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27/11/2025
¿Qué saben los israelíes sobre el ejército, esa vaca sagrada?
Gideon Levy, Haaretz, 26/11/2025
Traducido por Tlaxcala
¿Qué sabemos de nuestro ejército? Casi nada. ¿Qué sabemos de la calidad de sus comandantes? Mucho menos.
Cada oficial superior nombrado para un puesto es inmediatamente coronado
por el coro de periodistas militares como un «oficial respetado» – siempre un
oficial respetado, pero no está claro quién lo respeta ni por qué – y luego su
mandato pasa sin que nadie, en la población civil, tenga idea alguna de si fue
un buen comandante. Los generales y coroneles no son entrevistados, salvo en
entrevistas empalagosas y embarazosas organizadas por la Portavocía del
Ejército. Nadie sabe con certeza: ¿son buenos? ¿Son malos? ¿El ejército bajo su
mando vale algo? ¿Quién sabe?
Después dejan el ejército y se convierten en comentaristas de estudio y en
perritos falderos de los políticos, y entonces se revela por completo su
desnudez. Resulta que nos engañaron, nos estafaron. El oficial respetado es a
veces un necio; el agente secreto, un completo idiota. Sin dar nombres, los
ejemplos abundan.
Muchos oficiales venerados de Tsahal, Mosad o Shin Bet pierden su halo de
gloria al exponerse a la luz. Más les valdría quedarse en la sombra,
especialmente en los últimos dos años, cuando coroneles retirados invadieron
los estudios de televisión. Cada oficial y agente de inteligencia cree saber
parlotear sobre cualquier tema del mundo – y la vergüenza no hizo sino
intensificarse.
Esta semana, Israel estaba en un frenesí por ellos. ¿Se concretará el
nombramiento del general Sombra como agregado militar en Washington?
¿Permanecerá el general Macana al frente de la Inteligencia Militar? Contenemos
la respiración. Nadie tiene idea de quiénes son ni cuánto valen, pero todos
tienen una opinión sobre quién es digno y quién no. Lo mismo ocurre con la
batalla de los gigantes entre el ministro de Defensa y el jefe del Estado
Mayor: todos tienen una opinión sobre quién es el bueno y quién es el malo.
Aparentemente, el campo democrático debería alegrarse de que exista un
ministro de Defensa civil que ponga freno al ejército y le imponga límites. El
hecho de que sea en realidad el campo derechista quien esté degollando a la más
sagrada de todas las vacas sagradas, las FDI, debería ser alentador, incluso si
se hace por las razones equivocadas.
Las FDI se han convertido en un monstruo desbocado. Solo el caos total y
delirante en Israel podía producir una situación en la que el director del
servicio secreto, el Shin Bet, se convierta en el guardián de la democracia, y
el jefe del Estado Mayor, en el héroe del campo liberal, víctima del villano:
el ministro civil de Defensa. Es cierto que el ministro de Defensa Israel Katz
hizo todo lo posible para ganarse un nombre que suscita burla y repulsión, pero
¿qué sabemos de su oponente, el teniente general Eyal Zamir? ¿Es un buen jefe
del Estado Mayor? ¿Uno malo? ¿Quién sabe? Esperemos a que se siente en los
estudios televisivos como civil, y quizá volvamos a encogernos de vergüenza.
Lo que sí se sabe no interesa a la mayoría de los israelíes. Zamir es el
comandante que convirtió Gaza en un cementerio y un páramo de escombros. Es el
comandante que cometió (y comete) crímenes de guerra y genocidio. Es el
comandante cuyos soldados roban el ganado palestino sin ser llevados ante la
justicia. Cualquier apoyo hacia él, incluso contra Katz el Satán, es un apoyo a
sus iniquidades, que algún día saldrán a la luz y serán juzgadas, ojalá al
menos por el tribunal de la historia, si no antes.
Cuesta creer que su clara implicación en violaciones tan horrendas del
derecho internacional no mejore ni empeore la opinión pública sobre él. Como si
se tratara de un asunto marginal, un pasatiempo oscuro. Y no es solo él: todos
los comandantes y soldados de las FDI – ninguno es juzgado por sus iniquidades.
Se les perdona todo, porque nos protegen, supuestamente. Incluso se les perdona
el fracaso del 7 de octubre. En la Esparta de 2025, las FDI siguen por encima
de toda sospecha, una especie de vaca sagrada.
Aparentemente, el campo democrático debería alegrarse de que exista un
ministro de Defensa civil que ponga freno al ejército y le imponga límites.
21/11/2025
Una historia íntima de la violencia: Beirut bajo asedio en 1982 en los relatos de Nejmeh Khalil Habib
Rebecca
Ruth Gould, The
Textual Materialist, 20-11-2025
Este ensayo apareció por primera vez en The Markaz Review en mayo de 2025
Traducido por Tlaxcala
Destrucciones en Beirut Oeste debido a los bombardeos israelíes, 1982. Foto Don McCullin
Conocida en todo el mundo árabe como poetisa que ha
cultivado un estilo único de prosa poética, Nejmeh Khalil Habib es también
crítica literaria y ha publicado estudios sobre Ghassan Kanafani, Jabra Ibrahim
Jabra y otras figuras clave de la literatura palestina. Actualmente es
profesora en la Universidad de Sídney en Australia, y escribe exclusivamente en
árabe.
