Gideon Levy
Netanyahu the Mafia Boss Takes Pride in What He Ought to Be Ashamed Of
Don Bibi Netanyahou, le Parrain, tire fierté de ce dont il devrait avoir honte
Full transcript of Tucker Carlson’s interview with Joe Kent, published on March 18, 2026
Transcription intégrale de l'interview de Joe Kent par Tucker Carlson, publiée le 18 mars 2026
Tahar Lamri, 16-3-2026
Hay
una categoría que falta en el debate sobre la guerra en curso contra Irán, y su
ausencia explica por qué quienes la libran siguen equivocándose en todo.
Irán
no es un movimiento partisano como el FLN argelino, que era un frente sin dogma
unificador -coalición de nacionalistas, socialistas, comunistas, conservadores-
unido por un único objetivo: expulsar al colonizador. No es Vietnam del Norte,
que era un Estado en una parte del territorio con una doctrina exportable -el
comunismo- pero dependiente de Moscú y Pekín y geográficamente limitado. Hamás,
Hezbolá, los hutíes son milicias, entidades subnacionales que utilizan tácticas
de guerrilla porque no tienen alternativa: su asimetría es forzada, no elegida.
Irán
es algo diferente e históricamente nuevo: representa el primer caso histórico
de un Estado que adopta estructuralmente la doctrina de la guerra partisana
como opción estratégica soberana, combinando la legitimidad y los recursos de
un Estado con la lógica operativa del movimiento de resistencia. Tiene un
ejército regular, misiles balísticos, una marina, instituciones reconocidas, es
un Estado westfaliano en todos los sentidos. Y sin embargo, ha elegido
deliberadamente la doctrina de la guerra partisana como estrategia soberana:
saturación con armas económicas, desgaste, aceptación consciente de las
pérdidas territoriales para hacer insostenible el costo para el adversario. No
porque no pudiera hacerlo de otro modo, sino porque consideró que era la
estrategia óptima contra una superioridad convencional aplastante.
Esta
elección tiene una consecuencia económica devastadora para quien lo combate. Un
dron Shahed cuesta veinte mil dólares. Un interceptor THAAD cuesta 12,7
millones. Irán lanzó en la primera semana de guerra quinientos misiles
balísticos y casi dos mil drones. La matemática es implacable: la guerra pobre
hace pagar un costo insostenible a la guerra rica: no en el campo de batalla,
sino en las cadenas de suministro, en los presupuestos, en las reservas de
interceptores que se agotan más rápido de lo que pueden producirse.
Pero
la novedad más profunda no es militar: es estructural. Irán ha
institucionalizado una contradicción que todos los movimientos de liberación
han tenido que elegir: ser Estado o ser revolución. Argelia después de 1962
eligió ser estado y dejó de ser revolución. Cuba intentó ambas y fracasó. Irán
no: ha construido deliberadamente una dualidad permanente. El ejército regular
es el estado westfaliano. Los Pasdaran -los Guardianes de la Revolución- son la
revolución permanente, con sus redes regionales, sus ramificaciones en Yemen,
Irak, Líbano, todas unidas no por una ideología laica sino por una fe: el islam
chií como identidad, memoria, trauma fundacional. No se elige ser chií como se
elige ser comunista. Es familia, duelo, cuerpo. Karbala no es un evento
histórico: es un paradigma cosmológico que se repite.
El
resultado es un internacionalismo religioso que no es una alianza entre Estados,
no es una Internacional leninista, sino una red transnacional unida por una
gramática existencial común que no necesita un centro de mando explícito para
coordinarse.
Y
luego USA e Israel hicieron el regalo más grande: crearon el panteón.
Soleimani, Nasrallah, Jameneí: cada eliminación selectiva que pensaban que
resolvería un problema estratégico produjo un mártir que multiplica la cohesión
de la red. En la teología chií, la muerte del líder justo a manos del opresor
no es una derrota: es la confirmación de su justicia. Es la estructura
narrativa de Karbala. Un general vivo puede equivocarse, puede decepcionar,
puede envejecer. Un mártir es eterno y perfecto. Reescribieron, con sus
misiles, el guion que la otra parte esperaba.
La República Islámica de Irán tiene como ideal la
felicidad humana en toda la sociedad, y considera que el logro de la
independencia, la libertad y el imperio de la justicia y la verdad es un
derecho de todos los pueblos del mundo. En consecuencia, al tiempo que se
abstiene escrupulosamente de toda forma de injerencia en los asuntos internos
de otras naciones, apoya las luchas justas de los mustadhafoun
(oprimidos) contra los mustakbirun (opresores/arrogantes) en cada rincón
del mundo.
Constitución de la República Islámica de Irán,
Capítulo 10, Artículo 154
Pero
hay un último error, quizás el más grave. Israel golpeó los bancos de Hezbolá
(el Instituto Al Qardh al-Hassan) y el banco iraní más grande (Bank Sepah). En
el mundo chií jomeinista, el banco no es una institución financiera: es la
infraestructura material de la teología. Es el mecanismo a través del cual se
distribuye el zakat, se financian las obras de caridad, se mantiene el pacto
con los mustadhafin, los más débiles, los oprimidos, los condenados de
la tierra de Fanon. Jomeini construyó el consenso de la revolución sobre esta
red capilar de solidaridad material. Golpearla no debilita la narrativa de la
resistencia: la confirma. Demuestra, en la vida cotidiana de millones de
pobres, quiénes son los enemigos de los débiles. Es la mejor propaganda
posible, realizada por las propias bombas israelíes.
