Milena Rampoldi,
15 -3- 2026
Desde el estallido de la agresión usraelí
contra la República Islámica de Irán, me siento como el teólogo alemán Dietrich
Bonhoeffer cuando estaba en la cárcel nazi, incluso si mi oficina en Estambul
es mucho más cómoda. En su celda, Bonhoeffer comenzó a reflexionar sobre las
razones y las raíces del brutal régimen hitleriano al comprender que la causa
no era la malicia/el mal, sino simplemente la estupidez pura y dura.
El mismo paradigma se puede aplicar a la
presidencia de Donald Trump y a su guerra épicamente furiosa contra el régimen
satánico de Irán, cuando en realidad no es otra cosa que la agresión brutal y
sin cabeza contra un Estado soberano en el Máshreq.
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“Tratamos
repetidamente de llegar a un acuerdo. Lo intentamos. Querían hacerlo. No
querían hacerlo. Querían hacerlo. No querían hacerlo”.
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En sus cartas escritas desde la cárcel, el
teólogo Bonhoeffer afirmaba que la estupidez era un enemigo más peligroso del
bien que la malicia y/o el mal mismo. Para mí personalmente, esta suya
conclusión tiene un fuerte impacto en cómo luchar contra las violaciones de los
derechos humanos como las guerras de USA contra los Estados musulmanes
soberanos. Experimentamos un importante cambio de paradigma si abandonamos el
punto de vista según el cual debemos luchar contra el mal usamericano y si en
cambio decimos que la estupidez usamericana es el enemigo de los países
musulmanes soberanos del Máshreq como la estupidez es el enemigo de la
autodeterminación política y el anticolonialismo/antiimperialismo.
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“Las
vidas de los valientes héroes americanos pueden perderse y podemos tener
víctimas, lo que a menudo sucede en la guerra. Estamos haciendo esto, no por
ahora, estamos haciendo esto para el futuro, y es una misión noble”.
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Sin embargo, Bonhoeffer incluso va un paso más
allá en sus reflexiones al mostrar que la violencia ni siquiera es capaz de
oponerse a la estupidez, mientras que es un medio efectivo cuando tenemos que
oponernos al mal. Si partimos del supuesto de que Trump representa la estupidez
y no el mal, entenderemos que tenemos que cambiar nuestra estrategia para
oponernos a sus fantasías neoimperialistas de niños asesinos en países
musulmanes y otros (Venezuela, Cuba y más).
¿Por qué la estupidez es tan peligrosa en
política? Bonhoeffer tiene la respuesta: la mayoría de la gente pone la
estupidez entre paréntesis porque muchos piensan que no vale la pena
considerarla. Y esto es un error porque entonces no entendemos la esencia de la
estupidez que, si la ponemos en palabras del propio Bonhoeffer, no es un defecto
intelectual sino “humano”.
Si analizamos el fenómeno de la estupidez desde
un punto de vista psicológico y luego sociológico, entendemos una
característica fundamental de la misma: la estupidez aparece en grupos más que
en personas aisladas. Trump y su estupidez son parte de un sistema, de un
estilo de vida usamericano en el que los contribuyentes financian ataques
impulsados por la estupidez a escuelas para niñas, museos y hospitales en Irán.
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“Pero
sí, ya sabes, esperamos algunas cosas. Como dije, algunas personas morirán. Cuando vayas a la guerra, algunas personas morirán”.
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Si escuchamos lo que Bonhoeffer sugiere,
necesitamos pasar del títere aislado Donald al sistema “Epstein” del que forma
parte. Esto significa que la estupidez no es un problema psicológico, sino que
se convierte en un problema sociológico. Es por eso que deberíamos establecer
la llamada “sociología de la estupidez” para analizar el neoimperialismo de
Trump para superar la ocupación usamericana de países musulmanes y otros.
En un régimen neocolonialista como USA, el poder de la
clase dominante de los neosionistas del AIPAC hambrientos de poder necesita la
estupidez de los contribuyentes ciegos para sobrevivir porque la estupidez y la
megalomanía neoimperialista son exactamente lo contrario del coraje moral y la
lucha contra la injusticia. La gente estúpida cree en la narrativa de la clase
dominante. Y esto resulta en la persistencia de un neocolonialismo yanqui
moldeado por el régimen sionista 2.0 impulsado por las fantasías de Eretz
Israel. A continuación, me gustaría traducir al español el fragmento de las
cartas que Bonhoeffer escribió desde la cárcel, titulado “Estupidez”,
para que los lectores reflexionen sobre él y recuperen su propio coraje moral,
ya que necesitamos una guerra contra la estupidez y no contra el mal:
“La estupidez es un enemigo del bien más peligroso que la maldad.
Contra el mal se puede protestar; se lo
puede desenmascarar; se lo puede impedir, llegado el caso, incluso mediante la
fuerza. El mal lleva siempre en sí el germen de su propia descomposición, pues
deja al menos un malestar en el ser humano. Frente a la estupidez, en cambio,
estamos indefensos.
