Luis E. Sabini Fernández, 18-04-2026
¿Qué otro proyecto colonial, qué Estado ha ejercido el colonialismo más rampante, con mayor impunidad moral y psíquica, de cómo lo ha ejercido, lo ejerce el sionismo?
No hay un caso igual, aunque haya habido algunos que se les han acercado. Tal el de la construcción de los USA, el de África del Sur ─no lo anglo, colonizando en pleno saqueo planetario sino en los primeros asentamientos Boers, del siglo XVI, contemporáneos a los asentamientos norteuropeos en América del Norte. Otros casos de colonialismo buscando su propia legitimación como si no fuera colonialista, fue el de los pies negros, en Argelia o, pasado el momento de conquista, el de los países platenses. Pero ninguno de ellos se compara con la negación a lo colonial del sionismo.
El colonialismo sionista es un caso único con
coartada exclusiva; la que con buen tino el historiador judío Norman
Finkelsteín ha calificado como tal a la “industria del holocausto”. Ese seguro
ideológico será el que le permita “a la lucha por la liberación nacional”
sionista disfrutar de la mejor buena conciencia, desde el socialismo, desde el
pensamiento crítico, desde la irrealidad, mencionando la ‘liberación de los
pueblos sojuzgados’, y le otorgará por ello, un alcance y profundidad sin
parangón en la elaboración ideológica y programática.
La primera y principal dificultad de cualquier
colonialismo estriba en que es muy difícil VER a los colonizados.
El sionismo se pertrechó con una serie de armaduras
y coartadas de innegable ingeniosidad, al punto que conquistó también las almas
de sus personeros, que no se sentían, para nada, colonialistas, arrebatadores
de tierras ajenas, como los ingleses en África o los españoles en América.
En el cambio de siglo, del XIX al XX, el
socialismo se había ido convirtiendo en la entrevista solución, justa,
adecuada, anhelante, ante “los excesos” del capital privado y sus
representantes, con enorme vigencia virtual (al menos en nuestro Occidente).
El socialismo respondía cultural y anímicamente, tanto
a un Citizen Kane como a un Kurtz, si nos referimos a la
expansión capitalista. Y era asimismo respuesta a las formaciones del estado
absoluto, tanto de un Luis XVI como del rey belga Leopoldo II, el pedagogo de
las mutilaciones.
Y tal vez la primera armadura ideológica del
sionismo haya sido identificarse con el socialismo (y también con el
nacionalismo; otra ideología, entonces contemporánea y también manumisora. Hubo
dos sionismos a comienzos del s XX; uno identificándose (de palabra) con cierta
democracia social; otro, nacionalista, el llamado revisionista, de corte nazifascista).
¿Movimiento de liberación
nacional o de opresión nacional?
A mediados del Siglo XX, mis amigos judíos y yo
nos sentíamos socialistas, universalistas. Tanto como para tener amigos y hasta
parejas no judías, aunque mis amigos se sentían suficientemente judíos como
para abrazar la construcción de Israel, hacer aliá para hallarse,
entonces sí, en una patria verdadera.
El socialismo los llevaba a sumarse a kibutzim, un
socialismo con rostro judío. Eso sí, un socialismo judío, es decir no
universalista (entonces, no socialista). Pero casi; estábamos invitados a
participar con visitas y contribuciones a dicha edificación. No exactamente
todos; uruguayos, argentinos, italianos, suecos… árabes no. Curioso. Estaban
más cerca, como quien dice al lado.
Mis amigos kibutzniks no mencionaban jamás a un
árabe, a algo árabe. Y eran de los “rebeldes”, pertenecían a kibutzim de
izquierda. Conocían y simpatizaban, por ejemplo, con “las panteras negras”
israelíes, que eran los excluidos allí por los judíos dominantes, askenazíes.
Judíos mizrahim, de origen árabe, generalmente una pizca más oscuros que los
askenazíes de origen europeo (con puente o no por países americanos).[1]
Había entonces un silencio estridente respecto de
los árabes, la población que estaba siendo paso a paso despojada. Resistiendo.
Los roces callejeros se sucedían y mis amigos no hablaban nunca de árabes;
únicamente que la policía israelí era honorable, que no torturaba porque sus
códigos éticos no se lo permitían (ni permitía a la dirección policial o política
emplearla…).
