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18/03/2026

Cuanto más lo golpean, más fuerte se vuelve: la paradoja de Irán que escapa a la estupidez imperial

Tahar Lamri, 16-3-2026

Hay una categoría que falta en el debate sobre la guerra en curso contra Irán, y su ausencia explica por qué quienes la libran siguen equivocándose en todo.

Irán no es un movimiento partisano como el FLN argelino, que era un frente sin dogma unificador -coalición de nacionalistas, socialistas, comunistas, conservadores- unido por un único objetivo: expulsar al colonizador. No es Vietnam del Norte, que era un Estado en una parte del territorio con una doctrina exportable -el comunismo- pero dependiente de Moscú y Pekín y geográficamente limitado. Hamás, Hezbolá, los hutíes son milicias, entidades subnacionales que utilizan tácticas de guerrilla porque no tienen alternativa: su asimetría es forzada, no elegida.

Irán es algo diferente e históricamente nuevo: representa el primer caso histórico de un Estado que adopta estructuralmente la doctrina de la guerra partisana como opción estratégica soberana, combinando la legitimidad y los recursos de un Estado con la lógica operativa del movimiento de resistencia. Tiene un ejército regular, misiles balísticos, una marina, instituciones reconocidas, es un Estado westfaliano en todos los sentidos. Y sin embargo, ha elegido deliberadamente la doctrina de la guerra partisana como estrategia soberana: saturación con armas económicas, desgaste, aceptación consciente de las pérdidas territoriales para hacer insostenible el costo para el adversario. No porque no pudiera hacerlo de otro modo, sino porque consideró que era la estrategia óptima contra una superioridad convencional aplastante.

Esta elección tiene una consecuencia económica devastadora para quien lo combate. Un dron Shahed cuesta veinte mil dólares. Un interceptor THAAD cuesta 12,7 millones. Irán lanzó en la primera semana de guerra quinientos misiles balísticos y casi dos mil drones. La matemática es implacable: la guerra pobre hace pagar un costo insostenible a la guerra rica: no en el campo de batalla, sino en las cadenas de suministro, en los presupuestos, en las reservas de interceptores que se agotan más rápido de lo que pueden producirse.

Pero la novedad más profunda no es militar: es estructural. Irán ha institucionalizado una contradicción que todos los movimientos de liberación han tenido que elegir: ser Estado o ser revolución. Argelia después de 1962 eligió ser estado y dejó de ser revolución. Cuba intentó ambas y fracasó. Irán no: ha construido deliberadamente una dualidad permanente. El ejército regular es el estado westfaliano. Los Pasdaran -los Guardianes de la Revolución- son la revolución permanente, con sus redes regionales, sus ramificaciones en Yemen, Irak, Líbano, todas unidas no por una ideología laica sino por una fe: el islam chií como identidad, memoria, trauma fundacional. No se elige ser chií como se elige ser comunista. Es familia, duelo, cuerpo. Karbala no es un evento histórico: es un paradigma cosmológico que se repite.

El resultado es un internacionalismo religioso que no es una alianza entre Estados, no es una Internacional leninista, sino una red transnacional unida por una gramática existencial común que no necesita un centro de mando explícito para coordinarse.

Y luego USA e Israel hicieron el regalo más grande: crearon el panteón. Soleimani, Nasrallah, Jameneí: cada eliminación selectiva que pensaban que resolvería un problema estratégico produjo un mártir que multiplica la cohesión de la red. En la teología chií, la muerte del líder justo a manos del opresor no es una derrota: es la confirmación de su justicia. Es la estructura narrativa de Karbala. Un general vivo puede equivocarse, puede decepcionar, puede envejecer. Un mártir es eterno y perfecto. Reescribieron, con sus misiles, el guion que la otra parte esperaba.

La República Islámica de Irán tiene como ideal la felicidad humana en toda la sociedad, y considera que el logro de la independencia, la libertad y el imperio de la justicia y la verdad es un derecho de todos los pueblos del mundo. En consecuencia, al tiempo que se abstiene escrupulosamente de toda forma de injerencia en los asuntos internos de otras naciones, apoya las luchas justas de los mustadhafoun (oprimidos) contra los mustakbirun (opresores/arrogantes) en cada rincón del mundo.

Constitución de la República Islámica de Irán, Capítulo 10, Artículo 154

Pero hay un último error, quizás el más grave. Israel golpeó los bancos de Hezbolá (el Instituto Al Qardh al-Hassan) y el banco iraní más grande (Bank Sepah). En el mundo chií jomeinista, el banco no es una institución financiera: es la infraestructura material de la teología. Es el mecanismo a través del cual se distribuye el zakat, se financian las obras de caridad, se mantiene el pacto con los mustadhafin, los más débiles, los oprimidos, los condenados de la tierra de Fanon. Jomeini construyó el consenso de la revolución sobre esta red capilar de solidaridad material. Golpearla no debilita la narrativa de la resistencia: la confirma. Demuestra, en la vida cotidiana de millones de pobres, quiénes son los enemigos de los débiles. Es la mejor propaganda posible, realizada por las propias bombas israelíes.

Resumiendo todo: se está combatiendo con la lógica de la guerra convencional -decapitar la estructura, cortar la financiación, destruir infraestructuras- una forma política que no es una estructura convencional. Es una red simbólica, social, militar y religiosa construida deliberadamente para ser indestructible precisamente a través de la destrucción. Cada bomba que cae fortalece la narrativa. Cada mártir consolida el panteón. Cada banco golpeado demuestra a los pobres de qué lado está el opresor.

Y si el Estado iraní fuera desmembrado o derrotado, los Pasdaran sin Estado -entrenados, armados, formados en una cultura del martirio que no depende de ninguna institución para sobrevivir- se distribuirían en una región que va desde el Líbano hasta Pakistán, desde Azerbaiyán hasta Bahréin, con ramificaciones en tres continentes. Ya no contenidos por ninguna estructura estatal, sin nada que perder, con mártires poderosísimos y una narrativa de resistencia más fuerte que antes. Un Estado iraní hostil es disuadible. Un enjambre de Pasdaran sin Estado no lo es.

Y mientras todo esto sucede, tres señales indican cuán profundamente esta guerra está escapando al control narrativo de quienes la desataron.

Turquía esperaba millones de refugiados iraníes huyendo de las bombas. Vio, en cambio, a miles de iraníes cruzando la frontera en dirección opuesta, para regresar a defender la patria. No necesariamente el régimen: Irán. La civilización persa de cuatro milenios que no se deja reducir a la ecuación “régimen igual a pueblo”. El nacionalismo herido produce lo que años de oposición política no logran construir.

Y luego está Gaza. Irán es atacado después de que el mundo presenciara durante meses el genocidio palestino transmitido en directo, documentado, negado por las cancillerías occidentales. Para los pobres de la tierra, para el Sur global, para cualquiera que se sienta del lado de los humillados, la secuencia es legible y brutal: quienes defendían a los palestinos son ahora bombardeados por los mismos que armaban a quienes los masacraban. Irán se ha convertido, en el imaginario global de los condenados, en algo que va mucho más allá de la política regional o la teología chií: es la promesa de que se puede resistir, es la venganza simbólica de quienes nunca tuvieron justicia. Esa solidaridad no tiene fronteras confesionales ni geográficas.

Finalmente, está China. Sus estrategas no están mirando la guerra: están realizando la evaluación más detallada posible de las capacidades reales usamericanas en condiciones de conflicto de alta intensidad. Cada interceptor THAAD disparado, cada Tomahawk lanzado, cada día de guerra es un dato sobre la resistencia logística e industrial del adversario que tendrán que enfrentar, un día, en el Pacífico. Ven cómo se agotan las reservas, cómo los tiempos de producción no siguen el ritmo del consumo, la cadena logística bajo presión. Están tomando notas. Y no necesitan luchar para ganar esta guerra: les basta con esperar a que USA se quede sin municiones.

Esta guerra no puede ganarse. Solo puede extenderse. Y el mundo lo sabe.

Je mehr sie ihn schlagen, desto stärker wird er: das Paradox des Iran, das der imperialen Dummheit entgeht

Tahar Lamri, 16.3.2026

Es gibt eine Kategorie, die in der Debatte über den laufenden Krieg gegen den Iran fehlt, und ihr Fehlen erklärt, warum diejenigen, die ihn führen, weiterhin alles falsch machen.

Der Iran ist keine Partisanenbewegung wie die algerische FLN, die eine Front ohne einigendes Dogma war - eine Koalition aus Nationalisten, Sozialisten, Kommunisten, Konservativen - zusammengehalten von einem einzigen Ziel: den Kolonisator zu vertreiben. Er ist nicht Nordvietnam, das ein Staat auf einem Teil des Territoriums mit einer exportierbaren Doktrin - dem Kommunismus - war, aber abhängig von Moskau und Peking und geografisch begrenzt. Hamas, Hisbollah, die Huthi sind Milizen, subnationale Einheiten, die Guerillataktiken anwenden, weil sie keine Alternative haben: Ihre Asymmetrie ist erzwungen, nicht gewählt.

Der Iran ist etwas anderes und historisch Neues: er stellt den ersten historischen Fall eines Staates dar, der strukturell die Doktrin des Partisanenkrieges als souveräne strategische Wahl annimmt und die Legitimität und Ressourcen eines Staates mit der operativen Logik einer Widerstandsbewegung verbindet. Er hat eine reguläre Armee, ballistische Raketen, eine Marine, anerkannte Institutionen, er ist in jeder Hinsicht ein westfälischer Staat. Und dennoch hat er bewusst die Doktrin des Partisanenkrieges als seine souveräne Strategie gewählt: Sättigung mit billigen Waffen, Zermürbung, bewusste Akzeptanz territorialer Verluste, um die Kosten für den Gegner unerträglich zu machen. Nicht, weil er es nicht anders tun könnte, sondern weil er dies als die optimale Strategie gegen eine überwältigende konventionelle Überlegenheit beurteilte.

Diese Wahl hat verheerende wirtschaftliche Folgen für den, der ihn bekämpft. Eine Shahed-Drohne kostet zwanzigtausend Dollar. Ein THAAD-Abfangjäger kostet 12,7 Millionen Dollar. Der Iran hat in der ersten Kriegswoche fünfhundert ballistische Raketen und fast zweitausend Drohnen abgefeuert. Die Mathematik ist gnadenlos: Der arme Krieg lässt den reichen Krieg einen unerträglichen Preis zahlen: nicht auf dem Schlachtfeld, sondern in den Lieferketten, in den Haushalten, in den Vorräten an Abfangraketen, die schneller erschöpft sind, als sie produziert werden können.

Aber die tiefgreifendste Neuerung ist nicht militärischer Natur: sie ist strukturell. Der Iran hat einen Widerspruch institutionalisiert, vor den alle Befreiungsbewegungen gestellt waren: Staat oder Revolution zu sein. Algerien entschied sich nach 1962 dafür, Staat zu sein, und hörte auf, Revolution zu sein. Kuba versuchte beides und scheiterte. Der Iran nicht: Er hat bewusst eine dauerhafte Dualität aufgebaut. Die reguläre Armee ist der westfälische Staat. Die Pasdaran - die Revolutionsgarden - sind die permanente Revolution mit ihren regionalen Netzwerken, ihren Verzweigungen im Jemen, Irak, Libanon, alle verbunden nicht durch eine säkulare Ideologie, sondern durch einen Glauben: den schiitischen Islam als Identität, Erinnerung, Gründungstrauma. Man entscheidet sich nicht dafür, Schiit zu sein, wie man sich dafür entscheidet, Kommunist zu sein. Es ist Familie, Trauer, Körper. Kerbela ist kein historisches Ereignis: Es ist ein kosmologisches Paradigma, das sich wiederholt.

Das Ergebnis ist ein religiöser Internationalismus, der kein Bündnis zwischen Staaten ist, keine leninistische Internationale, sondern ein transnationales Netzwerk, das durch eine gemeinsame existenzielle Grammatik zusammengehalten wird und keines expliziten Befehlszentrums zur Koordination bedarf.