Resumiendo
todo: se está combatiendo con la lógica de la guerra convencional -decapitar la
estructura, cortar la financiación, destruir infraestructuras- una forma
política que no es una estructura convencional. Es una red simbólica, social,
militar y religiosa construida deliberadamente para ser indestructible
precisamente a través de la destrucción. Cada bomba que cae fortalece la
narrativa. Cada mártir consolida el panteón. Cada banco golpeado demuestra a
los pobres de qué lado está el opresor.
Y si
el Estado iraní fuera desmembrado o derrotado, los Pasdaran sin Estado
-entrenados, armados, formados en una cultura del martirio que no depende de
ninguna institución para sobrevivir- se distribuirían en una región que va
desde el Líbano hasta Pakistán, desde Azerbaiyán hasta Bahréin, con
ramificaciones en tres continentes. Ya no contenidos por ninguna estructura
estatal, sin nada que perder, con mártires poderosísimos y una narrativa de
resistencia más fuerte que antes. Un Estado iraní hostil es disuadible. Un
enjambre de Pasdaran sin Estado no lo es.
Y
mientras todo esto sucede, tres señales indican cuán profundamente esta guerra
está escapando al control narrativo de quienes la desataron.
Turquía
esperaba millones de refugiados iraníes huyendo de las bombas. Vio, en cambio,
a miles de iraníes cruzando la frontera en dirección opuesta, para regresar a
defender la patria. No necesariamente el régimen: Irán. La civilización persa
de cuatro milenios que no se deja reducir a la ecuación “régimen igual a pueblo”.
El nacionalismo herido produce lo que años de oposición política no logran
construir.
Y
luego está Gaza. Irán es atacado después de que el mundo presenciara durante
meses el genocidio palestino transmitido en directo, documentado, negado por
las cancillerías occidentales. Para los pobres de la tierra, para el Sur
global, para cualquiera que se sienta del lado de los humillados, la secuencia
es legible y brutal: quienes defendían a los palestinos son ahora bombardeados
por los mismos que armaban a quienes los masacraban. Irán se ha convertido, en
el imaginario global de los condenados, en algo que va mucho más allá de la
política regional o la teología chií: es la promesa de que se puede resistir,
es la venganza simbólica de quienes nunca tuvieron justicia. Esa solidaridad no
tiene fronteras confesionales ni geográficas.
Finalmente,
está China. Sus estrategas no están mirando la guerra: están realizando la
evaluación más detallada posible de las capacidades reales usamericanas en
condiciones de conflicto de alta intensidad. Cada interceptor THAAD disparado,
cada Tomahawk lanzado, cada día de guerra es un dato sobre la resistencia
logística e industrial del adversario que tendrán que enfrentar, un día, en el
Pacífico. Ven cómo se agotan las reservas, cómo los tiempos de producción no
siguen el ritmo del consumo, la cadena logística bajo presión. Están tomando
notas. Y no necesitan luchar para ganar esta guerra: les basta con esperar a
que USA se quede sin municiones.
Esta
guerra no puede ganarse. Solo puede extenderse. Y el mundo lo sabe.
„Warum gibt Iran nicht auf?“ – Trumps Frage zeigt das Iran-Desaster
Día 17 de la guerra contra Irán. Esperen, déjenme repetirlo: día 17.
El Wall Street Journal lo ha filtrado. El hombre más poderoso del mundo está sorprendido. Repito: sorprendido. El mismo que afirmó que esta guerra terminaría muy pronto. El que aseguró que Irán ya no tenía marina ni fuerza aérea.
Este hombre no entiende por qué Teherán sigue luchando. Y aquí viene la parte que me mantuvo despierto toda la noche: sus asesores le presionan en privado para buscar una salida. En privado. Eso significa que en público hablan de victoria, pero a puerta cerrada hay pánico total. Es una confesión de debilidad.
Trump esperaba una victoria rápida. Una repetición de su guerra de 12 días del pasado junio. Pero la realidad es completamente distinta.
Tras 17 días, Irán sigue lanzando misiles, ha minado el estrecho de Ormuz y —aquí viene lo más sorprendente— exporta más petróleo que antes de la guerra. Un 30% más. Piénsenlo.
USA lleva más de dos semanas bombardeando Irán, supuestamente ha alcanzado 6.000 objetivos, destruido la marina iraní y neutralizado su fuerza aérea. Y, sin embargo, las exportaciones de petróleo iraníes aumentan. ¿Cómo es posible? China.
Los chinos compran cada barril que Teherán ofrece. Sin sanciones, sin reglas, solo negocios. Mientras Trump pensaba que pondría a Irán de rodillas, los mulás han redirigido sus barcos, activado nuevas rutas comerciales y están ganando más dinero que antes.
El Wall Street Journal informa que Trump repite constantemente la misma pregunta en las reuniones: ¿por qué no capitulan? Sus asesores no tienen respuesta. O mejor dicho, sí la tienen, pero Trump no quiere oírla.
La respuesta es clara: porque el plan ha fracasado. Porque el ejército estadounidense puede golpear objetivos, pero no puede bombardear soluciones políticas desde el aire. Porque Irán es un adversario muy distinto a Afganistán o Irak.
