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Wednesday, 11 February 2015

Una derrota digna: se aprueba el TLC UE-Colombia en Irlanda



por José Antonio Gutiérrez D., 7-2-2015

El pasado 28 de Enero el Parlamento de Irlanda se convirtió en el 20 parlamento nacional que ratificó el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre la Unión Europea y Colombia. El voto final fue de 67 a favor y 46 en contra, con los dos partidos de gobierno, Partido Laborista y Fine Gael, votando a favor, y todo el resto (independientes, Sinn Féin, Fianna Fáil, Partido Socialista) votando en contra. Irlanda es uno de los países europeos en los que el TLC con Colombia ha encontrado una de las mayores oposiciones, gracias al trabajo que han realizado por diversas agrupaciones que convergieron en una plataforma unitaria de coordinación de la campaña en contra de este acuerdo. Esta coalición, una experiencia única en un movimiento solidario que en Europa se caracteriza por sus fracturas y sus discusiones intestinas, ha estado compuesto por grupos de residentes como el Grupo Raíces (Grúpa Fréamhacha en gaélico), ONGs como Trócaire y Christian Aid (miembros de Oidhaco y ABColombia), los representantes de la Caravana Internacional de Juristas en Irlanda, sindicatos que conformaron la campaña ‘Justicia para Colombia Irlanda’, entre muchas otras agrupaciones, como el Centro para la Solidaridad con América Latina, que se unieron puntualmente para colaborar con esta iniciativa.

Este TLC despertó rechazo desde un primer momento, y se ha vito que su implementación plena será desastrosa para Colombia: en el área de agricultura, la UE inundará con productos subsidiados los mercados locales, a la vez que implementará toda clase de barreras no arancelarias a los productos colombianos para bloquear su ingreso a mercados europeos (por ejemplo, medidas fitosanitarias). Uno de los sectores más golpeados, se estima que será el sector lácteo. Otro tema candente es el de la propiedad intelectual en el cual un estudio de Oxfam en el 2009 señalaba que, como resultado de las restricciones sobre medicinas genéricas, el TLC con la UE llevaría a un aumento inmediato de un 11% en los medicamentos en Colombia –tema particularmente sensible, pues varias farmacéuticas tienen producción en Irlanda debido a los bajos impuestos a multinacionales en Irlanda. Otros estudios de impacto señalan que se estima que para el 2030, a causa de este acuerdo, 5 millones de colombianos podrían quedar sin acceso a medicamentos. Las privatizaciones que abrirán el mercado a la inversión europea en servicios, y el libre acceso a las empresas minero-extractivas, son otra de las áreas de preocupación respecto a este TLC. También preocupa el énfasis dado por la UE al tema de los biocombustibles, industria que en Colombia está asociada inequívocamente al paramilitarismo.
El proceso y la campaña
Aunque el resultado no fuera el esperado, el proceso en sí mismo fue una ganancia. Desde el 2007, cuando empezamos con esta campaña, hemos logado convertir a Colombia en un punto de la agenda política de este país, desarrollamos una amplia campaña de información que, pese a sus limitaciones, ha logrado generar mucha conciencia de la realidad del conflicto social y armado colombiano, así como acciones solidarias con los que luchan por una sociedad más justa. Este voto debió realizarse en Junio del 2014 pero la presión en contra logró no solamente aplazar el voto, sino que hacer que su aprobación no dependiera exclusivamente de la comisión parlamentaria encargada de “trabajo, empresa e innovación”, sino que se hiciera en pleno en el parlamento. Logramos, de hecho, que esa comisión, en pleno, se pronunciara en contra del acuerdo y que lo enviara al pleno del parlamento nacional, luego de las visitas de trabajo de Gilberto Martínez de la CUT, Nelly Cuadros de Astracatol y de Judith Maldonado del Colectivo de Abogados Luis Carlos Pérez (ver esta resolución en anexo). La votación misma es el mejor balance obtenido en los parlamentos europeos hasta la fecha: por ejemplo, en Inglaterra, el voto fue de 333 a favor y apenas 61 en contra; en el Parlamento Europeo los hubo 486 a favor, y 147 en contra. Nuestra campaña, siendo muy humilde, ha logado mucho en términos de instalar la cuestión colombiana, generar debate, y en convertir la opinión a favor de los derechos humanos en voto en contra del TLC.
