Arquidiócesis de Chicago, 7-3-2026
Mientras más de 1.000 hombres, mujeres y niños iraníes
yacían muertos tras días de bombardeos con misiles usamericanos e israelíes, la
cuenta oficial en X de la Casa Blanca publicó el jueves por la noche un video
con escenas de populares películas de acción junto con imágenes reales de
ataques de su guerra contra Irán. El videoclip fue subtitulado: “JUSTICIA A LA
MANERA AMERICANA”.
Una guerra real con muerte real y sufrimiento real siendo tratada como si fuera un videojuego: es repugnante. Cientos de personas han muerto, madres y padres, hijas e hijos, incluyendo decenas de niños que cometieron el fatal error de ir a la escuela ese día. Seis soldados usamericanos han sido asesinados. Ellos también son deshonrados por esa publicación de redes sociales. Cientos de miles de desplazados, y muchos millones más están aterrorizados a lo largo del Medio Oriente.
Esta horrible representación demuestra que ahora vivimos en una época donde la distancia entre el campo de batalla y la sala de estar se ha reducido drásticamente. La crisis moral que estamos enfrentando no es sólo un asunto de la guerra en sí misma, sino también de cómo nosotros, los observadores, vemos la violencia, porque la guerra ahora se ha convertido en un deporte para espectadores o juego de estrategia. De hecho, el mercado de predicciones Kalshi recientemente pagó un acuerdo de $2.2 millones relacionado con usuarios que no estaban contentos con cómo la compañía pagó los $55 millones apostados en la salida del líder supremo de Irán Alí Jameneí después de que fue asesinado.
Los periodistas ahora utilizan el término
“gamificación” de la guerra para describir esta dinámica. Qué profundo fracaso
moral, porque la gamificación despoja de su humanidad a personas reales. No lo
olvidemos, un “acierto” no significa sumar puntos en el tablero; es una familia
en duelo cuyo sufrimiento ignoramos cuando priorizamos el entretenimiento y la
ganancia por sobre la empatía.
Nuestro gobierno está tratando el sufrimiento del pueblo iraní como telón de fondo para nuestro propio entretenimiento, como si fuera simplemente otra pieza de contenido para ser hojeado mientras esperamos en la fila del supermercado. Pero al final, perdemos nuestra humanidad cuando nos emocionamos con el poder destructivo de nuestras fuerzas armadas. Nos volvemos adictos al “espectáculo” de las explosiones. Y el precio de este hábito es casi imperceptible, a medida que nos volvemos insensibles a los verdaderos costos de la guerra. Pero cuanto más tiempo permanezcamos ciegos ante las terribles consecuencias de la guerra, más arriesgaremos el don más preciado que Dios nos dio: nuestra humanidad.
Yo sé que el pueblo usamericano es mejor que esto. Tenemos el buen juicio de saber que lo que está sucediendo no es entretenimiento sino guerra, y que Irán es una nación de gente, no un videojuego que otros juegan para entretenernos.
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