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01/03/2026

La guerra es el opio de las masas israelíes, por Gideon Levy

Desde los contertulios de televisión que babean ante la posibilidad de un ataque contra Irán hasta el júbilo del público por la prometida «victoria total» sobre los enemigos de Israel, el país parece tener muy poca memoria, falopeado por guerra tras guerra.


 
Gideon Levy, Haaretz, 1-3-2026
Traducido por Tlaxcala

Otra vez es tiempo de guerra, y la guerra, una vez más, viene a resolver de una vez por todas los problemas existenciales de Israel.

De nuevo se declarará primero una victoria impresionante, con todos aplaudiendo, con Yair Lapid escribiendo que somos una nación fuerte y unida, y con analistas compitiendo por alabar las valientes hazañas de Israel, todo esto hasta la próxima empresa satisfactoria.

Otra vez, casi todos los israelíes están convencidos de que no hay guerra más justificada o exitosa que esta, y «¿qué alternativa teníamos?» y «¿qué propones?» como en todas las guerras de Israel. Estos vítores ya se podían escuchar en los paneles de televisión el viernes por la noche, con contertulios babeando esperando este momento como si esperaran al Mesías. La liberación llegó el sábado, durando solo hasta el próximo subidón de adrenalina, que llegará antes de lo esperado.

Si Israel alguna vez disfrutó de unos pocos años de calma entre guerras – ocho desde la guerra de 1948 hasta la Campaña del Sinaí, once entre esa y la Guerra de los Seis Días, seis hasta la Guerra de Yom Kipur, nueve hasta la primera guerra del Líbano y veinticuatro hasta la segunda – ahora solo tenemos unos pocos meses entre una guerra y la siguiente. Hubo un tiempo en que las promesas hechas después de cada guerra alcanzaban el cielo, el cielo delirante de los instigadores y partidarios de la guerra, que incluye a casi todos los israelíes. «Ni un solo obús, ni un solo cohete Katyusha volverá a caer sobre nuestras comunidades», prometió Menachem Begin al final de la primera guerra del Líbano. «La sangre no fue derramada en vano», prometió Ehud Olmert después de la segunda.

En junio pasado, hace solo ocho meses, se declaró la victoria total sobre Irán. Benjamín Netanyahu dijo que la salva inicial pasaría a la historia militar de Israel y sería estudiada por ejércitos de todo el mundo. «En el momento decisivo, una nación como un león [el nombre hebreo de la guerra es ‘León Rugiente’] se levantó, y nuestro rugido sacudió Teherán y resonó en todo el mundo». El rugido del león rápidamente resultó ser el chillido de un ratón.

La «victoria histórica» que eliminó «dos amenazas existenciales para Israel, la nuclear y la de los misiles balísticos», duró lo que dura la vida de una mariposa. Unos meses de victoria histórica y ya necesitamos una nueva. Aún no nos hemos recuperado del nombre grandilocuente de Operación León Ascendente y ya nos ha llegado una nueva, Operación León Rugiente – un nombre aún más infantil. A veces parece que todo lo que necesitamos son estos nombres arrogantes dados a las guerras para predecir su fracaso predestinado.

Ninguna guerra en la historia de Israel, excepto la primera, le ha reportado un logro a largo plazo. Ninguna. Cero. La mayoría fueron guerras por elección, y la elección de emprenderlas fue siempre la peor. El sábado, el inicio de la guerra actual se presentó como un «ataque preventivo», pero un ataque preventivo se lanza contra alguien que está a punto de atacarte. Irán no estaba a punto de hacerlo. Es cierto que tiene un régimen horrible [sic] y es cierto que ha representado un peligro para la seguridad de Israel y la región durante años.

Pero nunca fue el peligro existencial que se presenta en Israel. Obviamente, hay que esperar que esta vez sea diferente, como creímos en todas las demás guerras al comienzo, pero la experiencia pasada deja poco margen para que esto suceda. Incluso si el régimen de Teherán es derrocado e Irán se convierte en Suiza y se firma un tratado de paz eterno entre este e Israel, Israel encontrará otro muñeco vudú para intimidarnos.

El «de una vez por todas» que se nos promete nunca se alcanzará con la espada, ni siquiera con aviones F-35. Puede que sea demasiado tarde para decirlo, pero mientras la ocupación continúe, mientras siga siendo el «de una vez por todas» absoluto aquí, no habrá otro «de una vez por todas».

Después de dos años y medio de cero logros en Gaza; después del mismo tiempo con logros pequeños e insignificantes contra Hezbolá en el Líbano; después de ocho meses desde el último ataque sin logros contra Irán, es hora de despertar de la intoxicación de las guerras y sus promesas inútiles.

La sangre fluirá ahora como agua, USA nunca olvidará que lo empujamos a esta guerra, al final de la cual nos despertaremos ante otro viejo amanecer más.

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