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29/01/2026

MinneapolICE: cuando testificar se convierte en un delito castigado con la muerte
“Sentencia primero, veredicto después”

Renée Good y Alex Pretti fueron asesinados por atreverse a interferir con los esfuerzos de la administración Trump para normalizar los secuestros y la violencia estatal.

 


Renée Good y Alex Pretti; ilustraciones de John Brooks


Fintan O’TooleThe New York Review , 28-1-2026
Traducido por Tlaxcala

Fintan O’Toole (1958) es Editor Asesor de The New York Review y columnista del diario The Irish Times. Su libro For and Against a United Ireland  (Por y contra una Irlanda unida), escrito en colaboración con Sam McBride, se publicará en USA en febrero de 2026. @fotoole


El deseo de Donald Trump de poner su nombre a todo, desde el Centro Kennedy hasta el Golfo de México (“Quería llamarlo el Golfo de Trump”, declaró en enero), puede parecer casi cómicamente infantil. Pero se ha convertido en una broma mortal: su régimen califica de terroristas a quienes ejecuta y arrastra sus nombres por el fango. Este renombrar es una afirmación de poder absoluto, y USA está en un momento en el que la pretensión de Trump de dominar el lenguaje se ha vuelto letal, tanto para los individuos como para la república misma. Si el asesinato de Alex Pretti en las calles de Minneapolis no puede llamarse asesinato, un régimen autoritario ha superado una de sus pruebas cruciales: puede invertir todos los significados, dar la vuelta a la transgresión moral definitiva, haciendo de la víctima el perpetrador, y del perpetrador la víctima.

Es llamativo que el delito capital por el que tanto Pretti como Renée Good – a la que semanas antes un agente del ICE disparó múltiples veces a quemarropa en Minneapolis – fueron ejecutados sumariamente fue el crimen de ser testigo. Good observaba el trabajo del ICE desde su coche. Pretti estaba grabando a agentes de la Patrulla Fronteriza en la calle. Ambos estaban realizando la tarea que las democracias asignan a los ciudadanos: prestar atención al funcionamiento del poder. Si el precio de la libertad es la vigilancia eterna, un país que inflige el castigo último a quienes se atreven a estar vigilantes ya no puede ser libre.

La vigilancia es la forma de resistencia más peligrosa porque obstruye el proyecto de habituación del régimen de Trump. El fascismo funciona haciendo normal lo extremo. El hábito, como dice Samuel Beckett, es un gran amortiguador. Ha sido evidente desde el inicio del segundo mandato de Trump que está intentando que la visión de hombres armados y enmascarados con poderes prácticamente ilimitados sea algo a lo que l@s usamerican@s se acostumbren.

Primero desplegando tropas de la Guardia Nacional en Los Ángeles y otras ciudades, luego enviando contingentes del ICE a Washington, Memphis, Nashville, Atlanta, Charlotte, Nueva Orleans, Brownsville, Las Vegas, Los Ángeles, Filadelfia, Newark, Boston, Chicago, Detroit, Indianápolis y Minneapolis, el régimen está redefiniendo no solo las normas legales y políticas, sino la normalidad misma. Está haciendo rutinaria la amenaza de violencia estatal arbitraria, integrándola en el tejido de la vida urbana diaria. La esperanza es que la mayoría de l@s usamerican@s puedan ser educad@s para seguir con sus preocupaciones mundanas incluso mientras son visiblemente ocupad@s.

Sé, por cierto, que esto es muy posible. Durante treinta años, en partes de mi Irlanda natal, tropas con ametralladoras agazapadas en portales de tiendas o merodeando en los patios traseros de casas ordinarias eran algo tan asumido que, si acaso, se veían de reojo. Lo que siempre está allí acaba por no estar casi en absoluto.

Este procedimiento de habituación es también un proceso de escalada. La toma del poder autoritaria en una democracia consolidada debe ser gradual. Y las gradaciones son principalmente morales. La población debe ser insensibilizada. La gente debe acostumbrarse a imágenes de niños pequeños secuestrados por agentes enmascarados no identificados. Debe aclimatarse a ver a mujeres jóvenes siendo agarradas y metidas en furgonetas sin identificar por hombres sin rostro; deben aprender a no reconocer un secuestro.

Deben familiarizarse con las desapariciones oficiales, una idea antes confinada a las tinieblas más allá de la frontera sur pero ahora completamente domesticada. Deben acostumbrarse a los asesinatos, primero a las muertes oscuras y apartadas de migrantes: treinta y dos personas murieron bajo custodia del ICE en 2025, a menudo por la negativa de las autoridades a tratar condiciones médicas agudas. Y luego deben acostumbrarse a los asesinatos públicos, abiertos y flagrantes de ciudadan@s usamerican@s. En esta lógica de escalada, una ejecución sumaria a sangre fría no es un accidente. Es un clímax. El asesinato de Alex Pretti era en sí mismo un acto obviamente intencional, pero también era políticamente deliberado. Tras la muerte de Renée Good el 7 de enero, una administración que no estuviera empeñada en establecer una autocracia habría detenido los despliegues masivos del ICE. La muerte de Good habría sido tratada como un desastre, no solo una calamidad privada, sino un terrible error gubernamental. Trump habría dejado claro que nunca se había querido que sucediera.

Por supuesto, él y sus subordinados hicieron exactamente lo contrario, calificando a Good de terrorista doméstica y justificando su muerte como un acto de legítima defensa individual e institucional. Pero para que esta táctica no fuera excepcional, para establecer tales ejecuciones como parte del orden de las cosas, la muerte de Good no podía ser un caso aislado. Tenía que haber una doble apuesta. Los terroristas domésticos, por definición, no vienen solos. Son múltiples, y las acciones necesarias para defenderse de ellos también deben multiplicarse.

Esto no significa que el asesinato de Pretti fuera específicamente ordenado. Pero el modelo para ello ciertamente se preparó de antemano. “Sentencia primero, veredicto después”, dice la Reina de Corazones de Lewis Carroll. Aquí es un caso de justificación primero, ejecución después. La licencia para matar a Pretti se emitió cuando Good fue redefinida como una terrorista doméstica que intentaba matar a un agente.

El cuerpo aún caliente de Pretti fue encajado en esta narrativa preformulada. Era un asesino en masa frustrado. A las pocas horas de su asesinato, el asesor principal de Trump, Stephen Miller, publicó en X: “Un aspirante a asesino intentó asesinar a agentes federales de la ley y la cuenta oficial demócrata se pone del lado de los terroristas”. Tanto Gregory Bovino, entonces comandante general de la Patrulla Fronteriza, como Tricia McLaughlin, subsecretaria de Seguridad Nacional, afirmaron que Pretti estaba a punto de “causar el máximo daño y masacrar a las fuerzas del orden”. La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, usó casi exactamente la misma frase, dejando pocas dudas de que había sido elaborada conscientemente.

