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18/01/2026

الخيانة لا تُورَّث، بل تُختار
La traición no se hereda, se elige

 

COMUNICADO OFICIAL – UPAL

La traición no se hereda, se elige

La Unión Palestina de América Latina (UPAL) expresa su más enérgico rechazo a la visita del presidente electo de Honduras, Nasry Asfura, a Jerusalén ocupada, y a su encuentro con el presidente del Estado de Israel, Isaac Herzog, en un acto que legitima la ocupación, el despojo y el apartheid contra el pueblo palestino.

Resulta profundamente indignante que una persona descendiente de palestinos de primera generación, cuyos ancestros fueron víctimas directas del despojo, la expulsión y la colonización sionista, decida posar sonriente junto a los responsables políticos de un régimen acusado internacionalmente de crímenes de guerra, limpieza étnica y violaciones sistemáticas a los derechos humanos.

La historia no se borra con una fotografía ni con un apretón de manos.

La sangre palestina no se lava con diplomacia servil.

Nasry Asfura no representa al pueblo palestino, ni a su diáspora, ni mucho menos a los palestinos cristianos, que han sufrido el mismo desplazamiento, la misma ocupación y la misma negación de derechos que el resto de nuestro pueblo. Su visita no es un gesto de paz, sino un acto político de alineamiento con el sionismo y con la agenda imperial promovida por Donald Trump y sus herederos políticos en América Latina.

Desde UPAL denunciamos este acto como:

Una traición moral a la memoria palestina.

Una legitimación de la ocupación de Palestina.

Una burla al sufrimiento de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este.

Ser descendiente de palestinos no otorga inmunidad ética.

La dignidad se defiende con coherencia, no con conveniencia política.

El pueblo palestino, en la diáspora y en su tierra ocupada, no olvida ni acepta que se utilice su origen como adorno mientras se estrechan manos manchadas de sangre.

Palestina no se negocia.

Jerusalén no se vende.

La dignidad no se traiciona.

Unión Palestina de América Latina – UPAL

América Latina, enero de 2026

بيان رسمي – اتحاد فلسطين في أمريكا اللاتينية  (UPAL)

الخيانة لا تُورَّث، بل تُختار

يُعبّر اتحاد فلسطين في أمريكا اللاتينية (UPAL) عن إدانته ورفضه القاطعين لزيارة الرئيس المنتخب لهندوراس، نصري عصفورة، إلى القدس المحتلة، ولقائه برئيس دولة الاحتلال الإسرائيلي إسحاق هرتسوغ، في خطوة تُشكّل شرعنةً للاحتلال والتجريد من الأرض ونظام الفصل العنصري المفروض على الشعب الفلسطيني.

إنه لأمر مخزٍ ومؤلم أن يُقدِم شخص من أصول فلسطينية من الجيل الأول، تعرّض أسلافه للاقتلاع والتهجير القسري والاستعمار الصهيوني، على الظهور مبتسمًا إلى جانب رموز نظام متهم دوليًا بارتكاب جرائم حرب وتطهير عرقي وانتهاكات ممنهجة لحقوق الإنسان.

التاريخ لا يُمحى بصورة،

ولا تُغسَل الدماء الفلسطينية بمصافحة.

إن نصري عصفورة لا يُمثّل الشعب الفلسطيني، ولا جالياته في الشتات، ولا سيّما الفلسطينيين المسيحيين الذين ذاقوا ذات المعاناة من الاحتلال والتهجير وسلب الحقوق. إن زيارته ليست فعل سلام، بل موقف سياسي صريح في الانحياز إلى الصهيونية وإلى الأجندة الإمبريالية التي روّج لها دونالد ترامب ومن يسيرون على نهجه في أمريكا اللاتينية.

إن اتحاد فلسطين في أمريكا اللاتينية يعتبر هذا التصرف:

خيانة أخلاقية لذاكرة الشعب الفلسطيني،

تشريعًا للاحتلال الإسرائيلي لفلسطين،

استهزاءً بآلام غزة والضفة الغربية والقدس الشرقية.

الانتماء الفلسطيني لا يمنح حصانة أخلاقية.

الكرامة تُدافَع عنها بالموقف المبدئي لا بالمصلحة السياسية.

إن الشعب الفلسطيني، في الوطن وفي الشتات، لا ينسى ولا يقبل أن يُستغل أصله كزينة رمزية بينما تُصافَح أيادٍ ملطخة بدماء الأبرياء.

فلسطين ليست للمساومة.

القدس ليست للبيع.

والكرامة لا تُخَان.

اتحاد فلسطين في أمريكا اللاتينية – UPAL

أمريكا اللاتينية – كانون الثاني / يناير 2026

 





17/01/2026

La plus grande erreur historique des dirigeants palestiniens

Ricardo Mohrez Muvdi, 16/1/2025
Traduit par Tlaxcala

Ricardo Mohrez Muvdi est palestinien, né à Beit-Jala, en Palestine (1952). Réfugié en Colombie, il est administrateur d’entreprises et président de l’Union Palestinienne d’Amérique Latine (UPAL), créée en 2019 à San Salvador, au Salvador. Il est également président de la Fondation Culturelle Colombo-Palestinienne.