Y aún hay más. Las declaraciones públicas de Trump cambian cada día. Primero, rendición incondicional. Luego, “muy pronto terminará”. Después, “ya casi no queda nada que bombardear”.
Y ahora esta pregunta desesperada: ¿por qué no se rinden? Eso no es estrategia. Es improvisación. Es un presidente que empieza a darse cuenta de que su mayor apuesta en política exterior se está descontrolando.
Los republicanos están nerviosos. Las encuestas muestran que la mayoría de los estadounidenses se opone a esta guerra. El precio del petróleo ha superado los 100 dólares por barril, llegando momentáneamente a 119.
En las gasolineras de USA, la gente paga precios récord. Se acercan las elecciones de medio mandato, y los asesores de Trump lo saben: si la guerra continúa semanas más, perderemos el Congreso.
Por eso la filtración al Wall Street Journal. Por eso la presión privada para encontrar un plan de salida. Intentan empujar suavemente al presidente hacia la salida sin que pierda la cara.
Pero Trump es Trump. No puede simplemente detenerse. Tiene que anunciar una victoria, aunque no exista.
Por eso dice a la prensa: “Vamos muy por delante del calendario”. Es lenguaje orwelliano. “Por delante del calendario” significa, en el mundo de Trump: ya no hay calendario, porque el plan original se ha derrumbado.
Y aquí está la clave: Irán lo sabe. Los Guardianes de la Revolución han emitido un comunicado.
Irán decidirá cuándo termina la guerra.
Es una respuesta directa a las afirmaciones de Trump. Teherán le dice al hombre más poderoso del mundo, cara a cara: tú no controlas esta guerra. Nosotros sí.
Y los hechos les dan la razón.
Malek Dudakov, Команда Трампа разбегается, 17 de marzo de 2026
Traducido por Tlaxcala

El director del Centro Nacional de Contraterrorismo usamericano, Joe Kent, un protegido de la jefa de la Oficina de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, renuncia, acusando al lobby israelí de provocar una guerra con Irán. Joe Kent es un ex Boina Verde, que sirvió 20 años en el ejército de USA.
[...] “No puedo, en conciencia, apoyar la guerra en curso contra Irán. Irán no representaba ninguna amenaza inminente para nuestra nación, y está claro que desencadenamos esta guerra bajo la presión de Israel y su poderoso lobby americano”. [...]
Conoce bien la guerra, a diferencia de muchos halcones de salón como Ben Shapiro o Mark Levin, que abogan activamente por la continuación de la escalada. Kent también sirvió como oficial militar destacado ante la CIA. Por cierto, Langley también se esfuerza por no involucrarse directamente en la aventura iraní. Se lo han dejado todo a Pete Hegseth.
Tulsi Gabbard también sabotea la guerra con Irán. Recientemente publicó, junto con la CIA, un informe conjunto afirmando que no se debe esperar un cambio de régimen en Teherán. Los servicios de inteligencia usamericanos afirman haber advertido a Trump de antemano sobre los riesgos de la escalada. Pero no quiso escuchar a nadie.
Mientras tanto, alrededor de Gabbard, comienzan a reunirse aparátchiks del Pentágono que están descontentos con la actitud militarista de Hegseth.
En realidad, estamos asistiendo actualmente a una verdadera guerra entre los halcones y los aislacionistas en el equipo de Trump, en medio del caos en el que se han empantanado.
Los precios del diésel en USA se han disparado un 40% y han superado por primera vez desde 2022 los cinco dólares por galón. Los portaaviones usamericanos encuentran dificultades, y es poco probable que puedan llevar a cabo una campaña durante mucho tiempo. No ha sido posible desbloquear el estrecho de Ormuz, y Europa y China se han negado a ayudar a Trump. Han comenzado los primeros despidos y dimisiones. No será fácil si la guerra con Irán se prolonga hasta abril. Entonces, mucha gente huirá de un barco que se hunde.
Traducción integral de la carta
Presidente Trump,
Después de mucha reflexión, he decidido renunciar a mi cargo como Director del Centro Nacional de Contraterrorismo, con efecto inmediato.
No puedo en buena conciencia apoyar la guerra en curso en Irán. Irán no representaba una amenaza inminente para nuestra nación, y está claro que comenzamos esta guerra debido a la presión de Israel y su poderoso lobby americano.
Apoyo los valores y las políticas exteriores por las que hizo campaña en 2016, 2020 y 2024, y que implementó en su primer mandato. Hasta junio de 2025, usted entendía que las guerras en el Medio Oriente eran una trampa que robaba a Estados Unidos las preciosas vidas de nuestros patriotas y agotaba la riqueza y la prosperidad de nuestra nación.
En su primera administración, entendió mejor que cualquier presidente moderno cómo aplicar el poder militar de manera decisiva sin vernos arrastrados a guerras interminables. Lo demostró al matar a Qasem Soleimani y al derrotar al ISIS.
Al principio de esta administración, altos funcionarios israelíes y miembros influyentes de los medios americanos desplegaron una campaña de desinformación que socavó por completo su plataforma “América Primero” y sembró sentimientos belicistas para fomentar una guerra con Irán. Esta cámara de eco se utilizó para engañarlo y hacerle creer que Irán representaba una amenaza inminente para Estados Unidos, y que, si atacaba ahora, había un camino claro hacia una victoria rápida. Esto fue una mentira y es la misma táctica que los israelíes usaron para arrastrarnos a la desastrosa guerra de Irak que le costó a nuestra nación la vida de miles de nuestros mejores hombres y mujeres. No podemos cometer este error otra vez.