La gran mentira de la amenaza supuestamente planteada por Good se agranda aquí deliberadamente. Good estaba realizando “terrorismo doméstico”; Miller pasó al plural, haciendo de Pretti simplemente uno de “los terroristas” (como no tienen número, podrían ser legión). Good intentaba matar a un agente. Pretti planeaba una masacre, no solo de los agentes presentes, sino de “las fuerzas del orden” mismas. La grotesca inflación del lenguaje por parte de Trump, su transformación de los políticos opositores en monstruos, está ahora plenamente integrada en la violencia callejera organizada de su régimen. Así debe ser siempre en el estado autoritario: la amenaza existencial solo puede ser derrotada si quienes la encarnan pueden ser privados de sus propias existencias.

No importa que esta historia exagerada sea más difícil de hacer creíble que el tipo habitual de mentira oficial que caracteriza tales asesinatos simplemente como desafortunados accidentes cuya verdadera causa es imposible de determinar. Hacer que la gente acepte un relato vagamente creíble es una manifestación menor de poder absoluto que hacer que acepten, o mejor aún, que simplemente se encojan de hombros ante, uno increíblemente inverosímil. Existe, en gran parte de los medios usamericanos, un hábito aprendido de encogerse de hombros, una evitación civilizada de llamar a una ocupación una ocupación, a una mentira una mentira, a un asesinato un asesinato. Como señaló Jem Bartholomew en la Columbia Journalism Review poco después del asesinato de Pretti, “la prensa todavía es tímida para denunciar directamente las mentiras de la administración”. Pero esta timidez fuera de lugar en realidad aviva las llamas. Cuando los incendiarios están en la Casa Blanca y sus objetivos son todos los límites legales, institucionales, políticos, cívicos y morales a la capacidad de Trump de hacer, como proclama tan abiertamente, “lo que yo quiera”, el amortiguamiento del lenguaje tiene consecuencias fatales.

Así, incluso mientras el New York Times hizo un excelente trabajo analizando las imágenes de video de la ejecución de Pretti, inicialmente recurrió a la conclusión sosa de que “los videos analizados por el New York Times parecen contradecir las versiones federales del tiroteo”. ¿Parecen? Como el periódico reconoció implícitamente más tarde, la verdad es que “los videos contradicen directamente las descripciones del encuentro por parte de funcionarios de la administración”. Es bueno que el recurso instintivo a la circunlocución difusa se superara finalmente, pero seguramente, una vez que el análisis del periódico mostró definitivamente que la administración mentía descaradamente sobre un asesinato oficial, eso debería haber sido el titular más crudo.

Mientras tanto, el consejo editorial del Wall Street Journal declaró que, aunque no merecía ser asesinado a tiros, “Pretti cometió un error trágico al interferir con agentes del ICE”. Su error fue que “intentó, tontamente, ayudar a una mujer que había sido rociada con gas pimienta por agentes”. Se desprende claramente del resto del artículo que el Journal cree que la administración Trump miente sobre su asesinato injustificado de un ciudadano usamericano, pero el peso de esta verdad por lo demás asombrosa se diluye con la sugerencia de que, después de todo, era un tonto. En un Estado autoritario, ¿quién, sino un tonto, intentaría ayudar a una mujer rociada con gas pimienta por las tropas de choque del gran líder?

El pecado de la “interferencia” cívica es, de hecho, la gracia salvadora de la democracia. Good, Pretti y miles de otr@s ciudadan@s han estado interponiéndose en el derrocamiento armado de las libertades democráticas haciendo lo que se supone que debe hacer el periodismo: prestar atención a la realidad efectiva, sobre el terreno. El teléfono que Pretti tenía en la mano era una conexión con una determinación comunitaria de rechazar el narcótico de la normalización. Los videos que exponen la trumperia [neologismo para mendacidad] de la administración sobre su propio uso de la violencia extrema contra la disidencia pacífica son en sí mismos productos del valor de presentarse, de estar allí, de ver por uno mismo, impulsos que se supone que los periodistas valoran por encima de todos los demás, además del uso de un lenguaje preciso para nombrar lo que se ve.

El desafío que presentan los videos es el de una evidencia incómodamente irrebatible: prueba de ejecuciones sancionadas y del mentir sistemático de un gobierno. Si las pruebas tan valientemente recopiladas no conducen a una profunda reversión, la cesión temporal de Trump a la indignación pública (diluyendo la campaña de difamación contra Pretti, retirando a Bovino de Minneapolis y colocando a los dos agentes que dispararon a Pretti en licencia administrativa) será solo una retirada táctica, otra etapa en la habituación gradual de l@s usamerican@s a la aplicación arbitraria de la ley marcial. El nombre de la condición a la que USA se habrá rendido está escrito por todas partes en los libros de historia de Europa.

MinneapolICE : quand témoigner devient un crime puni de mort
“La sentence d’abord, le verdict ensuite”

Renée Good et Alex Pretti ont été assassinés pour avoir osé entraver les efforts de l’administration Trump visant à banaliser les kidnappings et la violence d’État.

 


Renée Good et Alex Pretti ; illustrations de John Brooks 

Fintan O’Toole, The New York Review , 28/1/2026
Traduit par Tlaxcala

Fintan O’Toole (1958) est éditeur conseil à The New York Review et chroniqueur au quotidien  Irish Times. Son livre For and Against a United Ireland  (Pour et contre une Irlande unie), coécrit avec Sam McBride, paraîtra aux USA en février 2026) @fotoole


Le désir de Donald Trump de tout baptiser de son nom, du Centre Kennedy au golfe du Mexique (« Je voulais l’appeler le golfe de Trump », a-t-il déclaré en janvier), peut sembler presque comiquement puéril. Mais cette plaisanterie est devenue meurtrière : son régime étiquette « terroristes » ceux qu’il exécute et traîne leur nom dans la boue. Cet renommage est une affirmation de pouvoir absolu, et les USA sont à un moment où la prétention de Trump à la domination du langage est devenue mortelle – tant pour les individus que pour la république elle-même. Si le meurtre d’Alex Pretti dans les rues de Minneapolis ne peut être appelé meurtre, un régime autoritaire a réussi l’une de ses épreuves cruciales : il peut inverser tous les sens, retourner la transgression morale ultime, faisant de la victime le coupable, et du coupable la victime.

Il est frappant que le crime capital pour lequel Pretti et Renée Good – abattue de plusieurs balles à bout portant par un agent de l’ICE à Minneapolis quelques semaines plus tôt – ont été sommairement exécutés, soit le crime de témoignage. Good observait le travail de l’ICE depuis sa voiture. Pretti filmait des agents de la Patrouille frontalière dans la rue. Tous deux s’acquittaient de la tâche que les démocraties assignent aux citoyens : être attentifs au fonctionnement du pouvoir. Si le prix de la liberté est une vigilance éternelle, un pays qui inflige le châtiment ultime à ceux qui osent être vigilants ne peut plus être libre.

La vigilance est la forme de résistance la plus dangereuse car elle entrave le projet d’accoutumance du régime Trump. Le fascisme opère en rendant l’extrême normal. L’habitude, comme le dit Samuel Beckett, est une grande anesthésiante. Il est évident depuis le début du second mandat de Trump qu’il tente de faire en sorte que la vue d’hommes armés et masqués aux pouvoirs pratiquement illimités devienne familière aux USAméricains.

