Laura Jedeed
USA: ya sabes a quienes recluta el ICE. La realidad es aún peor y yo soy la prueba viviente
Inmersión en la milICEia antiinmigrantes de la era Trump
Cómo llegué hasta aquí
Autorretrato de una milenial antitrumpista gringa
Ayman El Hakim, 23/1/2026 أيمن الحكيم
USA: ya sabes a quienes recluta el ICE. La realidad es aún peor y yo soy la prueba viviente
Inmersión en la milICEia antiinmigrantes de la era Trump
Cómo llegué hasta aquí
Autorretrato de una milenial antitrumpista gringa

Asesinaron a la poetisa, a balazos, a sangre fría, como si fuera una cucaracha, o como si tal vez fuera una entraña de cerdo a la que hay que freír a punta de manteca de policías de inmigración. La mataron porque sí, porque hay que matar mujeres, mujeres que escriben, mujeres que alzan la voz, que parlan con los extranjeros explotados, con los perseguidos. Hay que matarla. Y eso hicieron los automáticos agentes, asesinos por naturaleza, entrenados para ese fin: matar y nadas más. Ah, y si la víctima es una poetisa, mejor. No queremos que cante nadie, ni que le vayan a decir alguna verdad, en verso, o en prosa, al presidentico que cada vez más se parece a Hitler.
Asesinaron a disparos a Renée Nicole Good, de treinta y siete años. Dicen que escribía “como quien abre una ventana en una casa sitiada”. Seguro sabía antes de recibir esa tanda de balazos en un “país bañado en sangre”, como lo describió Paul Auster, que estaba destinada a ser una víctima de la represión trumpista, del Corolario del nuevo filibustero, de la Nueva Estrategia de Defensa Nacional, del pederasta, reencarnación —así se lo cree el bandido presidente— de James Monroe, y que representa también el Garrote de Teddy Roosevelt, la poetisa sabía que la iban a matar.
Ha sido otra víctima del sistema que bombardea desde hace años, a veces con bombas atómicas, a veces con otras bombas —mortales, eso sí—, a objetivos civiles, a poblaciones enteras, que asesina a gentes como las de la aldea de My Lai, o de Irak, o de Siria, o de Libia, también de Venezuela. Y mata poetas. Así no más. Tal vez como si imitara a aquel que asesinó en Granada a García Lorca, por marica, o por poeta, o porque estaba en contra de la opresión.
Le dispararon, así no más, a mansalva y sobreseguro, a una muchacha, sí, todavía era una muchacha en flor, que escribía poemas. Había que borrar sus versos, pensaría el tombo, el sirviente del sistema, el asesino con licencia. Había que acallar una voz, un lápiz, unas estrofas, unas líneas… No requerimos poetas, sino matones, sino bombarderos, sino criminales. Así es la vulgar prosa del imperialismo, de Trump y sus secuaces, de aquellos que aplauden no solo las baladronadas del sanguinario pirata, sino sus acciones criminales en todo el universo.
Matar a una poetisa puede ser insignificante. Además de fácil, además que todo puede quedar impune. Era solo una mujer, una muchacha que escribía, que saludaba a los inmigrantes, que les decía como unirse, como abrazarse, como estar alertas frente a la represión. Era eso, tan sin valor, tan sin sentido para un sujeto como el presidente. La Gestapo de Trump la asesinó.

Qué puede pasarle a un imperio, o a un delincuente que se ampara en ser presidente de una superpotencia (en decadencia), por el crimen de una mujer que escribía, por ejemplo, “quiero de vuelta mis mecedoras” y conocía “tercetos de cigarras” (como la cigarra, tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí resucitando…), que había “donado biblias a tiendas de segunda mano”, que sabía —era una poetisa— que entre su páncreas y su intestino grueso, “se encuentra el insignificante arroyo de mi alma”.
La desalmaron los desalmados. Los asesinos le borraron las palabras, las ganas de hacer justicia, los deseos incontenibles de cantar contra la injusticia, de bendecir el encuentro entre el óvulo y el espermatozoide. Le arrancaron el alma a balazos.
Pero la vaina, como se dice, es que ningún policía, ninguna bala, ningún fusil, acaba con la poesía. Esta sigue viviendo más allá del poeta. La poesía de Renée ahora vuela más alto, va de Minneapolis a Chicago, de Los Ángeles a Texas, del país de las libertades muertas, de la democracia destruida, hacia más allá del planeta azul. Era la tarde del siete de enero de 2026, cuando un policía del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés), disparó con ferocidad sobre una muchacha que escribía versos y que desde ese momento vuela, como esa mariposa que, con su aleteo, es capaz de provocar un terremoto en Beijing o hacer brotar una lágrima en algún lugar del mundo donde haya gente que cante.
Renée Nicole ahora es fuego. No es ceniza. Es voz potente que clama por la justicia en el mundo y porque la utopía siga viviendo, o, al menos, haciendo caminar a mucha gente.

Tigrillo L. Anudo, 8-1-2026
Ese anciano sociópata instrumentaliza todo a favor de su sed de fortunas ajenas. Usted, presidente Petro, es de las pocas piedras en los zapatos de ese desquiciado. Por eso, él lo ha llamado. Usted no lo llamó a él.
Tenga en cuenta que Trump potenció su riqueza inmobiliaria con ayuda de Chepe Santacruz, un narco colombiano. Entienda que si él lo acusa a usted de narco es porque lo persiguen los beneficios que ha obtenido de las mafias.
Trump ha tenido socios narcos, clientes narcos en sus hoteles. Acaba de indultar a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras, condenado a 45 años de prisión en Estados Unidos por narcotráfico. El fantasma de las drogas no deja dormir al sociópata.
Porqué Trump lo llama a dialogar en La Casa Blanca? Porque quiere bajar el nivel de las aguas. Pretende quitarse un poco de encima esa carga de tirano racista xenófobo contra los inmigrantes latinos. Fue usted, presidente Petro, el único presidente que sin concesiones rechazó las redadas indiscriminados en Estados Unidos, los criminales bombardeos contra desgraciados lancheros en el mar Caribe, condenó el genocidio en Gaza y se opuso a la intervención militar en Venezuela.
La difícil situación interna que padece Trump, lo lleva a usarlo a usted como factor distractor. Enfrenta cargos por abuso sexual y conspiración golpista, denuncias por pedofilia, rebelión de gobernadores y alcaldes de Estados que sufren las violentas acciones de los agentes de inmigración -ICE- contra los propios ciudadanos estadounidenses. Ayer, 7 de enero, esos agentes asesinaron a sangre fría a Renee Good (37 años, madre de un niño) en Minneapolis. Trump ordena arrestar y deportar a los venezolanos que salieron a las calles a celebrar el arresto de Maduro y asesinato de 100 personas en la incursión. Para acabar de completar se burla con desprecio de los venezolanos que marchan en Caracas contra la intervención lo cual le ha granjeado más críticas a su gestión.