Habib ha publicado además dos obras de ficción: Y los
niños sufren [و
الأبـنـاء يـضرسـون، قـصـص قـصـيـرة ] (2001) y A Spring
that Did Not Blossom [Una primavera que no
floreció- - ربـيـع لـم يـزهـ ], aparecida por primera vez en árabe en 2003 y ahora
traducida al inglés por Samar Habib y publicada por Simon and Schuster. En las
seis ficciones interrelacionadas que componen el libro, nos sumergimos en la
vida interior de palestinos que viven en Beirut mientras navegan sus
relaciones, sus vidas y sus frustraciones, para acabar finalmente aniquilados
por bombas israelíes.
Aunque la editorial en inglés lo presenta como un libro
de cuentos, Una primavera que no floreció podría clasificarse igualmente
como una novela no lineal; de hecho, así se describe en los medios árabes.
(Aquí sigo la convención de la edición inglesa y me refiero a cada capítulo
como “cuento” o “relato”.)
Lo que diferencia Una primavera que no floreció de
la mayoría de las novelas es que no hay un protagonista único. Los relatos se
desplazan con rapidez por la mente de un amplio abanico de personajes, algunos
apenas conectados entre sí, otros que ni siquiera se conocen. De esta manera,
se despliega ante nosotros el espectro completo de la sociedad palestina
residente en el Líbano.
Los personajes viven en campos de refugiados palestinos como Burj el-Barajneh, Ain al-Hilweh y Shatila, este último asociado para siempre a la masacre que tuvo lugar allí en septiembre de 1982, tema del célebre ensayo de Jean Genet [Cuatro horas en Chatila]. A veces consiguen salir de los campos y se trasladan a edificios de apartamentos en Beirut Oeste. Algunos combaten en la Resistencia, otros hacen lo posible por llevar una vida tranquila.
Resistir al ciclo de noticias
El tono íntimo de los relatos de Habib diferencia su obra
de mucha ficción ambientada en tiempos de guerra. Fragmentos de titulares y
breves noticias se insertan en su prosa, generando una tensión entre dos
discursos: el personal y el mediático. La violencia atraviesa profundamente los
relatos de Habib, pero lo hace con intimidad e incluso delicadeza. No estalla
en grandes acontecimientos que alimentan ideologías: aparece en sufrimientos
discretos que mutilan, silencian y matan.
Los puntos suspensivos rigen este ensamblaje de
fragmentos, reunidos como metralla de un edificio destruido.
Como gran parte de su prosa, el título Una primavera
que no floreció es un doble sentido. Alude tanto a la estación como,
también, a Rabih (que significa “primavera”), el niño alrededor del cual giran
muchas de las vidas del libro.
Miriam y Awad se casan en la cuarentena con la esperanza
de concebir un hijo. Lo logran, y Miriam da a luz a su único hijo, Rabih.
Luego, al final del primer relato, todos mueren en un instante, cuando un
bombardeo israelí borra su edificio de la faz de la tierra.
Los demás relatos narran la vida bajo el asedio israelí
de Beirut en 1982 desde la perspectiva de los supervivientes. A veces miran
atrás, hacia los momentos compartidos con quienes fueron asesinados en el
bombardeo. Incluso cuando no están bajo una campaña de bombas incesante, el
clima de terror generado por la guerra impregna el ambiente.
En “Miriam”, el relato que abre el libro, el refugiado
palestino Abu Rabih (padre de Rabih) regresa al Beirut en guerra para reunirse
con su familia tras un período de trabajo en un estado del Golfo, donde ganaba
dinero para mantenerlos. La invasión israelí ya asoma en el horizonte, con las
calles desbordadas por la violencia de la guerra civil libanesa.
Literatura frente a historia
Cuando Abu Rabih se acerca al edificio donde vive su
familia, se consuela con la razón por la que cree que estarán a salvo: “a los
israelíes les importa la opinión pública; es imposible que bombardeen este
edificio”. Así pensaban muchos en 1982 —y así pensaron muchos antes del 7 de
octubre de 2023.
Pero el edificio real de Akkar (Banayat Acre en el texto
inglés) donde vivía la familia ficticia de Abu Rabih fue completamente
destruido por Israel en 1982, en lo que hoy se conoce como la masacre del
edificio Akkar. La atrocidad fue evocada por Mahmoud Darwish en su largo poema
en prosa Memoria para el olvido
(1986), y por el escritor jordano Amjad Nasser en su diario del asedio de 1982.
