociedades. Los Estados Unidos consideraban el régimen monárquico en Brasil una “anomalía”, conforme la evaluación del Secretario de Estado, Henry Clay/10 . Y Brasil percibía a los Estados Unidos como un foco de subversión. El imperador D. Pedro I mandó ahorcar el marino americano James. H. Rodgers, que participó de la sublevación de 1824 en Pernambuco, y una de las misiones que Silvestre Rebelo, como Plenipotenciario de Brasil en los Estados Unidos, recibió del Ministro de Negocios Extranjeros de Brasil, Luís José de Carvalho e Melo fue la de investigar las ligaciones de los americanos con los subversivos brasileños/11 . La influencia que los Estados Unidos ejercían no era solamente ideológica, propagando su forma de gobierno republicano. Los intereses comerciales y políticos llevaron los americanos a se involucraren en casi todas las sublevaciones, como la Sabinada (Bahia, 1837-1838), Cabanagem (Pará, 1835-1840), Balaiada (Maranhão, 1838-1841), la Farroupilha (Rio Grande do Sul, 1835-1845), que ocurrieron en Brasil, en la primera mitad del siglo XIX.. Cuando la escuadra brasileña capturó, en 1835, el navío americano John S. Bryan, con una carga de pólvora para los rebeldes del Pará, el Ministro Plenipotenciario de los Estados Unidos en Rio de Janeiro alegó que pólvora era “uno de los más usuales artículos de exportación” de su país/12 . Otro navío americano, el Toucan, también fue apresado, transportando armas y municiones, consignadas a la firma Hayes, Engerer & Co., del Cónsul de los Estados Unidos, Isaac Austen Hayes, cómplice de los farrapos que habían proclamado la República de Piratini en la provincia de Sao Pedro (Rio Grande do Sul). Y la corveta americana Fair-field rompió el bloqueo del puerto de Salvador, apoyando un navío mercante, la galera Bertram of Selam, que llevava los suministros para los rebeldes liderados por Sabino Vieira, en Bahia (Sabinada). La continuación de la sublevación, en Salvador, “es hoy enteramente debida a los mantenimientos que aquella galera y otros vasos americanos tienen suministrado al gobierno rebelde”/13 .
Las relaciones entre Brasil y los Estados Unidos, durante el siglo XIX, no fueron tan suaves, como en general se supone. En 1827, cuando la escuadra brasileña apresó el buque americano Spark, sospechoso de servir como corsario de Argentina, hubo un incidente diplomático y el gobierno brasileño suspendió las relaciones con los Estados Unidos, devolviendo los pasaportes a su Encargado de Negocios, Condy Raget, que lo quiso estafar. El Marqués de Queluz, Ministro de los Negocios Extranjeros, comunicó a Silvestre Rebelo en Washington que Raguet era “enemigo declarado de nuestra forma de gobierno (monárquica) y guiado por los consejos turbulentos de los comandantes de navíos americanos”/14 . En fines de 1842 y comienzos de 1843, los Estados Unidos presionaron Brasil para que reanudara el Tratado de Comercio, de 1827, que estaba a expirar, y otra vez volvió a reclamar indemnización por los barcos apresados, cuando intentaron romper el bloqueo de Pernambuco (1824) y del Río de la Plata (1826-28). El presidente John Tyler (1841-1845), en su mensaje, llegó a hacer amenazas e el Encargado de Negocios de Brasil, en Washington, Gaspar José de Lisboa, percibió que el quería “obtener del gobierno imperial algunas concesiones comerciales” y advirtió al Ministro de los Negocios Extranjeros, Aureliano de Souza e Oliveira Coutinho, que la actitud era idéntica a la que los Estados Unidos habían tomado, con buenos resultados, frente a España, Francia, Bélgica y México, que “prefirieron acceder a las exigencias del gobierno de un país, cuyos habitantes idolatran el oro como a uno Díos en la tierra” . La prisión de tres marinos americanos, que peleaban a cuchillo en el puerto de Rio de Janeiro, agravió las tensiones, que degeneraron en conflicto diplomático. El gobierno brasileño declaró el Encargado de Negocios americano, Henry Wise, persona non grata, mandó que Gaspar José de Lisboa retornase a Brasil y las relaciones con los Estados Unidos fueron suspendidas. El caso solamente terminó en 1849. Brasil puso a la disposición de Estados Unidos el montante de 427:259$546 réis, como pago de las presas en Pernambuco y en el Río de la Plata, pero siguió rechazando la celebración de otro tratado de comercio.
Las relaciones entre los dos países, mientras tanto, volvieron encresparse, en 1849, cuando el teniente Mathew Fontaine Maury empezó a despertar en la prensa americana el interés por la colonización de Amazonía, con la propuesta de trasladar para allá parte de la población negra existente en los Estados Unidos, ya quinta como potencia manufacturera del mundo, en busca tanto de más tierras cuanto de mercados y fuentes de materias-primas. La tendencia para el mesianismo nacional, acentuada en su pueblo por la creencia de que el era el elegido de Dios, ha generado la idea, según la cual el destino manifiesto de Estados Unidos consistía en expandir sus fronteras hasta el litoral del Pacífico e, pasando por el Havaí, proyectarse sobre el Asia entorpecida. Eso implicaba obviamente la conquista de California. Las expediciones de los bucaneros, entre loas cuales Willian Walker, siguieron a acometer Cuba, el Norte de México, Nicaragua, bien como otros países da América Central, contando con la tolerancia, sino con el apoyo del gobierno de Washington, que empezaba a presionar Brasil a abrir el río Amazonas a la navegación. En aquel entonces, el Ministro Sérgio Teixeira de Macedo, representante de Brasil en Washington, comento que no había “un solo país civilizado donde la idea de provocaciones y guerras” fuese “tan popular como en los EU.UU.”/16 . El temía que los Estados Unidos se extendiesen a la Venezuela, Nueva Granada (Colombia), Ecuador y se tornasen limítrofes de Brasil y, a partir de ahí, seria difícil contenerlos y no perder la Amazonía/17 . Y, sin embargo de manifestarse, en principio, favorable a la apertura del Amazonas a la navegación, que los Estados Unidos reclamaban, instigados por la campaña de teniente Mathew Fontaine Maury/18 , preveía que tal medida abriese la puerta de la región a la formación de colonias por norte-americanos, a una “grande inmigración de ellos y, por consiguiente, a la maniobra con que se realizó la usurpación del Texas”/19 . Macedo no descartaba la posibilidad de que los americanos,
“empleando contra nosotros o esas maniobras, con que provocan la guerra y, por lo tanto, el derecho de hacer la conquista de la isla de Marajó, o las otras maniobras, con que se pueden por en conmoción esas provincias (del Norte), destacarlas del Imperio, firmar en ellas repúblicas de la orden da Nicaragua, para de ellas obtener lo cuanto quieran”/20 .