Und dann machten die USA und Israel das größte Geschenk: Sie schufen das Pantheon. Soleimani, Nasrallah, Khamenei: Jede gezielte Tötung, von der sie dachten, sie löse ein strategisches Problem, brachte einen Märtyrer hervor, der den Zusammenhalt des Netzwerks vervielfacht. In der schiitischen Theologie ist der Tod des gerechten Führers durch die Hand des Unterdrückers keine Niederlage: Es ist die Bestätigung seiner Gerechtigkeit. Es ist die Erzählstruktur von Kerbela. Ein lebender General kann Fehler machen, kann enttäuschen, kann altern. Ein Märtyrer ist ewig und perfekt. Mit ihren Raketen haben sie das Drehbuch umgeschrieben, auf das die andere Seite wartete.

Die Islamische Republik Iran hat das Glück der Menschen in der gesamten menschlichen Gesellschaft zum Ideal erklärt und betrachtet die Verwirklichung von Unabhängigkeit, Freiheit sowie einer Herrschaft der Gerechtigkeit und Wahrheit als Recht aller Menschen auf der Welt. Dementsprechend enthält sie sich strikt jeder Einmischung in die inneren Angelegenheiten anderer Nationen, unterstützt jedoch die gerechten Kämpfe der Mustadhafoun (Unterdrückten) gegen die Mustakbirun (Unterdrücker/Arroganten) in jedem Winkel der Erde.

Verfassung der Islamischen Republik Iran, Kapitel 10, Artikel 154

Aber es gibt einen letzten Fehler, vielleicht den schwerwiegendsten. Israel hat die Banken der Hisbollah (das Al-Qardh-al-Hassan-Institut) und die größte iranische Bank (Bank Sepah) angegriffen. In der chomeinistischen schiitischen Welt ist die Bank kein Finanzinstitut: Sie ist die materielle Infrastruktur der Theologie. Sie ist der Mechanismus, über den die Zakat verteilt, wohltätige Werke finanziert, der Pakt mit den Mustazaafin aufrechterhalten wird - den Schwächsten, den Unterdrückten, den Verdammten dieser Erde im Sinne Fanons. Chomeini baute den Konsens der Revolution auf diesem kapillaren Netzwerk materieller Solidarität auf. Sie anzugreifen schwächt nicht das Narrativ des Widerstands: Es bestätigt es. Es zeigt im täglichen Leben von Millionen armer Menschen, wer die Feinde der Schwachen sind. Es ist die beste Propaganda, die es gibt, durchgeführt von israelischen Bomben selbst.

Alles zusammengenommen: Man bekämpft mit der Logik des konventionellen Krieges - die Struktur köpfen, die Finanzierung kappen, Infrastruktur zerstören - eine politische Form, die keine konventionelle Struktur ist. Es ist ein symbolisches, soziales, militärisches und religiöses Netzwerk, das bewusst so konstruiert wurde, dass es gerade durch Zerstörung unzerstörbar ist. Jede Bombe, die fällt, stärkt das Narrativ. Jeder Märtyrer festigt das Pantheon. Jede getroffene Bank zeigt den Armen, auf welcher Seite der Unterdrücker steht.

Und wenn der iranische Staat zerschlagen oder besiegt würde, würden sich die Pasdaran ohne Staat - ausgebildet, bewaffnet, geschult in einer Kultur des Märtyrertums, die zum Überleben keiner Institution bedarf - in einer Region ausbreiten, die vom Libanon bis nach Pakistan, von Aserbaidschan bis Bahrain reicht, mit Verzweigungen auf drei Kontinenten. Nicht länger von irgendeiner staatlichen Struktur eingedämmt, mit nichts zu verlieren, mit mächtigen Märtyrern und einem stärkeren Narrativ des Widerstands als zuvor. Ein feindlicher iranischer Staat ist abschreckbar. Ein Schwarm staatenloser Pasdaran ist es nicht.

Und während all dies geschieht, zeigen drei Signale, wie sehr dieser Krieg der narrativen Kontrolle derer entgleitet, die ihn entfesselt haben.

Die Türkei erwartete Millionen iranischer Flüchtlinge, die vor den Bomben fliehen. Stattdessen sah sie Tausende Iraner, die die Grenze in die entgegengesetzte Richtung überquerten, um zurückzukehren und die Heimat zu verteidigen. Nicht unbedingt das Regime: den Iran. Die viertausend Jahre alte persische Zivilisation, die sich nicht auf die Gleichung "Regime gleich Volk" reduzieren lässt. Verletzter Nationalismus bringt hervor, was Jahre politischer Opposition nicht aufbauen können.

Und dann ist da Gaza. Der Iran wird angegriffen, nachdem die Welt monatelang live übertragenen, dokumentierten, von westlichen Kanzleien geleugneten Völkermord an den Palästinensern miterlebt hat. Für die Armen der Erde, für den globalen Süden, für jeden, der sich auf der Seite der Erniedrigten fühlt, ist die Abfolge lesbar und brutal: Diejenigen, die die Palästinenser verteidigten, werden nun von denselben bombardiert, die jene bewaffneten, die sie massakrierten. Der Iran ist in der globalen Vorstellung der Verdammten zu etwas geworden, das weit über regionale Politik oder schiitische Theologie hinausgeht: Er ist das Versprechen, dass man widerstehen kann, er ist die symbolische Rache derer, die niemals Gerechtigkeit erfuhren. Diese Solidarität kennt keine konfessionellen oder geografischen Grenzen.

Schließlich ist da China. Seine Strategen beobachten nicht den Krieg: Sie führen die detailliertestmögliche Bewertung der tatsächlichen amerikanischen Fähigkeiten unter Bedingungen eines hochintensiven Konflikts durch. Jeder abgefeuerte THAAD-Abfangjäger, jeder gestartete Tomahawk, jeder Kriegstag ist ein Datum über die logistische und industrielle Belastbarkeit des Gegners, dem sie eines Tages im Pazifik gegenüberstehen werden. Sie sehen, wie die Vorräte schwinden, die Produktionszeiten mit dem Verbrauch nicht Schritt halten, die Lieferkette unter Druck gerät. Sie machen sich Notizen. Und sie müssen nicht kämpfen, um diesen Krieg zu gewinnen: Sie müssen nur warten, bis Amerika die Munition ausgeht.

Dieser Krieg kann nicht gewonnen werden. Er kann nur ausgeweitet werden. Und die Welt weiß das.

Plus ils le frappent, plus il devient fort : le paradoxe de l’Iran qui échappe à la stupidité impériale

Tahar Lamri, 16/3/2026

Il y a une catégorie qui manque dans le débat sur la guerre en cours contre l’Iran, et son absence explique pourquoi ceux qui la mènent continuent de tout rater.

L’Iran n’est pas un mouvement partisan comme le FLN algérien, qui était un front sans dogme unificateur - coalition de nationalistes, socialistes, communistes, conservateurs - maintenu par un seul objectif : chasser le colonisateur. Ce n’est pas le Nord-Vietnam, qui était un État sur une partie du territoire avec une doctrine exportable - le communisme - mais dépendant de Moscou et Pékin et géographiquement limité. Le Hamas, le Hezbollah, les Houthis sont des milices, des entités infranationales qui utilisent des tactiques de guérilla parce qu’elles n’ont pas d’alternative : leur asymétrie est contrainte, non choisie.

L’Iran est quelque chose de différent et d’historiquement nouveau : il représente le premier cas historique d’un État qui adopte structurellement la doctrine de la guerre partisane comme choix stratégique souverain, combinant la légitimité et les ressources d’un État avec la logique opérationnelle du mouvement de résistance. Il a une armée régulière, des missiles balistiques, une marine, des institutions reconnues, c’est un État westphalien à tous égards. Et pourtant, il a délibérément choisi la doctrine de la guerre partisane comme stratégie souveraine : saturation avec des armes économiques, attrition, acceptation consciente des pertes territoriales pour rendre le coût insoutenable pour l’adversaire. Non pas parce qu’il ne pouvait pas faire autrement, mais parce qu’il a jugé que c’était la stratégie optimale contre une supériorité conventionnelle écrasante.

Ce choix a une conséquence économique dévastatrice pour ceux qui le combattent. Un drone Shahed coûte vingt mille dollars. Un intercepteur THAAD coûte 12,7 millions de dollars. L’Iran a lancé dans la première semaine de guerre cinq cents missiles balistiques et près de deux mille drones. Les mathématiques sont impitoyables : la guerre pauvre fait payer un coût insoutenable à la guerre riche : non pas sur le champ de bataille, mais dans les chaînes d’approvisionnement, dans les budgets, dans les stocks d’intercepteurs qui s’épuisent plus vite qu’ils ne peuvent être produits.

Mais la nouveauté la plus profonde n’est pas militaire : elle est structurelle. L’Iran a institutionnalisé une contradiction que tous les mouvements de libération ont dû choisir : être État ou être révolution. L’Algérie après 1962 a choisi d’être État et a cessé d’être révolution. Cuba a tenté les deux et a échoué. L’Iran non : il a délibérément construit une dualité permanente. L’armée régulière, c’est l’État westphalien. Les Pasdaran - les Gardiens de la Révolution - sont la révolution permanente, avec leurs réseaux régionaux, leurs ramifications au Yémen, en Irak, au Liban, toutes unies non par une idéologie laïque mais par une foi : l’islam chiite comme identité, mémoire, traumatisme fondateur. On ne choisit pas d’être chiite comme on choisit d’être communiste. C’est la famille, le deuil, le corps. Kerbala n’est pas un événement historique : c’est un paradigme cosmologique qui se répète.

Le résultat est un internationalisme religieux qui n’est pas une alliance entre États, pas une Internationale léniniste, mais un réseau transnational maintenu par une grammaire existentielle commune qui n’a pas besoin d’un centre de commandement explicite pour se coordonner.

Et puis les USA et Israël lui ont fait le plus grand cadeau : ils ont créé le panthéon. Soleimani, Nasrallah, Khamenei : chaque élimination ciblée qu’ils croyaient résoudre un problème stratégique a produit un martyr qui multiplie la cohésion du réseau. Dans la théologie chiite, la mort du leader juste par la main de l’oppresseur n’est pas une défaite : c’est la confirmation de sa justice. C’est la structure narrative de Kerbala. Un général vivant peut se tromper, peut décevoir, peut vieillir. Un martyr est éternel et parfait. Ils ont réécrit, avec leurs missiles, le scénario que l’autre camp attendait.

La République islamique d’Iran a pour idéal le bonheur de l’humanité dans l’ensemble de la société humaine, et considère que l’accès à l’indépendance, à la liberté et à un régime fondé sur la justice et la vérité est un droit pour tous les peuples du monde. En conséquence, tout en s’abstenant scrupuleusement de toute forme d’ingérence dans les affaires intérieures des autres nations, elle soutient les luttes justes des mustadhafoun (opprimés) contre les mustakbirun (oppresseurs/arrogants) aux quatre coins du globe.

Constitution de la République islamique d’Iran, chapitre 10, article 154

Mais il y a une dernière erreur, peut-être la plus grave. Israël a frappé les banques du Hezbollah (l’institut Al Qardh al-Hassan) et la plus grande banque iranienne (Bank Sepah). Dans le monde chiite khomeiniste, la banque n’est pas un institut financier : c’est l’infrastructure matérielle de la théologie. C’est le mécanisme par lequel on distribue la zakat, on finance les œuvres caritatives, on maintient le pacte avec les moustadhafin, les plus faibles, les oppressés, les déshérités, les damnés de la terre de Fanon. Khomeini a construit le consensus de la révolution sur ce réseau capillaire de solidarité matérielle. La frapper n’affaiblit pas le récit de la résistance : elle le confirme. Elle démontre, dans la vie quotidienne de millions de pauvres, qui sont les ennemis des faibles. C’est la meilleure propagande possible, réalisée par les bombes israéliennes elles-mêmes.