Presidente Petro, usted es economista. Sabe muy bien que el principal móvil de Trump es alejar a los países latinoamericanos de los intercambios comerciales, industriales y culturales con China. Este objetivo es quizás más importante que el robo del petróleo venezolano y el saqueo de recursos naturales de Suramérica. La cruzada y guerrerismo de Trump es contra el dragón de Oriente quien está desdolarizando el comercio internacional y está ganando la guerra comercial contra Estados Unidos.
El ensayo de Gaza ya llegó a América Latina. Usted bien lo ha vaticinado. Lo que hacen con Gaza lo harán en otros países si no reaccionamos. Quieren recolonizarnos con amenazas, chantages y bombardeos. Los pueblos dignos de Latinoamérica confían en su voz y compromiso inclaudicable con la soberanía, democracia, justicias social y de la naturaleza.
Sergio Rodríguez Gelfenstein, 4/12/2025
Cuando Donald
Trump esbozaba la composición de su gabinete después de haber sido elegido y
antes de asumir el cargo, tomó una decisión: los neoconservadores que tantos
problemas le habían creado en su primera administración no tendrían cabida esta
vez. Así, dejó fuera entre otros a Mike Pompeo, Mike Pence, Nikki Haley, John
Bolton y Elliott Abrams que habían ocupado altos cargos durante su anterior
gobierno.
Pero algo salió
mal. Tras la última elección del senado, la cámara alta quedó constituida por
53 senadores republicanos, 45 demócratas y 2 independientes que suelen votar
junto a los demócratas. Entre los 53 republicanos elegidos, cuatro de ellos Rick
Scott y Ashley Moody pertenecientes a la mafia de Florida, Bernie Moreno, de
origen colombiano, senador por Ohio y Ted Cruz de origen cubano, senador por
Texas, a quienes se sumó posteriormente Lindsay Graham de Carolina del Sur, se
identifican ideológicamente con la extrema derecha fascista agrupada en el
sector neoconservador que integra la actual administración de Estados Unidos.
Aunque son una
minoría, contaban con suficientes votos para definir los sufragios en el
Senado. Se lo hicieron saber a Trump que los necesitaba para aprobar sus
proyectos, por lo que tuvo que aceptar a regañadientes lo que le pidieran…y le
pidieron el Departamento de Estado, donde ubicaron a uno de los suyos: Marco
Rubio. A partir de ese momento, Trump vive chantajeado por este grupo. Muchas
decisiones emanan de esa coacción a la que está sometido por el sector
neoconservador de su gobierno. Y aparentemente, no puede hacer nada porque
gracias a ellos no solo fue aprobado el gabinete, también el presupuesto y la “One
Big Beautiful Bill Act” (OBBBA), la denominada “ ley más hermosa del
mundo”, un desatino que los senadores aprobaron para complacer al presidente.
Así, Trump
logró que se aprobaran sus propuestas para ocupar los puestos en el gabinete.
No obstante, en la votación para elegir al titular de lo que en ese momento era
la secretaría de defensa y ahora de guerra, los resultados arrojaron un empate
que debió ser dirimido con el voto favorable de J.D. Vance, vicepresidente de
Estados Unidos.
De esta manera, Peter Brian Hegseth alias Pete asumió la máxima responsabilidad militar del país con el rechazo de la mitad de los senadores, incluyendo a tres republicanos. Los argumentos en contra se centraban en su falta de experiencia pero también en las acusaciones de violación expuestas por una mujer ante la justicia en 2017 que aparentemente se “solucionaron” tras un pago de dinero a cambio de silencio.
Hegseth, un
oscuro personaje nacido hace 45 años en Minneapolis, Minnesota y cuya
“experiencia” anterior se limita a ser un presentador de televisión que se
caracterizaba por sus opiniones ultra retrógradas y conservadoras en las que
destacaban su abierta y pronunciada homofobia que parte de la consideración de
que esa orientación sexual era una expresión ajena a la civilización
occidental. Hegseth declaraba que “el
estilo de vida homosexual es anormal e inmoral”.
Hegseth ha
escrito cuatro libros, en el primero hace una apología a las sociedades de los
estados sureños que antes de la guerra de Secesión habían establecido al
esclavismo como sustento de la economía. Así mismo, considera “que las mujeres
nunca deberían haber obtenido el derecho al voto”. En su segundo libro, “American
Crusade” publicado en 2020, escribió: “Al igual que los cruzados cristianos que
repelieron a las hordas musulmanas en el siglo XII, los cruzados
estadounidenses deberán mostrar el mismo valor contra los islamistas de hoy”.
Trump consideró
que su breve paso por la Guardia Nacional del Ejército de Estados Unidos
bastaba para ser designado como secretario de defensa sin considerar que solo ascendió hasta el
grado de capitán sin haber transitado por ningún curso de superación de
oficiales, mucho menos uno de mando estratégico y/o estado mayor. ¿ Qué pensarán
generales y almirantes con 35 años de servicio o más por ser mandados por un
capitán? Alguien podría argüir que no sólo en las Fuerzas Armadas se obtiene
experticia de nivel superior y es verdad, pero es que el referido capitán
tampoco ha tenido práctica política alguna: fracasó como candidato a senador
por su estado natal, lo cual lo obligó a recalar en la televisión como
colaborador de Fox
News, donde no se necesita mucha formación para conseguir trabajo.
Al asumir su
nuevo encargo, exponiendo muy rápidamente su inexperiencia para una obligación
de tanta responsabilidad, en connivencia con Marco Rubio, ha conducido su
gestión en dos direcciones. Por una parte ha estado pugnando por una
reorientación estratégica de la doctrina militar de su país, cambiando sus
prioridades, de contrarrestar a China y Rusia -que es lo que una y otra vez han
expresado los altos mandos militares del país en sus comparecencias ante
distintas comisiones del Congreso- hacia la defensa contra amenazas internas y
la situación en el hemisferio occidental. Según un experto consultado por el
portal alemán Politico, el cambio "no parece estar en absoluto
alineado con las posturas agresivas del presidente Trump hacia China".
La segunda
orientación originada en la anterior es que el énfasis de la doctrina militar
debe estar encaminada a proteger las fronteras de Estados Unidas amenazadas por
el narcotráfico y las migraciones, incluyendo en esta disposición la lucha
contra estos “enemigos” internamente en el país.
Cada vez mayor
cantidad de voces influyentes en Estados Unidos alertan sobre el riesgo que
significaría la aplicación de esta doctrina. El periodista Tucker Carlson advirtió
que, “en un futuro, Estados Unidos podría enfrentarse a una guerra civil”. Su argumento
está sustentado en las protestas contra el actuar del Servicio de Inmigración
y Control de Aduanas (ICE) y los disturbios del movimiento Antifa, designado por la Administración de Donald Trump
como "organización terrorista". Hegseth y Rubio desean involucrar a
las Fuerzas Armadas de Estados Unidos a favor de Trump y los republicanos en
este eventual conflicto. Así mismo, esta
situación se manifiesta en la cada vez mayor resistencia de los gobernadores de
aceptar la presencia militar en sus territorios, sin su autorización.