Francisco Inácio de Carvalho Moreira, que remplazó a Sergio Teixeira de Macedo en Washington, tenía las mismas aprehensiones. El ciudadano americano Joshua Dodge, de hecho, ya propusiera a Legación de Brasil en Washington, en 1848, la emigración de 20.000 personas para Belém de Pará/21 . Y James Gadsden, que llevara el presidente Franklin Pierce a adquirir más una parte de México, pretendió asentar sus esclavos en el vale del Amazonas, conforme la propuesta del teniente Maury, que lo quería “revolucionar, republicanizar y anglo-sajonizar”, constituyendo la República Amazónica, para donde los Estados Unidos transplantarían parte de su población negra/22 . Para los diplomáticos brasileños, los americanos alimentaban, sin duda alguna, el propósito de conquistar aquella región y el problema aún más gravemente se configuró cuando, en 1854, el Secretario de Estado, William Marcy, instruyó William Trousdale, Ministro Plenipotenciario en Rio de Janeiro, en el sentido de que comunicase al gobierno imperial que el gobierno de Estados Unidos estarían dispuestos a obtener de cualquier forma a apertura del Amazonas, si hubiera alguna reluctancia de Brasil en atender a su “legítima reivindicación”/23 . Carvalho Moreira creía que, más temprano o más tarde, Brasil estaría dificultades con los Estados Unidos, y “no por medios amigables”/24 . El Teniente Maury escribiera que se debía obtener la apertura del Amazonas, “peacebly if we can, forcibly if we must”25 . Y el presidente Franklin Pierce (1853-1857), en su primer mensaje al Congreso/26 , presentó la cuestión del Amazonas, diciendo que Brasil, a través de cuyo territorio pasaba el río hasta el océano Atlántico, estaba persistiendo en una política restrictiva con respecto a su utilización, obstruyendo y prácticamente excluyendo el intercambio comercial con los otros Estados de la región. Su Secretario de Estado, William Marcy, pasó instrucción al Ministro plenipotenciario de Estados Unidos en Rio de Janeiro, William Trousdale, en el sentido de que empeñase todos los esfuerzos para asegurar a los ciudadanos americanos el libre tránsito en el Amazonas, que el presidente Pierce consideraba una “great natural highway for international trade”/27 . La presentación del asunto al Congreso por el presidente pareció al Ministro Plenipotenciario de Brasil, Carvalho Moreira, como un paso para el inicio de las hostilidades. Y, como nada consiguiera por medios diplomáticos, Trousdale, en 1855, dijo al gobierno de Brasil que cumplía el “desagradable deber” de comunicar la determinación de Estados Unidos, en obtener el libre uso del Amazonas/28 . Eran los términos de un ultimatum.
En aquel mismo año, el Comodoro Mathew Perry estacionara poderosa escuadra en el litoral del Japón y, con tal demostración de fuerza, lo forzara a abrir dos puertos a los comerciantes americanos. Pero Brasil no cedió. Poseía entonces 19.000 a 20.000 soldados de línea, contra 8.000 de los Estados Unidos/29 . Y caso la Marina americana intentase reproducir lo que hizo con Japón, probablemente ocurriría la guerra. El Amazonas permaneció cerrado y la amenaza de lo abrir por fuerza los Estados Unidos no pudieron concretar, en virtud de las mismas razones que no le permitieron atreverse a un conflicto armado con la España por la posesión de Cuba. Sin embargo, durante el gobierno de Abraham Lincoln (1861-1865), el Secretario de Estado, William H. Seward, volvió a proponer a Brasil que recibiese los negros americanos para la colonización del vale del Amazonas. La propuesta no encontró receptividad y, en 1865, las relaciones entre Brasil y Estados Unidos entraron en nueva fase más importante y, por eso mismo, más difícil que las anteriores, conforme la percepción del Ministro de Negocios Extranjeros brasileño, José António Saraiva. De hecho, terminada la Guerra de Secesión (1860-1864), los Estados Unidos pasaron a favorecer al Paraguay, contra el cual Brasil formara la Triple Alianza, con Argentina y Uruguay, en una guerra que se extendió de 1864 a 1870. Las tensiones afectaron recrudecieron y, estafado por el Ministro Plenipotenciario americano, General J. Watson Webb, que exigía indemnización por un navío que encallara en el litoral del Brasil, el Gobierno Imperial e le devolvió los pasaportes y por tercera vez las relaciones con Estados Unidos fueron suspendidas.
A partir de 1870, las relaciones diplomáticas entre Brasil y los Estados Unidos mejoraron, sensiblemente, pero la desconfianza no desapareció. En 1887, el Presidente Grover Cleveland propuso al Brasil formar con los Estados Unidos un Zollverein, o sea, una unión aduanera, con el cambio de productos libres de todos los derechos, de modo que sus recetas se sumasen y fuesen divididas, después, por criterio de captación/30 . El Imperador D. Pedro II manifestó cierta simpatía por la idea, pero el Ministro de Economía, Francisco Belisário, declaró que “no podría recomendar tamaña aproximación con el Gobierno de Estados Unidos”, puesto que eso se le parecía “el camino más corto para la proclamación de la República/31” .
La idea de la unión aduanera así no ha evolucionado, pero el fin de la Monarquía no tardó. En 15 de noviembre de 1889, cuando la 1° Conferencia Pan-Americana, convocada pelos Estados Unidos, se realizaba en Washington, el Mariscal Deodoro da Fonseca y algunos otros militares promovieron un golpe de Estado, instituyendo en Brasil la República presidencialista y a Federación, conforme el modelo generado por la Revolución Americana de 1776-1783. La discrepancia de regimenes políticos no más había en el continente, al término de la 1° Conferencia Pan-Americana, cuyo resultado más concreto fue la institución del Bureau Internacional de as Repúblicas Americanas. Y Brasil, como república, se volcó hacia Estados Unidos, con el cual firmó un tratado de comercio, que perjudicaba su incipiente industrialización, y poderosos sectores de la opinión pública brasileña lo atacaron, defendiendo la denuncia, sobre todo después que las mismas ventajas fueron concedidas a las posesiones de España, Cuba y Puerto Rico. El escritor y periodista Eduardo Prado, de una familia aristocrática de Sao Paulo y adversario del régimen republicano, publicó en 1853 su obra A Ilusão Americana, un libelo contra la política de Estados Unidos, y en el cual escribió:
“Tratados de comercio! Esa es la grande ambición norte-americana, ambición que no es propiamente del pueblo, peri, sí, de la clase plutocrática, del mundo de los monopolizadores (…), no contentes con el mercado interno de que ellos tienen el monopolio contra el extranjero, en virtud de los aranceles prohibitivos en las aduanas”/32 .
Sin embargo de las presiones internas, Brasil no denunció el tratado de comercio, sobre todo porque el Presidente de Estados Unidos, Benjamin Harrison (1889-1893), amenazó hacer represalias y romper las relaciones entre los dos países/33 , lo que no le convenía, debido al hecho de que destinaba al mercado americano, alrededor de 50% o más de sus exportaciones de café. Y el tratado fue mantenido hasta 1894, cuando el propio Presidente americano, Grover Cleveland (1885-1889, 1893-1897), tomó la iniciativa de denunciarlo, al constatar que, a pesar de las concesiones arancelarias, los productos americanos no conseguían competir con los ingleses en el mercado brasileño. Joaquim Francisco de Assis Brasil, Ministro Plenipotenciario de Brasil em Washington, admitió, em 1901, el “peligro de absorción” de su país por Estados Unidos y propuso la integración con Argentina, Chile e Uruguay, con el objetivo de buscar, en la Sudamérica, el equilibrio de poder . En su opinión, en el fundo, “el imperialismo no desagrada a ningún norte-americano”/35 .
De cualquier modo, a reflejar la extrema dependencia del mercado americano para las exportaciones de café, cacao, goma elástica y otras commodities, Brasil, desde la proclamación de la república, siguió estrechando sus relaciones políticas con Estados Unidos. José Maria da Silva Paranhos, Barón de Rio Branco, nombrado Ministro de Relaciones Exteriores por el Presidente Francisco de Paula Rodrigues Alves (1902-1906), en fines de 1902, aceptó la Doctrina Monroe, defendió el corolario del Presidente Theodore Roosevelt (1901-1909)/36 , y alzó la Legación de Brasil en Washington al nivel de Embajada. Joaquim Nabuco, que antes criticara la interferencia americana durante la sublevación de la Armada brasileña contra a república (1893), fue designado para el cargo de embajador en Washington y pasó a defender el pan-americanismo. La cordialidad entre Brasil y Estados Unidos alcanzó su clímax, cuando entre 23 e 27 de julio de 1906, se realizó, en Rio de Janeiro, la 3ª Conferencia Pan-Americana, a la cual concurrió el secretario de Estado, Eliu Root.