Contrastaba “tanta pureza de conducta” con los
crecientes informes periodísticos que decían precisamente lo contrario
(generalmente de fuente palestina, que no era confiable para mis amigos).
Ni los que fueran “mis amigos”, ni los demás tuvieron jamás una palabra ni ojos para ver lo
que un periodista italiano, Genaro Carotenuto, vio con apenas visitar Israel
unos días en los albores del nuevo siglo: que los israelíes derrochaban el agua
en piscinas y lavando sus autos, en tanto, a pocos metros, los palestinos
carecían de agua para incluso darles de beber a sus niños;[2]
que las “dificultades” callejeras entre israelíes eran tramitadas por policías,
y con palestinos por soldados del ejército; que los israelíes tenían casas con
muchas “comodidades” y los palestinos, en cambio, tenían viviendas en mal
estado (aunque algunas tuvieran las huellas de pasado esplendor) y sus
habitantes convivían apretujados (los reglamentos habitacionales negaban a los
palestinos el derecho a edificar siquiera una pieza, y por lo tanto, tenían que
permanentemente reacomodarse en sitios cada vez más estrechos, por ejemplo con
un nacimiento, o en caso de derrumbe de una edificación o por una confiscación
pública para ampliar un servicio ─israelí─ de la ciudad. Los palestinos nunca
recibían más tierra ni permisos de edificación, apenas “revolverse” con lo que
les iba quedando…. La política constrictora, tan característica del
estrangulamiento a ritmo lento del proyecto israelí.
El diálogo
con mis viejas amistades se fue angostando hasta acabar expresamente.[3]
Sentirse socialista, partidario de la fraternidad
universal, ¡qué hermosa coartada para ejercer un dominio despótico!
Una Palestina sionista
El emplazamiento de judíos, ahora sionistas en
tierras palestinas, tuvo desde el principio características muy nítidas. Y a
diferencia de inmigrantes que por ejemplo en América del Sur fueron lentamente
permeando sus propios círculos sociales e idiomáticos, y fueron creando
sociedades mixtas, en el caso de los inmigrantes organizados por el sionismo
para su asentamiento en Palestina, los rasgos fueron constitucionalmente
distintos: venían con un plan general y previo, dispuesto por el Fondo Nacional Judío (Keren Kayemeth
LeIsrael) que incluía aprender el idioma judío, el hebreo, que había
permanecido durante siglos, solo como ritual de lectura religiosa. “Reviviendo”
el idioma en la vida cotidiana. Y junto con el idioma, una red cultural general
específicamente judía, sin permear ni un átimo de la presencia real y cotidiana
de la población palestina, su cultura y religiones (mayoría musulmana, minoría
cristiana y minoría aún menor, judía). En el comienzo de este proceso (aliá)
entre los judíos, habrá conflictos y escaramuzas entre el llamado Viejo Yishuv
[colectividad judía] y el Nuevo Yishuv; incluso conflictos sangrientos.
Se trataba de dos judaísmos distintos; el sionismo
no tolerará ni la menor concesión a lo realmente histórico en Palestina: su
proyecto será puramente ideológico.[4]
Con el tiempo, el asentamiento sionista irá
desvaneciendo sus perfiles más humanistas (Buber, Chomsky, Borojov) y
acentuando su racismo y supremacismo más desembozado (Ben Gurión, Zeev
Jabotinski, Golda Meir, Ehud Barak, Yitzhak Rabin, Menájem Beguín, Ayelet
Shaked, Naftali Bennet, Ariel Sharon, Benjamíí Netanyahu).
Estamos así en lo que con mucho acierto Salahj
Eddin calificara en 2001 al sionismo como “fascismo teocrático”. [5]
Tiempo de desprecio bíblico
Es importante saber que los rasgos colonialistas y
su íntima brutalidad y racismo no son derivaciones más o menos fortuitas, como
postulan tantos sionistas “de izquierda”. El mismo Ben Gurión ─entrevisto como
moderado y enfrentado al “sionismo de derecha”─, ya sostenía en el inaugural
año de 1948, que ”toda la nación es el ejército”.[6]
Y lo rubrica cuando ubica (a semanas del asesinato) entre sus guardaespaldas al
incalificable asesino de Folke Bernadotte, el primer mediador de la ONU, que se
atrevió a reclamar derechos no sólo para judíos sino también para palestinos.