En rassemblant tout cela : on combat avec la logique de la guerre conventionnelle - décapiter la structure, couper les financements, détruire les infrastructures - une forme politique qui n’est pas une structure conventionnelle. C’est un réseau symbolique, social, militaire et religieux délibérément construit pour être indestructible précisément à travers la destruction. Chaque bombe qui tombe renforce le récit. Chaque martyr consolide le panthéon. Chaque banque frappée montre aux pauvres de quel côté se trouve l’oppresseur.

Et si l’État iranien devait être démembré ou vaincu, les Pasdaran sans État - entraînés, armés, formés dans une culture du martyre qui ne dépend d’aucune institution pour survivre - se répartiraient dans une région qui va du Liban au Pakistan, de l’Azerbaïdjan au Bahreïn, avec des ramifications sur trois continents. N’étant plus contenus par aucune structure étatique, sans rien à perdre, avec des martyrs très puissants et un récit de résistance plus fort qu’avant. Un État iranien hostile peut être dissuadé. Un essaim de Pasdaran sans État ne le peut pas.

Et pendant que tout cela se produit, trois signaux disent à quel point cette guerre échappe profondément au contrôle narratif de ceux qui l’ont déclenchée.

La Turquie s’attendait à des millions de réfugiés iraniens fuyant les bombes. Elle a plutôt vu des milliers d’Iraniens traverser la frontière dans la direction opposée, pour rentrer défendre la patrie. Pas nécessairement le régime : l’Iran. La civilisation perse de quatre millénaires qui ne se laisse pas réduire à l’équation « régime égal peuple ». Le nationalisme blessé produit ce que des années d’opposition politique n’arrivent pas à construire.

Et puis il y a Gaza. L’Iran est attaqué après que le monde a assisté pendant des mois au génocide palestinien diffusé en direct, documenté, nié par les chancelleries occidentales. Pour les pauvres de la terre, pour le Sud global, pour quiconque se sent du côté des humiliés, la séquence est lisible et brutale : ceux qui défendaient les Palestiniens sont maintenant bombardés par les mêmes qui armaient ceux qui les massacraient. L’Iran est devenu, dans l’imaginaire global des damnés, quelque chose qui va bien au-delà de la politique régionale ou de la théologie chiite : c’est la promesse qu’on peut résister, c’est la vengeance symbolique de ceux qui n’ont jamais eu justice. Cette solidarité n’a pas de frontières confessionnelles ni géographiques.

Enfin, il y a la Chine. Ses stratèges ne regardent pas la guerre : ils mènent l’évaluation la plus détaillée possible des capacités réelles usaméricaines dans des conditions de conflit à haute intensité. Chaque intercepteur THAAD tiré, chaque Tomahawk lancé, chaque jour de guerre est une donnée sur la tenue logistique et industrielle de l’adversaire qu’ils devront affronter, un jour, dans le Pacifique. Ils voient les stocks s’épuiser, les délais de production qui ne suivent pas la consommation, la chaîne logistique sous pression. Ils prennent des notes. Et ils n’ont pas besoin de se battre pour gagner cette guerre : il leur suffit d’attendre que l’Amérique finisse ses munitions.

Cette guerre ne peut pas être gagnée. Elle ne peut qu’être élargie. Et le monde le sait.

The more they hit it, the stronger it gets: the Iranian paradox that escapes imperial stupidity

Tahar Lamri, 16/3/2026

There is a category missing from the debate on the ongoing war against Iran, and its absence explains why those waging it continue to get everything wrong.

Iran is not a partisan movement like the Algerian FLN, which was a front without a unifying dogma - a coalition of nationalists, socialists, communists, conservatives - held together by a single goal: to drive out the colonizer. It is not North Vietnam, which was a State on part of the territory with an exportable doctrine - communism - but dependent on Moscow and Beijing and geographically limited. Hamas, Hezbollah, the Houthis are militias, subnational entities that use guerrilla tactics because they have no alternative: their asymmetry is forced, not chosen.

Iran is something different and historically new: it represents the first historical case of a State structurally adopting the doctrine of partisan warfare as a sovereign strategic choice, combining the legitimacy and resources of a State with the operational logic of a resistance movement. It has a regular army, ballistic missiles, a navy, recognized institutions; it is a Westphalian state in every respect. And yet it has deliberately chosen the doctrine of partisan warfare as its sovereign strategy: saturation with cheap weapons, attrition, conscious acceptance of territorial losses to make the cost unbearable for the adversary. Not because it couldn’t do otherwise, but because it judged this to be the optimal strategy against overwhelming conventional superiority.

This choice has a devastating economic consequence for those who fight it. A Shahed drone costs twenty thousand dollars. A THAAD interceptor costs $12.7 million. In the first week of the war, Iran launched five hundred ballistic missiles and nearly two thousand drones. The math is merciless: poor warfare makes rich warfare pay an unbearable cost: not on the battlefield, but in supply chains, in budgets, in stocks of interceptors that are depleted faster than they can be produced.

But the deepest novelty is not military: it is structural. Iran has institutionalized a contradiction that all liberation movements have had to choose: being a State or being a revolution. Algeria after 1962 chose to be a State and ceased to be a revolution. Cuba tried both and failed. Iran did not: it deliberately built a permanent duality. The regular army is the Westphalian State. The Pasdaran - the Revolutionary Guards - are the permanent revolution, with their regional networks, their ramifications in Yemen, Iraq, Lebanon, all united not by a secular ideology but by a faith: Shia Islam as identity, memory, foundational trauma. One does not choose to be Shia as one chooses to be communist. It is family, mourning, body. Karbala is not a historical event: it is a cosmological paradigm that repeats itself.

The result is a religious internationalism that is not an alliance between States, not a Leninist International, but a transnational network held together by a common existential grammar that needs no explicit command center to coordinate.

And then the United States and Israel made the greatest gift: they created the pantheon. Soleimani, Nasrallah, Khamenei: every targeted killing they thought would solve a strategic problem produced a martyr who multiplies the network’s cohesion. In Shia theology, the death of the righteous leader at the hands of the oppressor is not a defeat: it is the confirmation of his righteousness. It is the narrative structure of Karbala. A living general can make mistakes, can disappoint, can grow old. A martyr is eternal and perfect. With their missiles, they rewrote the script the other side was waiting for.

The Islamic Republic of Iran has human felicity as its ideal throughout human society, and considers the attainment of independence, freedom, and rule of justice and truth to be the right of all people of the world. Accordingly, while scrupulously refraining from all forms of interference in the internal affairs of other nations, it supports the just struggles of the mustadhafoun (oppressed) against the mustakbirun (oppressors/arrogant ones) in every corner of the globe.

Constitution of the Islamic Republic of Iran, Chapter 10, Article 154

But there is one last mistake, perhaps the most serious. Israel struck Hezbollah’s banks (the Al Qardh al-Hassan Institute) and the largest Iranian bank (Bank Sepah). In the Khomeinist Shia world, the bank is not a financial institution: it is the material infrastructure of theology. It is the mechanism through which zakat is distributed, charitable works are financed, the pact with the mustadhafin is maintained—the weakest, the oppressed, Fanon’s wretched of the earth. Khomeini built the revolution’s consensus on this capillary network of material solidarity. Striking it does not weaken the narrative of resistance: it confirms it. It demonstrates, in the daily life of millions of poor people, who the enemies of the weak are. It is the best possible propaganda, carried out by Israeli bombs themselves.

Putting it all together: they are fighting with the logic of conventional warfare - decapitate the structure, cut off funding, destroy infrastructure - a political form that is not a conventional structure. It is a symbolic, social, military, and religious network deliberately built to be indestructible precisely through destruction. Every bomb that falls strengthens the narrative. Every martyr consolidates the pantheon. Every bank struck shows the poor which side the oppressor is on.

And if the Iranian state were to be dismembered or defeated, the Pasdaran without a State - trained, armed, schooled in a culture of martyrdom that depends on no institution to survive - would spread across a region stretching from Lebanon to Pakistan, from Azerbaijan to Bahrain, with ramifications on three continents. No longer contained by any State structure, with nothing to lose, with powerful martyrs and a narrative of resistance stronger than before. A hostile Iranian State can be deterred. A swarm of stateless Pasdaran cannot.

And while all this happens, three signals show how profoundly this war is escaping the narrative control of those who unleashed it.

Turkey expected millions of Iranian refugees fleeing the bombs. Instead, it saw thousands of Iranians crossing the border in the opposite direction, to return and defend the homeland. Not necessarily the regime: Iran. The four-thousand-year-old Persian civilization that cannot be reduced to the equation “regime equals people.” Wounded nationalism produces what years of political opposition cannot build.

And then there is Gaza. Iran is attacked after the world watched for months the Palestinian genocide broadcast live, documented, denied by Western chanceries. For the poor of the earth, for the global South, for anyone who feels on the side of the humiliated, the sequence is readable and brutal: those who defended the Palestinians are now bombed by the same ones who armed those who massacred them. In the global imagination of the damned, Iran has become something that goes far beyond regional politics or Shia theology: it is the promise that one can resist, it is the symbolic revenge of those who never had justice. That solidarity has no confessional or geographical borders.

Finally, there is China. Its strategists are not watching the war: they are conducting the most detailed possible assessment of actual USAmerican capabilities in high-intensity conflict conditions. Every THAAD interceptor fired, every Tomahawk launched, every day of war is data on the logistical and industrial endurance of the adversary they will have to face, one day, in the Pacific. They see stocks running out, production times failing to keep up with consumption, the supply chain under pressure. They are taking notes. And they don’t need to fight to win this war: they just need to wait for USAmerica to run out of ammunition.

This war cannot be won. It can only be widened. And the world knows it.

Più lo colpiscono, più diventa forte: il paradosso dell’Iran che sfugge alla stupidità imperiale


Tahar Lamri, 16/3/2026

C’è una categoria che manca nel dibattito sulla guerra in corso contro l’Iran, e la sua assenza spiega perché chi la combatte continua a sbagliare tutto.

L’Iran non è un movimento partigiano come l’FLN algerino, che era un fronte senza dogma unificante - coalizione di nazionalisti, socialisti, comunisti, conservatori - tenuto insieme da un unico obiettivo: cacciare il colonizzatore. Non è il Vietnam del Nord, che era uno stato su una parte del territorio con una dottrina esportabile - il comunismo - ma dipendente da Mosca e Pechino e limitato geograficamente. Hamas, Hezbollah, gli Houthi sono milizie, entità subnazionali che usano tattiche di guerriglia perché non hanno alternativa: la loro asimmetria è coatta, non scelta.

L’Iran è qualcosa di diverso e di storicamente nuovo: rappresenta il primo caso storico di stato che adotta strutturalmente la dottrina della guerra partigiana come scelta strategica sovrana, combinando la legittimità e le risorse di uno stato con la logica operativa del movimento di resistenza. Ha un esercito regolare, missili balistici, una marina, istituzioni riconosciute, è uno stato westfaliano a tutti gli effetti. E tuttavia ha scelto deliberatamente la dottrina della guerra partigiana come strategia sovrana: saturazione con armi economiche, logoramento, accettazione consapevole delle perdite territoriali pur di rendere insostenibile il costo per l’avversario. Non perché non potesse fare altrimenti, ma perché ha valutato che fosse la strategia ottimale contro una superiorità convenzionale schiacciante.

Questa scelta ha una conseguenza economica devastante per chi lo combatte. Un drone Shahed costa ventimila dollari. Un intercettore THAAD costa 12,7 milioni. L’Iran ha lanciato nella prima settimana di guerra cinquecento missili balistici e quasi duemila droni. La matematica è impietosa: la guerra povera fa pagare un costo insostenibile alla guerra ricca: non sul campo di battaglia, ma nelle catene di fornitura, nei bilanci, nelle scorte di intercettori che si esauriscono più velocemente di quanto possano essere prodotti.