Sin embargo, la percepción del pan-americano no fue positiva en todo el medio diplomático de Brasil. El notable jurista Rui Barbosa, representante de Brasil a la 2ª Conferencia de Paz, en La Haya (1907), se opuso a los Estados Unidos, que pretendían criar un Tribunal Permanente de Arbitraje, , juntamente con las potencias europeas, discriminando a Brasil y los os Estados de Sudamérica. “La souveraineté est la grande muraille de la patrie” – proclamó Rui Barbosa, al defender la igualdad entre los Estados soberanos/36 . Manuel de Oliveira Lima, otro grande diplomático brasileño que hacia siempre criticara el “espíritu imperialista”38 de los Estados Unidos, escribió en aquel entonces muchos artículos, reunidos posteriormente en su libro, Pan-Americanismo (Monroe-Bolivar-Roosevelt), en los cuales expresó críticas al monroísmo, a la política del big stick de Theodore Roosevelt. “Es fuerza decir que la Doctrina Monroe solamente veda conquista en la América a los europeos, no las veda a los americanos-de-norte, por lo menos mientras sea exclusiva la Doctrina” – advirtió Oliveira Lima/39 . Pero, el percibió que la amistad con Estados Unidos, para el Barón de Rio Branco, no significaba la subalternización de Brasil, la abdicación de su personalidad, en homenaje, de sus juicios y preferencias. Con efecto, el Barón de Rio Branco, después de la Conferencia de La Haya, se desilusionó con los Estados Unidos. Cuando en diciembre de 1907 se anunció que una escuadra americana llegaría al Rio de Janeiro, el avisó al Embajador Joaquim Nabuco que “no se podía esperar el entusiasmo de 1906”/40 . Y acrecentó:
“Intereses superiores a los de los países nos llevan a persistir en la política de acercamiento (a los Estados Unidos) que tiene sido empeño tradicional de este gobierno desde los primeros días de nuestra independencia, pero no somos amigos incondicionales, no podemos hacer sacrificio de nuestra dignidad, ni ser solidarios con los desaciertos de representantes americanos que no estiman esa política y no comprenden los intereses de su país”/41 .
Poco tiempo después, el Barón de Rio Branco reaccionó enérgicamente contra la actitud de los Estados Unidos, que estaban a favorecer el Perú en el litigio sobre los territorios de Purus y Juruá, afirmando o “derecho nuestro (brasileño) de operar en política en esta parte sen tener que pedir licencia o dar explicaciones” al gobierno norte-americano, que, según sus palabras, no debía envolverse “para ayudar desafectos nuestros, en las cuestiones en que estamos empeñados”/42 . Y, en 1909, se dispuso a romper las relaciones con los Estados Unidos, se el presidente William Howard Taft (1909-1913) ejecutase el ultimátum dado al Chile para pagar dentro de diez días el montante de u$s 1 millón, reclamado por la empresa norte-americana Alsop & Co./43 .
El Embajador Domício da Gama, que remplazó a Joquim Nabuco en Washington, tuvo también una visión bastante negativa de los Estados Unidos En 1912, escribió una carta al presidente de Brasil, Hermes da Fonseca (1910-1914), que “los Estados Unidos, formados con el concurso de tantos pueblos, se juzgan diferentes de todos ellos y superiores a ellos” y que “el duro egoísmo individual se ha ampliado a las proporciones de lo que se podría llamar de egoísmo nacional” . “Delante de los americanos no nos asienta ninguna actitud que no sea de igual para igual” – recomendó Domício da Gama, al comentar a amenaza de cobrar impuesto sobre el café, que los Estados Unidos hacían, como “instrumento de chantaje”, y enfatizó que “es a esto que conviene por un paradero, se no queremos reducirnos a simples provincia económica de los Estados Unidos”/45 .
Domício da Gama también comentó un discurso del presidente William Howard Taft, en lo cual “una de las francas y sencillas declaraciones fue de que los Estados Unidos tienen el derecho de intervenir como hermano mayor (big brother) en la vida política de las hermanas intranquilas, para les enseñar como se vive”. El observó que los norte-americanos se consideraban o “pueblo elegido para guiar la humanidad” y aludió a su pretensión de criar una corte permanente de arbitraje, “formada pelas naciones poderosas”, como un proyecto de “dominación política (…), una alianza disfrazada para hacer la ley sobre pueblos menores”/46 . E en virtud de los conflictos con el gobierno americano, que “para servir a los intereses comerciales de su país” movía procesos a fin de derribar el precio del café brasileño, el ex-presidente do Brasil, Rodrigues Alves, otra vez el gobierno de São Paulo, reveló que a las veces preguntaba a si mismo “se tendríamos acertado con a política que anduvimos desarrollando en los Estados Unidos, desde el tiempo de Rio Branco”/47 .
La advertencia de Domício da Gama y la duda de Rodrigues Alves no impidieron que el canciller Lauro Müler (1912-1917), sucediendo a Rio Branco no Ministerio de Relaciones Exteriores, exacerbase el alineamiento de Brasil con los Estados Unidos, al punto de hacerlo marchar “al compaso de Washington”, o sea, de conformidad con las directivas de su política exterior. Empero, a partir de la revolución de 1930, aunque mantuviera una alianza tácita con los Estados Unidos, el gobierno del presidente Getúlio Vargas (1930-1945) buscó alargar el margen de autonomía de Brasil, con el objetivo de impulsar el proceso de desarrollo industrial y reducir la dependencia con respecto al café y al mercado americano. Y exactamente por ese motivo había en Brasil, sobre todo en las Fuerzas Armadas, enorme simpatía por la Alemania nazista. En 1934, Oswaldo Aranha, Embajador en Washington, negociando un acuerdo de comercio con los Estados Unidos, advirtió al Ministro de Relaciones Exteriores, José Carlos de Macedo Soares, que Brasil no podía perder la libertad de negociar con otros países. “El punto capital de ellos (Estados Unidos), hoy, es evitar que guardemos esta libertad” – escribió, acrecentando que “es capital resguardar este aspecto fundamental a nuestra soberanía. No queremos ni podemos aceptar vasallajes mismo indirectas”/48 . Un año después, 1935, Oswaldo Aranha, al constatar que Brasil era excluido de una conferencia económica sobre la cuestión del Chaco, advirtió al secretario de Estado que “nada explica el nuestro (brasileño) apoyo a los Estados Unidos en sus cuestiones en la América Central, sin actitud recíproca de apoyo al Brasil en la América do Sur”/49 .
El apoyo de Brasil a los Estados Unidos era condicional. En el curso de los años, el gobierno del presidente Getúlio Vargas siguió jugando con las contradicciones internacionales, con los Estados Unidos y Alemania, en busca de recursos para desarrollar la industria siderúrgica. Y el Embajador de Brasil en Washington, Carlos Martins, percibió claramente que el presidente Franklin D. Roosevelt (1933-1945) estaba muy interesado en la conflagración en Europa, intensificara ostensivamente la asistencia militar a Gran-Bretaña y aceleraba los preparativos para la guerra que los Estados Unidos declararían a Alemania e Italia, lo más pronto posible, luego de terminado el proceso electoral. “Creo que la neutralidad ya no ofrece garantías a los dirigentes de esta grande república (Estados Unidos)” – escribió Carlos Martins a Vargas, en 18 junio de 1940 . Y acrecentó que, una falta de preparo militar, que buscaban remediar, aún contenía a los Estados Unidos, pero “en futuro próximo tendremos una guerra que ellos llevarán al Viejo Mundo, como una cruzada, con el lema de que es la América que irá libertar Europa del yugo alemán”/51 . Carlos Martins no era un “admirador incondicional” de las instituciones americanas y trató de informar a Vargas que el México seguiría a los Estados Unidos, en la guerra, y que, si Brasil quedase con Alemania, Argentina lo atacaría, conforme ya comunicara al gobierno de Washington/52 .