D’abord en déployant des troupes de la Garde nationale à Los Angeles et dans d’autres villes, puis en envoyant des contingents de l’ICE à Washington, Memphis, Nashville, Atlanta, Charlotte, La Nouvelle-Orléans, Brownsville, Las Vegas, Los Angeles, Philadelphie, Newark, Boston, Chicago, Détroit, Indianapolis et Minneapolis, le régime redéfinit non seulement les normes juridiques et politiques, mais la normalité elle-même. Il rend routinière la menace d’une violence d’État arbitraire, l’intégrant au tissu de la vie urbaine quotidienne. L’espoir est que la plupart des USAméricains puissent être éduqués à vaquer à leurs occupations ordinaires tout en étant visiblement occupés.

Je sais, d’ailleurs, que c’est tout à fait possible. Pendant trente ans, dans certaines régions de mon Irlande natale, des soldats avec des mitraillettes tapis dans l’embrasure des boutiques ou rôdant dans les arrière-cours des maisons étaient tellement considérés comme allant de soi qu’on ne les voyait, si on les voyait, que du coin de l’œil. Ce qui est toujours présent finit par être à peine là.

Cette procédure d’accoutumance est aussi un processus d’escalade. La prise de pouvoir autoritaire dans une démocratie bien établie doit être graduelle. Et les gradations sont principalement morales. La population doit être désensibilisée. Les gens doivent s’habituer aux images d’enfants enlevés par des agents masqués non identifiés. Ils doivent s’acclimater à voir de jeunes femmes saisies et embarquées dans des camionnettes banalisées par des hommes sans visage ; ils doivent apprendre à ne pas reconnaître un kidnapping.

Ils doivent se familiariser avec les disparitions officielles – une idée autrefois confinée aux ténèbres au-delà de la frontière sud, mais maintenant pleinement domestiquée. Ils doivent s’habituer aux meurtres – d’abord aux morts obscures et isolées de migrants : trente-deux personnes sont mortes en détention de l’ICE en 2025, souvent à cause du refus des autorités de traiter des affections médicales aiguës. Et puis ils doivent s’habituer aux meurtres publics, ouverts et flagrants de citoyens usaméricains. Dans cette logique d’escalade, une exécution sommaire de sang-froid n’est pas un accident. C’est un point culminant. Le meurtre d’Alex Pretti était en soi un acte manifestement intentionnel, mais il était aussi politiquement délibéré. Après la mort de Renée Good le 7 janvier, une administration qui ne serait pas déterminée à instaurer une autocratie aurait mis un terme aux déploiements massifs de l’ICE. La mort de Good aurait été traitée comme un désastre – pas seulement une tragédie privée, mais une terrible bévue gouvernementale. Trump aurait clairement indiqué que cela n’aurait jamais dû arriver.

Bien sûr, lui et ses subordonnés ont fait exactement le contraire, qualifiant Good de terroriste intérieure et justifiant son meurtre comme un acte de légitime défense individuelle et institutionnelle. Mais pour que cette tactique devienne banale, pour établir de telles exécutions comme faisant partie de l’ordre des choses, la mort de Good ne pouvait être un cas isolé. Il fallait doubler la mise. Les terroristes intérieurs, par définition, ne viennent pas seuls. Ils sont multiples – et les actions nécessaires pour s’en défendre doivent aussi être multipliées.

Cela ne signifie pas que le meurtre de Pretti ait été spécifiquement ordonné. Mais le modèle était certainement préparé à l’avance. « La sentence d’abord – le verdict ensuite », dit la Reine de Cœur de Lewis Carroll. Ici, c’est un cas de justification d’abord, exécution ensuite. La licence de tuer Pretti a été émise lorsque Good a été redéfinie comme une terroriste intérieure tentant de tuer un agent.

Le corps à peine refroidi de Pretti a été enfoncé dans ce récit préformulé. C’était un tueur de masse contrarié. Quelques heures après son meurtre, le conseiller principal de Trump, Stephen Miller, a posté sur X : « Un assassin potentiel a tenté de tuer des forces de l’ordre fédérales et le compte officiel démocrate prend le parti des terroristes. » Tant Gregory Bovino, alors commandant suprême de la Patrouille frontalière, que Tricia McLaughlin, secrétaire adjointe à la Sécurité intérieure, ont affirmé que Pretti était sur le point de « faire un maximum de dégâts et de massacrer les forces de l’ordre ». La secrétaire à la Sécurité intérieure, Kristi Noem, a utilisé presque exactement la même expression, laissant peu de doute sur le fait qu’elle avait été consciemment élaborée.

Le grand mensonge de la menace prétendument posée par Good est ici délibérément amplifié. Good s’était livrée à du « terrorisme intérieur » ; Miller est passé au pluriel, faisant de Pretti simplement l’un « des terroristes ». (Puisqu’ils sont innombrables, ils pourraient être légion.) Good tentait de tuer un agent. Pretti planifiait un massacre – pas seulement des agents présents, mais des « forces de l’ordre » elles-mêmes. L’inflation grotesque du langage par Trump, sa diabolisation des politiciens d’opposition, sont désormais pleinement intégrées à la violence organisée de rue de son régime. Ainsi doit-il en être toujours dans l’État autoritaire : la menace existentielle ne peut être vaincue que si ceux qui l’incarnent peuvent être privés de leur existence même.

Peu importe que cette histoire enflée soit plus difficile à rendre crédible que le mensonge officiel habituel qui caractérise de tels meurtres comme de simples accidents malheureux dont la cause réelle est impossible à déterminer. Amener les gens à accepter un récit vaguement crédible est une manifestation de pouvoir absolu moindre que de les amener à accepter – ou mieux encore, à simplement hausser les épaules devant – un récit incroyable au possible. Il y a, dans une grande partie des médias usaméricains, une habitude acquise de haussement d’épaules, une retenue civilisée à ne pas appeler une occupation une occupation, un mensonge un mensonge, un meurtre un meurtre. Comme l’a noté Jem Bartholomew dans la Columbia Journalism Review peu après le meurtre de Pretti, « la presse est encore réticente à dénoncer directement les mensonges de l’administration ». Mais cette timidité déplacée attise en réalité le feu. Quand les incendiaires sont à la Maison Blanche et que leurs cibles sont toutes les limites légales, institutionnelles, politiques, civiques et morales à la capacité de Trump de faire, comme il le proclame si ouvertement, « tout ce que je veux », l’anesthésie du langage a des conséquences fatales.

Ainsi, même si le New York Times a fait un excellent travail en analysant les images vidéo de l’exécution de Pretti, il a initialement eu recours à la conclusion anodine que « les vidéos analysées par le New York Times semblent contredire les récits fédéraux de la fusillade ». Semblent ? Comme le journal l’a implicitement reconnu plus tard, la vérité est que « les vidéos contredisent directement les descriptions de l’incident par les responsables de l’administration ». Il est bon que le réflexe instinctif de la circonlocution floue ait finalement été surmonté, mais assurément, une fois que l’analyse du journal a montré de manière définitive que l’administration mentait effrontément au sujet d’un meurtre officiel, cela aurait dû faire les titres les plus crus.