Para entender la gravedad del comportamiento
israelí hay que darse cuenta, como sostiene
Israel Shamir (judío converso al cristianismo ortodoxo), que las
atrocidades que vemos a diario cometidas por israelíes a palestinos, a veces
sonrientes, como disfrutando, tiene raíces religiosas más fuertes aun que las
políticas: cuando inician hostilidades por sorpresa contra Irán un sábado y
asesinan entre cien y doscientes niñas lo hacen en plena vigilia religiosa,
actuando con dios de su lado, consideran.
Ante el peso, cada vez más aplastante del sionismo
en el concierto mundial, a su dominio sobre el estado considerado el más fuerte
del planeta, podemos reivindicar la presencia de judíos, muchos judíos
rompiendo amarras con tan monstruoso desarrollo.
Martín Gak, él mismo judío empeñado en denunciar
los crímenes sionistas, ha llevado a cabo una formidable entrevista a Stephen Kapos (feb. 2026) un húngaro judío, en rigor un
transilvano que nació húngaro y tras la IIGM con el “redibujo” de fronteras devino
rumano, nacido en 1937 y que este año, con sus 89, rememora lúcidamente aquel
tiempo. Y recuerda a “los nazis” y a “los judíos” entonces.
Rompe todos los lugares comunes y prejuicios a que
los medios de incomunicación de masas nos tienen acostumbrados. Cuando habla
del ejército nazi, que ocupó su territorio natal, dice: eran “gente normal”.
“Encontré al ejército de la Wehrmacht bastante humano”. Palabras “sacrílegas”,
para La Voz de America, por ejemplo.
Y recuerda su visita a Haifa, a ver a los tíos que
tras la IIGM habían emigrado a Israel. Tenía unos 20 años y ve [supongo que por TV] una
manifestación de palestinos, pacífica, en las calles (no aclara si en Haifa o
en otra ciudad) y ve de pronto aparecer helicópteros artillados que descargan
sus proyectiles sobre los manifestantes. Se horroriza, aunque no pudo saber si
los palestinos eran alcanzados por proyectiles no (tan) mortales o balas
reales. La tía observa su reacción y le comenta extrañada, tirando a molesta:
“─Qué tanto lío, ¿no ves que son sólo árabes?” Stephen descartó hacer o rehacer
su vida en Israel.
Gilad Atzmon, otro exjudío, lo que llamaríamos objetor
de conciencia judía nos recuerda: “las frecuentes menciones de violencia y
exterminio de otros contenidas en la Biblia hebrea puede arrojar cierta luz
sobre el abominable genocidio que el estado judío está practicando en este
momento en Gaza… sin mostrar por ellos [por
los palestinos] ni un ápice de
misericordia.(“El
Antiguo Testamento y el genocidio en Gaza”, 8-1-2009)
Cada vez nos queda más claro el tremendo título
que Ron Unz, otro judío lúcido y osado, pusiera a uno de sus artículos: “Israel sionista como nación asesina”.
➤ Léase también sobre “Uruguayos caídos en las guerras de Israel” y el movimiento Hanoar Hatzioni B Uruguay, fundador de varios kibutzes uruguayos y argentinos, entre ellos Ein Hashlosha, en el desierto del Neguev, à 2 km de Gaza (ver mapa arriba) [N. del Ed.]
Notas
[1] La pareja de uno de mis amigos, morocha y con ancestros amerindios, tenía dificultades para transitar sola por calles israelíes en los ’60, nunca faltaba una pendencia. Y ella, que no era pantera, ni mizraji, ni siquiera judía; tenía hasta dificultades idiomáticas para defenderse.
[2] El suministro de agua era y es administrado por Mekorot, la compañía estatal reguladora del agua, que vende con subsidio el agua a judíos y encarecida a los empobrecidos palestinos.
[3] Como coletazo, me tocó recibir la repulsa de compatriotas, no judíos, hermanos de cónyuges no judíos de “retornantes” judíos que se instalaban en Israel encarnando un retorno irreal, mítico, totalmente extraño a sus biografías corporales o étnicas. Askenazíes, mizrajis, sefaradíes, falashas no son todos el mismo pueblo (de dios).
[4] Pocas veces he entrevisto más acertado el viejo apotegma del admirable Francisco de Goya: “El sueño de la razón produce monstruos”.
[5] Palestina en lucha, Madrid, oct. 2001.






