Otra faceta de
la gestión de Hegseth es su manifiesta intención de “limpiar” el Pentágono de
altos oficiales “vinculados al Partido Demócrata” o que hayan asumido las
prácticas inclusivas adoptadas durante la administración Biden. En este marco,
el secretario de Guerra (él cambió la denominación de esta instancia
gubernamental que antes se llamaba secretaría de defensa) ha despedido o
apartado de sus puestos a cuando menos dos docenas de oficiales de alto rango
militar en los últimos diez meses. Así mismo, alrededor de una veintena de
generales y almirantes han presentado su solicitud de retiro antes de cumplir
su tiempo legal de servicio, entre ellos el almirante Alvin Hosley, jefe del
comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.
Muchos de estos
almirantes y generales fueron expulsados sin apenas explicación, incluso
contradiciendo el consejo de altos mandos que participaron junto a ellos en
combate, según la denuncia presentada por algunos de sus colegas. Según sus
declaraciones, estas acciones han creado un clima de "ansiedad y
desconfianza", obligando a los altos mandos a tomar partido, y en
ocasiones los ha enfrentado entre sí.
Al mismo
tiempo, revelan que el jefe del Pentágono ha retrasado o cancelado los
ascensos de al menos cuatro altos oficiales porque anteriormente
trabajaron para el general retirado Mark Milley, quien se desempeñó como jefe
del Estado Mayor Conjunto hasta 2023.
En uno de los
cambios más sonados, Trump designó un nuevo vicejefe del Estado Mayor del
Ejército para reemplazar al general James Mingus , quien sirvió en el cargo menos
de dos años. De igual manera, el presidente nominó al teniente general
Christopher LaNeve para el cargo. No es una sorpresa que LaNeve actualmente se
desempeñe como asesor del secretario de Hegseth, en su calidad oficial de
Asistente Militar Superior del Secretario siendo uno de los militares más
cercanos al él .
Este fue el
contexto para que el martes 30 de septiembre, Hegseth, reuniera -por primera
vez desde la 2da. Guerra Mundial- a más de 800 generales y almirantes en la
base de los marines de Quantico, en Virginia, a unos 30 km. de Washington.
Lo inusual de
la reunión no solo fue la convocatoria en sí misma, sino el objeto de esta. Se
podría suponer que se trataba de debatir sobre los asuntos estratégicos de la
situación político-militar en el mundo pero no fue así. Más allá de que Trump se dirigiera a los
oficiales antes de que Hegseth tomara la palabra y hablara de una “reunión muy
bonita en la que se discutirán nuestros excelentes resultados en el ámbito
militar, nuestra excelente forma [y] muchas cosas positivas”, la realidad fue
otra.
El ambiente del
cónclave no fue el mejor, muchos generales recelaron de los riesgos en materia
de seguridad que entrañaba reunir en un mismo lugar a esa cantidad tan alta de
oficiales cuando bastaba con hacer una videoconferencia utilizando programas
informáticos internos de alta seguridad que permiten evitar desplazamientos que
requieren importantes maniobras logísticas. De esta manera, se vulneró además
el secreto que debería tener una reunión de este tipo.
En su discurso
Hegseth, arremetió contra la ideología “woke”, que se habría desarrollado
dentro del ejército bajo las administraciones anteriores. Entre las medidas
adoptadas por el nuevo departamento de Guerra, Hegseth señaló que no permitiría
las personas con sobrepeso, barbudos, militares con el pelo largo,
emprendiéndola también contra las “expresiones individuales superficiales”. De
igual manera, atacó a las mujeres, diciendo que no tendrían cabida en el
combate e informó del regreso de los “combatientes incondicionales” que habrían
huido del ejército bajo el anterior “departamento woke”. Prometió una reforma
de los métodos de investigación de las denuncias por acoso e intimidación,
declarando el “fin de los hombres que usan vestido”, de las políticas de
equidad, diversidad e inclusión, prometiendo un nuevo ejército a imagen y
semejanza de la administración MAGA.
Antes de la
intervención de Hegseth, Trump había declarado que los grandes centros urbanos
del país eran “lugares muy peligrosos [por lo que] los pondremos en orden uno
por uno […] Será una tarea importante para algunas de las personas presentes en
esta sala […] Es una guerra interna”, sentenció.
La reunión no
pasará a la historia por su contenido sino por los rostros estupefactos de
generales y almirantes mientras escuchaban los discursos de Trump y Hegseth y
su diatriba sobre la gordura, las barbas, la homosexualidad en las fuerzas
armadas y la necesidad de limitar la presencia de las mujeres en su interior.
Otra faceta de
la gestión de Hegseth se manifiesta a través de los ataques sin precedentes
contra los medios de comunicación involucrando tanto a reporteros concretos
como a la industria en su sentido más amplio. Se señala que desde su llegada al
Pentágono, algunos medios han sido expulsados de los espacios de trabajo
compartidos. Asimismo, se limitó la autorización a los periodistas para
circular por los pasillos del Pentágono y se han revocado las acreditaciones de
prensa de algunos corresponsales.
Entre las
periodistas duramente atacadas por Hegseth se encuentran Jennifer Griffin,
reportera de Fox News con gran experiencia laboral en la cobertura de políticas
del Pentágono y que ha sido objeto de declaraciones “ácidas” por parte del
secretario en repetidas ocasiones. Así mismo, Courtney Kube corresponsal de NBC
News en el Pentágono, quien suscribió coberturas sobre Hegseth en las que -según
el New York Times- “figuró información poco agradable de su pasado, incluidos
ciertos testimonios de un familiar sobre la actitud abusiva de Hegseth hacia su
segunda esposa. Esa información salió a la luz cuando el Senado sopesaba su
candidatura para titular de la cartera de Defensa. Poco después de tomar
posesión, Hegseth ordenó expulsar a la reportera del Pentágono, instrucción que
quedó sin cumplir al carecer de fundamento jurídico”.
En su actuación
más reciente Hegseth habría ordenado asesinar a dos pescadores que
sobrevivieron a un ataque tras ser acusados sin pruebas de ser
narcotraficantes. El representante demócrata
por Connecticut Jim Himes, calificó
los ataques de “asesinatos ilegales” y “preocupantes”, y afirmó que el Congreso
está recibiendo poca información de la administración de Trump. Himes, que es
el miembro de mayor rango de la Comisión Permanente Selecta de Inteligencia de
la Cámara de Representantes, reconoció, pero desestimó, un memorando sobre los
ataques publicado por la Casa Blanca. Afirmó que: “Basándome en lo que sé ahora
y en la lectura de ese memorando, [puedo afirmar que] estos son asesinatos
ilegales”, y agregó: “Son asesinatos ilegales porque la idea de que Estados
Unidos —y esto es lo que la administración dice que es su justificación— esté
involucrado en un conflicto armado con cualquier narcotraficante venezolano, es
absurda. No se sostendría ante ningún tribunal”.