Pendant ce temps, le comité de rédaction du Wall Street Journal déclarait que bien qu’il ne méritât pas d’être abattu, « Pretti a commis une erreur tragique en interférant avec des agents de l’ICE ». Son erreur était d’avoir « tenté, stupidement, d’aider une femme qui avait été gazée au poivre par des agents ». Il ressort clairement du reste de l’article que le Journal croit que l’administration Trump ment au sujet de son meurtre injustifié d’un citoyen usaméricain, mais la portée de cette vérité par ailleurs stupéfiante est diluée par la suggestion qu’il était, après tout, un imbécile. Dans un État autoritaire, qui, à part un imbécile, tenterait d’aider une femme gazée au poivre par les troupes de choc du grand leader ?

Le péché d’« interférence » civique est en fait la grâce salvatrice de la démocratie. Good, Pretti et des milliers d’autres citoyens ont entravé le renversement armé des libertés démocratiques en faisant ce que le journalisme est censé faire : prêter attention à la réalité effective, sur le terrain. Le téléphone que Pretti avait à la main était un lien avec une détermination communautaire à refuser le narcotique de la normalisation. Les vidéos qui exposent les trumperies de l’administration sur son propre usage d’une violence extrême contre une dissidence pacifique sont elles-mêmes le produit du courage de se montrer, d’être là, de voir par soi-même – des impulsions que les journalistes sont censés valoriser par-dessus tout, à côté de l’usage d’un langage précis pour nommer ce que l’on voit.

Le défi que posent les vidéos est celui d’une preuve inconfortablement irréfutable : la preuve d’exécutions sanctionnées et du mensonge systématique d’un gouvernement. Si les preuves si courageusement rassemblées ne mènent pas à un profond renversement, le recul temporaire de Trump face à l’indignation publique (atténuant la campagne de diffamation contre Pretti, retirant Bovino de Minneapolis, et plaçant les deux officiers ayant abattu Pretti en congé administratif) ne sera qu’une retraite tactique , une autre étape dans l’accoutumance progressive des USAméricains à l’application arbitraire de la loi martiale. Le nom de la condition à laquelle les USA se seront rendus est écrit en toutes lettres dans les livres d’histoire de l’Europe.

27/01/2026

Minneapolis, Palestine occupée

Ci-dessous, traduits par Tlaxcala, trois articles suscités par l’exécution, commise de sang-froid, d’Alex Peretti à Minneapolis. Une mort de trop, après celle de Renee Nicole Good et qui soulève une tempête d’indignation au-delà du Minnesota.

Là où le trottoir finit, les mensonges commencent : sur l’exécution d’Alex Pretti

Jeffrey St. Clair, CounterPunch, 26/1/2026

Jeffrey St. Clair est coéditeur de CounterPunch. Son dernier ouvrage s'intitule An Orgy of Thieves: Neoliberalism and Its Discontents (avec Alexander Cockburn). sitka[at]comcast[dot]net  ou @JeffreyStClair3.

Voici ce que j’ai vu après avoir visionné plusieurs vidéos de l’exécution d’Alex Pretti : L’infirmier de l’administration des anciens combattants Alex Pretti, que Gregory Bovino a dit vouloir causer des "dégâts maximum", essayait de protéger une femme qui se faisait asperger de gaz poivré, un acte d’humanité qui a mis en rage les agents de la CBP (Patrouille frontalière) qui se sont ensuite jetés sur lui en masse, lui aspergeant le visage de gaz poivré. Il tenait un téléphone portable à la main lorsque huit agents se sont rués sur lui et l’ont violemment projeté sur le bitume. Avec six agents de l’immigration sur lui, Alex Pretti aurait facilement pu être « chauviné »  [Derek Chauvin, le meurtrier de George Floyd, NdT] à mort... s’ils n’avaient pas décidé de lui tirer dessus. Il avait un pistolet dans un étui, pour lequel il avait un permis (et un droit divin, selon Trump et la NRA) de « port apparent ». Et cette arme lui a été prise par un agent qui s’est éloigné, puis ils lui ont tiré dessus à plusieurs reprises à seulement quelques centimètres, jusqu’à 10 coups en moins de cinq secondes.

La tentative de dissimulation a eu lieu immédiatement. Alors que la bande d’officiers se dispersait comme un atome fissuré du corps inerte de Pretti après les coups de feu, ils se sont tournés directement vers la foule qui avait filmé et hurlé d’horreur face à l’exécution qu’elle venait de voir. Sorti le gaz poivré. Sorties les matraques. Sorties les armes. Ils ont tenté de détenir les témoins et de voler leurs téléphones portables. L’homicide est un crime d’État. Mais le DHS (Sécurité intérieure), une fois de plus, comme dans le cas de Renee Good, a empêché la police d’État du Minnesota d’enquêter sur la mort d’un résident du Minnesota et citoyen usaméricain, et le FBI a mis fin à toute enquête interne sur les tirs. Ils ont refusé de révéler l’identité du tireur, l’ont retiré du Minnesota vers une autre juridiction et l’ont remis en liberté. C’est la preuve de la culpabilité. C’est aussi la preuve que les tactiques de « côté obscur » de Cheney [« Pour se protéger, les USA devront travailler du côté obscur », déclaration  après le 11 septembre, NdT] ne sont plus réservées aux sites noirs [prisons secrètes de  la CIA, NdT]. Elles sont rentrées au bercail pour sévir contre les USAméricains en plein jour...

Noem, Bovino et Trump ont été prêts à calomnier le cadavre d’un homme qui travaillait pour leur propre gouvernement, prodiguant des soins aux anciens combattants usaméricains. Un citoyen usaméricain, né de citoyens usaméricains. Un homme sans casier judiciaire, qui n’avait commis aucun acte criminel lorsqu’il a été abattu, si ce n’est essayer de se protéger et de protéger les autres des brutalités d’agents fédéraux masqués, lourdement armés. Ils l’ont souillé avant de savoir quoi que ce soit sur lui. Ils l’ont vilipendé avant même que son sang n’ait gelé sur le trottoir. Ils l’ont diffamé avant même d’avoir vu les vidéos de son meurtre. Ils l’ont sali après avoir vu les vidéos de son meurtre. Ils l’ont blâmé parce qu’il était irréprochable. Ils l’ont diffamé pour cacher leur propre culpabilité. Une culpabilité qui court de ce trottoir de Minneapolis aux bureaux de la Patrouille frontalière, au QG du DHS, jusqu’à la Maison Blanche. Les mensonges, si outranciers, si transparents, sont la preuve de leur culpabilité.

Puis sont venus les mensonges. Il avait une arme à la main et était prêt à tirer. Il préparait un massacre. Il était chargé de munitions. C’était un terroriste intérieur. C’était un assassin. Il était armé quand ils lui ont tiré dessus. Tous des mensonges. Des mensonges proférés par certaines des personnes les plus haut placées du gouvernement. Des mensonges qui se sont ensuite déversés directement dans le conglomérat médiatique de droite. Des mensonges qui se sont propagés comme un virus dévoreur d’esprit à travers les 30 pour cent du pays avides de croire tout ce que Trump et son régime leur disent. Mentir est à peu près la seule production dont ce régime est capable.