También apareció en Under the Rubble (Bajo los escombros, 1983),
un documental de Jean Khalil Chamoun y Mai Masri. En el relato de Habib, la
atrocidad se representa de manera inolvidable, con todos sus detalles horrendos
y desde el punto de vista de sus víctimas, gracias a la ficción.
Así como Abu Rabih se consolaba imaginando imposible algo
tan atroz, también muchos observadores del genocidio israelí en Gaza se han
aferrado a ilusiones similares. Entonces y ahora, línea roja tras línea roja
proclamadas por políticos, comentaristas mediáticos e incluso por las propias
leyes de la guerra han sido violadas con tal rapidez que parecía que nunca
hubieran existido.
En este sentido, el texto de Habib resulta
inquietantemente relevante para nuestro presente. También lo es su descripción
del terror psicológico que Israel inflige a la población civil. “Se estaba
librando un tipo de guerra sin precedentes contra Beirut y su gente”, recuerda
la narradora. En esta “guerra psicológica”, se lanzaban panfletos “desde los
aviones, cayendo sobre balcones y aceras, despertando a la gente de sus
siestas”.
En una versión más suave de la pesadilla actual en Gaza, los panfletos “aconsejaban a los habitantes de Beirut que se marcharan y les prometían que no sufrirían daño si tomaban determinadas carreteras”. “Fingían empatía, pero ocultaban una amenaza grave.” En estos folletos lanzados sobre un territorio destinado a la aniquilación, vemos tácticas similares a las del genocidio actual, aunque en una forma más atenuada.
Rellenar los vacíos del periodismo
Habib rellena los huecos que el relato periodístico deja
sin tocar.
La traductora Samar Habib (sin relación familiar) compara
el estilo conciso de Nejmeh Khalil Habib con el de Kanafani. La caracterización
es acertada, reforzada por las referencias directas en el texto al cuento de
Kanafani Hombres en el sol (1962),
así como por el hecho de que Nejmeh Khalil Habib escribió un libro sobre su
ficción. También me recordó a la prosa de Toni Morrison: ambas escritoras
representan la violencia de forma íntima, delicada y brutal a la vez,
captándola tal como se vive en los cuerpos de las mujeres y en la
desconcertación de sus hijos.
Como Morrison, Habib se nutre del mundo del hecho
documental, especialmente del periodismo. Para Morrison, un recorte de prensa
sobre Margaret Garner —una mujer esclavizada en el sur de USA que cometió
infanticidio para evitar que su hija fuera vendida— dio origen a su novela Beloved
(1987). Morrison convirtió ese mínimo esbozo en una novela rica y compleja que
narraba los pasos de Garner para impedir la esclavitud de su hija.
Del mismo modo, Habib completa los vacíos del periodismo.
Introduce personajes ficticios junto a los reales. Yasser Arafat (Abu Ammar)
aparece numerosas veces de manera indirecta. Su paradero es precisamente la
razón por la que el edificio donde la familia de Abu Rabih se refugiaba
buscando seguridad fue volado por las fuerzas israelíes mediante un nuevo arma usamericano:
la bomba de vacío, diseñada originalmente para las selvas de Vietnam.
Consciente de que era un objetivo, Arafat permanecía en continuo movimiento;
dormía en el asiento trasero de un coche cuando el edificio que los israelíes
creían su escondite fue bombardeado, matando a más de doscientas cincuenta
personas.
Miliciano sosteniendo un gatito. Campo de refugiados de Burj Al Barajneh, sur de Beirut, Líbano (1988). Foto Aline Manoukian
También aparecen figuras del ámbito literario, como el
poeta Khalil Hawi, protagonista del segundo relato. Su trayectoria vital
coincide con la guerra israelí en el Líbano. Al enterarse en 1982 de la
invasión israelí de Beirut, Hawi se suicidó en su apartamento cercano a la
Universidad Americana de Beirut, muriendo al instante. Kanafani no aparece en
persona, pero es mencionado varias veces como periodista y escritor. También
surge un personaje llamado Darwish, que puede o no ser el célebre poeta Mahmud
Darwish; la coincidencia funciona como una alusión metatextual.
La tensión entre ficción y periodismo se manifiesta con
fuerza en las páginas finales de “Miriam”, donde la maquinaria de guerra
israelí provoca la muerte de casi todos los personajes presentados hasta
entonces. ¿Cómo narrar tal horror?
No puede hacerse en primera persona, porque la conciencia
de cualquier posible narrador está a punto de ser aniquilada. Por ello, Habib
rompe con su estilo íntimo y pasa a la tercera persona. El contraste entre esta
voz omnisciente y la intimidad del resto del relato hace que su tono impasible
resulte aún más impactante. “No había edificio allí”, leemos tras ser reducido
a escombros:
Era como si el edificio hubiera sido una caja de cartón
vacía cuyas paredes se plegaran unas contra otras al ser aplastadas bajo dos
pies fuertes.
Ese tono indiferente puede parecer inapropiado para describir la muerte de personajes cuya vida hemos seguido desde el principio, pero ¿qué mejor manera de mostrar la atrocidad de lo sucedido?