Brasil estaba solidario con los pueblos americanos, para la defensa común, pero se abstenía de intervenir en contiendas fuera del continente. “Nuestro pan-americanismo nunca tuvo en vista la defensa de regimenes políticos, pues esto sería atentar contra el derecho que tiene cada pueblo de dirigir su vida interna y se gobernar” – el presidente Vargas afirmó en discurso, pronunciado en 29 de junio de 1940/53 . Sin embargo, en 7 de diciembre de aquel año, un destroyer americano, el USS Ward (DD-139) bajo el comando del Lt. William W. Outerbridge, hundió un mini-submarino japonés, en las cercanías Peal Harbor, y una hora después los aviones del Japón atacaron aquella base americana/54 , dando el pretexto de que Franklin D. Roosevelt necesitaba para vencer as tendencias aislacionistas e involucrar los Estados Unidos, directamente, en la guerra. Brasil tuvo entonces de romper las relaciones con las potencias del Eje, pero solamente decidió enviar participar activamente de la guerra, enviando contingente a Europa, después que Alemania pasó a torpedear sus navíos mercantes. El presidente Getúlio Vargas, empero, desagradó al gobierno de los Estados Unidos, en virtud de su política nacionalista y el Embajador americano Adolfo Berle Jr. Tuvo incentivó abiertamente el golpe de Estado que lo derribó en 29 de octubre de 1945. Brasil, bajo el gobierno del mariscal Eurico Gaspar Dutra, que venció la elección presidencial de 1946, siguió una política de acercamiento a los Estados Unidos, pero no sin resistencia. Los Estados Unidos no consiguieron mantener sus bases militares en Brasil. Y, en 1947, cuando el Canciller Raúl Fernández lo censuró por que discrepó de la posición tomada por la Delegación de los Estados Unidos, en una votación para el Consejo de Seguridad, Oswaldo Aranha, jefe de la Delegación de Brasil en la ONU, respondió que “la nuestra solidaridad no puede ser nunca una servidumbre”, afirmando que “no me prestaría a ese papel y, creo, ningún brasileño aceptaría esa misión”/55 . El se dijo “amigo” de los americanos, pero no “caudatario del Departamento de Estado”, lo que cualificó como “traición”/56 .
Por su, el Ministro Carlos da Silveira Martins Ramos, jefe de la Legación de Brasil en Guatemala, informó al Itamaraty, en 1950, que “animosidad existente” allá existente contra los Estados Unidos no era “ni menor ni mayor” de la que prevalecía “en todos los países hispano-americanos y hasta mismo en ciertos medios brasileños”, como residuos de la anticua política do Big Stick, “de la cual los países centro-americanos y el México fueron siempre las primeras víctimas”, y, en parte, de la “conducta arrogante de ciertas compañías norte-americanas, tales como Standard Oil y United Fruit Company, en el tracto con los gobiernos e os nacionales de los países latino-americanos y del sistema de corrupción puesto en práctica para la obtención de sus propósitos monopolistas”/57 .Y, en 1951, Oswaldo Aranha, un grande diplomático y estadista, quefue ministro de la Economía, tras la elección de Getúlio Vargas para a la presidencia de Brasil (1951-1954), y se opuso al envío de tropas brasileñas para la guerra en Corea, solicitado por los Estados Unidos. “No fuimos responsables por ese enganchamiento y, como decía un viejo caudillo a uno de sus generalitos que se hundía en las líneas enemigas y pedía apoyo para salir del aprieto: el supo entrar, que sepa salir”– el escribió al general Pedro Aurélio de Góes Monteiro, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas/58 . Y en fin de 1952, comentando la victoria de los republicanos con la elección del General Dwight Eisenhower para la presidencia de los Estados Unidos, vaticinó en carta al presidente Getúlio Vargas:
“Este será un gobierno republicano y militar. Entre les deux mon coeur balance sin saber cual lo peor. A Wall Street será el Estado – Mayor. La reacción vendrá para el mundo de estas dos fuerzas conjugadas en mayor poderío ya alcanzado por un pueblo y en l hora más incierta e insegura para la vida de todos los pueblos. El capitalismo en el poder no conoce limitaciones, sobre todo las de orden internacional. 0 esforço para voltar à ordem mundial é o espetáculo que iremos assistir. La nueva orden, que se iniciaba por la liberación de los pueblos del régimen colonial, va a sufrir nuevos embates. Pero terminará por vencer, mismo porque este pueblo (americano), conforme me parece, no está unido en el sentido de apoyar esta vuelta violenta a un pasado internacional que llevará inevitablemente el país a la guerra con casi todos los demás pueblos” .
Vargas no concluyó su gobierno. En 24 de agosto de 1954 se suicidó con un tiro en el corazón, denunciando la “campaña subterránea” de los grupos internacionales, que se aliaron a los grupos nacionales “revueltos contra el régimen de garantía del trabajo”, y la “violenta presión” sobre la economía brasileña, para lo forzar a ceder. El impacto político de su muerte, al acusar los grupos extranjeros de maniobras contra su gobierno, desencadenó una reacción popular de tal magnitud y, durante días, las muchedumbres salieron as las calles de Rio de Janeiro y de las principales ciudades de Brasil, atacando las empresas americanas, periódicos y las sedes del partido de oposición, la Unión Democrática Nacional. Ese acontecimiento paralizó el golpe de Estado, impidió su radicalización, frenando la tendencia autoritaria de las Fuerzas Armadas. Pero, mismo durante la administración contraria e la política nacionalista de Vargas, como a que fue instalada, en 1954, con la ascensión del Vice-Presidente João Café Filho, apoyado por las corrientes liberales de la oposición, ese resentimiento se manifestó. El Embajador de Brasil en Washington, João Carlos Muniz, deploré que el gobierno del Presidente Dwight Eisenhower (1953-1961), a pesar de las declaraciones formales de su Secretario de Estado, John Foster Dulles, no prestara la debida importancia a la América Latina, lo que, según su opinión, decorría de la influencia de ciertas doctrinas geopolíticas, que abandonaban la noción de hemisferio y, pasando a considerar los Estados Unidos como integrados en el heartland euro-asiático, substituían el continentalismo por el globalismo .
El jefe del Departamento Político y Cultural del Itamaraty, Embajador Henrique de Souza Gomes, se manifestó cético cuanto al resultado de una acción conjunta de los países latino-americanos, visando a atraer para sus intereses, sobre todo de orden económica, “la atención y el desvelo” del gobierno norte-americano, que efectivamente colocara América Latina en la última escala de prioridades, abajo de Europa, Asia e África, para a concesión de cualquier especie de auxilio . Y las opiniones fueron, de modo general, controvertidas. Algunos responsables por la formulación de la política exterior de Brasil desaconsejaron cualquier acción juntamente con los demás países latino-americano, porque, entre otras razones, sería difícil “evitar que semejante movimiento tomase o aspecto de coalición contra los Estados Unidos” . Pero, apoyado por las mismas fuerzas políticas que sostuvieron el gobierno de Vargas – el Partido Social-Democrático y el Partido Trabalhista – Juscelino Kubitschek venció la elección presidencial de 1955. En su gobierno (1956-1961), el trató de acelerar el desarrollo industrial de Brasil, aguzando las contradicciones con los Estados Unidos, que solamente pretendían medidas de represión contra el comunismo. Y, en 1958, lanzó la Operación Pan-Americana, declarando que en Brasil y en los demás Estados del continente, madurara la “conciencia de que no más conviene formar un mero conjunto coral, una retaguardia no característica, un simples fondo de cuadro” . En otro discurso, haciendo crítica a los Estados Unidos, dijo que “deseamos formar al lado del Occidente, pero no deseamos constituir su proletariado” . Kubitschek también rompió, en 1959, los entendimientos con el Fondo Monetario Internacional, que exigía la reducción de los gastos públicos y paralización de las obras, sobre todo las inversiones en la Petrobrás (empresa estatal de petróleo). Dijo el que “los americanos no solamente no ayudaron a Brasil como perturbaron las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional” .