Les mensonges ne sont même pas créatifs. Ils sont pro forma. Ils les disent pour dissimuler l’impunité accordée aux agents meurtriers de l’État, qui ont été libérés des entraves de la Constitution et ont reçu licence de piller et saccager, détenir et tuer à volonté. Mais combien de temps même les partisans les plus serviles de ce régime seront-ils prêts à avaler les mensonges sans être secoués par une nausée profonde ? Les pro-vie ? Les évangéliques ? La NRA ? Jusqu’où toléreront-ils ? Après tout, des agents fédéraux ont désarmé Alex Pretti, puis lui ont tiré dessus. On ne pourrait pas écrire une parabole plus déchirante pour les mises en garde de Charlton Heston sur le caractère sacré du droit aux armes face à la tyrannie toutes ces années. Cette exécution odieuse fera-t-elle enfin que la NRA se retourne contre Trump ? N’y comptez pas. Comme le Sierra Club, la NRA s’intéresse plus à l’argent et à l’accès au pouvoir qu’aux causes pour lesquelles elle collecte des fonds, et l’organisation est peu susceptible de compromettre sa relation avec Trump, même si elle est à sens unique. Ses membres, cependant, peuvent penser différemment.

Voici une façon dont les comparaisons entre l’Allemagne nazie et l’USAmérique MAGA échouent : la plupart des dirigeants nazis n’étaient pas aussi stupides que les gens dont Trump s’est entouré, comme Noem, Patel, Homan et Bondi. Il n’a pas embauché ces gens-là pour leur compétence mais pour leur loyauté aveugle. En fait, il préfère que ses subalternes soient amoraux et incompétents, manquant de connaissance et d’intérêt pour les lois et les organisations qu’ils sont censés superviser. Hitler a purgé la SA lors de la Nuit des Longs Couteaux pour une raison. (Comme Jim Bovard me l’a rappelé, « Après ce carnage, le Reichstag contrôlé par les nazis a adopté une ‘loi’ qui légalisait rétroactivement tous les meurtres de la purge. Tout comme la loi sur les commissions militaires de 2006 a légalisé rétroactivement la torture. ») Bien que ses malfrats aient été essentiels pour lui assurer le pouvoir, ils étaient un handicap pour l’y maintenir. Trump lui-même est trop vaniteux et trop peu sûr de lui pour réaliser le danger tapi dans le ventre de la bête et cela pourrait bien causer sa perte.

Mais les gens qui étaient dans la rue glaciale ce matin-là pour documenter savent exactement ce qui s’est passé. Ils l’ont entendu. Ils l’ont vu. Ils l’ont ressenti. Ils ont senti l’odeur de cordite des coups de feu. Ils ont vu le sang couler. Ils ont vu les agents se disperser après ce qu’ils avaient fait. Ils savaient qui avait commencé. Ils savaient qui avait mis fin à la vie d’une personne dont le métier était de sauver des vies. Imaginez leur colère et leur dégoût en entendant leur propre gouvernement raconter de viles fables sur ce qui s’était passé. S’ils mentent sur ça, sur quoi ne mentiront-ils pas ?



Un agent de la CBP est sorti avec l’arme sous licence d’Alex Pretti plusieurs secondes avant qu’il ne soit abattu. Image extraite d’une vidéo postée sur X.

Voici ce qui s’est passé, selon la déclaration sous serment signée par une personne qui se tenait à côté d’Alex Pretti et qui n’était qu’à quelques mètres de lui lorsqu’il a été plaqué au sol par une meute et abattu sur le trottoir.

Il était 8h50 du matin lorsqu’elle a entendu un sifflet avertissant que des agents de l’immigration étaient dans son quartier de Whittier à Minneapolis. Elle faisait partie d’un groupe communautaire qui observait et enregistrait les rafles de l’ICE et elle s’est rendue au carrefour voisin de l’avenue Nicolet et de la 26e  rue, où elle a vu un convoi de voitures de la CBP et de l’ICE et de nombreux agents rôdant dans la rue. Certains d’entre eux frappaient aux vitres et tentaient de tirer des gens de leurs voitures.

Alors qu’elle se garait, la témoin a vu un homme aider à faire circuler le trafic à travers le barrage routier tenté par les agents de l’immigration. Cet homme s’est révélé être Alex Pretti, un infirmier de la VA et intervenant rapide lors des rafles de l’ICE. Elle s’est garée et s’est approchée de Pretti et lui a dit : « Je vais filmer et utiliser mon sifflet ».

Ensemble, Pretti et la témoin ont vu un agent fédéral jeter quelqu’un au sol plus loin dans la rue. Pendant ce temps, de l’autre côté de la rue, des agents masqués harcelaient des manifestants, qui leur criaient dessus et sifflaient. Alex Pretti a commencé à filmer l’interaction avec son téléphone portable. Un agent s’est précipité vers eux et a aboyé qu’ils devaient reculer. La témoin a reculé lentement vers le trottoir. Mais Pretti est resté sur place et a continué à enregistrer la situation qui s’aggravait devant lui, où des agents avaient commencé à asperger de gaz poivré les deux observateurs. Alors que Pretti se déplaçait vers eux pour leur porter secours, un des agents a violemment poussé une femme sur la chaussée puis a commencé à asperger de gaz poivré les trois observateurs, y compris Pretti, qui, à ce moment-là, tenait ses deux mains au-dessus de sa tête et serrait toujours son téléphone portable - pas une arme, comme l’a prétendu le DHS.

L’agent a poussé Pretti, qui a trébuché, puis a retrouvé son équilibre et s’est penché pour aider la femme blessée. L’agent surexcité a aspergé les deux au visage de gaz poivré à bout portant. Il y avait tellement de gaz poivré dans l’air maintenant que la témoin sentait ses yeux brûler. Cinq autres agents masqués se sont précipités. Ils ont attrapé Pretti alors qu’il essayait d’aider la femme à se relever puis l’ont jeté sur la chaussée. Cinq ou six agents l’ont maintenu au sol. L’un des agents est sorti avec l’arme de Pretti, qui n’avait jamais quitté son étui, et a couru dans la rue en la tenant dans sa main, comme s’il s’agissait d’un trophée de guerre. Puis, la témoin a dit : « Ils ont juste commencé à tirer. Ils lui ont tiré dessus tellement de fois. Je ne sais pas pourquoi ils lui ont tiré dessus. Il ne faisait qu’aider. J’étais à cinq pieds et ils lui ont juste tiré dessus ».

Ceci est un récit précis et intime de la mort d’Alex Pretti. Il est corroboré par chaque vidéo du meurtre. Il expose les mensonges racontés par des personnes qui n’étaient pas là, mais qui ont toutes les raisons de mentir pour dissimuler leur propre complicité. Dans l’USAmérique MAGA, les mères, les prêtres, les poètes et les infirmiers sont désormais considérés comme des « terroristes intérieurs », et les hommes masqués qui les frappent, les gazent et leur tirent dessus sont des « forces de l’ordre ».


En 2014, JoAnn Wypijewski, Kevin Alexander Gray et moi avons édité un livre intitulé Killing Travyons: An Anthology of American Violence, qui était une chronique des abus de la police usaméricaine contre les minorités, en particulier les Noirs. On dirait que nous sommes tous des Trayvon maintenant. En l’espace de quelques jours, les stormtroopers (troupes de choc) de l’immigration de Trump ont abattu une poètesse et un infirmier. Qui sera le prochain ? Un aquarelliste ? Un enseignant de maternelle ? Une manucure ? Un entraîneur de T-ball ?