En esta
situación, se ha desatado una verdadera guerra interna en la que se ha
comenzado a hablar de pérdida de la "confianza" depositada en
Hegseth al entender que no cuenta con las suficientes habilidades para lidiar
con situaciones de negociación de alto rango, según un artículo publicado el pasado el 21 de noviembre por Politico, que cita fuentes
familiarizadas con el asunto. Esto ha llevado a un escalamiento de
confrontación retórica al interior de MAGA. Una de sus más connotadas
representantes, la activista de ultra derecha Laura Loomer. ha acusado a
Driscoll de estar vinculado al partido Demócrata y de “planear un golpe de
Estado contra Hegseth”.
Según Politico,
la última visita a Kiev de altos funcionarios del Pentágono, con
el secretario del Ejército de Estados Unidos Dan Driscoll a la cabeza,
ilustraría la pérdida de credibilidad y de protagonismo de Hegseth.
Nadie sabe si
Hegseth va a poder enfrentar la fuerte presión a la que está sometido. Hace
algunas semanas, una fuente cercana al Pentágono afirmó que el secretario de
Guerra de Estados Unidos. estaba tan nervioso que parecía "a punto de
explotar". Hegseth, rodeado de uno de los aparatos de protección más
grande y poderoso del mundo ha estado particularmente preocupado por su
seguridad tras el asesinato del activista ultraconservador Charlie Kirk durante
un evento público.
Según un
artículo publicado por el portal inglés Daily Mail el pasado 29 de septiembre, que
cita a fuentes cercanas, el miedo de Hegseth “se refleja en un comportamiento
errático frente a sus empleados”. Dos personas anónimas con información
privilegiada del Pentágono indicaron a este medio que en las últimas semanas
Hegseth ha lanzado diatribas, se enfurece con sus subordinados y está
obsesionado con asuntos relacionados con su seguridad. Afirmaron que: "Tiene
una cualidad maniaca. O, mejor dicho, una cualidad aún más maniaca, lo que ya
es decir bastante", señaló una persona consultada, describiendo a
Hegseth como visiblemente distraído e inquieto, que incluso se levanta y
camina de un lado a otro durante las reuniones.
Ahora, como el verdadero cobarde que es, no se ha hecho responsable de la orden de “mátenlos a todos” que sirvió para ordenar el asesinato de los pescadores en el Caribe, obligando al almirante Frank M. Bradley, comandante del Comando de Operaciones Especiales de los Estados Unidos a asumir todas las repercusiones por la emisión de dicha orden. Según el reporte del Washington Post: ”Bradley, entonces comandante del Comando Conjunto de Operaciones Especiales , supervisó un ataque en el Caribe el 2 de septiembre de 2025, ordenado por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, contra un buque sospechoso de narcotráfico . El Post informó que “Bradley ordenó un segundo ataque tras la identificación de dos supervivientes en la transmisión de un dron, siguiendo la directiva de Hegseth de no dejar sobrevivientes”.
Habrá que ver las repercusiones que podría tener que almirantes con más de 35 años de servicio, ahora comandando portaviones y submarinos nucleares, destructores y cruceros, estén finalizando su carrera destruyendo pequeñas embarcaciones civiles y asesinando pacíficos pescadores. Así, también se podrá comprender porque se incrementan día a día los suicidios, la drogadicción y los traumas postbélicos en las fuerzas armadas de Estados Unidos. Para esto también necesitan mantener funcionando el comercio de drogas contra el que tanto dicen luchar. Es parte del entramado funcional de esa sociedad decadente.
Luis E. Sabini Fernández, 26-11-2025
La violencia
En mi vida
particular siempre fui escéptico de los golpes de mano guerrilleros que
experimenté o de los que supe en el Cono Sur (aunque algunos simpatiquísimos y
prácticamente todos con enorme apuesta personal, de “entrega a la causa”),
porque me resultaban potencialmente autócratas, facilitando con demasiada
velocidad el entronizamiento de otros dirigentes, siempre a costa del
protagonismo de “la gente como uno”.
Tales mis
vivencias respecto de la guerrilla latinoamericana, particularmente, dispuesta
con mucho coraje y entrega, pero también ceguera. Así acordé con el testimonio
de un exagente secreto cubano, hijo del famoso guerrillero argentino Ricardo
Masetti, ungido por Guevara para crear un foco revolucionario en sus planes
“continentales” para el sur americano, quien prácticamente apenas si pudo poner
en pie dicho emprendimiento. El hijo, argentino pero criado en Cuba, Jorge
Masetti, fue educado y capacitado como agente revolucionario. Fidel quería
hacer con el hijo lo que no pudo con el padre. Y ya totalmente “a punto”
renunció a ese camino, cuando vio la seguidilla de fracasos guerrilleros
latinoamericanos (y una etapa subsiguiente, casi inevitable: delincuencia común
y silvestre). Comentó entonces: “Qué suerte que no ganamos”.[1]
Palestina
Todo este
preámbulo para reconocer que la violencia existente en Palestina es distinta,
radicalmente distinta. La violencia de abajo, desde los palestinos, es apenas
la respuesta, ante la maquinaria israelí que es apabullante.
La imagen del
niño o los niños con piedras delante de un tanque es de una precisión
extraordinaria para mostrar los quantum de cada lado. La autodefensa
así, el contraataque civil, desesperado, como el de la jovencita amenazante que
blandía en la calle una tijera de costura, porque no podía más y fue muerta a
tiros sin mediaciones (y sin necesidad). Porque así reprime Israel, de un modo
brutal, aniquilador, sin ley aunque con exceso de técnica.[2]
Estamos ante un
tratamiento peculiar del enemigo. Lo ha dicho y reiterado Netanyahu y otros
dirigentes: combaten a animales, no a humanos, o sí, son humanos, pero
amalecitas. Y su dios les ha dado permiso, hace unos miles de años, para
matarlos (véase Éxodo, de la Biblia).
Es un permiso
de larga, larguísima duración. Porque según las “Escrituras” ese conflicto sobrevino
en tiempos muy remotos. Y “goza” de excelente vigencia en pleno siglo 21.
¿Pero quién le
dijo a Netanyahu que los palestinos son (los) amalecitas?
El comportamiento
de la población israelí es llamativo. Veamos a los colonos en Cisjordania. Nunca
autorizados por la ONU, pero asentándose de facto, en territorio internacionalmente
reconocido como palestino, con la anuencia no expresa del gobierno israelí.