Como veterano que se desplegó en combate 11 veces y como esposo de una Gold Star [familiar de militar caído] que perdió a mi amada esposa Shannon en una guerra fabricada por Israel, no puedo apoyar el envío de la próxima generación a luchar y morir en una guerra que no beneficia al pueblo americano ni justifica el costo de vidas americanas.
Rezo para que reflexione sobre lo que estamos haciendo en Irán, y para quién lo estamos haciendo. El momento de actuar con valentía es ahora. Puede revertir el rumbo y trazar un nuevo camino para nuestra nación, o puede permitir que nos deslicemos más hacia el declive y el caos. Usted tiene las cartas.
Fue un honor servir en su administración y servir a nuestra gran nación.
Milena Rampoldi, 15 -3- 2026
Desde el estallido de la agresión usraelí
contra la República Islámica de Irán, me siento como el teólogo alemán Dietrich
Bonhoeffer cuando estaba en la cárcel nazi, incluso si mi oficina en Estambul
es mucho más cómoda. En su celda, Bonhoeffer comenzó a reflexionar sobre las
razones y las raíces del brutal régimen hitleriano al comprender que la causa
no era la malicia/el mal, sino simplemente la estupidez pura y dura.
El mismo paradigma se puede aplicar a la presidencia de Donald Trump y a su guerra épicamente furiosa contra el régimen satánico de Irán, cuando en realidad no es otra cosa que la agresión brutal y sin cabeza contra un Estado soberano en el Máshreq.
|
“Tratamos
repetidamente de llegar a un acuerdo. Lo intentamos. Querían hacerlo. No
querían hacerlo. Querían hacerlo. No querían hacerlo”. |
En sus cartas escritas desde la cárcel, el
teólogo Bonhoeffer afirmaba que la estupidez era un enemigo más peligroso del
bien que la malicia y/o el mal mismo. Para mí personalmente, esta suya
conclusión tiene un fuerte impacto en cómo luchar contra las violaciones de los
derechos humanos como las guerras de USA contra los Estados musulmanes
soberanos. Experimentamos un importante cambio de paradigma si abandonamos el
punto de vista según el cual debemos luchar contra el mal usamericano y si en
cambio decimos que la estupidez usamericana es el enemigo de los países
musulmanes soberanos del Máshreq como la estupidez es el enemigo de la
autodeterminación política y el anticolonialismo/antiimperialismo.
|
“Las
vidas de los valientes héroes americanos pueden perderse y podemos tener
víctimas, lo que a menudo sucede en la guerra. Estamos haciendo esto, no por
ahora, estamos haciendo esto para el futuro, y es una misión noble”. |
Sin embargo, Bonhoeffer incluso va un paso más allá en sus reflexiones al mostrar que la violencia ni siquiera es capaz de oponerse a la estupidez, mientras que es un medio efectivo cuando tenemos que oponernos al mal. Si partimos del supuesto de que Trump representa la estupidez y no el mal, entenderemos que tenemos que cambiar nuestra estrategia para oponernos a sus fantasías neoimperialistas de niños asesinos en países musulmanes y otros (Venezuela, Cuba y más).
¿Por qué la estupidez es tan peligrosa en
política? Bonhoeffer tiene la respuesta: la mayoría de la gente pone la
estupidez entre paréntesis porque muchos piensan que no vale la pena
considerarla. Y esto es un error porque entonces no entendemos la esencia de la
estupidez que, si la ponemos en palabras del propio Bonhoeffer, no es un defecto
intelectual sino “humano”.
Si analizamos el fenómeno de la estupidez desde un punto de vista psicológico y luego sociológico, entendemos una característica fundamental de la misma: la estupidez aparece en grupos más que en personas aisladas. Trump y su estupidez son parte de un sistema, de un estilo de vida usamericano en el que los contribuyentes financian ataques impulsados por la estupidez a escuelas para niñas, museos y hospitales en Irán.
|
“Pero
sí, ya sabes, esperamos algunas cosas. Como dije, algunas personas morirán. Cuando vayas a la guerra, algunas personas morirán”. |
Si escuchamos lo que Bonhoeffer sugiere, necesitamos pasar del títere aislado Donald al sistema “Epstein” del que forma parte. Esto significa que la estupidez no es un problema psicológico, sino que se convierte en un problema sociológico. Es por eso que deberíamos establecer la llamada “sociología de la estupidez” para analizar el neoimperialismo de Trump para superar la ocupación usamericana de países musulmanes y otros.
En un régimen neocolonialista como USA, el poder de la
clase dominante de los neosionistas del AIPAC hambrientos de poder necesita la
estupidez de los contribuyentes ciegos para sobrevivir porque la estupidez y la
megalomanía neoimperialista son exactamente lo contrario del coraje moral y la
lucha contra la injusticia. La gente estúpida cree en la narrativa de la clase
dominante. Y esto resulta en la persistencia de un neocolonialismo yanqui
moldeado por el régimen sionista 2.0 impulsado por las fantasías de Eretz
Israel. A continuación, me gustaría traducir al español el fragmento de las
cartas que Bonhoeffer escribió desde la cárcel, titulado “Estupidez”[1],
para que los lectores reflexionen sobre él y recuperen su propio coraje moral,
ya que necesitamos una guerra contra la estupidez y no contra el mal:
“La estupidez es un enemigo del bien más peligroso que la maldad.