Nous vivons dans un pays où vous pouvez être accusé de résister à l’arrestation sans avoir commis de crime justifiant une arrestation. Nous vivons dans un pays où même les actes les plus passifs de défi et de résistance sont une excuse pour vous tuer. Les Noirs, les Hispaniques et les Autochtones ont connu cela depuis les premiers jours de la République. Maintenant, les USAméricains blancs ayant une conscience se retrouvent également dans le collimateur de leur propre gouvernement.

Nous vivons aussi dans un pays où les gens, des gens ordinaires, sont si révoltés par ce qui se passe qu’ils sont prêts à sortir tous les jours par des températures arctiques pour affronter et résister aux forces de style paramilitaire qui terrorisent leurs quartiers, sachant le genre de violence qui pourrait s’abattre sur eux.

Alex Pretti était l’un de ces USAméricains « ordinaires ». Il n’avait rien fait pour mériter d’être agressé, encore moins abattu. Il a fait ce pour quoi les infirmiers sont formés : aider quelqu’un qui a été blessé, une femme poussée au sol et aspergée de gaz poivré sans raison par un agent de la CBP, une femme qui n’avait rien fait non plus pour mériter ce traitement brutal. Alex Pretti n’était pas le « pire des pires ». Il était le meilleur du meilleur.

 


Bienvenue en Palestine, Minnesota : la vie sous occupation

M. Reza Behnam, Counterpunch, 27/01/2026

Le Dr. M. Reza Behnam est un politologue spécialisé dans la politique US et le Moyen-Orient.

 Israël est rentré au bercail au Minnesota. Les habitants de Minneapolis et de Saint-Paul sont devenus les Palestiniens du Minnesota. Les résidents des villes jumelles connaissent la perte de souveraineté et de droits civils que les Palestiniens subissent depuis plus de huit décennies.

L’État de l’Étoile du Nord a été assiégé par des milliers d’agents de l’ICE et de la Patrouille frontalière. Les villes jumelles sont désormais des communautés occupées, surveillées et attaquées par leur propre gouvernement.

Le militarisme, la violence et le terrorisme qu’Israël a répétés sur les Palestiniens à Gaza et en Cisjordanie occupées ont atteint le cœur de l’USAmérique et se sont infiltrés dans le système politique du pays.

Les similitudes tactiques et idéologiques entre l’ICE et les Forces d’occupation israéliennes sont facilement reconnaissables. Ces similitudes sont enracinées dans des décennies de programmes de formation conjoints, de technologie et de surveillance partagées. Des milliers d’agents fédéraux ont participé à des programmes israéliens de formation à la « sécurité ».

Simulant la réalité de l’occupation en Palestine, des agents fédéraux militarisés patrouillent dans les quartiers usaméricains, enlevant des résidents. Sans mandats, des hommes non identifiés armés de fusils d’assaut mènent des raids, tirent des gens de leurs maisons, les extraient de véhicules, les détiennent et même les tuent, comme en témoignent ce mois-ci les morts des citoyens usaméricains Renee Good et Alex Pretti. Les agents masqués traitent les manifestants comme des menaces, utilisant contre eux des armes chimiques et sublétales.

Des milliers de personnes ont été détenues de force et maintenues dans des centres de détention de l’ICE sans procédure légale. Depuis le début de 2026, six décès ont été enregistrés. Et en 2025, l’année la plus meurtrière de l’ICE en deux décennies, 32 personnes sont mortes.

En janvier 2026, plus de 9 350 Palestiniens sont détenus, la plupart sans inculpation, dans les prisons et centres de détention israéliens ; environ 350 sont des enfants. Et depuis le 7 octobre 2023, au moins 98 Palestiniens (le bilan étant probablement plus élevé) sont morts en détention israélienne.

Keith Ellison, procureur général du Minnesota, a parfaitement résumé la situation : « C’est de la tyrannie... Personne n’aurait jamais pensé que l’Amérique ressemblerait à ça. Nous n’avons plus besoin de spéculer sur ce à quoi ressemble le fascisme américain. Il est juste devant la porte ».

Notre USAmérique était destinée à ressembler à cela. Tout prétexte d’humanité a été abandonné lorsque le président Joe Biden, sioniste avoué, après le 7 octobre 2023, a donné son feu vert au massacre des Palestiniens et à la dévastation de Gaza, ce qu’il a continué à faire jusqu’à son départ le 20 janvier 2025.

En jetant le poids financier, militaire et politique de l’USAmérique derrière un génocide, et en ne respectant pas le droit international et humanitaire, l’administration Biden a préparé le terrain pour l’absence de loi interne et internationale de son successeur condamné. Une nation qui condamne le « crime des crimes », l’atrocité humaine ultime, favorise une culture de la violence qui finit inévitablement par se retourner vers l’intérieur.

Inéluctablement, l’idéologie sioniste de la violence et de la force a trouvé un foyer en USAmérique, où dans les communautés noires, brunes et autochtones, le maintien de l’ordre quasi-militaire a toujours été une réalité. La brutalité gagne maintenant du terrain dans des communautés majoritairement blanches, comme Minneapolis.

Gaza a réveillé la nation face à la réalité que tout ne va pas bien ; que l’USAmérique est un pays de lois, mais avec peu de justice, ce que les groupes minoritaires savent depuis longtemps. Une nation défendant les droits humains et la justice, comme les USA le proclament, aurait défendu et vigoureusement soutenu le peuple palestinien.

De la Palestine aux rues d’USAmérique, l’objectif semble être la soumission – terroriser les immigrants et ceux qui les protègent ; et réduire au silence les dissidents qui s’opposent à l’ « ordre mondial » envisagé par le complexe militaire, industriel, politique, médiatique et numérique (CMIPMN).

Les USA sont entrés dans le grave new world [allusion au « brave new world » d’Aldous Huxley, NdT] que le président Dwight D. Eisenhower avait prévu dans son discours d’adieu à la nation de janvier 1961.

Alors que l’administration Trump piétine la Constitution usaméricaine, la pertinence de l’avertissement d’Eisenhower contre « l’influence injustifiée » du « complexe militaro-industriel » et sa supplication de ne jamais le laisser « mettre en danger nos libertés ou processus démocratiques » ne peut être sous-estimée :

« Cette conjonction d’une immense institution militaire et d’une grande industrie de l’armement est nouvelle dans l’expérience américaine. Son influence totale, économique, politique, spirituelle même, est ressentie dans chaque ville, dans chaque Parlement d’État, dans chaque bureau du Gouvernement fédéral. Nous reconnaissons le besoin impératif de ce développement. Mais nous ne devons pas manquer de comprendre ses graves implications. Notre labeur, nos ressources, nos gagne-pain… tous sont impliqués ; ainsi en va-t-il de la structure même de notre société.