Ma la novità più profonda non è militare: è strutturale. L’Iran ha istituzionalizzato una contraddizione che tutti i movimenti di liberazione hanno dovuto scegliere essere stato o essere rivoluzione. L’Algeria dopo il 1962 scelse di essere stato e smise di essere rivoluzione. Cuba tentò entrambe e fallì. L’Iran no: ha costruito deliberatamente una dualità permanente. L’esercito regolare è lo stato westfaliano. I Pasdaran - le Guardie della Rivoluzione - sono la rivoluzione permanente, con le loro reti regionali, le loro ramificazioni in Yemen, Iraq, Libano, tutte accomunate non da un’ideologia laica ma da una fede: l’Islam sciita come identità, memoria, trauma fondativo. Non si sceglie di essere sciiti come si sceglie di essere comunisti. È famiglia, lutto, corpo. Karbala non è un evento storico: è un paradigma cosmologico che si ripete.

Il risultato è un internazionalismo religioso che non è un’alleanza tra stati, non è un’Internazionale leninista, ma una rete transnazionale tenuta insieme da una grammatica esistenziale comune che non ha bisogno di un centro di comando esplicito per coordinarsi.

E poi Stati Uniti e Israele hanno fatto il regalo più grande: hanno creato il pantheon. Soleimani, Nasrallah, Khamenei: ogni eliminazione mirata che pensavano risolvesse un problema strategico ha prodotto un martire che moltiplica la coesione della rete. Nella teologia sciita la morte del leader giusto per mano dell’oppressore non è una sconfitta: è la conferma della sua giustizia. È la struttura narrativa di Karbala. Un generale vivo può sbagliare, può deludere, può invecchiare. Un martire è eterno e perfetto. Hanno riscritto, con i loro missili, il copione che l’altra parte aspettava.

La Repubblica Islamica dell’Iran ha come ideale la felicità umana in tutta la società e ritiene che il raggiungimento dell’indipendenza, della libertà e del regno della giustizia e della verità sia un diritto di tutti i popoli del mondo. Di conseguenza, pur astenendosi scrupolosamente da ogni forma di interferenza negli affari interni delle altre nazioni, sostiene le giuste lotte dei mustadhafoun (oppressi) contro i mustakbirun (oppressori/arroganti) in ogni angolo del globo.

Costituzione della Repubblica Islamica dell’Iran, Capitolo 10, Articolo 154

Ma c’è un ultimo errore, forse il più grave. Israele ha colpito le banche di Hezbollah (L’istituto Al Qardh al-Hassan) e la più grande banca iraniana (Bank Sepah). Nel mondo sciita khomeinista la banca non è un istituto finanziario: è l’infrastruttura materiale della teologia. È il meccanismo attraverso cui si distribuisce la zakat, si finanziano le opere caritative, si mantiene il patto con i mustazaafin, i più deboli, gli oppressi, i dannati della terra di Fanon. Khomeini costruì il consenso della rivoluzione su questa rete capillare di solidarietà materiale. Colpirla non indebolisce la narrativa della resistenza: la conferma. Dimostra, nella vita quotidiana di milioni di poveri, chi sono i nemici dei deboli. È la migliore propaganda possibile, realizzata dalle bombe israeliane stesse.

Mettendo tutto insieme: si sta combattendo con la logica della guerra convenzionale - decapita la struttura, taglia i finanziamenti, distruggi le infrastrutture - una forma politica che non è una struttura convenzionale. È una rete simbolica, sociale, militare e religiosa volutamente costruita per essere indistruttibile proprio attraverso la distruzione. Ogni bomba che cade rafforza la narrativa. Ogni martire consolida il pantheon. Ogni banca colpita dimostra ai poveri da che parte sta l’oppressore.

E se lo stato iraniano dovesse essere smembrato o sconfitto, i Pasdaran senza stato - addestrati, armati, formati in una cultura del martirio che non dipende da nessuna istituzione per sopravvivere - si distribuirebbero in una regione che va dal Libano al Pakistan, dall’Azerbaijan al Bahrain, con ramificazioni in tre continenti. Non più contenuti da nessuna struttura statale, senza niente da perdere, con martiri potentissimi e una narrativa di resistenza più forte di prima. Uno stato iraniano ostile è deterribile. Uno sciame di Pasdaran senza stato non lo è.

E mentre tutto questo accade, tre segnali dicono quanto profondamente questa guerra stia sfuggendo al controllo narrativo di chi l’ha scatenata.

La Turchia si aspettava milioni di rifugiati iraniani in fuga dalle bombe. Ha visto invece migliaia di iraniani che attraversano il confine in direzione opposta, per rientrare a difendere la patria. Non necessariamente il regime: l’Iran. La civiltà persiana di quattro millenni che non si lascia ridurre all’equazione "regime uguale popolo". Il nazionalismo ferito produce ciò che anni di opposizione politica non riescono a costruire.

E poi c’è Gaza. L’Iran viene attaccato dopo che il mondo ha assistito per mesi al genocidio palestinese trasmesso in diretta, documentato, negato dalle cancellerie occidentali. Per i poveri della terra, per il Sud globale, per chiunque si senta dalla parte degli umiliati, la sequenza è leggibile e brutale: chi difendeva i palestinesi viene ora bombardato dagli stessi che armavano chi li massacrava. L’Iran è diventato, nell’immaginario globale dei dannati, qualcosa che va ben oltre la politica regionale o la teologia sciita: è la promessa che si può resistere, è la vendetta simbolica di chi non ha mai avuto giustizia. Quella solidarietà non ha confini confessionali né geografici.

Infine, c’è la Cina. I suoi strateghi non stanno guardando la guerra: stanno conducendo la più dettagliata valutazione possibile delle capacità reali americane in condizioni di conflitto ad alta intensità. Ogni intercettore THAAD sparato, ogni Tomahawk lanciato, ogni giorno di guerra è un dato sulla tenuta logistica e industriale dell’avversario che dovranno affrontare, un giorno, nel Pacifico. Vedono le scorte esaurirsi, i tempi di produzione che non reggono il consumo, la catena logistica sotto pressione. Stanno prendendo appunti. E non hanno bisogno di combattere per vincere questa guerra: gli basta aspettare che l’America finisca le munizioni.

Questa guerra non può essere vinta. Può solo essere allargata. E il mondo lo sa.

03/03/2026

À l’ombre des accords d’Abraham : le réseau arabe de Jeffrey Epstein

Pour les élites arabes, du Maroc au Golfe, les dossiers de Jeffrey Epstein constituent un miroir inconfortable : une carte d’affaires, de complicités et d’accords dans l’ombre

Tahar LamriKritica.it, 2/3/2026
Originale : All’ombra degli accordi di Abramo: la rete araba di Jeffrey Epstein
Traduit par Tlaxcala

Bill Clinton, sa fille Chelsea, Epstein et Ghislaine Maxwell au mariage de Mohamed VI en 2002. Photo publiée par le New York Post

En juin 2014, Jeffrey Epstein écrivait à Peter Thiel – cofondateur de PayPal et de Palantir, la société d’analyse de données au service des services de renseignement usaméricains et israéliens – une phrase qui résume une vision du monde : « Imagine si ce chaos était vraiment ce que Obama voulait vraiment : Irak, Iran, Libye, Syrie, Palestine, Liban, Égypte. Nous devrions admettre une stratégie brillamment exécutée ». C’était sa lecture. Le Moyen-Orient et l’Afrique du Nord comme un échiquier du désordre délibéré. Epstein comme observateur privilégié – peut-être plus – de cette partie.

Les fichiers du Département de la Justice des USA dessinent de nombreuses cartes, dont celle-ci : la carte des ambitions géopolitiques et financières d’Epstein dans une région qu’il avait appris à fréquenter avec méthode. Arabie saoudite, Émirats arabes unis, Maroc, Qatar, Égypte, Libye : dans chacun de ces pays, Epstein avait cultivé des relations et des canaux, avancé des propositions. Un intermédiaire d’un type particulier, celui qui transforme l’accès aux personnes en monnaie d’échange et la confiance en levier de pouvoir. Un opérateur systémique qui avait compris, avant et mieux que beaucoup, que le monde arabe était un territoire en redéfinition. Qui savait se mouvoir dans ses couloirs informels pouvait en tirer des rentes extraordinaires. Normalisations diplomatiques, avoirs souverains gelés, grands chantiers immobiliers, privatisations de ressources stratégiques : Epstein n’était pas toujours à l’origine de ces processus, mais il savait systématiquement comment s’approcher de ceux qui les gouvernaient.

Pour le monde arabe et moyen-oriental, ces fichiers constituent un miroir inconfortable. Ils révèlent comment fonctionnent les réseaux de pouvoir transnationaux qui traversent les monarchies du Golfe, les gouvernements occidentaux, les services de renseignement et les institutions internationales ; et comment l’accès privilégié à ces réseaux s’obtenait, au moins en partie, par la complicité dans un système criminel qui exploitait les sujets les plus vulnérables.

Cet article reconstruit la dimension arabe et moyen-orientale de ce réseau : les Émirats arabes unis, le Maroc, l’Arabie saoudite, le Qatar, l’Égypte, la Libye, le Liban, la Syrie et l’Algérie, cette dernière étant un cas à part, en tant que pays que le réseau n’a jamais réussi à pénétrer. La carte, avec les noms, les dates, les sommes et – là où les documents le permettent – les intentions.

Les origines : comment Epstein est entré dans le monde arabe

L’histoire moyen-orientale d’Epstein commence en 1981 à Londres, avec un trafiquant d’armes.

Le triangle Leese-Maxwell-Khashoggi

Cette année-là, Epstein – fraîchement licencié par Bear Stearns – effectue un voyage au Royaume-Uni. Il y rencontre Douglas Leese, intermédiaire aristocratique en armes qui avait bâti sa fortune en négociant le plus gros contrat militaire britannique de l’histoire : la vente d’avions de chasse Tornado à la Royal Saudi Air Force. Selon le New York Times, Leese « a servi de mentor » à Epstein et lui a fait rencontrer l’élite britannique et internationale.

Ce fut Leese qui introduisit Epstein auprès de deux personnages qui allaient définir sa trajectoire. Le premier était Robert Maxwell, le magnat de la presse britannique déjà connu pour ses liens documentés avec le Mossad, le MI6 et le KGB, et père de Ghislaine, future complice d’Epstein, aujourd’hui en prison avec une peine de vingt ans. Le second était Adnan Khashoggi, le milliardaire saoudien, courtier en armes le plus célèbre du monde, au centre du scandale Iran-Contra, dans la liste des « clients » de la société de conseil d’Epstein.

Epstein a entamé un bref partenariat avec J. Stanley Pottinger, ancien fonctionnaire du Département de la Justice usaméricain impliqué dans un réseau de vente d’armes à l’Iran entre 1981 et 1986, les années de l’Iran-Contra. À cette époque, Israël servait d’intermédiaire dans les ventes d’armes usaméricaines à l’Iran, et les bénéfices finançaient les Contras au Nicaragua. C’est dans cet environnement qu’Epstein a appris à se mouvoir entre secrets d’État, opérations clandestines et réseaux traversant plusieurs gouvernements.

Le passeport avec résidence en Arabie saoudite

Un détail significatif : dans l’appartement new-yorkais d’Epstein, des agents du FBI ont trouvé dans le coffre-fort un passeport autrichien expiré avec sa photo, un faux nom et une adresse en Arabie saoudite. Ses avocats ont expliqué qu’il servait de protection contre d’éventuels ravisseurs. L’explication n’a convaincu aucun des enquêteurs. Avec le passeport, il y avait des diamants et des espèces.

Les Émirats arabes unis : le nœud central

De tous les pays arabes qui apparaissent dans les dossiers Epstein, les Émirats ont la présence la plus documentée et la plus détaillée, indiquant qu’il s’agit d’une relation structurelle, impliquant la figure la plus puissante du secteur logistique mondial et une diplomate à l’ONU, et atteignant, de manière indirecte, le prince héritier Mohammed bin Zayed.