Contra el mal se puede protestar; se lo puede desenmascarar; se lo puede impedir, llegado el caso, incluso mediante la fuerza. El mal lleva siempre en sí el germen de su propia descomposición, pues deja al menos un malestar en el ser humano. Frente a la estupidez, en cambio, estamos indefensos.
Ni las protestas ni la fuerza sirven aquí de nada; las razones no surten efecto. Los hechos que contradicen el propio prejuicio simplemente no necesitan ser creídos —en tales casos el estúpido se vuelve incluso crítico— y, cuando resultan inevitables, pueden ser descartados como simples casos aislados sin importancia.
Además, el estúpido, a diferencia del malvado, está completamente satisfecho consigo mismo; es más, se vuelve peligroso, pues pasa fácilmente al ataque cuando se siente irritado.
Por eso es necesario ser más prudente frente al estúpido que frente al malvado. Nunca intentaremos convencer al estúpido mediante razones: es inútil y peligroso.
Para saber cómo podemos enfrentarnos a la estupidez, debemos tratar de comprender su naturaleza. Algo es seguro: no se trata esencialmente de un defecto intelectual, sino de un defecto humano. Hay personas intelectualmente extraordinariamente ágiles que son estúpidas, y otras intelectualmente muy torpes que están muy lejos de serlo.
Este descubrimiento lo hacemos, con sorpresa, en determinadas situaciones. La impresión que se obtiene no es tanto que la estupidez sea un defecto innato, sino que, bajo ciertas circunstancias, los seres humanos son hechos estúpidos o se dejan volver estúpidos.
Observamos también que las personas que viven aisladas y retiradas manifiestan este defecto con menor frecuencia que aquellas inclinadas a la vida en sociedad o integradas en grupos humanos. Por ello, la estupidez parece ser menos un problema psicológico que sociológico. Es una forma particular de la influencia de las circunstancias históricas sobre el ser humano, una manifestación psicológica de determinadas condiciones externas.
Al observar más de cerca se advierte que todo gran despliegue de poder exterior —sea de carácter político o religioso— golpea a una gran parte de los seres humanos con la estupidez. Incluso parece tratarse de una especie de ley sociopsicológica: el poder de unos necesita la estupidez de otros.
El proceso no consiste en que determinadas facultades humanas —por ejemplo intelectuales— se atrofien o desaparezcan repentinamente. Más bien sucede que, bajo la impresión abrumadora del despliegue del poder, el ser humano es despojado de su independencia interior y renuncia entonces, más o menos inconscientemente, a encontrar por sí mismo una actitud frente a las situaciones de la vida.
El hecho de que el estúpido sea con frecuencia obstinado no debe engañarnos haciéndonos pensar que es independiente. En la conversación con él se percibe claramente que en realidad no se trata de una persona con la que uno dialoga, sino de consignas, palabras de orden y eslóganes que se han apoderado de él.
Está bajo un hechizo, está cegado; en lo más profundo de su ser ha sido abusado y maltratado. Convertido así en un instrumento sin voluntad, el estúpido será capaz de cualquier mal y, al mismo tiempo, incapaz de reconocerlo como tal. Aquí reside el peligro de un abuso diabólico. De este modo pueden destruirse seres humanos para siempre.
Pero es precisamente aquí donde se ve con claridad que no es un acto de instrucción, sino únicamente un acto de liberación lo que puede superar la estupidez. Habrá que aceptar que una verdadera liberación interior, en la mayoría de los casos, solo se hace posible después de que haya tenido lugar una liberación exterior.
Hasta entonces tendremos que renunciar a todos los intentos de convencer al estúpido.
En esta situación se comprende también por qué, en tales circunstancias, resulta inútil esforzarse por saber qué piensa realmente «el pueblo», y por qué esta pregunta resulta en realidad superflua para quien piensa y actúa de manera responsable.
La palabra de la Biblia según la cual el temor de Dios es el principio de la sabiduría (Salmo 111,10) significa que la liberación interior del ser humano para una vida responsable ante Dios es la única verdadera superación de la estupidez.
Por lo demás, estas reflexiones sobre la estupidez tienen también algo de consolador: no permiten en absoluto considerar a la mayoría de los seres humanos como estúpidos en todas las circunstancias. Todo dependerá, más bien, de si quienes ejercen el poder esperan más de la estupidez de las personas o de su independencia interior y de su inteligencia.”
La simple conclusión es que el trumpismo neocolonialista y el donaldismo neoimperialista son un grave problema sociológico entretejido con la estupidez que aparece como malvada. Y de la estupidez se puede simplemente ser liberado, a la estupidez no se puede oponer la violencia, y este es exactamente el caso cuando nos fijamos en la ocupación de Oriente Medio por el ejército usraelí. Mientras que el Israel sionista 2.0 necesita implosión, autodestrucción y deconstrucción, el trumpismo y el donaldismo necesitan una guerra internacional contra la estupidez.
[1] El pasaje está
tomado de Bonhoeffer D., Widerstand und
Ergebung: Briefe und Aufzeichnungen aus der Haft, Gütersloher Verlagshaus,
München 2005, pp. 14-18.