Fuimos derrotados, es verdad, pero salimos con una campaña fortalecida para seguir acompañando a los movimientos populares en su lucha. Lo que es más importante: se ha consolidado un espacio de acompañamiento solidario y estamos creando instancias para poder seguir presionando a todo nivel para que no se siga matando, encarcelando y desplazando a los procesos populares en Colombia.
Los argumentos de quienes votaron a favor
Algunos de los argumentos del debate parlamentario son reveladores respecto a las estrategias de esa
operación “lavado de imagen” que iniciara el Estado colombiano hace una década
(extractos de algunas de las intervenciones más importantes en anexo).
La primera intervención en el debate fue hecha por el ministro de empleo, empresa e innovación, Richard Bruton, miembro del partido de gobierno Fine Gael, partido derechista que en la década del ’30 envió combatientes para Franco en España. En su intervención exaltó los “enormes mercados sudamericanos, que representan grandes oportunidades para la compañías irlandesas”. Luego, enfatizó que el TLC comprendía mecanismos mediante los cuales la situación de derechos humanos podría ser monitoreada y señaló que, en caso de violarse las provisiones relativas, el acuerdo podría eventualmente terminarse. No mencionó ni que los mecanismos no son vinculantes, ni que temas como “consulta con la sociedad civil” están definidos tan vagamente que significan cualquier cosa, ni mucho menos señaló que la UE no ha cuestionado a ninguno de sus socios comerciales por situaciones de derechos humanos y Colombia no será la excepción. Finalmente, como un simple propagandista, celebró los “progresos” en temas de derechos humanos en Colombia, parte de la propaganda oficial machacada por el gobierno santista en Europa, con la complicidad velada de muchas ONGs, que en vez de hablar claro, tratan de mantener el “diálogo de alto nivel” reconociendo los “progresos” hechos hasta la fecha, los cuales “desafortunadamente”, serían insuficientes… ignorando que si ha habido algún avance, ha sido exclusivamente por la presión de los movimientos populares y que el gobierno busca desnaturalizar sus demandas, no hacerlas realidad.
Es interesante señalar que uno de los principales defensores de la ratificación del TLC, durante el debate, fue un representante del Partido Laborista, partido representante de la socialbacanería gaélica que co-gobierna con la derecha conservadora. El diputado Eric Byrne, quien ha viajado a Colombia a cuerpo de rey, alojado en hoteles cinco estrellas, en misiones organizadas por la ONG inglesa Justicia Para Colombia, nos dio un muy buen recordatorio de la hipocresía del laborismo, que promueve resoluciones simbólicas por Colombia –cuyos propagandistas ingenuos reproducen con bombos y platillos- mientras que a la hora de actuar se alinean con las políticas del gobierno de Santos. Al final de cuentas, Santos y ellos son parte de la Tercera Vía. El diputado Byrne, declaró, sorprendentemente, que había que apoyar el TLC porque era la única manera de establecer diálogo con el gobierno de Santos en materia de derechos humanos. Curiosamente, en sus intervenciones, él y Bruton fueron los únicos parlamentarios que utilizaron el epíteto de “terroristas” para describir a los insurgentes, afirmación irresponsable, que no ayuda a construir confianzas en medio de las negociaciones ni clarifica lo que realmente está en juego con la solución al conflicto armado. También señaló, cínicamente, que el trabajo de Justicia Para Colombia, una “ONG poderosa, profesional que me sorprendió por su habilidad para abrir las puertas de los políticos más experimentados, de los ministerios y de las autoridades penitenciarias en Colombia. Me parecieron con tanta influencia y acceso que creo firmemente que Irlanda (…) está en condiciones de presionar colectivamente de la manera que estime necesaria para que las autoridades colombianas generen estructuras democráticas, militares y policiales que sean supervisadas por organismos apropiados”. Para aplicar esta presión y lograr que nos escuchen, según Byrne, hay que “involucrarse” con el gobierno de Santos. Si no –aquí viene el chantaje- es posible que el coco de Uribe vuelva al poder, y se acabe el proceso de paz. O sea, nosotros apoyamos la paz, ustedes nos dan libre comercio. El proyecto de paz con injusticia social de Santos, de paz exprés a favor de las multinacionales ha encontrado en los laboristas excelentes defensores. Con estos amigos de Colombia, quién necesita enemigos.