Jeffrey Epstein et Sultan Ahmed Bin Sulayem, sur une photo publiée par les démocrates de la commission de surveillance de la Chambre des représentants à Washington, aux Etats-Unis, le 18 décembre 2025. Sulayem a été relevé de ses fonctions le 13 février 2026, suite aux révélations de ses liens avec « Epstine » [attention à bien prononcer, sous peine d’encourir les foudres des  pourfendeurs d’antisémites]

Sultan Ahmed bin Sulayem : l’ami qui ne l’a jamais déçu

Sultan Ahmed bin Sulayem est l’un des hommes les plus puissants des Émirats arabes unis. Né à Dubaï dans une famille ayant des liens directs avec la famille régnante Al Maktoum, il a supervisé l’expansion de la zone franche de Jebel Ali dans les années 1980, puis a dirigé DP World, le géant logistique qui gère aujourd’hui dix pour cent du trafic mondial de conteneurs dans 186 ports et 77 pays. Son nom apparaît plus de 4 700 fois dans les documents déclassifiés. Les courriels couvrent une période allant de 2007 à quelques semaines avant la mort d’Epstein en 2019 ; la quasi-totalité sont postérieurs à sa condamnation de 2008. « Tu ne m’as jamais déçu, pas une seule fois, même à moitié », écrit Epstein à Sultan bin Sulayem en juin 2013 (fichier DOJ).

L’île, l’île fantôme et les femmes

Les documents révèlent que Sulayem visitait régulièrement Little Saint James, l’île privée d’Epstein dans la Caraïbe. « J’ai passé des moments vraiment magnifiques sur ton île », écrivit-il en juin 2013. Quand en septembre 2017 l’ouragan Irma dévasta la région, Sulayem offrit d’envoyer ses propres ingénieurs pour rendre l’île « à l’épreuve des ouragans ». Plus significatif encore : selon ce qu’a rapporté le Miami Herald, Epstein acheta l’île adjacente, Great St. James Cay, par le biais d’une société écran dont le bénéficiaire s’avérait être Sulayem. Le propriétaire Christian Kjaer refusait de vendre à Epstein en raison de ses condamnations pour délits sexuels : pour contourner ce refus, Epstein utilisa le nom de l’émirati. Un porte-parole de Sulayem a démenti, mais un courriel de décembre 2016 dans lequel Sulayem décrivait Epstein comme « cher ami et associé en affaires » propriétaire de ses îles contredit la version officielle.

Les fichiers montrent également que Sulayem tentait activement de trouver des emplois pour de jeunes femmes russes de l’entourage d’Epstein : l’une comme « masseuse » dans une station touristique turque, une autre dans un hôtel à Dubaï. En août 2018, dans un courriel à Epstein, Sulayem lui demandait : « Pouvons-nous lui trouver un travail dans un hôtel à Dubaï ? » Dans un autre courriel, il décrivait en détail une étudiante universitaire à Dubaï avec laquelle il avait une relation, utilisant un langage explicitement sexuel. En novembre 2007, Sulayem racontait à Epstein ses tentatives pour rencontrer un mannequin : « Après plusieurs mois d’efforts, nous avons réussi à nous rencontrer à New York. Il y a eu un malentendu : elle voulait des affaires ! Moi, je ne voulais que de la chatte ! » [she wanted some business while I only wanted some PUSSYNESS] Epstein répondait : « Louange à Allah, il existe encore des gens comme toi ». Le député républicain Thomas Massie, après avoir visionné les fichiers non censurés au DOJ, a indiqué sur X que le destinataire d’un courriel du 24 avril 2009 dans lequel Epstein écrivait « J’ai adoré la vidéo de la torture » était Sulayem ; l’identification a été confirmée par le procureur général adjoint Todd Blanche, qui cita le fichier EFTA00666117.

Le canal secret Israël-Émirats et Carbyne

En juin 2015, Epstein écrivit dans un seul courriel, adressé aux deux : « Ehud – Sultan. Sultan – Ehud ». Trois mots qui documentent le moment où il mettait en contact Ehud Barak, ancien premier ministre israélien, et Sulayem. Barak était alors président de Carbyne, une société de cybersécurité israélienne qu’il avait cofondée avec des financements d’Epstein, née dans l’écosystème de l’Unité 8200 du renseignement militaire israélien, dont le cœur de métier était de permettre aux agences de sécurité d’accéder en temps réel à la position, l’audio et la vidéo depuis les téléphones mobiles des utilisateurs. Le 5 août 2018, Sulayem écrivit à Epstein manifestant son intérêt pour Carbyne, comme l’écrit Middle East Eye. Epstein a donc agi comme un canal diplomatique non officiel entre Israël et les Émirats arabes unis des années avant que les accords d’Abraham de 2020 ne rendent publique la normalisation.

En juillet 2018, Sulayem se rendit à Tel Aviv pour des soins médicaux pour sa fille. Dans un courriel à Barak, il le remercia « pour ton aide avec notre visa ». Barak répondit qu’il serait heureux de le rencontrer pendant sa visite. Epstein facilita également une rencontre entre Barak et l’ancien premier ministre qatari Hamad bin Jassim en 2018.

Renseignement, Poutine et les kits ADN pour le souverain de Dubaï

Sulayem utilisait Epstein aussi comme canal politique en Europe. Epstein transmit à Peter Mandelson – alors secrétaire d’État au Commerce britannique – un dossier de DP World sur un projet portuaire sur la Tamise de 1,8 milliard de livres sterling. Mandelson répondit : « Je l’appellerai et lui parlerai ». DP World réalisa ensuite le London Gateway. Mandelson a été ultérieurement démis de son poste d’ambassadeur britannique à Washington pour ses liens avec Epstein. Fin février, il a été arrêté par la police britannique puis libéré sous caution. Il est sous enquête, mais aucune accusation n’a encore été formellement retenue contre lui.

Dans un courriel particulièrement pertinent, Sulayem informa Epstein qu’il attendait l’approbation pour acquérir un actif infrastructurel « sensible » conditionné à un accord bilatéral Émirats-Russie, ajoutant : « J’ai reçu une invitation officielle du bureau de Poutine pour une rencontre en tête-à-tête afin d’obtenir le feu vert directement de lui ». Epstein transmit cette correspondance à un contact inconnu avec la note : « Pour tes yeux uniquement ».

À l’été 2017, Sulayem commanda 30 kits d’analyse généalogique par ADN pour Mohammed bin Rashid Al Maktoum, souverain de Dubaï, les faisant livrer à l’appartement d’Epstein. Les kits furent enregistrés sous le nom « Rashid Epstein ».

La Kiswah : le sacrilège comme rite d’appartenance

Parmi les détails les plus symboliquement chargés émergent les événements liés à la Kiswah, le tissu noir et or brodé qui recouvre la Kaaba à La Mecque. Une image jointe à un courriel du 8 mai 2014 montre Epstein et Sulayem observant ensemble un fragment du tissu étendu à terre ; geste que les savants islamiques considèrent comme profondément irrespectueux.

En février et mars 2017, trois fragments de la Kiswah furent expédiés à Epstein via des contacts liés aux Émirats. L’envoi partit d’Arabie saoudite par British Airways, déclaré en douane comme « œuvre d’art ». Un des trois fragments provenait de l’intérieur même de la Kaaba. La question que les fichiers laissent sans réponse est la plus inconfortable : qui en Arabie saoudite a autorisé la sortie de ces objets de la chaîne de garde du Haram ? Les autorités saoudiennes n’ont jamais commenté.

Hind Al-Owais : la diplomate des droits de l’homme

Le second nom émirati d’importance est celui de Hind Abdulaziz Al-Owais, directrice du Comité permanent des Émirats pour les droits de l’homme et, depuis septembre 2015, première femme émiriatie à occuper un poste international au siège des Nations Unies. Les dossiers incluent environ 469 courriels échangés avec Epstein entre 2011 et 2012, trois ans avant sa nomination à l’ONU. Les courriels montrent des rencontres répétées dans l’appartement d’Epstein à Manhattan, des demandes d’assistance juridique et financière, et des tentatives d’Epstein d’influencer sa carrière. Le 28 janvier 2012, les fichiers montrent une rencontre organisée par Epstein entre Al-Owais, sa sœur Hala, et Reid Weingarten, l’un des plus célèbres avocats pénalistes usaméricains et avocat personnel d’Epstein.

La réponse émiratie a été silencieuse mais éloquente : Middle East Eye a documenté la suppression systématique de toute mention d’Al-Owais des comptes officiels du Comité des droits de l’homme sur Instagram, X et LinkedIn, de la page de l’Anwar Gargash Diplomatic Academy, et du site du World Governments Summit. Là où elle était visible jusqu’en décembre 2025, apparaît maintenant : « 404 Page not found ».

Epstine et MBS. Non daté

Mohammed bin Zayed et l’assassinat de Khashoggi

Mohammed bin Zayed (MBZ), prince héritier d’Abou Dhabi et homme le plus puissant des Émirats, apparaît dans les fichiers de manière indirecte mais significative. Dans les heures suivant l’assassinat du journaliste Jamal Khashoggi au consulat saoudien d’Istanbul (2 octobre 2018), Epstein écrivit à son interlocuteur Anas al-Rashid : « Ça sent quelque chose de plus grand. Ça ne m’étonnerait pas que MBZ lui ait tendu un piège », émettant l’hypothèse que MBZ avait orchestré un piège contre Mohammed bin Salman. Cette même nuit, Epstein reçut un message (expéditeur masqué) communiquant que MBZ demandait une réunion « urgente » avec départ prévu le lendemain matin.

L’Arabie saoudite : zones d’ombre et dossiers stratégiques

La dimension saoudienne est la moins documentée dans les dossiers, mais pas la moins significative. La différence qualitative avec les Émirats est nette : avec Abou Dhabi et Dubaï, il existe des courriels, des photographies, des transactions. Avec Riyad, nous avons la Kiswah, un passeport avec résidence saoudienne, un carnet d’adresses avec des noms excellents, et les conseils d’Epstein sur certains des dossiers les plus stratégiques.

Saudi Aramco et le conseil d’Epstein

Les dossiers révèlent qu’Epstein discuta avec divers interlocuteurs de l’introduction en bourse (IPO) de Saudi Aramco à plusieurs reprises. Dans un courriel de 2016, il avertit qu’une cotation publique exposerait l’Arabie saoudite à des risques juridiques et de saisie d’actifs. Dans un courriel du 17 octobre 2017 à un interlocuteur identifié comme Alahmadi, il proposa en alternative de vendre à la Chine une option pour acheter une participation de 100 milliards de dollars dans Aramco, au lieu de procéder à une IPO traditionnelle. Saudi Aramco n’a pas commenté.

Le dossier Yémen-Pakistan

Le 7 avril 2015, Epstein reçut un courriel intitulé « Pakistan Covert Deal with Saudi on Yemen » de Nasra Hassan, fonctionnaire pakistanaise ayant travaillé pour les Nations Unies pendant 27 ans et pour la Ligue arabe. Le courriel l’informait d’un accord secret par lequel l’Arabie saoudite négociait avec le Pakistan l’envoi des forces spéciales « Black Storks » à la frontière yéménito-saoudienne, en soutien à la coalition contre les Houthis. Le Pakistan vota finalement contre l’intervention le 10 avril 2015, trois jours après qu’Epstein eut été informé de l’opération militaire clandestine.

Les purges du Ritz-Carlton et Mohammed Bin Salman

Les fichiers montrent qu’en novembre 2017, pendant les purges du Ritz-Carlton de Riyad par lesquelles Mohammed bin Salman consolida son pouvoir en arrêtant des centaines de rivaux et d’hommes d’affaires, Epstein fut informé de suivre de près les développements saoudiens. En août 2019, il avait montré à James Stewart du New York Times une photographie de Bin Salman accrochée au mur de son appartement, se vantant de visites fréquentes et de contacts directs. Ces affirmations d’Epstein à un journaliste à un moment où il avait intérêt à gonfler son influence n’ont pas été vérifiées indépendamment.