Esas divergencias con los Estados Unidos se ampliaron aún más, tras la revolución cubana, cuando Janio Quadros sucedió a Kubitschek como Presidente de Brasil (1961-agosto de 1961) y se opuso a la intervención militar contra el régimen de Fidel Castro, defendiendo la soberanía y el derecho a la autodeterminación de Cuba. Quadros renunció, ocho meses después de inaugurar su gobierno, pero su sucesor, el Vice-Presidente João Goulart (1961-1964) mantuvo la misma línea de la política externa independiente, no aceptando y rechazando las directivas del gobierno americano. En aquel entonces, la tendencia para la intervención de las Fuerzas en el proceso político de diversos países de América Latina no resultó solamente de factores endógenos, inherentes a los países de aquella región. Más que una cuestión de política nacional, de política interna de Argentina, Perú, Guatemala, Ecuador o Brasil, los golpes de Estado, que, luego de Revolución Cubana, convulsionaron toda América Latina, configuraron igualmente un fenómeno de política internacional, cuyo epicentro se encontraba en la mutación de la estrategia de seguridad continental, promovida por el Pentágono, redefiniendo las amenazas, con prioridad para el enemigo interno, e difundiendo, a través, particularmente, de la Junta Interamericana de Defensa, las doctrinas de contra-insurrección y de acción cívica. No sin motivo el Embajador Ilmar Pena Marinho, jefe de la Delegación de Brasil en la Organización de los Estados Americanos (OEA), manifestó su preocupación con la posibilidad de que el Colegio Interamericano de Defensa, creado por presión de los Estados Unidos, viniera a transformarse en una “academia de golpes de Estado” , donde los militares e instructores norte-americanos, a influenciar sus colegas latino-americanos, defendían abiertamente opiniones sobre la necesidad de implantarse un sistema permanente de acción colectiva, capaz de intervenir donde no se pudiese enfrentar, con recursos internos del propio país, la amenaza comunista .
En realidad, el gobierno del Presidente John Kennedy (1961-1963), que consideraba la democracia representativa uno de los medios más eficientes para el combate alo comunismo, condenaba los golpes de Estado, pero, poco tiempo después, demostraba tolerancia e, por fin, se acomodaba con las dictaduras de extrema-derecha por ellos instituidas. Esta falta de consistencia se ha evidenciado en la política de los Estados Unidos delante dos acontecimientos en la Argentina (1962), Perú (1962), Guatemala (1963) y Ecuador (1963). Durante la Administración Kennedy, el Departamento de Estado siempre manifestó su preocupación con cualquier atentado a la democracia representativa en el hemisferio. Pero, mismo que pruebas concretas no hubiera sobre a ingerencia directa del Pentágono, estimulando golpes militares en América Latina, no quedaba la menor duda de que sus presiones llevaron los Estados Unidos a reconocer y a cultivar “relaciones amistosas con las peores dictaduras de derecha”, conforme el análisis de la Embajada de Brasil en Washington, entonces bajo la dirección del Embajador Roberto Campos. “Bajo el punto de vista de los sectores militares de Washington tales gobiernos son mucho más útiles a los intereses de la seguridad continental que los regimenes constitucionales” .
Cuando irrumpió la crisis de los misiles, octubre de 1962, el Presidente João Goulart respondió a una carta del Presidente John Kennedey (1961-1963), criticando la tentativa de imponer formas de gobiernos “por medios coercitivos externos” y en franca violación de la soberanía nacional de otros Estados, y expresó su “aprehensión y la insatisfacción” del pueblo brasileño con el modo por el cual los Estados Unidos demandaron y alcanzaron, en el Consejo de la OEA, la decisión de aprobar el bloqueo, sin que se realizase o por lo menos, se deliberase una investigación in loco y sin que se hubiese tentado conseguir, a través de una negociación, el desarme de Cuba, con a garantía recíproca de no invasión, como o Brasil propusiera en Punta del Este . Aprovecho aún la oportunidad para expresar sus temores sobre el futuro inmediato de la OEA, debido a la tendencia de transformarla en un “bloque ideológico intransigente, en que (…) los regimenes de excepción de carácter reaccionario encuentran el tratamiento más benigno” . Goulart, entretanto, fue derrocado por un golpe de Estado, articulado con la asistencia de la CIA y el respaldo abierto del gobierno americano, y el gobierno militar del Mariscal Humberto Castelo Castelo Branco trató de mudar la política exterior de Brasil. Su Embajador en Washington, el general Juracy Magalhães llegó a decir que “los que es bueno para los Estados Unidos es bueno para Brasil”. Pero las presiones nacionalistas volvieron a manifestarse dentro de las Fuerzas Armadas y el gobierno del Mariscal Artur da Costa e Silva (1967-1969) promovió la política exterior de Brasil con base en directivas similares a las que fueron trazadas por los gobiernos de Quadros y Goulart. En 1972, durante el gobierno del general Emílio Garratazu Medici (1969-1974), el Embajador João Augusto de Araujo Castro, embajador en Washington, reconoció que la política externa de los Estados Unidos era dominada por un “concepto frío de realismo y pragmatismo” .
Desde entonces, la diplomacia brasileña comenzó a denunciar el “congelamiento de la estructura del poder mundial”, por medio del oligopolio de la energía nuclear, y el gobierno del General Ernesto Geisel (1974-1979), tres años después, denunció el Acuerdo Militar con los Estados Unidos. en medio a las tensiones provocadas por la celebración del Acuerdo Nuclear con la República Federal de Alemania y la cuestión de los derechos humanos. “Yo entendía que nuestra política exterior tenía que ser realista y tanto cuando posible independiente. Anduvimos demasiadamente en la cola de Estados Unidos” – diría el presidente Geisel en sus memorias, acrecentando:
“Sé que la política americana nos llevaba a eso, pero debíamos tener un poco más de soberanía, un puco más de independencia, e no ser serviles en relación a Estados Unidos. Teníamos que vivir y tratar con Estados Unidos, tanto cuanto posible, de igual para igual, aunque ellos fuesen mucho más fuertes, mucho más poderosos do que nosotros” .
Sin embargo de las divergencias, la cooperación entre Brasil y los Estados Unidos no fue sólo una necesidad económica, política o diplomática. Como destacó el embajador Araujo Castro, ella fue y es, antes de todo, un dato cartográfico. El mapa del hemisferio muestra la enorme dimensión de esas dos masas territoriales, con grandes contingentes poblacionales y que necesitan mantener lazos estrechos y de ahí la ambivalencia en sus relaciones, desde el siglo XIX. Pero, Brasil se ha reservado enteramente a sí mismo la definición de sus intereses nacionales, de acuerdo a su propia percepción del mundo y está convencido incluso, de que la rígida estructura de poder y riqueza en el mundo debe ser cambiada. Los lazos entre Estados Unidos y Brasil son sólidos y están caracterizados por valores básicos compartidos, respeto mutuo y una creciente interacción política y económica. Sus relaciones bilaterales parecen en buenos términos. Brasil tiene la tecnología para armas nucleares, pero no tiene interés en producirlas. Por eso el presidente Fernando Enrique Cardoso firmó el Tratado de No Proliferación, iniciativa esta recibida con severas críticas en círculos militares y diplomáticos, porque Brasil así a pasó aceptar un régimen internacional discriminatorio. Las disputas comerciales, por otro lado, continuaron y la rivalidad persistió y se tornó incluso más aguda. Brasil tiene contradicciones con los Estados Unidos, no sólo en cuanto a las medidas proteccionistas adoptadas contra las exportaciones industriales brasileñas en el mercado norteamericano y a la efectiva competencia en mercados de América Latina y otros del Tercer Mundo, sino también con relación a la implantación del ALCA. Brasil tiene el Mercosur como prioridad.
