Affichage des articles dont le libellé est Dietrich Bonhoeffer. Afficher tous les articles
Affichage des articles dont le libellé est Dietrich Bonhoeffer. Afficher tous les articles

16/03/2026

“Stupid Fury”: el neocolonialismo de Trump explicado por el teólogo alemán Bonhoeffer

Milena Rampoldi, 15 -3- 2026

Desde el estallido de la agresión usraelí contra la República Islámica de Irán, me siento como el teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer cuando estaba en la cárcel nazi, incluso si mi oficina en Estambul es mucho más cómoda. En su celda, Bonhoeffer comenzó a reflexionar sobre las razones y las raíces del brutal régimen hitleriano al comprender que la causa no era la malicia/el mal, sino simplemente la estupidez pura y dura.

El mismo paradigma se puede aplicar a la presidencia de Donald Trump y a su guerra épicamente furiosa contra el régimen satánico de Irán, cuando en realidad no es otra cosa que la agresión brutal y sin cabeza contra un Estado soberano en el Máshreq.

“Tratamos repetidamente de llegar a un acuerdo. Lo intentamos. Querían hacerlo. No querían hacerlo. Querían hacerlo. No querían hacerlo”.

En sus cartas escritas desde la cárcel, el teólogo Bonhoeffer afirmaba que la estupidez era un enemigo más peligroso del bien que la malicia y/o el mal mismo. Para mí personalmente, esta suya conclusión tiene un fuerte impacto en cómo luchar contra las violaciones de los derechos humanos como las guerras de USA contra los Estados musulmanes soberanos. Experimentamos un importante cambio de paradigma si abandonamos el punto de vista según el cual debemos luchar contra el mal usamericano y si en cambio decimos que la estupidez usamericana es el enemigo de los países musulmanes soberanos del Máshreq como la estupidez es el enemigo de la autodeterminación política y el anticolonialismo/antiimperialismo.

“Las vidas de los valientes héroes americanos pueden perderse y podemos tener víctimas, lo que a menudo sucede en la guerra. Estamos haciendo esto, no por ahora, estamos haciendo esto para el futuro, y es una misión noble”.

 Sin embargo, Bonhoeffer incluso va un paso más allá en sus reflexiones al mostrar que la violencia ni siquiera es capaz de oponerse a la estupidez, mientras que es un medio efectivo cuando tenemos que oponernos al mal. Si partimos del supuesto de que Trump representa la estupidez y no el mal, entenderemos que tenemos que cambiar nuestra estrategia para oponernos a sus fantasías neoimperialistas de niños asesinos en países musulmanes y otros (Venezuela, Cuba y más).

¿Por qué la estupidez es tan peligrosa en política? Bonhoeffer tiene la respuesta: la mayoría de la gente pone la estupidez entre paréntesis porque muchos piensan que no vale la pena considerarla. Y esto es un error porque entonces no entendemos la esencia de la estupidez que, si la ponemos en palabras del propio Bonhoeffer, no es un defecto intelectual sino “humano”.

Si analizamos el fenómeno de la estupidez desde un punto de vista psicológico y luego sociológico, entendemos una característica fundamental de la misma: la estupidez aparece en grupos más que en personas aisladas. Trump y su estupidez son parte de un sistema, de un estilo de vida usamericano en el que los contribuyentes financian ataques impulsados por la estupidez a escuelas para niñas, museos y hospitales en Irán.

“Pero sí, ya sabes, esperamos algunas cosas. Como dije, algunas personas morirán. Cuando vayas a la guerra, algunas personas morirán”.

Si escuchamos lo que Bonhoeffer sugiere, necesitamos pasar del títere aislado Donald al sistema “Epstein” del que forma parte. Esto significa que la estupidez no es un problema psicológico, sino que se convierte en un problema sociológico. Es por eso que deberíamos establecer la llamada “sociología de la estupidez” para analizar el neoimperialismo de Trump para superar la ocupación usamericana de países musulmanes y otros.

En un régimen neocolonialista como USA, el poder de la clase dominante de los neosionistas del AIPAC hambrientos de poder necesita la estupidez de los contribuyentes ciegos para sobrevivir porque la estupidez y la megalomanía neoimperialista son exactamente lo contrario del coraje moral y la lucha contra la injusticia. La gente estúpida cree en la narrativa de la clase dominante. Y esto resulta en la persistencia de un neocolonialismo yanqui moldeado por el régimen sionista 2.0 impulsado por las fantasías de Eretz Israel. A continuación, me gustaría traducir al español el fragmento de las cartas que Bonhoeffer escribió desde la cárcel, titulado “Estupidez”[1], para que los lectores reflexionen sobre él y recuperen su propio coraje moral, ya que necesitamos una guerra contra la estupidez y no contra el mal:

La estupidez es un enemigo del bien más peligroso que la maldad.