Le Maroc : recrutement, immobilier, médiateurs et la variable Sahara occidental

Le Maroc est le deuxième pays arabe par densité de présence dans les dossiers : « Morocco » apparaît 1 561 fois, « Marrakech » 2 278 fois. Une obsession documentée qui traverse vingt ans et révèle non seulement une destination récurrente, mais une stratégie cohérente.

Le mariage du roi : Clinton amène Epstein

Juillet 2002, Rabat. Le roi Mohammed VI épouse Lalla Salma Bennani. Bill Clinton, invité en raison de la longue relation diplomatique entre les USA et le Maroc, amène avec lui comme invités personnels Jeffrey Epstein et Ghislaine Maxwell. Selon le New York Post, les collaborateurs de Clinton furent consternés par cette demande. Une source citée par AOL rapporte : « Clinton, Epstein et Ghislaine étaient assis avec le roi. C’était un mariage formel, dîner assis, smoking, très élégant ». Il convient de préciser qu’Epstein n’était pas l’hôte du palais royal marocain – il était le plus-one d’un ancien président. Il n’existe aucune preuve d’une relation directe entre Mohammed VI et Epstein.

La présence d’Epstein à cette cérémonie acquiert une signification rétrospective lorsqu’on considère la dynamique politique qui suivit : en 2014-2015, selon les courriels de WikiLeaks, Mohammed VI « s’engagea à verser environ 12 millions de dollars à la Clinton Foundation/CGI pour un sommet à Marrakech en mai 2015, conditionnant le versement à la participation personnelle d’Hillary Clinton. Comme l’écrivit Huma Abedin dans un courriel : ‘C’était une idée de HRC : notre bureau a contacté les Marocains et ils croient à cent pour cent le faire à sa demande. Le Roi s’est personnellement engagé à verser environ 12 millions de dollars’ ». Hillary Clinton ne participa finalement pas – le lancement de la campagne présidentielle était imminent – et Bill et Chelsea vinrent à sa place. Trump utilisa cet épisode dans ses discours de campagne des 21-23 octobre 2016 pour attaquer le « pay for play » de la Clinton Foundation. Il convient de préciser : les 12 millions sont allés à la Fondation, pas à la campagne électorale d’Hillary. Une distinction juridiquement pertinente, même si les critiques en contestaient la substance.

Le recrutement : le Maroc comme source de victimes

Les dossiers documentent que le Maroc était l’un des pays où Epstein avait des recruteurs actifs. Les courriels montrent des personnes envoyant des photographies de filles avec des mensurations corporelles détaillées et des discussions sur la façon d’obtenir des visas pour les amener aux USA. Les registres de vol documentent des voyages au Maroc de 2001 à 2019. En mars 2001, Epstein fit escale à Tanger avec Virginia Giuffre, alors mineure. Le 25 avril 2019, quelques mois avant son arrestation, il transita par l’aéroport Marrakech-Menara, fait confirmé par la DGSN (Sûreté nationale) marocaine.

Il convient de considérer que, s’agissant d’opérations de recrutement s’étendant sur près de vingt ans dans un pays où la Direction Générale de la Surveillance du Territoire (DGST) est réputée pour la surveillance systématique des étrangers de haut profil, l’hypothèse que tout se soit passé à l’insu des autorités est difficile à soutenir. Il n’existe pas de documents prouvant une complicité institutionnelle, mais on peut la déduire logiquement.

Les négociations immobilières : un refuge planifié

Entre 2011 et 2019, Epstein mena des négociations pour acheter des propriétés de luxe au Maroc de manière systématique, révélant une stratégie qui allait bien au-delà du simple intérêt immobilier. Les négociations principales concernèrent le Palais Bin Ennakhil dans la Palmeraie de Marrakech : un domaine de 4,6 hectares avec 60 fontaines en marbre, hammam, 2 000 palmiers et murs dorés. Les négociations durèrent près d’une décennie, de 2011 à 2019. En mars 2019, Epstein fut informé que, malgré l’existence d’autres offres, la sienne était encore considérée comme « la plus sérieuse ». Les négociations s’interrompirent en avril 2019.

Dans les dix jours précédant son arrestation en juillet 2019, dans une séquence frénétique documentée par les fichiers du DOJ et rapportée par Reuters, la société Southern Trust d’Epstein ordonna à Charles Schwab de transférer globalement 27,7 millions de dollars à l’agent immobilier marocain Marc Leon, avec les fonds dirigés vers un compte de la banque suisse Julius Baer. Un premier versement de 12,7 millions fut annulé parce que les conditions n’étaient pas « acceptables » ; un second de 14,95 millions fut envoyé le 4 juillet – deux jours avant l’arrestation – depuis un compte sans couverture suffisante. Charles Schwab déposa un rapport d’activité suspecte (Suspicious Activity Report) auprès du FinCEN [Réseau de lutte contre les crimes financiers du Département du Trésor US] le 13 juillet, sept jours après l’arrestation. La transaction n’aboutit pas. La chronologie ne laisse aucun doute : Epstein cherchait à Marrakech un plan de fuite tandis que son empire s’effondrait.

Jack Lang : 673 mentions, la fille offshore, et le riad d’un ami

La figure clé de médiation entre Epstein et le Maroc est Jack Lang, ancien ministre de la Culture français et jusqu’en février 2026 président de l’Institut du Monde Arabe. Lang apparaît 673 fois dans les documents. La relation est documentée à plusieurs niveaux.

En avril 2017, Epstein lui prêta son jet privé pour un voyage au Maroc. En mars 2015, une chaîne de courriels montre Lang dans le rôle d’intermédiaire immobilier : le 29 mars, Dominique Silberstein envoya à Epstein la présentation du riad Ksar Masa à Marrakech « à la demande de Jean Poniatowski » ; le 30 mars, Monique Lang – épouse de Jack – écrivit à Epstein expliquant qu’ « un ami veut vendre sa propriété » et préférerait une négociation directe ; le 31 mars, Jack Lang fournit le prix : « 5 400 000 euros, offshore ». Lang a déclaré ne pas bien se souvenir de l’épisode et avoir « simplement transmis les demandes du vendeur sans les commenter ». La transaction n’aboutit pas, mais les courriels révèlent Lang comme intermédiaire actif facilitant l’accès d’Epstein au marché immobilier marocain.

Le chapitre le plus controversé concerne sa fille Caroline Lang. Le 22 juillet 2016, Epstein constitua Prytanee LLC – société domiciliée à Saint-Thomas, îles Vierges usaméricaines, un paradis fiscal – avec Caroline Lang comme titulaire de 50 % des parts via un « Pierre Trust » (une structure fiduciaire au nom d’une personne : détail qui en soi en dit long sur la logique d’opacité de toute l’opération). Epstein finançait la société par l’intermédiaire de la Southern Trust Company. Le but déclaré était l’acquisition d’œuvres d’art de jeunes artistes. Caroline Lang a admis n’avoir jamais déclaré cette société aux autorités fiscales françaises. Le testament d’Epstein, signé deux jours avant sa mort en août 2019, lui laissait 5 millions de dollars, somme dont elle affirme ne pas avoir eu connaissance. Elle a démissionné du Syndicat des Producteurs Indépendants (SPI) trois semaines après sa nomination, et de la Fondation Le Refuge, une organisation qui héberge et accompagne des jeunes LGBT+ chassés du domicile familial.

Le 7 février 2026, Jack Lang a démissionné de l’IMA : forcée, non volontaire, selon les communications du ministère de la Culture français. Le 17 février 2026, Anne-Claire Legendre, diplomate et conseillère de Macron pour l’Afrique du Nord et le Moyen-Orient, lui a succédé comme première femme à diriger l’IMA en 46 ans d’histoire. Le Parquet National Financier (PNF) a ouvert une enquête préliminaire pour « blanchiment de fraude fiscale aggravée » contre Jack Lang et Caroline Lang.

Fabrice Aidan : le diplomate onusien et l’affaire OCP-Engie

Un second filon français s’entremêle avec le Maroc de manière encore plus directe. Fabrice Aidan, secrétaire des Affaires étrangères français en détachement de fonctions, apparaît dans près de 200 fichiers des documents DOJ. Entre 2010 et 2017, alors qu’il travaillait comme assistant spécial de Terje Rød-Larsen aux Nations Unies, il échangea des courriels avec Epstein contenant des documents confidentiels du Conseil de sécurité ; il avait le code d’accès à l’appartement parisien d’Epstein avenue Foch ; et son nom revient dans la préparation de rencontres entre Epstein et des personnalités saoudiennes. En 2013, le FBI avait signalé aux Nations Unies une enquête pour accès à des sites de pornographie infantile impliquant Aidan : celui-ci démissionna de l’ONU avant la fin de la procédure disciplinaire, sans être poursuivi pénalement.

Le lien marocain devient explicite à travers sa carrière ultérieure : après l’ONU, Aidan devint directeur des relations internationales d’Engie, le géant énergétique français qui a conclu un accord stratégique avec OCP Group de Mostafa Terrab au Maroc. Le Desk de Rabat a titré l’un de ses épisodes d’enquête : « Fabrice Aidan : l’homme d’Epstein au cœur du deal OCP-Engie ». Aidan a été suspendu par Engie et le ministre des Affaires étrangères français Jean-Noël Barrot a déféré l’affaire à la justice.

Mostafa Terrab et les élites marocaines

Les fichiers montrent différents niveaux de relation avec les figures institutionnelles marocaines. Dans le cas de Mostafa Terrab, PDG et président d’OCP Group – le géant public des phosphates – il ne s’agit pas d’une simple tentative de contact : début 2012, Epstein dit à un homme d’affaires émirati qu’il prévoyait de prendre le petit-déjeuner avec Terrab au Maroc. Il s’agit d’une rencontre planifiée et communiquée à des tiers, une relation en cours, pas d’une première approche. La triangulation Epstein-Aidan-Terrab/OCP-Engie suggère que le réseau avait construit, via des intermédiaires, un accès réel au cœur économique du royaume. Pour Taieb Fassi-Fihri, conseiller du roi, et pour Mohamed Mounir Majidi, secrétaire particulier de Mohammed VI, les fichiers documentent des tentatives de contact dont la traduction effective en relation n’est pas confirmée.

Le Sahara occidental : la variable unificatrice

Pour comprendre la logique profonde du rapport entre le Maroc et les réseaux de pouvoir usaméricains qui recoupent l’affaire Epstein, il faut regarder la question du Sahara occidental. Mohammed VI a déclaré explicitement en 2022 que le Maroc « mesure ses relations avec les autres pays à travers le prisme de la question du Sahara ». Cette déclaration éclaire rétrospectivement vingt ans d’histoire.

La chronologie est cohérente : en 1999, Bill Clinton participa aux funérailles d’Hassan II, construisant une relation directe avec la monarchie marocaine. En 2002, Clinton amena Epstein et Maxwell au mariage de Mohammed VI comme invités personnels. Entre 2002 et 2019, le Maroc devint zone de recrutement, destination de voyage et siège de négociations immobilières pour Epstein. En 2014-2015, Mohammed VI conditionna 12 millions de dollars à la Clinton Foundation à la participation personnelle d’Hillary à une conférence. En 2016, Trump utilisa cet épisode comme arme contre Hillary. En 2018-2019, Jared Kushner négocia avec Mohammed VI : normalisation avec Israël en échange de la reconnaissance usaméricaine de la souveraineté marocaine sur le Sahara occidental. Le 10 décembre 2020, Trump annonça la normalisation Maroc-Israël dans le cadre des accords d’Abraham, avec la reconnaissance de la souveraineté marocaine sur le Sahara occidental comme contrepartie explicite.