Otro laborista, Joe Costello, con menos desparpajo que Byrne, al menos consideró seriamente la gravedad de la situación colombiana. Y aunque no tuvo el coraje para oponerse a la línea oficial del laborismo, por lo menos señaló la importancia de que el aniversario de la ratificación de Irlanda a este TLC sea un evento anual para revisar la situación humanitaria en Colombia y el cumplimiento de los compromisos del gobierno colombiano en temas humanitarios. Al menos algo puede salir de aquí a futuro…
Los argumentos de los que votaron en contra
Liderando la votación en contra, estuvieron algunos diputados independientes, los partidos Socialista, Fiana Fáil y Sinn Féin.  Los diputados de Sinn Féin, como parte de ese vínculo que hemos tratado de crear entre políticos irlandeses con los movimientos sociales en Colombia, leyeron fragmentos de dos cartas enviadas por la Mesa de Unidad del Putumayo y por la CUT (ver las cartas en anexo). El diputado republicano de Sinn Féin Peadar Toibín  señaló que, pese a la aplicación provisional de este TLC desde Agosto del 2013, los abusos han continuad, señalando la falacia laborista y de la derecha de que el acuerdo significaría una mejora de la situación de derechos humanos debido a sus cláusulas para este efecto. Señaló que las organizaciones del Putumayo, habían expresado que la aprobación del acuerdo agravaría la situación humanitaria escalando la represión y el conflicto. Que la inversión internacional va, frecuentemente, de la mano del desplazamiento y la militarización de los territorios. Mencionó la carta de la CUT relativa a los abusos de empresas extranjeras en Colombia y cómo este TLC puede ser visto como una luz verde para incrementar la súper-explotación. También señaló la represión hacia los campesinos durante el paro agrario, uno de los sectores que será más golpeado por este TLC, indicando que el acuerdo provisional no frenó una respuesta violenta hacia la legítima protesta.
Seán Crowe, de este mismo partido, enfatizó su oposición en vista al momento de este acuerdo en medio del proceso de paz, así como a su contenido contrario al espíritu de esta negociación, y a la falta de mecanismos de monitoreo de los derechos humanos. Comparó la hipocresía de las salvaguardas de derechos humanos con el TLC existente entre la UE e Israel: “Vemos este mismo patrón en el TLC de la UE-Israel, el cual supuestamente tiene provisiones sobre derechos humanos que a su momento fueron descritas como de largo alcance, y sin embargo, Israel arraso Gaza el verano pasado y asesinó a más de 2000 personas en un par de semanas, sin que la UE deje de ser su socio comercial”. Con tono firme, indicó que la tierra es un aspecto clave del conflicto colombiano y que este acuerdo fortalece a los enemigos de la paz. Argumentos similares fueron utilizados por el socialista Paul Murphy, quien indicó que no había que especular sobre qué ocurriría si el TLC se firmaba, pues ya estaba claro que la situación de derechos humanos no mejoraría en lo absoluto, sobre todo si se considera la podredumbre institucional reinante, como lo revela el caso del general Santoyo que implica a altos funcionarios del Estado en vínculos con el narco-paramilitarismo.