Mostafa
Ahmed, alhabtoorresearch, 3-3-2026
Traducido por Tlaxcala
El primer trimestre de 2026 marcó un punto de
inflexión estratégico en el despliegue del poder duro y la gestión de la
interacción geopolítica. Durante décadas, las tecnologías informáticas
permanecieron en gran medida confinadas a funciones de apoyo operativo, como el
procesamiento de datos de inteligencia o el guiado de municiones de precisión.
Sin embargo, enero y febrero fueron testigos de un cambio estructural, ya que
la planificación militar se alejó de los ciclos de decisión dependientes del
ser humano para pasar a gestionar cadenas de eliminación física algorítmicas
autónomas. Esta transformación fue articulada formalmente en la “Estrategia de
Aceleración de la Inteligencia Artificial” emitida por el Departamento de
Guerra de los USA (DoW) el 9 de enero de 2026. La directiva pretende afianzar
el dominio militar usamericano mediante la integración rápida de la IA en las
operaciones de combate, inteligencia y empresa, transformando al mismo tiempo
el aparato de defensa en lo que los funcionarios describen como una estructura
militar “AI-first” [“primero la IA”].
Estas operaciones reflejaron la integración de grandes
modelos de lenguaje, arquitecturas de datos dinámicas, algoritmos de evaluación
táctica y sistemas autónomos no tripulados, transformando fundamentalmente la
velocidad, precisión y el cálculo del coste geopolítico de neutralizar
objetivos de alto valor. En conjunto, señalan que la IA ha pasado de ser una
herramienta analítica de apoyo a convertirse en un arquitecto estratégico del
campo de batalla y un motor de la ejecución cinética.
Raíces de la guerra algorítmica
La doctrina operativa adoptada por USA en 2026 tomó
gran parte de su fundamento metodológico de la arquitectura de focalización
táctica desarrollada por el ejército israelí, particularmente la Unidad 8200,
durante las operaciones intensivas en Gaza entre 2023 y 2025. En los círculos
de inteligencia, esta cadena de focalización algorítmica israelí se describía a
menudo como una “fábrica de asesinatos en masa”, formando una base conceptual
clave para el enfoque usamericano recién formulado.
La arquitectura israelí, que lideró la “guerra de la
IA”, se basó en tres sistemas estructurales interconectados:
1.
El sistema Gopsel / Habsora: una herramienta de IA para el apoyo a la decisión estratégica que
procesa vastos conjuntos de datos de vigilancia para generar un banco
automatizado de objetivos (edificios e instalaciones). Este sistema aceleró
drásticamente la focalización, elevando la producción de aproximadamente 50
objetivos anuales bajo análisis humano a más de 100 objetivos por día.
2.
La base de datos Lavender: un sistema de perfilado individual basado en la vigilancia masiva en
Gaza y Cisjordania. Mediante el análisis automatizado de huellas digitales como
redes sociales, registros de comunicaciones y patrones de movimiento, el
algoritmo evalúa a los individuos y los coloca en listas de eliminación
automatizadas. En su punto máximo operativo, supuestamente etiquetó a más de
37,000 objetivos potenciales.
3.
El algoritmo “¿Dónde está papá?” (“Where's Daddy?”): un sistema de geolocalización diseñado para rastrear
objetivos y desencadenar ataques una vez que regresan a sus hogares. Esta
táctica se ha asociado históricamente con tasas muy elevadas de bajas
colaterales entre civiles y las familias de los objetivos.
El marco estratégico de la guerra algorítmica
Para comprender las dimensiones más profundas del
impulso tecnológico en Caracas y Teherán, es esencial desglosar el marco
estratégico general que legitimó estas operaciones y aceleró su ejecución. En
este contexto, la Estrategia de Inteligencia Artificial emitida por el DoW yanqui
el 9 de enero de 2026 constituyó un enfoque de combate ofensivo destinado a
desmantelar las barreras burocráticas de la tecnología de la información
convencional. Esta doctrina se basó en el aprovechamiento de las ventajas
competitivas asimétricas de USA en los mercados de capitales, la capacidad de
innovación de patrones y el vasto repositorio de datos operativos acumulados
durante dos décadas de conflicto.
Para traducir esta estrategia en una realidad
operativa, se lanzaron varios proyectos pioneros con plazos estrictos y bajo
liderazgo individual directo, siendo las siguientes vías las más destacadas:
Paralelamente a este salto tecnológico, la Estrategia
de Defensa Nacional 2026 proporcionó el mandato geopolítico para estas posturas
ofensivas. La estrategia estableció una ruptura decisiva con lo que describía
como idealismo utópico, a favor de adoptar un realismo estricto, dando
prioridad primordial a la seguridad del territorio usamericano a través del
Golden Dome of America y a la defensa preventiva de los intereses vitales en el
hemisferio occidental, en línea con la Doctrina Monroe revista por Trump.
Aún más importante, la estrategia procedió a
clasificar a los cárteles de la droga y las redes de trata de personas como
organizaciones terroristas extranjeras y combatientes enemigos. Esta
designación legal otorgó a la institución militar un espacio operativo sin
precedentes para emplear fuerza letal contra las redes de narcotráfico. Este
marco conceptual se utilizó claramente para legitimar la focalización directa
del régimen de Maduro.