Hace unos años, eran decenas de miles y en grupetes, amparados por el ejército ─israelí─
que acompañaba pasivamente las operaciones de hostigamiento, se acercaban a las
aldeas palestinas y las apedreaban, dañaban los olivares, los limoneros. Hachas,
cascotes, a veces producían heridas. Ahora, los colonos son cientos de miles ─siempre
amparados por el ejército que acompaña a retaguardia─, se agrupan en bandas de
decenas o centenares, armados ellos mismos, y arrasan una aldea palestina,
dañando viviendas, instalaciones, cultivos, vehículos y a menudo los cuerpos de
palestinos que encuentran a su paso. Tratando de generar terror.
Últimamente, el
ejército tomó la iniciativa: so pretexto de buscar “terroristas” ha destruido
barrios enteros, con población civil palestina, desarmada: destruye, en rigor,
todos los elementos materiales de la vida social, viviendas, ropas, jardines,
juguetes, libros, enseres. La gente queda con lo puesto y a menudo sin hogar.
Luego, el ejército ha rematado sus operativos diezmando a los pobladores. Las
familias, generalmente numerosas en Palestina, quedan así entrecortadas, rotos
sus vínculos, en el mismo momento en que se han quedado sin vivienda, o sin
muebles o sin sus medios de vida. Y a menudo sin familiares, asesinados en una
infame dosis diaria, casi hasta ahora.
Es
prácticamente la política de “tierra arrasada” que se atribuye a algunas invasiones
como la de los hunos, “bárbaros” de los siglos 4 y 5 de la era cristiana.
Desde hace ya
décadas, vamos viendo los efectos del Plan Yinon anunciado por Israel a
principios de la década de los ’80. Oded Yinon, analista militar, diseñó un
plan para descomponer a los estados circundantes a Israel en unidades políticas
menores y así más manejables; entendía apropiado para los intereses israelíes,
particionar al Líbano en dos o tres; a Egipto en cinco o seis; a Irak en otros
tres y a Sudán en dos… y así sucesivamente.
Vemos que la
acción israelí, abierta o mediante “coberturas” tipo DAESH, ha ido logrando escalonadamente,
sus objetivos tanto en el Magreb norafricano como en Asia Occidental; Libia,
Irak, Siria, Sudán, Líbano, Palestina han sido modificadas, deglutidas,
despedazados por la política de agresión y desgaste israelí, siempre secundada,
materialmente, por EE.UU. que ha funcionado como furgón de cola y abastecimiento
de la maquinaria imparable israelí.
Ese apoyo
incondicional de EE.UU. a la geopolítica israelí tiene varias explicaciones;
hay un cierto paralelismo en los desarrollos históricos de EE.UU. e Israel,
aunque en muy diferentes coyunturas históricas. Una base religiosa
relativamente común, porque los protestantes son los cristianos que
revalorizaron aspectos del Antiguo Testamento, que es el núcleo ideológico de
la religión judía. Y son los colonizadores de América del Norte, exterminadores
de la población autóctona. Con la Biblia en la mano.
Pero sobre
todo, porque al fin de la 2GM, cuando EE.UU. corta vínculos con la obsoleta
Sociedad de Naciones (fenecida por extinción en 1946) y funda “su” ONU (octubre 1945), la élite
WASP, fundadora de EE.UU., ya había sido parcialmente sustituida por la élite
judía a través de una serie de artilugios: think tanks, la
intelectualidad judía tiene cada vez mayor peso; la Reserva Federal (el capital
financiero judío pasa a ser mayoritario entre los diez bancos fundadores, en
1913); Hollywood (de siete grandes empresas, seis serán en los ’30 de propiedad
y dirección judía, así cada vez más las imágenes de EE.UU., serán producidas
con ojos judíos; y sobre todo mediante la financiación dispendiosa al personal
político estadounidense, para lo cual en 1954 se funda AIPAC.[3]
Sin tales subsidios se le convertiría muy trabajosa la inserción social a la
mayoría de tales legisladores.
Por eso una de
las imágenes más simplonas y equivocadas de ciertos analistas de política
internacional ha sido, y frecuentemente, invocar al ‘submarino de la Armada de
EE.UU.’ para hablar de Israel en el Cercano Oriente. Más acertada parece la
imagen (tail wagging the dog), muy conocida dentro del pensamiento
crítico estadounidense, de que la cola mueve al perro.
Dos hechos
recientes, en la órbita de la ONU, el viejo instrumento que EE.UU. se arrogó al
final de la 2GM para ordenar y/o administrar el mundo, nos muestra hasta qué
punto Israel lleva la voz cantante, cambiando incluso las modalidades de
dominio.
Hasta hace
poco, muy poco, el poder solía ocultar sus rostros, o fauces, y solía encubrir
sus acciones mediante “voluntad de paz”, “búsqueda de fines democráticos”, “conciliación”,
allanamiento de dificultades”. Al fin y al cabo, el resultado de la 2GM, en 1945,
fue la victoria contra todo tipo de dictaduras (quedaba allí, “tras la
cortina”, una diz que proletaria, y por lo mismo totalmente distinta a las
conocidas hasta entonces; también quedaba la de Franco en España, pero esta
última ─como tantas otras de América “Latina”─ formaba parte de aquella política pragmática
yanqui de cuidar al hijo de puta si es “nuestro”).
Es decir, la
defensa de lo democrático tenía su dificultad, pero se invocaba.
1. El 11 de noviembre
de 2025 el Consejo de Seguridad de la ONU ha tomado una resolución “sobre el
conflicto en Gaza” que exonera de todo cargo a Israel. Aceptando tácitamente el
papel de víctima del “terrorismo de Hamás” que Israel se ha autoasignado, eludiendo
todo el infame tratamiento, extorsivo, constrictivo, abusivo que Israel
aplicara por décadas a la Franja de Gaza ─y que están en la base del
comportamiento de Hamás del 7 oct. 2023. Israel no sufre así ni un rasguño
político (ni económico) con la resolución.
Ni siquiera
tendrán que dar cuenta de los asesinatos colectivos y sus monstruosas
“equivalencias” en vidas humanas,[4]
ni indemnizar por el brutal daño ocasionado a un territorio que parece
triturado y machacado como pocas veces se ha visto. Ni afrontar los gastos que
demandarán la recuperación de suelo, viviendas, redes de comunicación y
sanitarias, ni por el restablecimiento de hospitales, sin mencionar los miles
de seres humanos destrozados por el solo hecho de vivir en el círculo del
infierno diseñado por Israel.
El presidente
de EE.UU. con aspiraciones a mantener la hegemonía que recayó en 1945 sobre elos,
se atribuye ahora una virtual presidencia o gobernación de la Franja de Gaza,
para ─proclama─ su reconstrucción, buscando siempre, la prosperidad (lo único
bueno en este proceder sería quitarle a Israel las tenazas sobre ese territorio,
pero lo pongo en condicional, porque no es precisamente Trump quien decide).