La diputada independiente Maureen O’Sullivan expresó que Colombia no es una tierra desconocida para los políticos irlandeses, que poseen suficiente información sobre la calamitosa situación de los sindicalistas, de los prisioneros políticos, de las comunidades y lamentó que en una hora y cuarto, un tiempo que definió como “patético” se tuviera que votar este TLC, el cual incrementaría el proceso de concentración de tierras de los aliados del capital internacional. En una clara respuesta a chantaje presentado por el laborista Byrne, O’Sullivan le fustigó diciendo que si bien había que apoyar el proceso de paz, este no podía ser moneda de cambio por un TLC que favorece al gran Capital. Haciéndose eco de estas palabras, el diputado independiente Finian McGrath, recordó las experiencias vividas por él en el 2006, cuando visitó Colombia enfatizando que él no pasó su tiempo en ese país fumando tabaco en su hotel, sino que reuniéndose con autoridades y organizaciones del pueblo, dijo que jamás olvidará las condiciones que vio de los presos, la situación de represión en contra del movimiento sindical, y que cualquiera que haya conocido realmente la situación en terreno, no puede sino expresar su rechazo a este TLC.
Los diputados del partido opositor Fianna Fáil, también tomaron una posición clara frente al acuerdo. Dara Calleary señaló que durante 2013, año en que empezó de manera provisional a funcionar el TLC, 78 defensores de derechos humanos fueron asesinados en Colombia y que en el primer semestre del 2014, 30 más fueron asesinados, quejándose que muchos de los que votarían a favor del tratado lo harían sin entender lo que realmente estaban votando así como la tendencia de la UE a tratar a sus propios ciudadanos como meros instrumentos económicos y que era hora de enfrentar esta situación. De manera similar, su correligionario Brendan Smith resaltó el informe que le leyeron participantes de la delegación irlandesa de la Caravana de Juristas recientemente.
¿Y ahora qué?
Antes que nada, este resultado nos demuestra que la unidad, como la hemos logrado construir en Irlanda, pese a la oposición de sectarios y de oportunistas de toda laya, da resultados importantes para una república pequeña y con un alto grado de dependencia de la Unión Europea, debido a la crisis económica que atraviesa. Hemos aprendido también quiénes son los amigos del pueblo colombiano y quienes no: una cosa son los bellos discursos y declaraciones, otra muy diferente es la práctica en los espacios de poder y toma de decisiones. No basta hablar bonito, hay que “caminarle a la vaina”. Salimos de este proceso con un acumulado político y habiendo puesto la realidad colombiana en el centro del debate político. Eso, de por sí, es un avance enorme.
Una cosa importante logramos ganar en medio de esta derrota digna: un compromiso de tener un evento anual de evaluación de la situación de derechos humanos en Colombia en el parlamento de Irlanda, en la cual seguir presionando para que se respeten los compromisos que el gobierno de Colombia ha asumido de respetar los derechos humanos y frenar la persecución y la represión. Con la misma dignidad con que fuimos derrotados momentáneamente, seguiremos acompañando al pueblo colombiano, a los de abajo, a los que no duermen en hoteles cinco estrellas ni tienen acceso fácil a las oficinas de los grandes caciques de la política colombiana. Con esa dignidad le recordaremos a los laboristas y a la derecha irlandesa, que después de su votación son cómplices de los crímenes del régimen. Les recordaremos una y otra vez, su responsabilidad moral ante la sangre colombiana. En un año, estaremos haciendo un balance de los resultados del TLC y exigiremos que se tomen medidas y se suspenda si no se cumplen las hermosas promesas que nos hicieron los camaleónicos laboristas en sus intervenciones. Pero cruzarnos de brazos y dar la lucha por pérdida, eso sí que no es una opción.
 

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