Contra el mal se puede protestar; se lo puede desenmascarar; se lo puede impedir, llegado el caso, incluso mediante la fuerza. El mal lleva siempre en sí el germen de su propia descomposición, pues deja al menos un malestar en el ser humano. Frente a la estupidez, en cambio, estamos indefensos.

Ni las protestas ni la fuerza sirven aquí de nada; las razones no surten efecto. Los hechos que contradicen el propio prejuicio simplemente no necesitan ser creídos —en tales casos el estúpido se vuelve incluso crítico— y, cuando resultan inevitables, pueden ser descartados como simples casos aislados sin importancia.

Además, el estúpido, a diferencia del malvado, está completamente satisfecho consigo mismo; es más, se vuelve peligroso, pues pasa fácilmente al ataque cuando se siente irritado.

Por eso es necesario ser más prudente frente al estúpido que frente al malvado. Nunca intentaremos convencer al estúpido mediante razones: es inútil y peligroso.

Para saber cómo podemos enfrentarnos a la estupidez, debemos tratar de comprender su naturaleza. Algo es seguro: no se trata esencialmente de un defecto intelectual, sino de un defecto humano. Hay personas intelectualmente extraordinariamente ágiles que son estúpidas, y otras intelectualmente muy torpes que están muy lejos de serlo.

Este descubrimiento lo hacemos, con sorpresa, en determinadas situaciones. La impresión que se obtiene no es tanto que la estupidez sea un defecto innato, sino que, bajo ciertas circunstancias, los seres humanos son hechos estúpidos o se dejan volver estúpidos.

Observamos también que las personas que viven aisladas y retiradas manifiestan este defecto con menor frecuencia que aquellas inclinadas a la vida en sociedad o integradas en grupos humanos. Por ello, la estupidez parece ser menos un problema psicológico que sociológico. Es una forma particular de la influencia de las circunstancias históricas sobre el ser humano, una manifestación psicológica de determinadas condiciones externas.

Al observar más de cerca se advierte que todo gran despliegue de poder exterior —sea de carácter político o religioso— golpea a una gran parte de los seres humanos con la estupidez. Incluso parece tratarse de una especie de ley sociopsicológica: el poder de unos necesita la estupidez de otros.

El proceso no consiste en que determinadas facultades humanas —por ejemplo intelectuales— se atrofien o desaparezcan repentinamente. Más bien sucede que, bajo la impresión abrumadora del despliegue del poder, el ser humano es despojado de su independencia interior y renuncia entonces, más o menos inconscientemente, a encontrar por sí mismo una actitud frente a las situaciones de la vida.

El hecho de que el estúpido sea con frecuencia obstinado no debe engañarnos haciéndonos pensar que es independiente. En la conversación con él se percibe claramente que en realidad no se trata de una persona con la que uno dialoga, sino de consignas, palabras de orden y eslóganes que se han apoderado de él.

Está bajo un hechizo, está cegado; en lo más profundo de su ser ha sido abusado y maltratado. Convertido así en un instrumento sin voluntad, el estúpido será capaz de cualquier mal y, al mismo tiempo, incapaz de reconocerlo como tal. Aquí reside el peligro de un abuso diabólico. De este modo pueden destruirse seres humanos para siempre.

Pero es precisamente aquí donde se ve con claridad que no es un acto de instrucción, sino únicamente un acto de liberación lo que puede superar la estupidez. Habrá que aceptar que una verdadera liberación interior, en la mayoría de los casos, solo se hace posible después de que haya tenido lugar una liberación exterior.

Hasta entonces tendremos que renunciar a todos los intentos de convencer al estúpido.

En esta situación se comprende también por qué, en tales circunstancias, resulta inútil esforzarse por saber qué piensa realmente «el pueblo», y por qué esta pregunta resulta en realidad superflua para quien piensa y actúa de manera responsable.

La palabra de la Biblia según la cual el temor de Dios es el principio de la sabiduría (Salmo 111,10) significa que la liberación interior del ser humano para una vida responsable ante Dios es la única verdadera superación de la estupidez.

Por lo demás, estas reflexiones sobre la estupidez tienen también algo de consolador: no permiten en absoluto considerar a la mayoría de los seres humanos como estúpidos en todas las circunstancias. Todo dependerá, más bien, de si quienes ejercen el poder esperan más de la estupidez de las personas o de su independencia interior y de su inteligencia.

La simple conclusión es que el trumpismo neocolonialista y el donaldismo neoimperialista son un grave problema sociológico entretejido con la estupidez que aparece como malvada. Y de la estupidez se puede simplemente ser liberado, a la estupidez no se puede oponer la violencia, y este es exactamente el caso cuando nos fijamos en la ocupación de Oriente Medio por el ejército usraelí. Mientras que el Israel sionista 2.0 necesita implosión, autodestrucción y deconstrucción, el trumpismo y el donaldismo necesitan una guerra internacional contra la estupidez.


[1] El pasaje está tomado de Bonhoeffer D., Widerstand und Ergebung: Briefe und Aufzeichnungen aus der Haft, Gütersloher Verlagshaus, München 2005, pp. 14-18.