El Plan estima
dos años para la recuperación urbanística y edilicia. Dado el daño a la vista,
su extensión y alcance, parece exiguo el plazo.
Algún aspecto
positivo tiene: se abandona la idea del exilio forzoso de los gazatíes, tan
promovida por el gobierno israelí. Al contrario, al menos en la letra, la
resolución declara voluntad expresa de que permanezcan sus habitantes
históricos en la Franja.
De todos modos,
el plan no esconde sus búsquedas de negocios: traer muchos capitales para crear
zonas de confort, no para los gazatíes precisamente, sino para los
milmillonarios que Jared Kushner tanto se afanara por atraer al futuro
resort de Gaza.
No podemos
olvidar que prospecciones han verificado la presencia de al menos gas en el
Mediterráneo a la altura de la Franja de Gaza. Y que la regencia transnacional
e imperial que procuran encarnar Trump y Blair ─nada menos─ tienen marcada
preferencia por la prosperidad… propia.
ONU no le exige
cuentas a Israel. Siempre absuelto de todo. Por derecho de nacimiento, tenemos
que suponer. Pero además, de hecho, ONU restablece el colonialismo puro y duro:
un poder imperial, ─EE.UU.─ designa “rey y virrey” de esos dominios, Trump y
Blair, para restablecer el ámbito colonial.
Solo que no es el colonialismo israelí, sino el estadounidense.
La tarea que se
asignan los jefes colonizadores es ardua: se proponen “cambiar las mentalidades
y los relatos palestinos”, para persuadir, por lo visto, a estos salvajes “de los
beneficios que puede reportar la paz.” (¡sic!)
Si estos
maestros pedagogos ─Blair y Trump─ quisieran proclamar las virtudes de la paz,
tendrían que dirigirse con urgencia a la formación política sionista, que ha
hecho a lo largo de cien años siempre un camino de violencia, no de paz, un
camino de guerra y conquista, invadiendo tierras ya ocupadas milenariamente,
mediante dudosa documentación bíblica. Confundiendo deliberadamente religión y leyenda
con historia documental.
La resolución
del 11 nov. 2025 correspondió al Consejo de Seguridad de ONU ampliado; no ya
los 5 originarios (EE.UU. R.U., Francia, Rusia, China) sino además los actuales
miembros: Argentina, Italia, España, México, Colombia, Pakistán, Corea del Sur,
Turquía, Indonesia y Alemania.
Apenas dos
abstenciones (con magra fundamentación) de Rusia y China. Nadie preguntó,
ninguna de las 15 representaciones nacionales, por qué a Israel su
comportamiento violento, racista y genocida, le sale gratis.
Lúcidos, y
valientes, designados o funcionarios de la mismísima ONU, a lo largo de tiempo,
como Francesca Albanese, Susan Akram o Richard Falk en tiempos recientes e
incluso Folke Bernadotte en los mismos inicios de la ONU, y tantos otros, no
alcanzan para contrabalancear el papel imperial, luego neoimperial que, aun con
retaceos y recortes, cumple, sigue cumpliendo la ONU.
2. El 21 de
noviembre. de 2025, la Asamblea General de la ONU emitió un dictamen contra el
uso de la tortura. El plenario contaba con 176 delegaciones nacionales y fue
aprobado por abrumadora mayoría (hubo 4 abstenciones; todo un interrogante,
entre ellos las de Nicaragua y Rusia), pero sobre todo, contó con la oposición
encendida de tres representaciones nacionales: EE.UU., Israel y Argentina. Que
defendieron, entonces, eso precisamente; el uso de la tortura.
Nubarrones
oscuros campean en nuestro presente: ya no sólo se usa la tortura; hay quienes
la postulan, al mejor estilo de dictaduras como las famosas “latinoamericanas”
de Trujillo o Pinochet, o la del sha iraní y, sobre todo hoy día, como las muy
perfeccionadas de Israel y su racionalísimo sistema de dominio que incluye
tantos tipos de tortura.
Si estará dada
vuelta nuestra trama cultural que una militar israelí, Yifat Tomer-Yerushalmi, fiscal que,
aun ignorando tantos atropellos y torturas anteriores, optó por criminalizar
recientemente a cinco soldados del “ejército más moral del mundo” por haberle
introducido caños metálicos en el ano a un preso palestino y (obviamente)
dañarlo. La info-de-todo-el-mundo habla de la detención de la fiscal pero no de
la salud (o la muerte) del palestino; la fiscal ha sido, ella misma,
encarcelada.
Netanyahu
condenó la difusión hecha por Tomer porque, claro, “daña la imagen”.
Daña la imagen
que es lo que le importa a Netanyahu, no la realidad (seriamente dañada).
Lo acontecido
con Tomer es un claro ejemplo del comportamiento emprendido y defendido por los
gobiernos de EE.UU., Israel y Argentina.
De lo
vergonzante, siquiera como pose, hemos ido al “a mucha honra”. Torturan los “legítimos”
y no sólo no se deshonran, deshonrándonos a todos; ahora hasta se enorgullecen.
Ilustraciones: obras del pintor palestino Mohamed Saleh Jalil, Ramala
Notas
[1] Escribió un libro, El
furor y el delirio, Tusquets, Barcelona, 1999.
[2] El ejército israelí elude responsabilidades
personales mediante el ardid tecnológico de organizar los raids de todo
tipo, con drones, aviones o mera artillería, a través de dispositivos
tecnológicos. Quitar la decisión a humanos permite, además, incrementar la
intensidad del daño mediante la velocidad que los dispositivos tecnológicos
multiplican por encima de toda escala manual. Doble ventaja: aumenta el daño y decrece la
responsabilidad por sus consecuencias, porque, claro, a los asesinados los
cosechó el dron, o el programa, no un yo.
[3] AIPAC (American Israel
Public Affairs Committee – Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos – Israel).
Se estima que hoy las tres cuartas partes de los representantes y senadores del
Poder Legislativo de EE.UU. reciben suculentas donaciones de organizaciones
como AIPAC. Como quien dice, las votaciones están ganadas de antemano.
[4] Los militares israelíes han
establecido tablas compensatorias de víctimas: para ubicar y ultimar a un
guerrillero de poca monta, se permiten matar hasta quince pobladores desarmados
a menudo ajenos; si se trata de un jefe guerrillero ─definido por ellos─ se
permiten matar hasta cien ajenos al objetivo en sí.