Encontrar un lenguaje para el genocidio
La dificultad de encontrar palabras es algo que muchos
enfrentamos hoy al observar el genocidio en Gaza. Luchamos con la incapacidad
del lenguaje para captar la atrocidad, y mucho menos detenerla. Las palabras no
bastan. Y aun así escribimos, seguimos testimoniando, para que las historias de
los mártires sean recordadas por generaciones.
En su párrafo final, “Miriam” yuxtapone informes
periodísticos que minimizan las víctimas del bombardeo. Los puntos suspensivos
articulan este montaje, reunidos como las esquirlas de un edificio destruido:
significan el horror sin representarlo plenamente. La última frase nombra a los
personajes presentados al comienzo del relato, ahora todos muertos:
Un familiar pudo identificar a la familia de cuatro personas al reconocer los pendientes que llevaba la madre: eran Rabih, su madre Miriam, su padre Awad y su abuela, Umm Awad.
Una historia íntima de la violencia
A través de sus experimentos narrativos, entrando y
saliendo de la conciencia de sus personajes, Habib escribe una historia íntima
de la violencia. Capta experiencias de terror y pérdida que la simple narración
periodística no logra transmitir. Revela los efectos del terror de Estado tal
como lo viven los cuerpos y las mentes de quienes lo padecen. Y, sobre todo,
nos enseña cómo se siente experimentar lo que muchos palestinos en Gaza están
viviendo hoy, recordándonos que aunque siempre habrá supervivientes, el trauma
nunca desaparece.
Aunque la traducción de Samar Habib es meticulosa y
diligente en su búsqueda de palabras capaces de transmitir los traumas
intraducibles de la guerra, hay momentos en los que habría deseado una mayor
libertad creativa, menos fidelidad literal al texto. Esto se nota especialmente
en el manejo de las notas a pie de página. Por ejemplo, los detalles relativos
al cuento popular palestino del Pájaro Verde, presente en el relato “Kawkab”,
son fascinantes y relevantes, pero parecen mal ubicados, como si tuviéramos que
leer dos textos simultáneos: el relato de Habib y las notas de la traductora.
Muchos de esos detalles funcionarían mejor integrados en el texto principal.
Esto habría dado lugar a una versión inglesa que no
correspondiera punto por punto al árabe, pero ¿para qué sirve la traducción, al
fin y al cabo? ¿Para producir una réplica perfecta del original o para
facilitar la entrada del lector en un mundo ajeno?
Una primavera que no floreció es
una obra que busca que los lectores —en cualquier lengua— experimenten, aunque
sea de manera mediada, los horrores de la guerra que Israel libró en 1982.
Relatos como estos nos ayudan a comprender los horrores que siguen padeciendo
el pueblo palestino y también otros países de Oriente Próximo, como Líbano e
Irán, ante nuestros ojos.
11/08/2025
LORENZO TONDO
Anas al-Sharif, destacado corresponsal de Al Jazeera, entre los cinco periodistas asesinados en un ataque aéreo israelí en Gaza
Israel admite el ataque deliberado contra el periodista, conocido por su cobertura en primera línea, en un ataque contra una tienda de campaña situada fuera del hospital al-Shifa
Lorenzo
Tondo en
Jerusalén, The
Guardian, 11-8-2025
Con Reuters y Agence France-Presse
Traducido por Tlaxcala
Las Fuerzas de Defensa de Israel afirman que Anas
al-Sharif, que había expresado su miedo a ser asesinado, era el líder de una
célula de Hamás. Fotografía: Al Jazeera
Un destacado periodista de Al Jazeera que
había sido amenazado anteriormente por Israel ha muerto junto con cuatro
compañeros en un ataque aéreo israelí.
Anas al-Sharif, uno de los rostros más reconocibles de Al
Jazeera en Gaza, murió mientras se encontraba dentro de
una tienda de campaña para periodistas frente al hospital al-Shifa, en la
ciudad de Gaza, el domingo por la noche.
Según la cadena con sede en Catar, en el ataque murieron
siete personas en total, entre ellas al-Sharif, el corresponsal de Al Jazeera
Mohammed Qreiqeh y los operadores de cámara Ibrahim Zaher, Mohammed Noufal y
Moamen Aliwa.
Las Fuerzas de Defensa de Israel admitieron el ataque y afirmaron que el
reportero «había sido jefe de una célula terrorista de la organización
terrorista Hamás y era responsable de promover ataques con cohetes contra
civiles israelíes y las Fuerzas de Defensa de Israel».
Afirmaron que tenían información de inteligencia y
documentos encontrados en Gaza como prueba, pero los defensores de los derechos
humanos dijeron que había sido blanco de un ataque por sus reportajes en
primera línea de la guerra de Gaza y que la afirmación de Israel carecía de
pruebas.
