Alfred W. McCoy, TomDispatch.com, 16/01/22
Traducido del inglés por Sinfo Fernández, Tlaxcala
La
épica lucha por el epicentro del poder mundial de USA
James Ferguson
A lo
largo de 2021 los estadounidenses estuvieron absortos en discusiones sobre la
obligación de llevar mascarilla, el cierre de las escuelas y el significado del
ataque del 6 de enero al Capitolio. Mientras tanto, los focos geopolíticos
estallaban en toda Eurasia, formando un verdadero anillo de fuego alrededor de
esa vasta masa de tierra.
Demos
la vuelta a ese continente para visitar solo algunos de esos focos, cada uno de
ellos cargado de significado para el futuro del poder global de Estados Unidos.
En
la frontera con Ucrania, 100.000 soldados rusos se concentraban con tanques y
lanzacohetes, preparados para una posible invasión. Mientras tanto, Pekín firmaba un acuerdo de
400.000 millones de dólares con Teherán para intercambiar la construcción de
infraestructuras por petróleo iraní. Este intercambio podría ayudar a convertir
a ese país en el futuro centro ferroviario de Asia
Central, al tiempo que proyectaría el poder militar
de China hacia el Golfo Pérsico. Al otro lado de la frontera iraní, en
Afganistán, los guerrilleros talibanes entraban en Kabul, poniendo fin a 20
años de ocupación estadounidense en un frenético despliegue de vuelos de enlace para más de
100.000 aliados afganos derrotados.
Más
al este, en lo alto del Himalaya, los ingenieros del ejército indio estaban cavando túneles y
colocando artillería para evitar futuros enfrentamientos con China. En el golfo
de Bengala, una docena de barcos de Australia, India, Japón y Estados Unidos,
encabezados por el superportaaviones USS Carl Vinson, realizaban ejercicios de artillería
en vivo, como práctica para una posible guerra futura con China.
Mientras
tanto, una sucesión de buques navales estadounidenses atravesaba continuamente el Mar de China
Meridional, bordeando las bases insulares chinas en él y anunciando que ninguna
protesta de Pekín “nos va a disuadir”. Justo al norte, los destructores
estadounidenses, denunciados por China, navegaban regularmente por el Estrecho
de Taiwán; mientras que unos 80 cazas chinos entraban en tropel en la zona de
seguridad aérea de esa isla en disputa, hecho que Washington condenó como “actividad
militar provocativa”.
Alrededor
de la costa de Japón, una flotilla de diez buques de guerra chinos y rusos surcaba agresivamente las
aguas que antes eran prácticamente propiedad de la VII Flota de Estados Unidos.
Y en los gélidos océanos del Ártico, muy al norte, gracias al calentamiento
radical del planeta y al retroceso de los hielos marinos, una creciente flota
de rompehielos chinos maniobraba con
sus homólogos rusos para abrir una “ruta de la seda polar”, con la que
posiblemente se apoderó del techo del mundo.
Aunque
se ha podido leer sobre casi todo esto en los medios de comunicación
estadounidenses, a veces con gran detalle, aquí nadie ha intentado conectar
esos puntos transcontinentales para descubrir su significado más profundo. Los
líderes de nuestra nación no lo han hecho mucho mejor y hay una razón para
ello. Como explico en mi reciente libro, To Govern the Globe, tanto las élites
políticas liberales como las conservadoras del corredor de poder Nueva
York-Washington han estado en la cima del mundo durante tanto tiempo que no
recuerdan ya cómo llegaron allí.
A
finales de la década de 1940, tras una catastrófica guerra mundial que dejó
unos 70 millones de muertos, Washington construyó un potente aparato de poder
global, gracias en gran medida a su cerco a Eurasia tanto a través de bases
militares como del comercio global. Estados Unidos también creó un nuevo
sistema de gobierno mundial, ejemplificado en las Naciones Unidas, que no solo
aseguraría su hegemonía sino que también -o eso se esperaba entonces-
fomentaría una era de paz y prosperidad sin precedentes.
Sin
embargo, tres generaciones más tarde, cuando el populismo, el nacionalismo y el
antiglobalismo agitaron el discurso público, muy pocos en Washington,
sorprendentemente, se molestaron en defender su orden mundial de forma
significativa. Y son menos los que todavía tienen algún conocimiento real de la
geopolítica -esa resbaladiza mezcla de armamento, tierras ocupadas, gobernantes
subordinados y logística- que ha sido el kit de herramientas esencial de todo
líder imperial para el ejercicio efectivo del poder global.