India & Global Left, 15-11-2025
Transcrito, resumido y traducido por Tlaxcala
Lawrence Wilkerson explica por qué USA está intensificando sus acciones contra Venezuela, cuán cerca está Washington de una posible intervención militar y por qué cree que Israel está desempeñando un papel impulsor detrás de la estrategia de Trump hacia Venezuela. También exploramos cuestiones geopolíticas más amplias: • ¿Tiene USA una verdadera gran estrategia después de perder la guerra arancelaria con China? • ¿Se retirará la OTAN de su fallida aventura en Ucrania? • ¿Qué significa para la región la reincorporación efectiva de Siria a la arquitectura usamericana en Oriente Medio? • ¿Está Washington reaccionando a los cambios globales o intensificando ciegamente su postura en múltiples frentes? Si quieres profundizar en el imperio usamericano, la competencia entre grandes potencias y los actores ocultos que dan forma a los conflictos actuales, esta entrevista con el coronel Wilkerson es imprescindible.
El episodio se abre con un saludo a los espectadores y un
llamado a apoyar el canal mediante suscripciones, membresías o donaciones. El
presentador introduce al invitado de la jornada: el coronel Lawrence Wilkerson,
coronel retirado del Ejército usamericano y exjefe de gabinete del secretario
de Estado Colin Powell. La conversación comienza con un panorama de la escalada
usamericana contra Venezuela: el incremento militar en el Caribe, operaciones
lanzadas desde Puerto Rico bajo el pretexto de una “guerra contra el
narco-terrorismo” y una intensificación de la propaganda. Algunas figuras de la
oposición venezolana —como María Corina Machado— son descritas como dispuestas
a entregar activos venezolanos a corporaciones gringas, mientras que el
presidente Trump expresa abiertamente su deseo de un cambio de régimen en
Caracas. La pregunta central planteada a Wilkerson es hasta dónde está
dispuesto a llegar Washington.
Wilkerson responde recordando su experiencia en la
administración de George W. Bush, señalando que muchas de las prácticas de
entonces se están repitiendo ahora con mayor profundidad, amplitud e
ilegalidad. Invoca el legado de los juicios de Núremberg y recuerda que su
propósito fundamental —expresado por el juez Jackson— era detener las guerras
de agresión. Ese principio fue el fundamento moral de Naciones Unidas y de las
Convenciones de Ginebra de 1948, destinadas a imponer normas sobre la
conducción de la guerra y a establecer el derecho penal internacional. Según
Wilkerson, USA está desmantelando hoy —“pieza por pieza, hilo por hilo”— todo
el marco jurídico internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial.
Afirma que USA se ha convertido en el principal perpetrador de guerras de
agresión, y Venezuela es su objetivo más reciente.
Explica que la implicación encubierta usamericana se
intensificó en 2016, cuando Trump firmó una autorización presidencial que
permitía a la CIA operar sobre el terreno. La decisión de Obama en 2015 de
declarar a Venezuela una amenaza para la seguridad nacional había preparado el
terreno para sanciones y políticas intervencionistas. Wilkerson subraya que no
existe diferencia real entre administraciones demócratas y republicanas. Le
preocupa, en particular, la elaboración de nuevas justificaciones legales por
parte del Departamento de Justicia para los asesinatos extrajudiciales en alta
mar —operaciones que ya han dejado decenas de muertos, entre ellos pescadores
pobres confundidos con traficantes. En Colombia y Venezuela, algunos pobladores
temen salir a pescar por miedo a ser asesinados. Esto ilustra, según él, la
destrucción del derecho internacional y del debido proceso.
Consultado sobre la posibilidad de una intervención
militar, Wilkerson se declara profundamente alarmado. Asegura que Israel
desempeña un papel central en las operaciones de inteligencia usamericanas
relacionadas con Venezuela desde al menos 2016. Afirma que Trump recibe
información engañosa o manipulada, no de las agencias oficiales, sino de
intermediarios como Laura Loomer y
personas vinculadas a los servicios israelíes, financiadas por sectores de la
oposición venezolana. Esta red paralela elude a la comunidad de inteligencia
oficial y alimenta operaciones basadas en agendas externas.
Wilkerson detalla luego el ascenso del Mando de
Operaciones Especiales (SOCOM), convertido en una estructura militar
semiautónoma estrechamente integrada con la CIA. Este dispositivo permite a la
agencia ejecutar operaciones de acción directa sin supervisión estricta del
Congreso, ya que formalmente son realizadas por el ejército. Cita ejemplos
históricos —Mogadiscio, Afganistán, Irak— donde las fuerzas especiales actuaron
al margen del mando regional. Afirma que lo mismo sucede ahora en Venezuela,
donde unidades especiales, desplegadas en un “buque nodriza” frente a la costa
venezolana, llevan a cabo misiones clandestinas sin el conocimiento del mando
convencional del Comando Sur. Define esta situación como una ruptura
“increíble” y peligrosa del control civil y militar.
El presentador señala que las fuerzas armadas venezolanas
están fuertemente politizadas e integradas al proceso bolivariano —a diferencia
de Chile en 1973—, lo que dificulta enormemente cualquier golpe de Estado.
Wilkerson coincide: la institución militar ha permanecido leal, y los intentos usamericanos
de soborno o infiltración probablemente han fracasado. Una intervención
enfrentaría no solo a un ejército cohesionado sino también a una mayoría social
profundamente opuesta a USA. Wilkerson prevé que un intento usamericano de
cambio de régimen desembocaría en una guerra de guerrillas prolongada que USA terminaría
perdiendo, con graves consecuencias para Venezuela e incluso para Colombia.
Un reportaje de “Konflikt”, Sveriges Radio (7-11-2025)Realización: Viktor LöfgrenProducción: Anja SahlbergSonido: Fabian Begnert
Transcripción: Solidarité Maroc . Traducción : Tlaxcala
Version française النسخة العربية
Gran parte del mundo de arriba, encabezado por Donald Trump, parece darle la razón a Marruecos sobre el Sáhara Occidental ocupado. ¿Está colapsando el derecho internacional?
Suecia, otrora defensora del derecho internacional, ha suavizado su postura sobre el Sáhara Occidental. Un giro simbólico justo cuando la ONU reconoce la propuesta marroquí de autonomía. “Konflikt” cuenta este cambio global.
Participantes: John Bolton, diplomático usamericano y exasesor de seguridad nacional de Donald Trump; Sara Yerkes, analista del grupo de reflexión usamericano Carnegie; Manuel Devers, jurista francés que llevó ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea los asuntos relacionados con el acuerdo comercial entre la UE y Marruecos; Erik Hagen, de Western Sahara Resource Watch; Jytte Guteland, diputada socialdemócrata miembra de la Comisión de Asuntos Europeos, Senia Bachir, representante del Polisario en Suecia, Mouaad Joumani, activista pro marroquí que presiona a favor del plan de autonomía de Marruecos para el Sáhara Occidental, Dahar Rahmouni, activista saharaui. El Gobierno sueco y el ministro de Comercio, Benjamin Dousa, son duramente criticados en este episodio. Durante dos semanas, Konflikt intentó en varias ocasiones conseguir una entrevista para que el ministro pudiera responder a las críticas y aclarar el razonamiento del Gobierno, pero el ministro rechazó la entrevista.