En comienzo de septiembre de 2000, dos días tras el presidente Bill Clinton haber lanzado el Plan Colombia, el presidente Fernando Henrique Cardoso (1995-1999 – 1999-2003) reunió en Brasilia a los doce sudamericanos para dar inicio a propuesta para la unidad económica Sudamérica. Este fue el primer encuentro presidencial en la historia del su-continente y, la Brasilia Communiqué incluía la promesa de crear el libre comercio tan pronto como fuera posible, uniendo económicamente a 340 millones de personas en un área con una producción económica combinada de U$S 1.3 trillones. No se hizo mención al Plan Colombia, el cual el presidente Andrés Pastrana se apresuró en asegurar a los otros líderes que su campaña antidrogas no implicaría una intervención militar norteamericana. La visita de Clinton a Colombia y la cumbre de dos días en Brasilia, convocada por Fernando Henrique Cardoso, dos hechos casi simultáneos, reflejaron, en realidad, la contradicción de los intereses económicos, políticos y geopolíticos Estados Unidos y Brasil, y agudizando su rivalidad. “Esta será una instancia para la reafirmación de la identidad sudamericana como una región donde la democracia y la paz aceleren los proyectos de un creciente proceso energético de integración entre países que viven juntos en el mismo vecindario” – había escrito el presidente Fernando Henrique Cardoso, en vísperas de la cumbre .
Esta tendencia a la reafirmación de la identidad sudamericana, no era bienvenida por los Estados Unidos. Kissinger, a pesar de reconocer que Brasil se sentía el organizador de Sudamérica mientras los Estados Unidos ocupaba el mismo puesto en Norteamérica, expresó, francamente, su preocupación de que el Mercosur se estaba convirtiendo en un instrumento para excluir a los Estados Unidos de los acuerdos bilaterales con otros socios tradicionales en la región o, de ser posible, dedicarse a acuerdos internos similares a los llevados a cabo en Europa, en los campos políticos y económicos, tendiendo a confrontar a los Estados Unidos con una serie de faits accomplis .
Sin embargo de la solidariedad a Estados Unidos, en consecuencia de los atentados terroristas contra o World Trade Center y el Pentágno, en 11 de septiembre de 2001, y del apresuramiento en la convocación del Órgano de Consulta de la Organización de los Estados Americanos (OEA), invocando el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), Fernando Henrique Cardoso no ha dejado de expresar sus críticas a la política exterior del presidente George W. Bush. Cerca de un mes después de los acontecimientos, declaró que era más fácil, “ideológica y políticamente’”, negociar acuerdos comerciales con la Unión Europea que con Estados Unidos. Reconoció entonces que las negociaciones con la UE presentaban menos riesgos para la soberanía de Brasil que las realizadas para la formación del ALCA hasta el momento pautadas por los intereses das naciones más ricas, como Estados Unidos e Canadá . Días después, en discurso en la Asamblea Nacional de Francia, Fernando Henrique Cardoso proclamó que “la barbarie no es solamente la cobardía del terrorismo, pero también a intolerancia o la imposición de políticas unilaterales en escala planetaria” .
Posteriormente, indagado por la prensa se el refirió, con esa declaración, a Estados Unidos, no hesitó en aclarar que solamente ese país tenía el poder de imponer políticas unilaterales. A pesar de esas y otras críticas expresadas por Cardoso con relación a aspectos de las políticas norteamericanas – unilateralismo, proteccionismo, etc. – una gran parte del pueblo brasileño percibió su política exterior, así como su política económica, como un mero accesorio de la hegemonía estadounidense en el mundo y, especialmente, en Latinoamérica. Pero en Washington percibieron que Brasil se estaba apartando cada día más de los Estados Unidos, un procedimiento “discreto en apariencia, peligroso en su tendencia”, de acuerdo al concepto usado por Oliveiros S. Ferreira analizando las tendencias del régimen militar en 1967, a fines del gobierno del Mariscal Humberto Castelo Branco . El gobierno de Cardoso intentó mantener relaciones amistosas con los Estados Unidos, hizo varias concesiones, inclusive la firma del Tratado de No Proliferación (NPT), en 1998, y otras iniciativas muy criticadas en Brasil. Pero Cardoso no pudo evitar las cruciales divergencias acerca del ALCA, cuya instauración afectaría profundamente los intereses políticos y económicos a nivel nacional. Ahí estaba el cerne de las contradicciones. Tras el presidente George W. Bush decir, en Washington, el 30 de marzo de 2001, que el presidente Cardoso y el habían tomado la decisión de que trabajar “estrechamente para allanar toda diferencia que exista”, Cardoso subrayó:
“Eso es verdad. Yo estoy de acuerdo con el Presidente. Creo que – tenemos, por supuesto, de tanto en tanto algunas diferencias. Eso es normal entre naciones. Ayer el Presidente dijo, americano, ser primero americano. Bueno, yo diría lo mismo, ser primero Brasil. Eso es normal. Pero, entonces veamos como cooperar” .

Bajo cualquier administración, Brasil debería cooperar con los Estados Unidos, pero no podría aceptar el ALCA tal como fue ideado por Washington. Y sin Brasil, la mayor economía de Sudamérica, el ALCA sería irrelevante para los Estados Unidos. Brasil tiene la más diversificada estructura económica en comparación a todos los países sudamericanos: su estructura industrial es más integrada y competitiva, lo que se refleja en las cuotas de productos manufacturados en GDP, y en sus exportaciones de manufacturas (más del 50%) superando a las commodities. El establecimiento del ALCA, si Brasil participara en él, afectaría la exportación de manufacturas brasileñas a otros países de Sudamérica . No sin razón, en 2002, Luiz Inácio Lula da Silva, líder del centro-izquierda del Partido de los Trabajadores y liderando las encuestas de opinión antes de la elección para presidente de Brasil, en octubre de 2002, dijo que el ALCA “no es en realidad un pacto de libre comercio. Más bien, es una forma de anexar América Latina a los Estados Unidos”. Su punto de vista reflejaba la opinión pública de Brasil.
Las relaciones entre Estados Unidos-Brasil continuaron frías desde que Lula da Silva inició su administración el 1° de enero y emprendió su primer tarea, implementando un programa nacional de erradicación del hambre (Hambre Cero) y jugó un rol en la mediación y negociación del fin de la huelga contra el Presidente Hugo Cháves, en Venezuela. Pero los asesores de George W. Bush se dieron cuenta que Lula da Silva no estaba, ni cerca, de ser el izquierdista terrorífico tal como lo habían pintado el Representante Henry J. Hyde y los periodistas y analistas conservadores de The Washington Times. No declaró el default de la deuda externa brasileña, logró credibilidad económica mediante el mantenimiento de políticas macroeconómicas sustentables y las pautas y modelos de la política exterior brasileña no fueron variadas. Lula da Silva sólo enfatizó el apoyo al Mercosur, el concepto de Sudamérica y la fortaleza de su poder de negociación con respecto a Estados Unidos, mediante la búsqueda de un estrechamiento de los lazos con los vecinos brasileños de la Comunidad Andina. Al mismo tiempo, procuró tener un positivo entendimiento bilateral con George W. Bush, a quien visitó el 20 de junio de 2003 y donde emitieron una declaración conjunta, estableciendo que “Estados Unidos y Brasil resuelven crear una relación más estrecha y cualitativamente más sólida”, mediante consultas regulares, de alto nivel, sobre asuntos que van desde el contra-terrorismo a la ayuda a África.
“Sin ninguna duda, creo que podemos sorprender al mundo en materia de relaciones” – dijo Lula da Silva al finalizar el encuentro. Pero, en realidad, los intereses nacionales son más fuertes que los deseos y las palabras. Existen hondas divergencias entre los dos países. El acuerdo suscrito entre Bush y Lula da Silva no hizo ninguna mención al protagonismo de Estados Unidos en la guerra de Irak, la que Brasil denunció con dureza, debido a que, por sobre todas las cosas, no contó con la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU. Y la implantación del ALCA continúa en juego. Brasil, al igual que el resto de los países de Sudamérica, tiene serias inquietudes económicas y políticas que se oponen a un esquema de libre comercio. Varios obstáculos amenazan con descarrilar las prometedoras negociaciones. Actualmente, entre otros, dos productos primarios – acero y jugo de naranja – están impedidos de mayores exportaciones al mercado estadounidense, en función de sus tarifas y restricciones tendientes a proteger a los agricultores norteamericanos y a la producción de acero nacional. Brasil protestó y reclamó contra estas restricciones. Sin embargo, no existen posibilidades de que la administración Bush las levante, en especial desde que los productores de naranjas y de acero en Estados oscilantes (tales como Florida, California y Ohio) son cruciales para el Partido Republicano en las próximas elecciones presidenciales en 2004. De cualquier manera, es muy posible que, si viene a existir, el ALCA no beneficie las economías de Sudamérica, sino que, por el contrario, prolongue una relación desigual.