La lecture d’ensemble est celle d’un royaume qui pendant vingt ans a pratiqué une stratégie de promiscuité stratégique avec les réseaux du pouvoir usaméricain – via les Clinton, via Epstein comme vecteur relationnel, via la Clinton Foundation, via Trump et Kushner – avec un objectif unique et cohérent : obtenir la reconnaissance usaméricaine de la souveraineté sur le Sahara occidental. L’objectif fut atteint.

Le Qatar : le médiateur qui n’a pas réussi

Pendant le blocus du Qatar de 2017-2021 – imposé par l’Arabie saoudite, les Émirats, Bahreïn et l’Égypte avec l’accusation de financement du terrorisme et de proximité avec l’Iran –, Epstein s’introduisit comme médiateur entre les parties.

Dans des courriels avec Sheikh Jabor Yousuf Jassim Al Thani, homme d’affaires qatari et membre de la famille royale, Epstein offrit des conseils stratégiques. Comme le rapporte Middle East Eye, le 8 juillet 2017, il écrivit que le Qatar pourrait sortir de l’isolement « si son peuple permettait au pays de reconnaître Israël », ou bien en offrant un milliard de dollars à un fonds pour les victimes du terrorisme. Il ajouta, en référence au premier ministre indien Modi : « Le premier ministre indien Modi a suivi ce conseil. Il a chanté et dansé en Israël au bénéfice du président américain. Ça a marché ! »

En juillet 2017, Epstein se proposait comme médiateur pour organiser une rencontre directe entre l’ancien premier ministre qatari Hamad bin Jassim et Bin Salman. On ne sait pas si la rencontre s’est concrétisée, mais Epstein réussit à organiser une rencontre entre Barak et Hamad bin Jassim en 2018. Le Qatar maintint sa position et le blocus se termina en 2021 sans que le pays normalise avec Israël.

Syrie et Liban : le banquier, l’intermédiaire et l’héritier

Syrie et Liban comme marché : la vision d’Epstein

En juillet 2010, Jeffrey Epstein écrivit à un associé non identifié : « Il a passé toute la semaine à Londres. Il veut acheter une autre banque au Moyen-Orient... Il en a fait une en Égypte, nous devrions en faire une en Syrie ou au Liban, les deux prochains hot spots ».  La plaisanterie – contenue dans un échange initié par le financier Tim Collins sur les opportunités d’acquisition bancaire dans la région – se terminait par une référence au milliardaire saoudo-syrien Wafic Saïd et par une observation obscène sur le tourisme sexuel au Liban. C’était en 2010 : un an avant le déclenchement de la guerre civile syrienne, cinq ans avant l’effondrement bancaire libanais.

Epstein anticipait les marchés avec la même logique avec laquelle il anticipait tout le reste.

Traces documentaires : Mandelson, Beyrouth et celui qui résista

La Syrie et le Liban ne figurent pas parmi les théâtres opérationnels d’Epstein avec la densité documentaire de l’Arabie saoudite ou du Maroc. Mais dans les fichiers émergent des traces significatives, et l’une d’elles mène directement au présent. En 2010, Epstein discuta avec le politicien britannique Peter Mandelson, déjà cité, de la possibilité de participer à un gala organisé par des banques libanaises à Washington D.C. La rencontre, si elle eut lieu, ne laissa pas d’autres traces documentaires. Mais elle révèle comment le circuit Epstein-finance-Moyen-Orient passait aussi par Beyrouth, alors capitale bancaire régionale et place privilégiée pour le recyclage des pétrodollars du Golfe.

Sur le versant opposé, les fichiers enregistrent aussi ceux qui surent résister. Le mathématicien et essayiste libano-américain Nassim Nicholas Taleb a déclaré publiquement avoir refusé à plusieurs reprises les invitations d’Epstein, ayant reconnu dès le début que l’histoire de son prétendu trading d’options était invraisemblable. « Ses opérations n’auraient pas été visibles sur les marchés pré-électroniques », expliqua Taleb. Dans le vaste catalogue de ceux qui tombèrent dans le piège de la séduction d’Epstein, Taleb reste l’une des rares exceptions documentées.

Peter Thiel, Tom Barrack, Larry Summers, Michael Wolff et Kenneth Starr

Tom Barrack : le fil qui arrive au présent

Mais le nœud central qui unit la Syrie, le Liban et le réseau d’Epstein a un nom précis : Thomas Joseph Barrack Jr., dit Tom. Les grands-parents de Barrack étaient des chrétiens libanais de Zahlé, émigrés aux USA à la fin du XIXe siècle. Lui est né à Culver City, Californie, en 1947. Il a fait fortune dans le private equity en fondant Colony Capital, est devenu l’un des hommes les plus proches de Donald Trump – décrit par le journaliste Michael Wolff comme faisant partie d’un trio de « mousquetaires de la vie nocturne des années 80 et 90 » avec Trump et Epstein – et a présidé le comité d’investiture du premier mandat présidentiel en 2017. En 2021, il a été inculpé pour avoir opéré comme agent clandestin des Émirats arabes unis, utilisant son accès à la Maison Blanche pour avancer les intérêts d’Abou Dhabi tout en cherchant des centaines de millions de dollars d’investissements des fonds souverains du Golfe. Un jury l’a ensuite acquitté en 2022.

Dans les dossiers Epstein, Barrack apparaît 544 fois. Les documents montrent une relation de confiance profonde et continue : dîners privés, introductions auprès de personnages clés, discussions de stratégie politique. Epstein orchestrait pour lui des rencontres avec Peter Thiel, avec l’ancien premier ministre israélien Ehud Barak, et avec Vitaly Churkin, représentant permanent de la Russie à l’ONU. Le calendrier d’Epstein pour le 29 août 2016 – des semaines après que Barrack eut prononcé le discours phare à la Convention républicaine en soutien à Trump – porte la note : « Déjeuner avec Ehud Barak, Tom Barrack et Vitaly Churkin ». Trois continents de pouvoir réunis autour d’une table par Epstein.

Les documents montrent aussi qu’Epstein s’adressait à Barrack comme canal potentiel vers Trump, et qu’à plusieurs reprises il l’incitait à déplacer les communications sur Signal (dont les enregistrements ne sont pas inclus dans les fichiers du gouvernement). La nature exacte de ce qui transita par ces canaux chiffrés reste inconnue.

Aujourd’hui, Tom Barrack est ambassadeur usaméricain en Turquie et envoyé spécial de Trump pour la Syrie et le Liban. Le 19 juin 2025, il a remis au gouvernement libanais une proposition en cinq points pour le désarmement du Hezbollah, conditionnant le soutien économique usaméricain à la centralisation des armes sous contrôle étatique. En juillet, il a rencontré le président Joseph Aoun à Beyrouth, avertissant que sans un tournant décisif, le Liban risquait une érosion existentielle : « Tu as Israël d’un côté, l’Iran de l’autre, et maintenant la Syrie qui se manifeste si rapidement que si le Liban ne bouge pas, il redeviendra Bilad al-Sham ». L’expression – qui évoque la Grande Syrie historique – a déclenché des polémiques transversales dans l’espace politique libanais.

L’homme que Trump a choisi pour négocier l’avenir de deux des pays les plus instables de la région est celui qu’Epstein utilisait comme relais privilégié vers la Maison Blanche, et avec qui il partageait – de l’aveu même contenu dans les documents – la nécessité de communiquer en dehors de toute archive traçable. Ce n’est pas une accusation : Barrack n’a pas été inculpé pour quelque crime que ce soit lié à Epstein, et aucun document ne prouve une implication dans les crimes sexuels. Mais la continuité biographique est un fait, et comme telLE mérite d’être enregistrée.

Égypte et Libye : crises, avoirs gelés et opportunisme

L’Égypte : la famille Moubarak

Les fichiers montrent qu’après la chute d’Hosni Moubarak en février 2011, une demande d’assistance provenant du cercle familial de l’ancien président – selon Reuters attribuable à l’épouse du fils Gamal Moubarak – fut transmise à Epstein. La nature de l’assistance demandée n’est pas spécifiée dans les documents, et Reuters n’a pas été en mesure d’établir si Epstein a pris des mesures en réponse. Il est cependant significatif qu’au moment de vulnérabilité maximale d’une des familles les plus puissantes du monde arabe, quelqu’un ait pensé à Epstein comme point d’accès.

La Libye : la chasse aux 80 milliards

Le chapitre libyen est parmi les plus révélateurs des dossiers sur le Moyen-Orient. En juillet 2011, quelques mois après le début de la révolte soutenue par l’OTAN qui allait conduire à la mort de Kadhafi, un associé d’Epstein nommé Greg Brown lui envoya un courriel avec pour objet : « Opportunités financières et légales liées à l’instabilité libyenne ». Comme rapporté par Al Jazeera, le courriel estimait à 80 milliards de dollars les fonds libyens gelés au niveau international, dont 32,4 milliards déposés dans des banques usaméricaines, observant que la valeur réelle pouvait être « trois ou quatre fois supérieure » en considérant les avoirs souverains faisant l’objet de détournements. Le plan prévoyait de récupérer un pourcentage de ces fonds – entre 5 et 10 pour cent – avec des honoraires entre 10 et 25 pour cent pour les récupérateurs. « Mais la vraie affaire » (The real carrot), ajoutait le courriel, « c’est si nous réussissons à devenir leurs hommes de référence, parce qu’ils prévoient de dépenser au moins 100 milliards l’année prochaine pour reconstruire le pays ». Le courriel mentionnait l’implication possible d’anciens agents du MI6 et du Mossad.

Dans ce cadre s’inscrit l’histoire de Basit Igtet. Né à Benghazi dans une famille hostile au régime de Kadhafi – son père fut tué par le régime – Igtet s’était enfui en exil à Zurich, où il avait construit une carrière entrepreneuriale. En 2011, pendant la révolution, il fut nommé Envoyé spécial du Conseil national de transition pour les affaires humanitaires, après une campagne de lobbying international qu’il avait menée depuis l’exil. En 2012, il épousa Sara Bronfman, héritière de la famille Seagram et financière principale de NXIVM, l’organisation de Keith Raniere , condamné en 2019 pour trafic sexuel et racket. Raniere commença à instruire Igtet sur l’ambition de devenir Premier ministre de la Libye, bien qu’Igtet ait une épouse juive et n’ait pas vécu en Libye depuis des décennies. Igtet se présenta au poste de Premier ministre en 2014, financé par l’argent de sa femme, sans succès. La Libye post-Kadhafi émerge dans les dossiers Epstein non pas comme un pays mais comme une opportunité : des milliards de dollars gelés, des institutions détruites, une absence de contrôles. Un vide que beaucoup cherchaient à remplir.

 Mona Juul et Terje Rød-Larsen à une représentation londonienne de la pièce de Broadway à leur gloire, "Oslo", 2020

Les accords d’Oslo : la paix achetée ?

L’élément le plus déstabilisant pour l’histoire diplomatique récente émergeant des dossiers ne concerne pas directement les pays arabes. Il concerne le processus qui a défini pendant trente ans les termes de la question palestinienne.

Qui étaient Juul et Rød-Larsen, et qu’ont-ils construit ?

Terje Rød-Larsen et Mona Juul sont les diplomates norvégiens qui, au début des années 1990, facilitèrent secrètement les négociations qui menèrent à la signature des accords d’Oslo le 13 septembre 1993 : le premier accord formel entre Israël et l’OLP. Les concepteurs du canal secret furent le ministre des Affaires étrangères norvégien Johan Jørgen Holst, Rød-Larsen et Juul. Les négociations se déroulèrent pendant des mois dans le plus grand secret : pour l’OLP, elles furent menées par Ahmed Qurei, qui rapportait directement à Arafat ; pour Israël, par le directeur général du ministère des Affaires étrangères Uri Savir, qui rendait compte à Shimon Peres.