La plus grande erreur commise par les dirigeants palestiniens, au fil de décennies de négociations infructueuses, a été de faire des concessions aux sionistes en croyant que l’abandon de droits fondamentaux apporterait la paix, la justice ou une reconnaissance réelle. L’histoire a démontré exactement le contraire. 

Dès le début du conflit moderne, il aurait fallu exiger clairement un seul État, démocratique et garantissant l’égalité des droits pour tous ses habitants, sur l’ensemble de la Palestine historique. Accepter — et continuer à défendre — l’idée de « deux États » n’a pas seulement été une mauvaise stratégie : cela a constitué une renonciation progressive à la Palestine, légitimant la colonisation, la fragmentation territoriale et le nettoyage ethnique déguisé.

La prétendue « solution à deux États » est née déjà mutilée. Ce n’était pas une proposition de justice, mais une gestion de la dépossession. À chaque concession palestinienne il a été répondu par davantage de colonies, de murs, de points de contrôle et de lois raciales. Négocier sous occupation n’a jamais été négocier : c’était accepter les règles de l’occupant. Persister aujourd’hui dans le fantasme des deux États est, outre une naïveté, un suicide politique. Sur le terrain, il n’y a ni continuité territoriale, ni souveraineté réelle, ni contrôle des frontières, de l’eau ou des ressources.

Ce qui est offert au peuple palestinien n’est pas un État, mais des réserves fragmentées, dépendantes et sous surveillance. Pendant ce temps, le projet sioniste a été cohérent : avancer sans reculer, consolider les faits accomplis et exiger une reconnaissance internationale sans accorder l’égalité. En ce sens, continuer à parler de deux États revient à soutenir de facto la pérennité de l’occupation et à accepter que le vol territorial se transforme en légalité internationale.

La seule proposition éthique, historiquement et juridiquement viable est celle d’un seul État, où les Palestiniens, qu’ils soient musulmans, chrétiens ou juifs, vivraient avec les mêmes droits, sans suprématie ethnique ou religieuse. Un État où le droit au retour, l’égalité devant la loi et la justice historique ne seraient pas négociables.

Il ne s’agit pas d’utopie, mais de cohérence. Les régimes d’apartheid ne se réforment pas, ils se démantèlent. Et la libération ne naît pas de concessions à l’oppresseur, mais de la fermeté dans les principes. Le peuple palestinien n’a pas survécu à des décennies d’expulsion, d’exil et de résistance pour se contenter de miettes. La dignité ne se négocie pas, elle s’exerce.

 

El mayor error histórico de los dirigentes palestinos

 Ricardo Mohrez Muvdi, 16-1-2025

Ricardo Mohrez Muvdi es palestino, nacido en Beit-Jala, Palestina (1952). Refugiado en Colombia, es administrador de empresas y presidente de la Unión Palestina de América Latina (UPAL), creada en 2019 en San Salvador, El Salvador. Es también presidente de la Fundación Cultural Colombo -Palestina.

El error más grande que han cometido los dirigentes palestinos, a lo largo de décadas de negociaciones fallidas, ha sido hacer concesiones al sionismo creyendo que la cesión de derechos fundamentales traería paz, justicia o reconocimiento real. La historia ha demostrado exactamente lo contrario. 

Desde el inicio del conflicto moderno, debió exigirse con claridad un solo Estado, democrático y con igualdad de derechos para todos sus habitantes, en toda la Palestina histórica. Aceptar —y seguir defendiendo— la idea de “dos Estados” no solo fue una mala estrategia: ha sido una renuncia progresiva a Palestina, legitimando la colonización, la fragmentación territorial y la limpieza étnica encubierta. 

La llamada “solución de dos Estados” nació ya mutilada. No fue una propuesta de justicia, sino de administración del despojo. Cada concesión palestina fue respondida con más asentamientos, más muros, más puestos de control y más leyes raciales. Negociar bajo ocupación nunca fue negociar: fue aceptar las reglas del ocupante. Persistir hoy en la fantasía de dos Estados es, además de ingenuo, políticamente suicida. Sobre el terreno no existe continuidad territorial, ni soberanía real, ni control de fronteras, agua o recursos. 

Lo que se ofrece al pueblo palestino no es un Estado, sino reservas fragmentadas, dependientes y vigiladas. Mientras tanto, el proyecto sionista ha sido coherente: avanzar sin retroceder, consolidar hechos consumados y exigir reconocimiento internacional sin conceder igualdad. En ese sentido, seguir hablando de dos Estados es respaldar de facto la permanencia de la ocupación y aceptar que el robo territorial se transforme en legalidad internacional. 

La única propuesta ética, histórica y jurídicamente sostenible es un solo Estado, en el que palestinos, sean musulmanes, cristianos o judíos vivan con los mismos derechos, sin supremacías étnicas ni religiosas. Un Estado donde el derecho al retorno, la igualdad ante la ley y la justicia histórica no sean negociables. 

No se trata de utopía; se trata de coherencia. Los regímenes de apartheid no se reforman, se desmantelan. Y la liberación no nace de concesiones al opresor, sino de la firmeza en los principios. El pueblo palestino no ha sobrevivido décadas de expulsión, exilio y resistencia para conformarse con migajas. La dignidad no se negocia, se ejerce.

16/01/2026

UPAL: Gaza depois do fogo after the fire después del fuego après le feu غزة بعد النار