Luiz Alberto Moniz Bandeira es doctor en ciencia política, profesor titular de historia de la política exterior de Brasil en la Universidad de Brasilia (jubilado), tiene más de 20 obras publicadas, entre las cales figuran: Formación del Imperio Americano (De la guerra contra España a la guerra en Irak) y la Segunda Guerra Fría – Geopolítica y dimensiones estratégicas de los Estados Unidos (De las rebeliones en Eurasia a África del Norte y al Medio Oriente), y varias fueron editadas en otros países, como Argentina, Chile, Alemania, China, Rusia y Portugal.

Notas
1/Melo, Mario. A Maçonaria e a revolução republicana de 1817. Recife: Instituto Archeológico e Geographico, 1912, p. 9 e 10. 2/Carta original, firmada por José Carlos Mairink da Silva Ferrão, Casa do Governo Provisório de Pernambuco, 27.3.1817. AHI – Lata 195, maço 4, pasta 4. III – Cols. Especiais. Documentação anterior a 1822 – Independência. 3/Las anotaciones hechas por Antonio Gonçalves da Cruz, o Cabugá, de las audiencias que tuvo con Cæsar Rodney, el “confidente de gabinete”, con el presidente del Banco de los Estados Unidos y, en seguida con el Secretario de Estado, Richard Rush: Documentos sobre las relaciones con los Estados Unidos, firmado por diversos y Antonio Gonçalves da Cruz, 38 hojas, originles y copias. AHI – lata 195, maço 4, pasta 5 – III Cols. Especiais – Documentación anterior a 1822 – Independencia – Capitania de Pernambuco (Revolução de Pernambuco). 4/Comunicado del Conde dos Arcos, in Documentos Históricos /Revolução de 1817), vol. CI, p. 40 e 41. 5/Tavares, Francisco Muniz – História da Revolução em Pernambuco em 1817. Recife: Instituto Archeológico e Geográphico de Pernambuco, 3ª. edição, 1917, p. CLV. 6/Id., ibid., p. CLV. 7/Ofício de Antônio Gonçalves da Cruz a José Bonifácio de Andrada e Silva, Filadelfia, 31.7.1823. Arquivo Diplomático da Independência, vol. V, p. 71. 8/Ofício de Silvestre Rebelo a Luís José de Carvalho e Melo, Ministro de los Negocio Extranjeros. Arquivo Diplomático da Independência, vol. V, p. 103. 9/Despatch, Condy Raguet a John Quincy Adams, Rio de Janeiro, 5.10.1824, in Manning, William R. – Diplomatic Correspondence of the United States concerning the Independence of Brazil of Latin-American Nations. Oxford University Press, 1925, p. 807. 10/Instructions, Henry Clay a Raget, Washington, 14.4.1825, in Manning, William R. – Diplomatic Correspondence of the United States concerning the Independence of Brazil of Latin-American Nations. Oxford University Press, 1925, pp. 237-239. 11/Instruções, Carvalho e Melo a Silvestre Rebelo, Arquivo Diplomático da Independência, vol. V, p. 17. 12/ Nota de William Hunter a Antonio Peregrino Maciel Monteiro, Ministro de los Negocios Extranjeros, Rio de Janeiro, 29.11.1837.– Legação dos Estados Unidos na Corte, Notas Recebidas – 1834 – 1840 – Arquivo Histórico do Itamaraty – 279/4/17. 13/Nota de Maciel Monteiro a Hunter, Rio de Janeiro, 25.1.1838. Minutas, Arquivo Histórico do Itamaraty – 280/3/8. 14/Oficios del Marqués de Queluz a Silvestre Rebelo, Rio de Janeiro, 27.3.1827 e 6.4.1827. Arquivo Diplomático da Independência, vol. V, pp. 42-43. 15/Ofícios, Gaspar José de Lisboa a Aureliano de Souza e Oliveira Coutinho, Washington, 9.12.1841 e 14.12.1841. 3ª. Secção – Missões Diplomáticas Brasileiras – Washington, 1841-1845 – Arquivo Diplomático do Itamaraty – 233/3/3. 16“Política externa dos Estados Unidos e o perigo que ela representa para o Brasil”, Ofícios, Sérgio Teixeira de Macedo ao Visconde de Olinda, Washington, 06.08.1849. Arquivo Histórico do Itamaraty – 233/3/5. 17/Id Ibid. 18/ El teniente Mathew Fontaine Maury escribiera, bajo el seudónimo Inca, una serie de artículos, en los cuales apuntaba las riquezas de vale del Amazonas, cuya apertura a la navegación consideraba tan importante cuanto la construcción del carril que ligaría el Atlántico al Pacífico. Eses artículos fueron reunidos en libro. Vide Maury, Mathew F. – The Amazon and the Atlantic Slopes of South America, Washington, F. Taylor, 1853. 19/Ofícios, Macedo a Paulino José Soares de Souza, Ministro dos Negócios Estrangeiros, Washington, 14.11.1843. AHI – 233/3/5 20/Id. Ibid. 21/Ofício, Filipe, Filipe J. P. Leal, Ministro do Brasil em Washington, a Antônio Paulino Limpo de Abreu, Ministro dos Negócios Estrangeiros, Washington, 25.11.1848. AHI-MDB 233/3/4. 22/The Commercial Prospects of the South, South Litterary Messenger, vol. 17, 1851, pp. 696-698. Apud Luz, 1968, pp. 58 e 59. Carta de Instrução, Maury a W. L. Herndon, 20.04.1850, Ibid. 23/ Instruções, Marcy a Trousdade, in Manning, 1932, p. 480. 24/Ofício de Moreira al Ministro de Negocios Extranjeros, Paulino José Soares de Sousa, Wash., Arquivo Histórico do Itamaraty – 233/3/6. 25/Extractos de una carta del Teniente Maury a la Convención de Menfis, publicada en el Correio Mercantil, Rio de Janeiro, 12/9/1853, p. 1. 26/1st Message presented in written form to Congress – December 5, 1853 27/Ibid. 28/Nota, Trousdale al Ministro de Negocios Estranjeros José Maria da Silva Paranhos, visconde de Rio Branco, Rio de Janeiro, in Manning, William – Diplomatic Correspondence of the United YStates Inter-american Affairs, 1831-1860. Washington: Carnegie Endowment, p. 480. 29/Discurso del Diputado Manuel Felizardo, in Annaes do Parlamento Brasileiro – Câmara dos Srs. Deputados – 1° anno da 9ª Legislatura, Sessão de 1853, tomo III, sessão em 22 de julho de 1853. Rio de Janeiro: Typ. Parlamentar, RJ, 1876, p. 329. 30/Mendonça, Carlos Süssekind de – Salvador de Mendsonça, democrata do Império e da República. Rio de Janeiro: Instituto Nacional do Livro, 1960, pp. 126 e 127. 31/Ibid. Ibid., p. 127. 32/ Prado, Eduardo. A Ilusão Americana. São Paulo: Editora Brasiliense, 1961, p. 125. 33/Telegrama de de Salvador de Mendonça, Ministro Plenipotenciario de Brasil en Washington, al Ministro de Relaciones Exteriores, Justo Leite Chermont, Washington, 29.3.1891. Arquivo Histórico do Itamaraty – 233/4/10. 34/Ofício de Joaquim Francisco de Assis Brasil al Ministro de Relaciones Exteriores, Olinto de Magalhães, Washington, 31.1.1900. Arquivo Histórico do Itamaraty – 234/1/1. 