La tienda de campaña frente al hospital Al-Shifa, donde Anas al-Sharif y otras seis personas murieron en un ataque israelí. Israel admitió el ataque, alegando que era un militante de Hamás, una afirmación que la ONU ha calificado de infundada. Fotografía: Ebrahim Hajjaj/Reuters
Al Sharif fue calificado como «uno de los periodistas más
valientes de Gaza» y Al Jazeera afirmó que el ataque era «un intento
desesperado de silenciar las voces en previsión de la ocupación de Gaza».
El mes pasado, el portavoz del ejército israelí, Avichai
Adraee, compartió un video de al-Sharif en X y lo acusó de ser miembro del ala
militar de Hamás. En ese momento, la relatora especial de la ONU sobre la
libertad de expresión, Irene Khan, lo calificó de «afirmación sin fundamento» y de «ataque flagrante contra los periodistas».
En julio, al-Sharif declaró al Comité para la Protección
de los Periodistas (CPJ) que vivía con la «sensación de que podía ser
bombardeado y martirizado en cualquier momento».
Tras el ataque, el CPJ se declaró «consternado» al
conocer la muerte de los periodistas.
«La costumbre de Israel de tildar a los periodistas de
militantes sin aportar pruebas creíbles plantea serias dudas sobre sus
intenciones y su respeto por la libertad de prensa», declaró la directora
regional del CPJ, Sara Qudah.
«Los periodistas son civiles y nunca deben ser blanco de
ataques. Los responsables de estos asesinatos deben rendir cuentas».
El Sindicato de Periodistas Palestinos condenó lo que
calificó de «crimen sangriento» de asesinato.
En enero de este año, tras un alto el fuego entre Hamás e
Israel, al-Sharif llamó la atención de todo el mundo cuando, durante una
transmisión en vivo, se quitó el chaleco antibalas mientras estaba rodeado por
decenas de residentes de Gaza que celebraban el cese temporal de las
hostilidades.
Pocos minutos antes de su muerte, al-Sharif publicó en X:
«Última hora: Un bombardeo israelí intenso y concentrado con “cinturones de
fuego” está golpeando las zonas este y sur de la ciudad de Gaza».
En un último mensaje, que según Al Jazeera había sido
escrito el 6 de abril y que fue publicado en la cuenta de X de al-Sharif tras
su muerte, el reportero decía que había «vivido el dolor en todos sus detalles,
probado el sufrimiento y la pérdida muchas veces, pero nunca dudé en transmitir
la verdad tal y como es, sin distorsiones ni falsificaciones».
«Alá será testigo contra aquellos que permanecieron en
silencio, aquellos que aceptaron nuestro asesinato, aquellos que nos ahogaron y
cuyos corazones no se conmovieron ante los restos esparcidos de nuestros niños
y mujeres, sin hacer nada para detener la masacre a la que se ha enfrentado
nuestro pueblo durante más de un año y medio», continuó.
El joven de 28 años deja atrás a su esposa y dos hijos
pequeños. Su padre murió en un ataque israelí contra la casa familiar en el
campo de refugiados de Yabalia, en la ciudad de Gaza, en diciembre de 2023. En
ese momento, al-Sharif dijo que seguiría informando y se negó a abandonar el
norte de Gaza.
Otro periodista de Al Jazeera en Gaza, Hani Mahmoud,
dijo: «Esta es quizás la noticia más dura que he dado en los últimos 22 meses.
No estoy lejos del hospital Al-Shifa, a solo una manzana, y pude oír la enorme
explosión que tuvo lugar hace aproximadamente media hora, cerca del hospital
Al-Shifa.
«Pude verlo cuando iluminó el cielo y, en cuestión de
segundos, corrió la noticia de que se trataba del campamento de periodistas
situado en la entrada principal del hospital Al-Shifa».
Al-Sharif y sus colegas llevaban informando desde Gaza
desde el inicio del conflicto.
«Es importante destacar que este ataque se produce solo
una semana después de que un oficial militar israelí acusara directamente a
Anas y lanzara una campaña de incitación contra Al Jazeera y los corresponsales
sobre el terreno por su trabajo, por su implacable cobertura de la hambruna, la
inanición y la desnutrición», añadió Mahmoud.
Israel ha asesinado a varios periodistas de Al Jazeera y
a miembros de sus familias, entre ellos Hossam Shabat, asesinado en marzo, e Ismail al-Ghoul y su camarógrafo Rami
al-Rifi, asesinados en agosto.
La esposa, el hijo, la hija y el nieto del corresponsal
jefe Wael al Dahdouh fueron asesinados en octubre de 2023 y él mismo resultó herido en un ataque semanas después en el que murió el camarógrafo de Al Jazeera Samer Abu Daqqa.
Israel, que no permite la entrada de periodistas
extranjeros en Gaza y que ha atacado a reporteros locales, ha matado a 237 periodistas desde que comenzó la guerra el 7 de octubre
de 2023, según la oficina de prensa del Gobierno de Gaza. El Comité para la
Protección de los Periodistas afirmó que al menos 186 periodistas han sido
asesinados en el conflicto de Gaza. Israel niega haber atacado deliberadamente
a periodistas.