Dans les assemblées du gouvernement, nous devons donc nous garder de toute influence injustifiée, qu’elle ait ou non été sollicitée, exercée par le complexe militaro-industriel. Le risque potentiel d’une désastreuse ascension d’un pouvoir illégitime existe et persistera. Nous ne devons jamais laisser le poids de cette combinaison mettre en danger nos libertés et nos processus démocratiques. Nous ne devrions jamais rien prendre pour argent comptant. Seule une communauté de citoyens prompts à la réaction et bien informés pourra imposer un véritable entrelacement de l’énorme machinerie industrielle et militaire de la défense avec nos méthodes et nos buts pacifiques, de telle sorte que sécurité et liberté puissent prospérer ensemble. »

La guerre a été centrale pour le CMIPMN, comme elle l’a été pour les USA et Israël. Elle a été fondamentale pour l’idéologie coloniale de peuplement d’Israël, l’expansion étant justifiée comme défense. Elle a également été cruciale dans la poursuite de la domination mondiale par l’USAmérique, l’hégémonie économique étant camouflée en défense de la démocratie et de la liberté.

En Israël, le projet sioniste de détruire une culture ancienne et d’éliminer son peuple est déguisé en « défense » de la nation. Et aux USA, le régime Trump utilise le leitmotiv de la « sécurisation du pays » contre les immigrants sans papiers pour justifier sa cruauté et l’étouffement des libertés et des droits. Il a également utilisé le matraquage habituel sur  « l’antisémitisme » pour détenir et expulser ceux qui s’opposent à la guerre génocidaire d’Israël et qui soutiennent une Palestine libre.

Le CMIPMN a également eu une puissante influence sur la formation et la manipulation de la pensée sociétale.

Le partenariat de Washington avec Israël a favorisé la dérive de l’USAmérique vers le proto-fascisme. La suprématie juive sioniste, la diabolisation des Palestiniens, l’unité nationale construite sur des récits de menace externe, et la fétichisation de la culture militaire ont trouvé un terrain fertile dans le paysage trumpien.

L’union des régimes usraéliens a engendré en USAmérique un environnement réceptif à la suprématie blanche et à la diabolisation et au bouc émissaire des immigrants, des minorités et des gauchistes. Bon nombre des mesures qu’Israël a utilisées pour terroriser les Palestiniens sont désormais employées par les agents fédéraux contre les USAméricains ; par exemple, la détention et l’emprisonnement sans procédure légale, les invasions de domicile, les enlèvements, la séparation des enfants de leurs familles, et l’utilisation d’enfants comme boucliers humains.

L’agenda de déportation massive de Trump est un outil de contrôle social ; une façon d’éroder les libertés civiles fondamentales et de terroriser les populations vulnérables. Comme leurs homologues palestiniens, cependant, les habitants du Minnesota sont restés inflexibles malgré le danger. En réaction à l’occupation militaire de leurs villes, ils ont défié en mobilisant une opposition efficace, donnant vie à des mouvements de résistance.

La rébellion de Gaza du 7 octobre 2023 a modifié la perception d’Israël et leur propre gouvernement par les USAméricains. En mettant les intérêts des Israéliens au-dessus du bien-être des USAméricains, les administrations US, particulièrement Biden et Trump, ont rompu le contrat social.

La Déclaration d’Indépendance de 1776, avec son message de droits inaliénables et de résistance à la tyrannie, fait écho à la lutte des USAméricains en 2026, et à la quête de longue date d’autodétermination des Palestiniens depuis huit décennies.

Les usurpations et abus au Minnesota et en Palestine occupée exigent que nous nous souvenions, avec les mots de Thomas Jefferson, que :

« Les gouvernements sont établis parmi les hommes pour garantir ces droits, et leur juste pouvoir émane du consentement des gouvernés. Toutes les fois qu'une forme de gouvernement devient destructive de ce but, le peuple a le droit de la changer ou de l'abolir et d'établir un nouveau gouvernement, en le fondant sur les principes et en l'organisant en la forme qui lui paraîtront les plus propres à lui donner la sûreté et le bonheur. La prudence enseigne, à la vérité, que les gouvernements établis depuis longtemps ne doivent pas être changés pour des causes légères et passagères, et l'expérience de tous les temps a montré, en effet, que les hommes sont plus disposés à tolérer des maux supportables qu'à se faire justice à eux-mêmes en abolissant les formes auxquelles ils sont accoutumés. Mais lorsqu'une longue suite d'abus et d'usurpations, tendant invariablement au même but, marque le dessein de les soumettre au despotisme absolu, il est de leur droit, il est de leur devoir de rejeter un tel gouvernement et de pourvoir, par de nouvelles sauvegardes, à leur sécurité future ». (Déclaration d'Indépendance, 4 juillet 1776)

 

Entre Tel Aviv et Minneapolis : quand l’État retourne sa violence contre les siens

Du déploiement d’agents fédéraux dans les villes usaméricaines à la « miliciasisation » de la police israélienne, le manuel est le même : utiliser la force de l’État pour réduire au silence la dissidence.

Yosef Yisrael, 25/1/2026

Correspondant étranger pour Channel 13 News, Israël  et doctorant en relations internationales et terrorisme

Les images de Minneapolis sont déchirantes. Alex Pretti, un infirmier de soins intensifs de 37 ans dans un hôpital pour anciens combattants – un homme qui a passé sa vie à soigner ceux qui ont servi – a été abattu par des agents fédéraux. Ce n’était pas un « terroriste intérieur », comme la rhétorique de la secrétaire à la Sécurité intérieure Kristi Noem pourrait le suggérer. C’était un citoyen qui, selon des témoins, est intervenu pour protéger une manifestante qui se faisait asperger de gaz poivré.

Le détail le plus terrifiant de la documentation disponible est que Pretti, propriétaire légal d’une arme, avait déjà été désarmé et était allongé au sol lorsque les coups fatals ont été tirés. Cette tragédie survient à peine deux semaines après la mort de Renee Good, une autre civile, dans une escalade elle aussi non provoquée. Encore plus glaçante que la violence elle-même : l’immunité automatique et totale accordée aux agents par Donald Trump et Kristi Noem. Au lieu de responsabilité, l’administration offre des mensonges et de la propagande pour justifier l’injustifiable.

Ces événements à Minneapolis ne sont pas seulement une tragédie usaméricaine ; ils sont un signe avant-coureur d’un changement mondial. Ils racontent l’histoire d’un régime utilisant son monopole de la violence pour instiller la terreur chez les citoyens qui s’y opposent. Ce qui était autrefois la marque des autocraties s’infiltre dans le monde démocratique lorsqu’il est dirigé par des leaders qui méprisent les valeurs démocratiques. Cela se passe aux USA sous Trump et Noem – et cela se passe en Israël sous Netanyahou et Ben Gvir.


Violences policières rigolardes contre des manifestants anti-Netanyahou à Tel Aviv, juillet 2023. Photo Itai Ron / Haaretz

En Israël, sous le ministre de la Sécurité nationale Itamar Ben Gvir, la police israélienne est méthodiquement transformée en milice politique. Ben Gvir, un extrémiste d’extrême droite exempté du service militaire et ayant des condamnations pour incitation au racisme et soutien au terrorisme, est un adepte de la violence parrainée par l’État. Pour lui, la vue de manifestants en sang ou l’arrestation brutale de manifestants pacifiques n’est pas un échec policier : c’est l’objectif. Il prospère sur les images de la force utilisée contre ceux qui osent protester contre le gouvernement.