La IA y la arquitectura del campo de batalla
El cambio hacia la automatización militar ya no es un
lujo técnico o una vía de modernización rutinaria en los ejércitos modernos; se
ha convertido en una doctrina estratégica rectora que remodela las reglas de
enfrentamiento y los equilibrios de poder globales. En un entorno operativo
marcado por la fluidez y la creciente complejidad, el concepto de guerra
algorítmica surgió como un modelo alternativo diseñado para eliminar los
cuellos de botella cognitivos humanos en favor de mecanismos de decisión autónomos
y excepcionalmente rápidos. Este nuevo patrón no solo mejoró la eficiencia del
procesamiento de inteligencia; estableció una transición estructural decisiva
de una doctrina basada en la fuerza cinética de masas a una centrada en los
datos, la velocidad y la letalidad dirigida, donde los modelos generativos y
los sistemas de IA gestionan todo el espectro de la batalla. La encarnación
operativa más clara de este cambio estratégico es evidente a través del
análisis de dos acciones cinéticas a principios de 2026, en las que la IA pasó
de ser una herramienta de asesoramiento en la retaguardia a ser un comandante
sobre el terreno que diseñaba y ejecutaba las operaciones transfronterizas más
complejas contra objetivos de alto valor, como lo demostraron las
intervenciones en Caracas y Teherán.
Palantir agrega datos, Claude de Anthropic los analiza, humanos aprueban los ataques en una operación asistida por IA
Kang Da-eun, THE CHOSUN Daily, 5/3/2026
Traducido por Tlaxcala
El reciente ataque aéreo usamericano contra Irán,
denominado Operación “Epic Fury”, ha sido descrito como “el primer ataque aéreo
liderado por IA”. Esta evaluación se debe a la profunda participación de
Anthropic, una startup usamericana de IA, y Palantir, una empresa de análisis
de datos de IA, en la operación. El análisis indica que la IA jugó un papel
crítico en toda la cadena de muerte (kill chain) —desde la recopilación
de inteligencia hasta los ataques de precisión— mientras que los humanos
mantuvieron la responsabilidad de las decisiones y aprobaciones finales,
marcando un cambio en la guerra moderna.
USA e Israel lanzaron un ataque sorpresa contra Irán
el 28 de febrero, aprovechando aparentemente una rara oportunidad cuando la
dirección política y militar de Irán, incluido el líder supremo, el ayatolá Ali
Khamenei, se reunió. Si bien las redes de inteligencia humana que habían
recopilado datos sobre el terreno durante años jugaron un papel importante, la
IA participó activamente en el análisis de esta información y el diseño de
escenarios de ataque óptimos. Compilando informes de The Wall Street Journal
(WSJ), CNN y las respuestas de modelos de IA como Claude, Gemini y Perplexity,
resumimos cómo se utilizaron las tecnologías de IA en el ataque aéreo usamericano
contra Irán a través de un formato de preguntas y respuestas.
P: ¿Qué papel jugó la IA en el ataque aéreo contra
Irán?
R: Palantir integró datos fragmentados de varias
agencias usamericanas —imágenes satelitales, secuencias de drones, señales de
radar y comunicaciones interceptadas— para mapear los movimientos militares en
todo Irán. El modelo de IA de Anthropic, Claude, analizó entonces estos datos
para determinar los objetivos, métodos y secuencia de ataque óptimos,
proporcionando a los comandantes humanos recomendaciones prácticas.
Metafóricamente, Palantir actúa como un centro de
control que agrega feeds de CCTV de toda la ciudad para mostrar amenazas en
tiempo real como “almacenamiento de misiles en el Edificio 3” o “concentración
de tanques en la Carretera 5”. Claude, por su parte, funciona como un analista
que aconseja: “El Edificio 2 presenta el riesgo más alto; atacar ahora ofrece
una probabilidad de éxito del 87%”.
P: ¿Qué es Palantir?
R: Fundada en 2003 por los cofundadores de PayPal
Peter Thiel, Alex Karp, Joe Lonsdale, Steven Cohen y Nathan Getty, Palantir
surgió después del 11-S con el objetivo de centralizar los datos de
inteligencia dispersos para identificar terroristas. En 2004, obtuvo
financiación inicial de In-Q-Tel, el brazo de capital de riesgo de la CIA, y
creció proporcionando plataformas de análisis de datos al ejército usamericano,
la CIA, el FBI y otras agencias. Ahora es una empresa tecnológica que cotiza en
la Bolsa de Nueva York.
El 3 de marzo en Miami, Florida, protesta contra Palantir, que colabora con el Departamento de Defensa y el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Foto Reuters-Yonhap
P: ¿Qué papel jugó Palantir en el ataque aéreo contra
Irán?
R: Palantir unificó billones de puntos de datos
fragmentados —imágenes satelitales, videos de drones, señales de radar y
comunicaciones interceptadas— en un conjunto de datos coherente. Esto permitió
a los comandantes visualizar intuitivamente las instalaciones militares y los
movimientos de personal iraníes, algo así como un “Google Maps de guerra”
combinado con un “panel de inteligencia en tiempo real”.
P: ¿Qué tecnologías utilizó Palantir?
R: La plataforma Gotham, centrada en la defensa, y su
plataforma de IA AIP (AI Platform) fueron fundamentales. Gotham integra datos
dispares —informes militares, imágenes satelitales/de drones, comunicaciones
interceptadas— en una red consultable, mapeando objetos en una cuadrícula
militar de alta precisión. Por ejemplo, rastrea cambios en una base de misiles
durante seis meses o analiza movimientos enemigos utilizando vigilancia en
tiempo real.