31/07/2024
ADDAMEER
Llamamiento internacional a la acción: Investiguen la redada de Sde Teiman y las violaciones de los derechos humanos de los detenidos gazatíes
Addameer, 29/7/2024
Traducido por Fausto
Giudice, Tlaxcala

ADDAMEER (conciencia en árabe) Prisoner Support and Human Rights Association es una institución civil no gubernamental palestina que trabaja en apoyo de los presos políticos palestinos recluidos en cárceles israelíes y palestinas. Creada en 1991 por un grupo de activistas interesados en los derechos humanos, ofrece asistencia jurídica gratuita a los presos políticos, defiende sus derechos a escala nacional e internacional y trabaja para poner fin a la tortura y otras violaciones de los derechos de los presos mediante actividades de seguimiento, procedimientos legales y campañas de solidaridad.
El 29 de julio de 2024, la policía militar de la ocupación realizó una redada en el campo militar de Sde Teman y detuvo a soldados acusados de agredir sexualmente de forma brutal a un detenido varón de Gaza. Según los informes, el detenido presentaba graves signos de haber sido violado con instrumentos de tortura afilados. Los abogados han documentado numerosos casos de tortura y violencia sexual contra detenidos de Gaza, que revelan un sombrío patrón de abusos en el campo militar de Sde Teman. A pesar de estos casos bien documentados, el 99% de las investigaciones sobre torturas y abusos de las FOI (Fuerzas de ocupación israelíes) contra palestinos no avanzan, por lo que no hay rendición de cuentas ni repercusiones para los autores. Esta persistente falta de justicia pone de manifiesto la impunidad sistémica en el seno de las FOI, que permite que violaciones tan atroces continúen sin control.
Los abogados han documentado numerosos casos en los que las FOI realizaron registros corporales excesivos a detenidos de Gaza. Durante estos registros, los detenidos fueron obligados a adoptar posturas humillantes y sometidos al uso de detectores de metales en el cuerpo, que se movían por sus zonas íntimas mientras los soldados se burlaban de ellos y los maltrataban verbalmente con constantes insultos y obligando a los detenidos a maldecirse a sí mismos.
Numerosas organizaciones de derechos humanos, entre ellas Addameer, llevan documentando las torturas, los malos tratos y las violaciones de derechos humanos contra detenidos gazatíes desde el comienzo del genocidio en Gaza. Las organizaciones han registrado meticulosamente casos de abusos físicos y psicológicos, aportando pruebas decisivas de los malos tratos y la tortura sistemáticos que se producen en centros como Sde Teman. Los informes ponen de relieve la gravedad y la magnitud de las violaciones, y subrayan la urgente necesidad de que la comunidad internacional intervenga y rinda cuentas para hacer frente a estos continuos abusos contra los derechos humanos.
19/06/2024
REEM HAMADAQA
La noche en que Israel mató a mi familia
La noche del 2 de marzo, Israel acabó con cuatro generaciones de mi familia. Yo apenas sobreviví a la masacre. Ahora me toca a mí contar su historia.
Reem A. Hamadaqa, Mondoweiss,
13/6/2024
Traducido por Fausto Giudice, Tlaxcala
Reem A. Hamadaqa, de 24 años, es ayudante de cátedra en la Universidad Islámica de Gaza y traductora. Escribe para y sobre Palestina. Puedes seguirla en X @reemhamadaqa e instagram reemhamadaqa
La noche del 2 de marzo de 2024, Israel acabó con cuatro generaciones de mi familia en una sola noche. Un ataque israelí cerca de medianoche mató a 14 miembros de mi familia. Se llevó la esencia misma de mi vida, a mis seres más queridos, y me marcó como superviviente.
Reem Hamadaqa, en la extrema derecha, con sus padres Sahar y Alaa', y sus dos hermanas, Heba, de 29 años, y Ola, de 19 años. Estos cuatro miembros de la familia de Reem fueron martirizados junto con otros 10 familiares en un ataque israelí el 2 de marzo en el sur de la Franja de Gaza.
“Vayan al sur o haremos caer esta escuela sobre sus cabezas”, nos advirtieron los soldados israelíes cuando decidimos abandonar nuestro hogar en el norte de Gaza. Para entonces, mi familia ya había sobrevivido a 40 días de bombardeos, acogiendo a menudo a decenas de desplazados en nuestra casa. Tras este mensaje, no tuvimos más remedio que huir.
Nuestra primera parada fue una escuela cercana de la UNRWA. Fue nuestro primer intento de encontrar alguna apariencia de “seguridad”. Caminamos más de seis horas bajo un sol abrasador para llegar al sur, donde, al final, mataron a mi familia en una zona supuestamente “segura” a la que la ocupación israelí nos había dicho que fuéramos.
Sobrevivimos casi 100 días en la casa de mi tío materno en Jan Yunis. No era el mejor lugar para encontrar comida o agua, pero nos aseguraron que era seguro. Su casa estaba en el bloque 89, designado por la ocupación como bloque “verde”. Por eso nos quedamos y no huimos. Pero ya estábamos desplazados.