La nature du pouvoir est de s’enraciner par la force. Dans une démocratie saine, les « freins et contrepoids » – les tribunaux indépendants, la presse libre et l’État de droit – agissent comme le barrage qui empêche le pouvoir de l’État de devenir une arme contre le peuple. Mais Trump et Netanyahou partagent le même manuel : démanteler les garde-fous pour permettre une montée incontrôlée de la force exécutive.

À la fois à Minneapolis et à Tel Aviv, la distance entre « maintien de l’ordre » et « exécution politique » rétrécit. En Israël, la perspective de tirs à balles réelles contre des manifestants ne semble plus être une crainte dystopique – elle semble être une réalité imminente.



22/01/2026

Minneapolis se levanta contra el terror del ICE

Monica Moorehead, Workers World, 20-1-2026

Traducido por Tlaxcala

Monica Gail Moorehead (Alabama, 1952) es una maestra jubilada, escritora y activista usamericana, miembra del Partido Mundial de Trabajadores (Workers World Party, WWP) desde 1972. Fue su candidata presidencial en 1996, 2000 y 2016.

Minneapolitan@s han convocado un paro laboral para el 23 de enero con el lema “Fuera ICE de Minnesota / Un Día de Verdad y Libertad: No trabajo, No escuela, No compras”. ¿Qué llevó a este llamado al combate que ha resonado tan ampliamente en todo el país?


https://www.facebook.com/events/s/ice-out-of-minnesota-day-of-tr/1772691910085908/
https://www.iceoutnowmn.com/


Desde que el presidente Donald Trump asumió el cargo, su administración supremacista blanca ha declarado una guerra racista y xenófoba contra los migrantes, desde Los Ángeles hasta Chicago y Nueva York. Se estima que 540,000 migrantes han sido deportados, incluidos aquellos en la frontera mexicana. (New York Times, 18 de enero)

Minneapolis se ha convertido en el epicentro de la lucha contra los agentes fascistas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), las tropas de asalto de la directora del Departamento de Seguridad Nacional, Kristi Noem. Comenzaron a inundar la ciudad con terror a principios de diciembre como parte de una operación federal más amplia, “Operation Metro Surge”. Esta oleada condujo al fatal tiroteo por parte del ICE de Renee Nicole Good, de 37 años, grabado para que el mundo lo viera el 7 de enero.

Los objetivos iniciales del ICE en Minneapolis fueron migrantes de Somalia. Trump se había referido a la comunidad somalí en USA, la población más grande fuera de ese país, como “basura” para justificar su objetivo de deportación, independientemente de su estatus de ciudadanía.

Las comunidades vecinas comenzaron a organizar una defensa a nivel de la ciudad para la comunidad somalí que inspiró al resto del país. Esta movilización coordinada incluyó el uso de equipos visuales y auditivos para advertir a la gente cuando el ICE invadía comunidades vulnerables, negocios, escuelas, iglesias, etc., “cazando” migrantes, recordando mucho a los días de los cazadores de “esclavos” en el Sur Profundo hace más de 200 años.

Si parece haber un paralelismo con las tácticas genocidas de las Fuerzas de Ocupación Israelíes en Gaza, no es una coincidencia. Durante dos décadas, los agentes del ICE se han estado entrenando con las FOI.


Manifestación de 10 000 personas el 10 de enero, tras el asesinato de Renee Good


Estudiantes de secundaria en una protesta anti-ICE en el Capitolio estatal en St. Paul, Minnesota, 14 de enero de 2026

El asesinato de Good aviva la solidaridad

Pero una vez que el asesinato de Renee Good, desarmada, indignó al país, la solidaridad con las comunidades migrantes se intensificó en toda la ciudad y el estado para contrarrestar la creciente represión del ICE. Ausentismos estudiantiles, mítines junto con otras formas de protesta electrizaron la ciudad, recordando las protestas militantes y las acciones de “no business as usual” en respuesta al linchamiento policial de George Floyd allí en mayo de 2020.

Además de los migrantes somalíes, el ICE ha detenido a indígenas, atacado y arrestado a una mujer discapacitada, disparado a un residente venezolano y atacado a personas negras, incluidos niños, con gas lacrimógeno y granadas aturdidoras, con impunidad.

El reaccionario Departamento de Justicia (DOJ) tuvo la audacia de pedir una investigación sobre la viuda de Good, Becca Good, por sus actividades políticas como monitora anti-ICE. Para justificar su asesinato, Noem se refirió a Renee Good, también monitora, como una “terrorista doméstica”.

Seis fiscales de Minnesota renunciaron al Departamento de Justicia en protesta por esta investigación falaz. Jonathan Ross, el agente del ICE que disparó a Good, no ha sido arrestado, y mucho menos acusado de asesinato en primer grado.


El ICE y la policía trabajan mano a mano

Mientras la heroica resistencia contra el ICE continúa, Trump ha amenazado con enviar 2,000 tropas de asalto más para reforzar las 1,000 enviadas originalmente en diciembre. Trump también anunció que está preparado para enviar 1,500 tropas a Minneapolis desde la 11ª División Aerotransportada del Ejército, con base en Alaska, invocando la Ley de Insurrección de 1807.

Esta ley federal le da al presidente la autoridad unilateral para desplegar tropas en cualquier ciudad en respuesta a una rebelión. Esta ley fue aplicada por última vez por el presidente George H.W. Bush durante la rebelión de Los Ángeles de 1992, cuando cuatro policías blancos fueron absueltos por un jurado completamente blanco por la salvaje paliza al motociclista negro Rodney King, grabada en video.

El gobernador de Minnesota, Tim Walz, y el alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, han pedido públicamente que el ICE abandone el estado tras el tiroteo de Good. Trump respondió pidiendo una investigación del DOJ contra estos dos líderes del Partido Demócrata.

Walz y Frey también han pedido protestas pacíficas y le han dado luz verde a la policía para arrestar y encarcelar a cualquier activista involucrado en confrontaciones militantes con el ICE.

El movimiento en Minneapolis se enfrenta no a uno, sino a dos frentes de represión estatal --- uno federal, proveniente del ICE y potencialmente del ejército, y el otro siendo la policía local y estatal. Estos dos frentes pueden tener distintos rangos de autoridad y tácticas, pero comparten el mismo objetivo en una sociedad capitalista --- mantener el orden social cuando se trata de defender los derechos de propiedad privada de la élite de la clase dominante. La conclusión es que ni la policía, ni el ICE, ni el ejército son amigos de los trabajadores y oprimidos, especialmente cuando las masas amenazan con rebelarse contra condiciones intolerables.

Este levantamiento de protesta no se limita a Minneapolis. Se siente en todo el país donde la injusticia social está mostrando su feo rostro. La convocatoria al paro laboral del 23 de enero en Minneapolis ha resultado en llamados a la solidaridad y la resistencia en otras ciudades que el ICE también ha invadido, incluidas Nueva York y Filadelfia, y la lista crece día a día.

La lucha heroica en Minneapolis muestra que a pesar de todo el terror del ICE junto con la brutalidad policial que se ha desatado, lo más decisivo es la resistencia de toda la clase, en solidaridad ante todo con los más oprimidos y marginados, Negros, Morenos e Indígenas. Y es esta solidaridad política lo que más temen la clase dominante y su Estado represivo.

Ha llegado el momento de abolir el ICE y la policía.