AIP opera dentro de Gotham, conectando de forma segura
modelos de IA externos como Claude a datos militares clasificados. Garantiza
que Claude funcione dentro de la red cerrada del Pentágono, previniendo órdenes
de ataque no autorizadas y proporcionando una interfaz para que los comandantes
humanos aprueben las decisiones finales. Cuando Gotham alimenta datos a AIP,
esta instruye a Claude para analizar amenazas, por ejemplo, clasificando los
centros de mando del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) por
nivel de riesgo. El análisis de Claude se transmite entonces a los comandantes
humanos para su aprobación.
P: ¿Cuál fue el papel de Claude de Anthropic?
R: Claude actuó como el “cerebro” dentro del
ecosistema de datos de Palantir, proporcionando perspectivas estratégicas
mediante el análisis de informes de inteligencia y datos textuales para evaluar
la intención del enemigo o los niveles de amenaza. Por ejemplo, podría
concluir: “Este edificio tiene un 95% de probabilidad de ser el centro de mando
de Jameneí” o "í”80% de probabilidad de estar vinculado a lanzamisiles
cercano”. También realiza el emparejamiento de patrones (pattern matching)
con datos históricos, como “90% de similitud con imágenes pasadas de
instalaciones nucleares”, y lleva a cabo simulaciones de combate para responder
preguntas complejas como: “¿Cuál es la probabilidad de represalias de Irán si
se ataca el Objetivo A?” o “¿Cuál es el ángulo de entrada óptimo del dron para
eludir las defensas aéreas?”
P: ¿Cómo resumiría la colaboración de Palantir y
Anthropic en el ataque aéreo contra Irán?
R: Usando una analogía con el ajedrez, Palantir
muestra todas las piezas en el tablero, mientras que Claude aconseja: “Atacar
esta base durante el repostaje maximiza la efectividad en 10 minutos”. Los
comandantes humanos revisan el análisis de Claude antes de pulsar el botón de
ataque final. Palantir muestra el tablero; Claude es el entrenador que analiza:
“Este movimiento ofrece un 87% de posibilidades de jaque mate en cinco jugadas”.
Los humanos hacen el movimiento real.
P: ¿Por qué hay un conflicto entre el Pentágono y
Anthropic?
R: Desde finales de 2024, Anthropic se ha asociado con
Palantir y AWS [Amazon Web Services] para proporcionar Claude para entornos
militares y de inteligencia clasificados. Mientras que el gobierno usamericano
insistía en el uso sin restricciones de la IA con fines militares, el CEO de
Anthropic, Dario Amodei, se negó a abandonar las salvaguardas contra la
vigilancia nacional o las armas totalmente autónomas. El presidente Donald
Trump condenó esto, declarando: “USA no permitirá que empresas izquierdistas
radicales dicten cómo nuestro gran ejército lucha y gana”, y prohibió a las
agencias federales usar Anthropic el 27 de febrero. Sin embargo, el Pentágono
usó Claude en el ataque contra Irán menos de un día después. USA planea hacer
la transición a xAI y OpenAI, pero el reemplazo podría tomar al menos seis
meses debido a la profunda integración de Claude en Palantir y los sistemas
militares.
Imagen que muestra los roles de Palantir y Anthropic en el campo de batalla. Cuando Palantir recopila e integra varios tipos de datos, la IA de Anthropic los analiza para establecer las operaciones. Los humanos solo necesitan tomar las decisiones. Imagen Gemini
P: ¿Discrepa Palantir con Anthropic en la
militarización de la IA?
R: Peter Thiel de Palantir y su CEO Alex Karp abogan
por una doctrina de seguridad nacional fuerte y realista. Consideran que
proporcionar IA al ejército es una obligación moral, creyendo que solo las
ideologías respaldadas por un poder militar y económico robusto pueden cambiar
el mundo y que la disuasión mediante la fuerza asegura la paz. Palantir afirma
que su misión principal es prevenir la guerra.
P: ¿Qué otras tecnologías de IA se despliegan
militarmente además de Palantir y Anthropic?
R: La tecnología de vanguardia de las empresas usamericanas
se utiliza cada vez más en la guerra. La red satelital exclusiva para el
gobierno de SpaceX, Starshield, mantiene la infraestructura de comunicación
para las operaciones con drones y la conectividad en primera línea —actuando
como un “internet de guerra” resistente a la interferencia GPS.
El ejército usamericano también está desarrollando y
desplegando sistemas de IA que pilotan drones de forma autónoma y ejecutan
ataques de precisión. En este sistema, “Hive Mind” de Shield AI y “Lattice” de
Anduril AI colaboran. Hive Mind permite a los drones navegar autónomamente
hacia los objetivos incluso cuando el GPS o las redes de comunicación están
perturbados. Al acercarse al objetivo, el sistema cambia a Lattice, que se
especializa en la identificación de objetivos y el conocimiento de la
situación. Esta doble colaboración de IA permite ataques de precisión incluso
en entornos de baja conectividad.
Despegue de dron de combate no
tripulado YFQ-44A de la Fuerza Aérea de USA, equipado con software autónomo de
misión de Shield AI y Anduril. Foto Reuters-Yonhap