35/Ofício de Joaquim Francisco de Assis Brasil al Ministro de Relaciones Exteriores, Olinto de Magalhães, Washington, 16.11.1900. Arquivo Histórico do Itamaraty – 234/1/1. 36/ Segundo o Corolário Roosevelt, formulado oficialmente na mensagem ao Congresso de 6 de dezembro de 1904, se uma nação soubesse como atuar com “reasonable efficiency and decency” em suas questões sociais e políticas, mantendo a ordem interna e pagando suas obrigações, não necessitaria temer qualquer iniciativa dos Estados Unidos. Nesse caso, Roosevelt citou a Argentina, o Brasil e o Chile como exemplo de países bem comportados. 37/Barbosa, Rui – Obras Completas – A Segunda Conferência da Paz. Vol. XXXIV, Tomo II. Rio de Janeiro: Ministério da Educação e Cultura, 1966, p. 256. 38/ Oliveira Lima, Manuel – Nos Estados Unidos. Leipzig: F.A. Brockhaus, 1899, p. 372. 39/ Oliveira Lima, Manuel – Pan-Americanismo (Monroe-Bolivar-Roosevelt). Rio de Janeiro-Paris: H. Garnier Livreiro-Editor 40/Telegrama n° 5, Rio Branco a Nabuco, Petrópolis, 11.1.1908. Arquivo Histórico do Itamaraty – 235/4/1. 41/Ibid. 42/Telegrama de Rio Branco a Joaquim Nabuco, Embajador de Brasil en Washington. 10.11.1908. Ibid. 43/ Entrevista del Embajador José Joaquim de Lima e Silva Moniz de Aragão, que fue secretario particular del Barón do Rio Branco. Rio de Janeiro, 1971. 44/Carta de Domício da Gama al presidente Hermes da Fonseca, Washington, 29.12.1911. Arquivo do Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro – Coleção Domício da Gama. 45/Ibid. 46/ Ibid. 47/ Apud Melo Franco, Afonso Arinos – Rodrigues Alves – Apogeu e Declínio do Presidencialismo. Rio de Janeiro- São Paulo: Livraria José Olympio Editora – Editora da Universidade de S. Paulo, 2. vol., 1973, p. 671. 48/ Carta de Oswaldo Aranha, Washington, 30.10.1934. Ministério das Relações Exteriores, Assuntos políticos e comerciais – Acordo comercial. Arquivo de Oswaldo Aranha. 49/ Carta de Oswaldo Aranha a Getúlio Vargas, Washington, 9.4.1935. AGV – doc.18, vol. 18. 50/Carta de Carlos Martins , Embaixador do Brasil em Washington, a Getúlio Vargas, Washington, 18.6.1940, doc. 97, vol. 33. Arquivo de Getúlio Vargas. 51/Ibid. 52/Carta de Carlos Martins a Paulo Hasslocher, Washington, 24.6.1940, doc. 102, vol. 33, Arquivo de Getúlio Vargas. 53/Vargas, Getúlio – A Nova Política do Brasil. Rio de Janeiro: Livraria José Olympio Editora, s/d, p. 343. 54/“Sea Yields a Story of Pearl Harbor – U.S. Fired First Shot, Sinking Enemy Sub” – The Washington, 31.08.2002 55/ Carta de Oswaldo Aranha a Raúl Fernandes, New York, 9.10.1947. MRE-1938-1939 – Arquivo de Oswaldo Aranha. 56/Ibid. 57/ Ofício n° 221, secreto, Ministro Carlos da Silveira Martins Ramos ao Chanceler Raul Fernandes, Guatemala, 26.8.190. Ibid. 58/Carta de Oswaldo Aranha al General Pedro Aurélio de Góes Monteiro, Rio de Janeiro, 12.9.1951. Pasta de 1951. Arquivo de Oswaldo Aranha. 59/Carta de Oswaldo Aranha al Presidente Getúlio Vargas, Washington, 2.12.1952. Pasta de 1952. Ibid. 60/Ofício n° 2/920.(22)(20), confidencial, Embaixador João Carlos Muniz ao Chanceler Raul Fernandes, Washington, 3.1.1955. 900.1(22) – Política Internacional – 1944… -Estados Unidos. AMRE-B. Memorandum , confidencial, Dpo/2/900.1(22), a) Vasco Mariz, Chefe substituto da Divisao Política, 19.1.1955. Arquivo do Ministério de Relações Exteriores – Brasília. 61/Memorandum , confidencial, DPC//900.1(22), Ao Secretário-Geral, a) Henrique de Souza Gomes, Chefe do Departamento Político e Cultural, 24.1.1955. Ibid. Secretário Geral – “Notas para o Senhor Embaixador”, a) J. B. Pinheiro. Ibid. Discurso del presidente Juscelino Kubitschek, in Correio da Manhã, Rio de Janeiro, 21.6.1958. Conferencia del presidente Juscelino Kutischek, en la Pontificia Universidad Católica, in Correio da Manhã, Rio de Janeiro, 30.10.1958. Entrevista de Kubitschek al Autor, 1971. Telegrama nº 303, confidencial, da Delegação do Brasil junto à OEA, a) embaixador Ilmar Pena Marinho, Washington, 25/25.06.1962, AHMRE-B, Junta Interamericana de Defesa, América, 1961/65. “Política Externa Norte-Americana, Análise de Alguns Aspectos”, Anexo 1 e único ao Ofício nº 516, secreto, da Embaixada em Washington. Ibid . “Política Externa Norte-americana – Análise de Alguns Aspectos”, Anexo 1 e único ao Ofício nº 516/900.1 (22), secreto, Embaixada em Washington ao Ministério das Relações Exteriores, Washington, 13.06.1963, AHMRE-B, 900.1(00), Política Internacional, de (10) a (98), 1951/66. Carta do presidente Goulart ao presidente Kennedy, Brasília, 24.10.1962, Secreto MRE/SSE/124/920.(42)(22), Cópia. Anexo único, AHMRE-B, 600.(24h), Situação Política — Outubro de 1962. Ibid. “Relações Brasil-Estados Unidos” – Exposição perante o Curso de Guerra da Escola Superior de Guerra, Rio de Janeiro, 22.5.1972, in in Araújo Castro, J. A. – Araújo Castro (Coletânea de Discursos). Brasília: Editora da Universidade de Brasília, 1982, p. 243. Castro, Celso & Maria Celina d’Araújo (Orgs.) – Ernesto Geisel. Rio de Janeiro: Fundação Getúlio Vargas Editora, 5ª edição, 1998, p. 336. Cardoso, Fernando Henrique – “Brasil e a Nova América do Sul”, in Valor, São Paulo, Aug. 30th, 2000. Kissinger, Henry. Does America Need a Foreign Policy ? Toward a Diplomacy for the 21st Century. New York: Simon & Shuster, 2001, pp. 159-163.
Gazeta Mercantil, São Paulo, 25/10/2001. Discurso do presidente da República, Fernando Henrique Cardoso, em sessão solene na Assembléia Nacional da República da França. 30 de outubro de 2001. Ferreira, Oliveiros S. – A crise da política externa – Autonomia ou subordinação?, Rio de Janeiro, Revan, 2001, p. 123.
Transcript of the conversation held March 30 2001 and released by the White House. Pinheiro Guimarães, Samuel – “Market Access in a WHFTA”, paper presented at a round table on Market Access in a WHFTA (Western Hemisphere Free Trade Area), of the Fifth Colloquium of the Project IDB/ECLAC, “Suport to the Process of Hemispheric Trade Liberalization”, held on September 28 and 29, 1992, organized by the IDB- Inter-American Development Bank and ECLAC- United Nations Economic Comission for Latin America and Caribbean. Manuscript.

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