Ni las protestas ni la fuerza sirven aquí
de nada; las razones no surten efecto. Los hechos que contradicen el propio
prejuicio simplemente no necesitan ser creídos —en tales casos el estúpido se
vuelve incluso crítico— y, cuando resultan inevitables, pueden ser descartados
como simples casos aislados sin importancia.
Además, el estúpido, a diferencia del
malvado, está completamente satisfecho consigo mismo; es más, se vuelve
peligroso, pues pasa fácilmente al ataque cuando se siente irritado.
Por eso es necesario ser más prudente
frente al estúpido que frente al malvado. Nunca intentaremos convencer al
estúpido mediante razones: es inútil y peligroso.
Para saber cómo podemos enfrentarnos a la
estupidez, debemos tratar de comprender su naturaleza. Algo es seguro: no se
trata esencialmente de un defecto intelectual, sino de un defecto humano. Hay
personas intelectualmente extraordinariamente ágiles que son estúpidas, y otras
intelectualmente muy torpes que están muy lejos de serlo.
Este descubrimiento lo hacemos, con
sorpresa, en determinadas situaciones. La impresión que se obtiene no es tanto
que la estupidez sea un defecto innato, sino que, bajo ciertas circunstancias,
los seres humanos son hechos estúpidos o se dejan volver estúpidos.
Observamos también que las personas que
viven aisladas y retiradas manifiestan este defecto con menor frecuencia que
aquellas inclinadas a la vida en sociedad o integradas en grupos humanos. Por
ello, la estupidez parece ser menos un problema psicológico que sociológico. Es
una forma particular de la influencia de las circunstancias históricas sobre el
ser humano, una manifestación psicológica de determinadas condiciones externas.
Al observar más de cerca se advierte que
todo gran despliegue de poder exterior —sea de carácter político o religioso—
golpea a una gran parte de los seres humanos con la estupidez. Incluso parece
tratarse de una especie de ley sociopsicológica: el poder de unos necesita la
estupidez de otros.
El proceso no consiste en que determinadas
facultades humanas —por ejemplo intelectuales— se atrofien o desaparezcan
repentinamente. Más bien sucede que, bajo la impresión abrumadora del
despliegue del poder, el ser humano es despojado de su independencia interior y
renuncia entonces, más o menos inconscientemente, a encontrar por sí mismo una
actitud frente a las situaciones de la vida.
El hecho de que el estúpido sea con
frecuencia obstinado no debe engañarnos haciéndonos pensar que es
independiente. En la conversación con él se percibe claramente que en realidad
no se trata de una persona con la que uno dialoga, sino de consignas, palabras
de orden y eslóganes que se han apoderado de él.
Está bajo un hechizo, está cegado; en lo
más profundo de su ser ha sido abusado y maltratado. Convertido así en un
instrumento sin voluntad, el estúpido será capaz de cualquier mal y, al mismo
tiempo, incapaz de reconocerlo como tal. Aquí reside el peligro de un abuso
diabólico. De este modo pueden destruirse seres humanos para siempre.
Pero es precisamente aquí donde se ve con
claridad que no es un acto de instrucción, sino únicamente un acto de
liberación lo que puede superar la estupidez. Habrá que aceptar que una
verdadera liberación interior, en la mayoría de los casos, solo se hace posible
después de que haya tenido lugar una liberación exterior.
Hasta entonces tendremos que renunciar a
todos los intentos de convencer al estúpido.
En esta situación se comprende también por
qué, en tales circunstancias, resulta inútil esforzarse por saber qué piensa
realmente «el pueblo», y por qué esta pregunta resulta en realidad superflua
para quien piensa y actúa de manera responsable.
La palabra de la Biblia según la cual el
temor de Dios es el principio de la sabiduría (Salmo 111,10) significa que la
liberación interior del ser humano para una vida responsable ante Dios es la
única verdadera superación de la estupidez.
Por lo demás, estas reflexiones sobre la
estupidez tienen también algo de consolador: no permiten en absoluto considerar
a la mayoría de los seres humanos como estúpidos en todas las circunstancias.
Todo dependerá, más bien, de si quienes ejercen el poder esperan más de la
estupidez de las personas o de su independencia interior y de su inteligencia.”
La simple conclusión es que el trumpismo
neocolonialista y el donaldismo neoimperialista son un grave problema
sociológico entretejido con la estupidez que aparece como malvada. Y de la
estupidez se puede simplemente ser liberado, a la estupidez no se puede oponer
la violencia, y este es exactamente el caso cuando nos fijamos en la ocupación
de Oriente Medio por el ejército usraelí. Mientras que el Israel sionista 2.0
necesita implosión, autodestrucción y deconstrucción, el trumpismo y el
donaldismo necesitan una guerra internacional contra la estupidez.