La casa estaba llena con una docena de mujeres y niños cuando, el 2 de marzo, empezó el bombardeo intensivo hacia las 22.30 horas.
Una hora más tarde, intercambié una última mirada con mis padres, mis hermanas, mis primos, mi abuela y, sin saberlo en ese momento, con toda mi vida. Leí el tercer capítulo de una novela, charlé con mis padres, llamamos a mi hermana que había sido trasladada a Rafah en una tienda de campaña. Me burlé de mi hermana pequeña. Me dormí, cerrando involuntariamente el último capítulo de mi vida.
Me despertaron bombardeos masivos, explosiones en cadena que parecían no tener fin.
Aterrorizada, me desperté gritando. Mi madre y mi padre estaban junto a la puerta. Heba, mi hermana mayor, estaba a mi lado. Gritábamos. A través de la ventana, todo lo que podía ver delante de la casa estaba en llamas. Estas escenas resonaban con el estado de nuestros corazones.
“¡Papi! ¡No abras la puerta!”, gritábamos. En cuestión de segundos, la casa estaba sobre nosotros. Sentí que las paredes y el techo se derrumbaban, que la habitación explotaba a mi alrededor. Vi las espaldas de mamá y papá y sentí a Heba a mi lado, gritando. Vi a Ola, dormida, ajena a la enorme explosión.
Me desperté bajo los escombros.
Había luna llena. Estaba tan oscuro que probablemente era medianoche, y hacía tanto frío. El invierno aún no nos había abandonado. Estaba sola, atrapada bajo los escombros, incapaz de moverme.
Incluso después de leer historias sobre lo que se siente al estar atrapado bajo los escombros, no era nada de lo que había imaginado. No sabía cuánto tiempo había estado inconsciente. Cuando desperté, pensé que era un sueño, una pesadilla. El dolor era insoportable.
Grité con todas mis fuerzas, buscando no sé qué. Me arranqué las piedras de las manos, del pecho y del estómago. Me pesaban, pero mi respiración era aún más pesada. Esperé al desconocido.
Oí a mi tío gritar, llamando a sus hijos, y oí a un hombre que corría desde los tanques llamando a mi tío por detrás. No podía sacar las piernas de entre los escombros. Casi una hora después, mi hermano y mi primo, que vivían en la casa de enfrente, me encontraron. Milagrosamente, Ahmad me salvó. Levantó toneladas de piedras que me aplastaban.
En vez de ambulancias, tanques
Ahmad me levantó y me cargó a la espalda mientras corría. Cada paso que daba me destrozaba el alma de dolor. Me llevó a su casa, a pocos metros de distancia. Esta casa también había sido alcanzada. El suelo estaba lleno de fragmentos de cristales y muebles que cortaban a cualquiera que entrara. Ahmad me dejó allí.
20/10/2022
ALI ABU HILAL
Los ataques de las fuerzas de ocupación y los colonos sionistas contra el personal médico palestino son un crimen de guerra
Ali Abu Hilal, Al Quds-com, 18/10/2022
Original :
اعتداءات الاحتلال والمستوطنين على الطواقم الطبية
جريمة حرب
Traducido por María Piedad Ossaba,
Tlaxcala
Ali Abu Hilal es un abogado palestino y profesor de derecho internacional.
En las últimas semanas, las fuerzas de ocupación israelíes y las bandas de colonos han intensificado sus ataques contra el personal médico, las ambulancias, los médicos y los paramédicos en Jerusalén y otros territorios palestinos ocupados, en grave violación del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos. Y el subsecretario del Ministerio de Sanidad palestino, Wael Al-Sheij, declaró a los medios de comunicación que habían disparos deliberados contra el personal médico cumpliendo su deber humanitario.
La frecuencia de los ataques contra el personal médico ha aumentado en la última semana por parte de los soldados de ocupación, por un lado, y de los colonos, por otro, ya que se comprobó que el personal médico, los periodistas y el personal de la defensa civil han sido objeto de ataques cada vez más directos en los últimos periodos. El director de ambulancias y emergencias de la Media Luna Roja) en Nablús, Ahmed Yibril, declaró que varios colonos atacaron las ambulancias en la ciudad de Hawara, al sur de Nablús, y les impidieron pasar para atender a las personas heridas por las balas israelíes.
Las ambulancias pertenecientes a la Media
Luna Roja y a Medical Relief fueron objeto de ataques directos en varias
ocasiones, mientras transportaban heridos, en numerosas ciudades y campamentos
palestinos. Los colonos también atacaron a un médico en Tulkarem y a un
vehículo médico perteneciente al Hospital Universitario An-Najah de Nablús. Según
el Ministerio de Sanidad palestino, el médico, Assem Qaddoumi, sufrió graves
contusiones en el pecho, el abdomen y la nariz, cuando un grupo de colonos lo
atacó en el cruce de Beit Lid, al este de Tulkarem, tras lo cual fue trasladado
al hospital gubernamental de Thabet. En Nablús, los colonos atacaron un vehículo
del Hospital Universitario de An-Najah que transportaba pacientes sometidos a
diálisis cuando pasaba por el puesto de control de Hawara hace dos días.