Rød-Larsen était directeur de l’Institut Fafo pour la recherche sociale appliquée d’Oslo, un think tank académique qui avait mené des recherches sur les conditions de vie dans les Territoires occupés, fournissant la couverture académique pour engager les contacts avec l’OLP. Mona Juul était la diplomate du ministère des Affaires étrangères qui pouvait faciliter les contacts au plus haut niveau institutionnel. Leur histoire fut racontée dans la pièce de Broadway « Oslo » (2016-2017) et dans le film éponyme de 2021, tous deux célébrant leur courage et leur disposition à prendre « des risques personnels pour la paix ». Ce qui sera découvert en 2026 est que Rød-Larsen transmettait les critiques enthousiastes de la pièce à Epstein et qu’Epstein avait payé environ 70 000 euros pour que la première bénéficie d’une représentation exclusive gratuite au Vivian Beaumont Theater de New York en 2017, devant un public d’environ mille membres de l’International Peace Institute de Rød-Larsen.

La triangulation avec Epstein : prêts, appartement et femmes

Les dossiers publiés en janvier 2026 impliquent le couple de manière circonstanciée et à plusieurs niveaux, comme le documente InsideOver.

L’un est celui des prêts et des liens financiers : Epstein prêta à Rød-Larsen 130 000 dollars en 2013. Son testament, signé deux jours avant sa mort en 2019, prévoyait un legs de 5 millions de dollars pour chacun des deux enfants du couple, pour un total de 10 millions. Dans un message de 2017, Rød-Larsen écrivit à Epstein : « Tu es mon meilleur ami, et un être humain très rare et profondément bon ».

Un autre concerne l’appartement de Frogner : en 2018, Juul et Rød-Larsen achetèrent un luxueux appartement de plus de 300 m² à Frogner, Oslo ouest, pour 14 millions de couronnes [+1,25  M€], environ la moitié de sa valeur marchande. Le vendeur, l’armateur Morits Skaugen, a déclaré dans des courriels à Epstein avoir vendu « non volontairement », à prix réduit, avec Epstein dans le rôle d’intermédiaire. Un avocat de Skaugen a décrit les actions du couple, avec l’aide d’Epstein, comme des « méthodes mafieuses ».

Encore, sur les voyages et le passeport diplomatique : en avril 2011, Mona Juul figurait comme passagère – avec son mari et leurs deux enfants – sur un vol programmé pour mai 2011 sur l’un des jets privés d’Epstein. Juul utilisa son passeport diplomatique en relation avec les besoins du pilote privé d’Epstein, une possible violation des règles du service extérieur norvégien. Lorsqu’on l’interrogea sur les circonstances, Juul déclara n’avoir « aucun souvenir » des épisodes cités par le quotidien Aftenposten.

Enfin, les jeunes femmes : selon les enquêtes d’Al Jazeera, Rød-Larsen écrivit des lettres officielles de recommandation aux autorités usaméricaines pour faire obtenir des visas à de jeunes femmes russes de l’entourage d’Epstein, décrivant des mannequins sans parcours académique comme dotées de « capacités extraordinaires adaptées à des rôles de recherche ». Une victime a déclaré à NRK croire qu’Epstein l’avait envoyée à l’institut de Rød-Larsen « pour la manipuler ».

Les archives privées et les documents disparus

Un autre élément crucial, qui précède le scandale Epstein, concerne la gestion de la mémoire historique des accords d’Oslo. Il n’existe pas un seul document des archives officielles du ministère des Affaires étrangères norvégien relatif à la période janvier-septembre 1993 : exactement la période où se déroulèrent les négociations secrètes les plus décisives. Comme rapporté par Euractiv, Rød-Larsen révéla posséder de « vastes archives privées » qu’il n’entendait pas remettre, affirmant qu’il les donnerait à une institution internationale de confiance. L’historienne Hilde Henriksen Waage, qui avait entamé une recherche pour le ministère des Affaires étrangères en 1998, raconta que Mona Juul l’appela personnellement pour lui demander comment elle osait procéder sans d’abord parler avec elle et son mari. En 2000, Juul la convoqua dans son bureau et lui dit que, dans l’intérêt du rôle norvégien dans le processus de paix, elle ne pouvait pas poursuivre sa recherche. Waage a qualifié la situation de violation « évidente » de la loi norvégienne sur les archives. Jonas Gahr Støre, aujourd’hui Premier ministre norvégien, est également accusé d’avoir tenté d’étouffer le scandale lorsqu’il était ministre des Affaires étrangères.

Le nœud Toka, Barak et les services secrets

En mai 2018, Ehud Barak écrivit à Epstein lui demandant de transmettre à Mona Juul une présentation de Toka, la société de renseignement israélienne dont Barak était cofondateur. Barak précisa que Rød-Larsen lui avait demandé de passer le matériel à Mona « parce qu’il se sentait inadapté » et mentionna une rencontre imminente entre Rød-Larsen et Epstein. Le lendemain, Juul envoya un message avec pour objet « Kjell G. » – vraisemblablement en référence à Kjell Grandhagen, ancien chef des services secrets norvégiens – qui fut transmis à Epstein par Rød-Larsen. Une diplomate norvégienne utilisant le courriel officiel du ministère des Affaires étrangères pour communiquer avec Epstein, et faisant transiter des contacts des services secrets à travers ce réseau : voilà ce que les fichiers documentent.

La démission, la mise en examen et la question palestinienne

Mona Juul a démissionné en février 2026 de son poste d’ambassadrice norvégienne en Jordanie et en Irak. Le ministère des Affaires étrangères lui a retiré son habilitation de sécurité. Le 9 février 2026, l’Økokrim – le parquet norvégien pour les crimes économiques – l’a formellement inculpée pour corruption aggravée ; Rød-Larsen est mis en examen pour complicité de corruption aggravée. L’ancien Premier ministre norvégien Thorbjørn Jagland, ancien président du Comité Nobel de la Paix et secrétaire général du Conseil de l’Europe, est également sous enquête pour des avantages présumés reçus d’Epstein. La princesse héritière Mette-Marit a présenté des excuses publiques. Les deux accusés plaident non coupables.

Mustafa Barghouti, secrétaire général de l’Initiative nationale palestinienne, a déclaré à Al Jazeera n’être « pas du tout surpris » : « Oslo était un piège, et je n’ai aucun doute que Rød-Larsen était influencé par la partie israélienne tout le temps ». Il a ajouté que les millions de dollars provenant potentiellement d’une figure liée au Mossad comme Epstein vers la famille Rød-Larsen suggèrent que la corruption était « directement destinée à servir les intérêts d’Israël contre les intérêts du peuple palestinien ». À l’heure actuelle, il n’existe pas de preuves documentaires établissant un lien de causalité entre l’argent d’Epstein et les choix diplomatiques de Rød-Larsen dans les années 1990. Le scandale pose cependant une question historique qui ne peut plus être éludée, et que les enquêtes de l’Økokrim pourraient clarifier.

L’Algérie : le réseau qui n’est pas passé

L’Algérie apparaît dans les dossiers Epstein de manière radicalement différente de tous les autres pays examinés : non pas comme partenaire, non pas comme destination, non pas comme base opérationnelle. Elle apparaît comme un objectif que le réseau n’a pas réussi à atteindre de la manière habituelle.

Des documents examinés par des sources journalistiques françaises et algériennes suggèrent qu’entre 2015 et 2017, le réseau d’Epstein tentait des approches indirectes vers l’Algérie, évitant le contact direct avec la direction. La méthode était celle de l’entrisme offshore : agir via Paris, Moscou, Dubaï pour intercepter les élites algériennes émergentes. À Paris, des sources journalistiques rapportent l’existence d’un canal de recrutement ciblant de jeunes femmes de l’élite et de la diaspora algérienne.

Dans ce cadre s’inscrit, tangentiellement, la figure du recruteur Daniel Amar Siad, originaire de Kabylie, qui opérait entre Paris, Barcelone, Dubaï et le Maroc. Siad était également représentant aux Émirats du MAK (Mouvement pour l’autodétermination de la Kabylie), classé comme organisation terroriste par l’Algérie en 2021. Son rôle dans le réseau Epstein était celui de recruteur en Europe et en Méditerranée, figure de second plan opérationnel, sans poids politique autonome. Il vaut la peine de le mentionner car sa présence à Dubaï, avec un compte bancaire émirati et des liens avec les cercles proches d’Epstein, est documentée par des sources primaires du DOJ (document EFTA00767847).

Ce qui est certain, et distingue l’Algérie de tous les autres pays analysés, c’est le résultat : l’Algérie est parmi les pays qui n’ont jamais reconnu Israël. Elle n’a pas signé d’accords de normalisation. Elle maintient une position de soutien à la cause palestinienne. Le contraste avec les Émirats, le Maroc et le Bahreïn – qui ont signé les accords d’Abraham en 2020 – est net.

Où nous mène la carte

Les dossiers Epstein ne sont pas la preuve d’une grande conspiration avec un centre et une régie unique. Ils sont quelque chose de plus banal et de plus systémique : la documentation de la manière dont fonctionne le pouvoir global lorsque les mécanismes de contrôle public cessent d’opérer.

Les Émirats arabes unis étaient le pays avec la présence la plus profonde et opérationnellement la plus significative. Sultan Ahmed bin Sulayem entretenait avec Epstein une relation de trente ans qui incluait des visites sur l’île privée, l’achat de biens immobiliers via des sociétés écrans, des canaux diplomatiques officieux avec Israël, du renseignement partagé sur les mouvements de DP World, et l’implication dans un système de placement de jeunes femmes entre hôtels et stations du Golfe. La suppression systématique de la présence numérique de Hind Al-Owais par les autorités émiraties est un acte politique institutionnel documenté.

Le Maroc émerge comme hub de recrutement, terrain de négociations immobilières suggérant un plan de fuite, et nœud de réseaux d’influence liant Clinton, la Clinton Foundation, Epstein comme vecteur relationnel, et enfin Kushner et Trump. L’objectif du royaume – la reconnaissance usaméricaine de la souveraineté sur le Sahara occidental – fut atteint en 2020 dans le cadre des accords d’Abraham. Jack Lang reste la figure clé de médiation ; l’affaire Aidan-OCP-Engie révèle un niveau supplémentaire de pénétration dans la structure économique du pays.

Le Qatar est le pays qui a résisté : Epstein cherchait à l’utiliser comme pion pour le convaincre de normaliser avec Israël, mais le Qatar maintint sa position.

La Libye post-Kadhafi était vue par le cercle d’Epstein comme une opportunité extraordinaire : des milliards de dollars gelés, des institutions détruites, une absence de contrôles. Le plan avec d’anciens agents du MI6 et du Mossad témoigne de la façon dont le réseau d’Epstein se superposait aux cercles les plus opaques du renseignement international.

L’affaire Juul-Rød-Larsen pose une question historique légitime sur la négociation des accords d’Oslo, que les enquêtes de l’Økokrim pourraient clarifier. Il n’existe pas de preuves que l’argent d’Epstein ait influencé les choix diplomatiques des années 1990, mais la question est devenue impossible à ignorer. La disparition de l’intégralité des archives relatives aux négociations de 1993 des archives officielles norvégiennes – en possession de Rød-Larsen comme « archives privées » – a transformé cette question en urgence institutionnelle.

L’Algérie est l’absence significative : le pays que le réseau n’a pas réussi à pénétrer de la manière habituelle est aussi le pays qui n’a pas normalisé [avec Israël].

Reste une question que les fichiers rendent légitime et à laquelle ils n’ont pas encore répondu : jusqu’à quel point les relations entre les pays arabes signataires des accords d’Abraham et Israël étaient-elles déjà consolidées avant 2020, construites au cours de décennies par des canaux comme celui d’Epstein ? Et quel rôle la collecte de kompromat – matériel compromettant – sur des figures politiques clés a-t-elle joué dans le façonnement de ces relations ? Les dossiers Epstein ont ouvert cette question. Personne n’y a encore répondu.