En el Parlamento, el hombre de los mil correos
electrónicos
Cada semana, los diputados suecos ven aparecer el
mismo nombre en sus bandejas de entrada: Mouaad Joumani.
El mismo tono, la misma convicción: « La verdad sobre el Sáhara Occidental debe
salir a la luz. »
Para este habitante de Gotemburgo, el Sáhara
Occidental —ese territorio desértico al sur de Marruecos, bañado por el
Atlántico— no es una colonia, sino parte integrante del reino.
Una afirmación que contradicen varias sentencias de la Corte Internacional de
Justicia.
Durante mucho tiempo su discurso fue marginal, pero
hoy resuena hasta en los pasillos del poder. En octubre de 2025, Suecia y otros
países occidentales parecen dispuestos a reconsiderar la cuestión saharaui. En
Nueva York, el Consejo de Seguridad está a punto de dar un paso inédito:
reconocer el plan marroquí de autonomía como “la solución más realista”.
Un pueblo exiliado, dos realidades
Para entender este cambio, la periodista Anja Salberg
viajó a los campamentos de refugiados saharauis del sur de Argelia.
Allí sobreviven cerca de cien mil personas desde 1975, año en que Marruecos
anexionó el territorio tras la retirada española.
« Recuerdo el calor del día y el frío de la noche. Los
campamentos se convirtieron en ciudades de arena dependientes de la ayuda
internacional », relata.
En 2010, se aventuró en El Aaiún, la capital no oficial del Sáhara ocupado,
donde conoció a Dahar Rahmouni, un activista torturado por sus ideas.
« Nunca me sentí libre, nunca seguro. Siempre vigilado. »
Hoy los saharauis siguen viviendo entre el exilio y el
control: unos en los campamentos argelinos, otros bajo la administración
marroquí. Y
la promesa de un referéndum sigue sin cumplirse.
Suecia: del faro moral al pragmatismo político
Durante décadas, Suecia encarnó una conciencia
internacional. En las instituciones europeas defendía la legalidad frente a la
fuerza.
« Suecia era un faro de principios en Europa », explica Erik Hagen, de Western
Sahara Resource Watch.
Pero en el otoño de 2025, ese faro titubea: el país que antes defendía la
autodeterminación de los saharauis vota a favor de un acuerdo comercial entre
la UE y Marruecos, que incluye el Sáhara Occidental.
De la Marcha Verde a la era Trump: el mundo al revés
En 1975, el rey Hasán II convocó la “Marcha Verde”.
España se retiró, Marruecos ocupó el territorio y el Frente Polisario tomó las
armas.
Una guerra de dieciséis años terminó con un alto el fuego en 1991 y la promesa
de un referéndum que nunca llegó.
Bajo Donald Trump, USA reconoció la soberanía marroquí
sobre el Sáhara a cambio de la normalización de relaciones entre Rabat e Israel
en los Acuerdos de Abraham.
El exdiplomático John Bolton lo resume con amargura: « Los marroquíes jugaron
con maestría. Trump
quería un trofeo diplomático antes de irse. »
Europa, entre el derecho y el comercio
En 2024, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea
dictaminó que los acuerdos comerciales con Marruecos violaban el derecho
internacional.
Pero un año después, Bruselas introdujo un mecanismo de control para eludir el
problema.
Suecia, antes reacia a cualquier compromiso, aprobó esta nueva versión.
La diputada socialdemócrata Jytte Guteland se indigna:
« ¿Cómo podemos condenar la invasión de Ucrania y legitimar la del Sáhara
Occidental? »
El ministro de Comercio, Benjamin Dousa, respondió con
cautela:
« Tenemos en cuenta la complejidad del caso y las nuevas garantías europeas. »
Cuando la ley dice no
En Estocolmo, el abogado Manuel Devers, representante
del Frente Polisario ante el Tribunal de Justicia de la UE, desmonta este
argumento:
« La Unión pretende etiquetar como marroquíes productos que proceden del Sáhara
Occidental. Es una violación flagrante del derecho. »
Afirma que solo el Polisario, reconocido por la ONU, puede otorgar
consentimiento.
Denuncia una “política de simulación” y advierte:
« Si Europa deja de respetar sus propias normas, destruye su credibilidad y la
del derecho internacional. »
Otro rostro de Suecia
En Estocolmo, Senia Bashir, representante del
Polisario, acaba de regresar de los campamentos de Tinduf, donde creció.
« En los años 80, la ropa enviada desde Suecia llegaba con postales y palabras
de amistad. Para nosotros, Suecia simbolizaba la solidaridad. »
Hoy, confiesa, lleva un mensaje distinto: « Suecia nos ha dado la espalda. »
El relato marroquí
Por su parte, Mouaad Joumani celebra: « No es una colonia. Marruecos construye, invierte, crea empleo. Ocho mil
millones de dólares para desarrollar la región. » Defiende la propuesta marroquí de autonomía, comparable a la de Cataluña:
autogestión local bajo soberanía nacional. « Es el único camino realista », afirma.
El Polisario la rechaza: solo un referéndum puede decidir entre independencia o
integración.
La ONU entierra el sueño saharaui
El 31 de octubre de 2025, el Consejo de Seguridad aprueba una resolución histórica: el plan marroquí se convierte en “la solución más viable”. China y Rusia se abstienen; Estados Unidos, Francia y la mayoría de los europeos votan a favor. La analista Sara Yerkes, del Carnegie Endowment, explica: « Desde Trump, muchos países siguieron la tendencia sin llegar al reconocimiento pleno. La idea de un Estado saharaui independiente ha muerto. »Y añade, con cierto desasosiego: « El derecho internacional se ha vuelto secundario. No sé cómo repararlo. » Aun así, aboga por una autonomía sólida con derechos políticos y garantías sobre los recursos. « En 2025, es la única salida practicable. »
Dos realidades, un mismo silencio
En El Aaiún, Mouaad Joumani filma las celebraciones
del cincuentenario de la Marcha Verde. Las calles se llenan de banderas rojas
con la estrella verde. « No es solo una fiesta —es orgullo, es amor », escribe.
Mientras tanto, Dahar Rahmouni, desde la
clandestinidad, envía un mensaje de voz: « Nada ha cambiado. Vivimos bajo vigilancia, detenidos sin razón. El mundo solo
se interesa por nuestros recursos, no por nuestros derechos. » Y añade:
« Espero que el mundo no le dé completamente la espalda al derecho
internacional. »
Un mundo que bascula
Cincuenta años después de la Marcha Verde, el Sáhara
Occidental sigue atrapado entre el derecho y la fuerza, entre la promesa y el
abandono. Suecia, antaño símbolo de coherencia moral, se ha unido al campo del
realismo político.
Y el derecho internacional, una vez más, cede bajo el peso del poder.