Los equipos médicos y las ambulancias también han sido objeto de ataques en Jerusalén y en las ciudades y campamentos palestinos por parte de las fuerzas de ocupación y los rebaños de colonos para impedirles cumplir con su deber humanitario de proporcionar la atención médica necesaria a las víctimas de la ocupación que resultaron heridas tras estos ataques
El Dr Abdullah Abu Al-Tin
En una peligrosa escalada, el viernes por la mañana, 14/10/2022, las fuerzas de ocupación atacaron al médico Abdullah Abu Al-Tin en Yenín, hiriéndole gravemente en la cabeza con una bala y fue declarado muerto más tarde. El Dr. Abu Al-Tin, cuando fue alcanzado por la bala de un francotirador de la ocupación, era uno de los miembros del personal médico que fue blanco de los ataques de la ocupación durante la semana pasada. No fue ni el primero ni el último del personal médico martirizado que cayó en los ataques de las fuerzas de ocupación y las hordas de colonos.
Los ataques agresivos llevados a cabo por las fuerzas de ocupación israelíes y las hordas de colonos contra civiles palestinos en los territorios palestinos ocupados constituyen una violación flagrante del derecho internacional humanitario. Estos actos se clasifican como infracciones graves según el Cuarto Convenio de Ginebra relativo a la protección de la población civil en tiempo de guerra de 1949. Los ataques dirigidos contra el personal y los vehículos médicos por parte de las fuerzas de ocupación y los colonos israelíes constituyen una forma de homicidio intencional que entra en el ámbito de las violaciones graves previstas en los artículos 146 y 147.
El artículo 20 de la Convención también estipula que los empleados que trabajan en la gestión y el funcionamiento de los hospitales, incluidos los conductores de ambulancias, las enfermeras y los paramédicos que transportan y evacuan a las víctimas de las operaciones militares, deben ser respetados y protegidos. El artículo 23 estipula la obligación de las Altas Partes Contratantes de garantizar el libre paso de todos los envíos de medicamentos y suministros médicos. El Protocolo adicional a los Convenios de Ginebra de 1949, relativo a las víctimas de los conflictos armados internacionales, refuerza los mecanismos de protección del personal sanitario, facilita el traslado de los heridos y lesionados en las zonas de hostilidades y consagra la necesidad de protegerlos y no exponerlos a todas las acciones que les causen daños y perjuicios.
Los ataques de las fuerzas de ocupación y de los colonos israelíes contra el personal médico palestino no se consideran como un acto involuntario ni un simple accidente debido a un error, que puede subsanarse y que no tiene consecuencias para las operaciones posteriores de estas fuerzas. Por el contrario, los repetidos ataques contra esos médicos, enfermeras y paramédicos confirman el hecho de que han sido el blanco de esas fuerzas. Los datos disponibles, documentados por las instituciones locales e internacionales de derechos humanos, indican que el uso excesivo de la fuerza letal contra estas personas protegidas y contra las ambulancias en las que viajan confirma la intención de los militares de matarlas y herirlas.
Estos continuos ataques contra el personal médico, que han provocado centenares de muertos y heridos en sus filas, se consideran crímenes de guerra de conformidad con el Estatuto de la Corte Penal Internacional y conllevan una responsabilidad internacional, lo que exige la elaboración de un expediente judicial sobre las víctimas de estos ataques, incluidos los heridos y los mártires, para presentarlo a la justicia penal internacional, en particular a la Corte Penal Internacional, para que enjuicie a los autores de estos crímenes, a fin de que no escapen al castigo.
Nota de Tlaxcala
La versión dada por el autor de la muerte del Dr. Al-Tin (cirujano, 43 años, padre de 3 hijos) retoma la versión oficial de la Autoridad Palestina en Ramallah, que oculta el hecho de que este médico era también un combatiente de las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, una emanación de la fracción militante de Fatah, y que estaba armado en el momento en que fue asesinado. En mi humilde opinión, presentar a un combatiente como una pobre víctima inocente no ayuda a la causa, sobre todo porque los sionistas se apresuraron a publicar las fotos de Abdullah en armas con este tipo de comentarios: “Las fotos del difunto muestran más elocuentemente más al terrorista que al Doctor”. No se responde al argumento utilizado para justificar las ejecuciones de “terroristas” con lloriqueos victimarios, sino afirmando alto y claro el derecho a la resistencia, también consagrado en la legislación internacional. El propio Tribunal Supremo israelí dictaminó en 2005 que “los “terroristas” pertenecen a la categoría de los civiles que participan en las hostilidades”. Se puede deducir que su ejecución no puede justificarse en absoluto y que no tiene sentido tratar de ocultar su condición de combatientes.