« Stupid Fury » : le néocolonialisme de Trump expliqué par le théologien allemand Bonhoeffer

Milena Rampoldi, 15/3/2026

Depuis le déclenchement de l’agression d’Usraël contre la République islamique d’Iran, je me sens comme le théologien allemand Dietrich Bonhoeffer quand il était dans la prison nazie, même si mon bureau à Istanbul est beaucoup plus confortable. Dans sa cellule, Bonhoeffer a commencé à réfléchir sur les raisons et les racines du régime hitlérien brutal en comprenant que la cause n’était pas la malveillance/le mal mais simplement la stupidité pure et simple.


Le même paradigme peut être appliqué à la présidence de Donald Trump et à sa guerre épiquement furieuse contre le régime satanique de l’Iran alors qu’en réalité ce n’est rien d’autre que l’agression brutale et échevelée contre un État souverain du Machrek.

« Nous avons cherché à plusieurs reprises à conclure un accord. Nous avons essayé. Ils voulaient le faire. Ils ne voulaient pas le faire. Ils voulaient le faire. Ils ne voulaient pas le faire.»

Dans ses lettres écrites de prison, le théologien Bonhoeffer affirmait que la stupidité était un ennemi plus dangereux pour le bien que la malveillance et/ou le mal lui-même. Pour moi personnellement, sa conclusion a un fort impact sur la façon de lutter contre les violations des droits humains comme les guerres usaméricaines contre les États musulmans souverains. Nous vivons un changement de paradigme important si nous abandonnons le point de vue selon lequel nous devrions lutter contre le mal usaméricain et si nous disons plutôt que la stupidité usaméricaine est l’ennemie des pays musulmans souverains du Machrek comme la stupidité est l’ennemie de l’autodétermination politique et de l’anticolonialisme/anti-impérialisme.

« La vie de courageux héros américains peut être perdue et nous pouvons avoir des victimes, ce qui arrive souvent en temps de guerre. Nous le faisons, pas pour maintenant, nous le faisons pour l’avenir, et c’est une noble mission. »

 Cependant, Bonhoeffer va même plus loin dans ses réflexions en montrant que la violence n’est même pas capable de s’opposer à la stupidité alors qu’elle est un moyen efficace lorsqu’il faut s’opposer au mal. Si nous partons de l’hypothèse que Trump représente la stupidité et non le mal, nous comprendrons que nous devons changer notre stratégie pour nous opposer à ses fantasmes néo-impérialistes tueurs d’enfants dans les pays musulmans et autres (Venezuela, Cuba et plus).

Pourquoi la stupidité est-elle si dangereuse en politique ? Bonhoeffer a la réponse : La stupidité est mise entre parenthèses par la majorité des gens parce que beaucoup pensent qu’elle ne vaut pas la peine d’être prise en compte. Et c’est une erreur parce que nous ne comprenons alors pas l’essence de la stupidité qui – selon les mots de Bonhoeffer lui-même – n’est pas un défaut intellectuel mais un défaut « humain ».

Si nous analysons le phénomène de la stupidité d’un point de vue psychologique puis sociologique, nous en comprenons une caractéristique fondamentale : la stupidité apparaît dans les groupes plus que dans les personnes isolées. Trump et sa stupidité font partie d’un système, d’un mode de vie usaméricain où les contribuables financent des attaques stupides contre des écoles de filles, des musées et des hôpitaux en Iran.

« Mais oui, vous savez, nous nous attendons à certaines choses. Comme je l’ai dit, certaines personnes vont mourir. Quand vous allez à la guerre, certaines personnes mourront. »

 Si nous écoutons ce que Bonhoeffer suggère, nous devons passer de la marionnette isolée Donald au système « Epstein » dont il fait partie. Cela signifie que la stupidité n’est pas un problème psychologique mais devient un problème sociologique. C’est pourquoi nous devrions établir la « sociologie de la stupidité » pour analyser le néo-impérialisme de Trump afin de surmonter l’occupation usaméricaine des pays musulmans et autres.

Dans un régime néocolonialiste comme les USA, le pouvoir de la classe dirigeante des néo-sionistes assoiffés de pouvoir de l’AIPAC a besoin de la stupidité des contribuables aveugles pour survivre car la stupidité et la mégalomanie néo-impérialiste sont l’exact opposé du courage moral et de la lutte contre l’injustice. Les gens stupides croient au récit de la classe dirigeante. Et cela se traduit par la persistance d’un néo-colonialisme USaméricain façonné par le régime sioniste 2.0 régi par les fantasmes d’Eretz Israël. Ici, dans ce qui suit, je voudrais traduire la section tirée des lettres de Bonhoeffer écrites de prison intitulée « Stupidité »[1] pour permettre aux lecteurs d’y réfléchir, de remodeler leur propre courage moral car nous avons besoin d’une guerre contre la stupidité et non contre le mal :

« La stupidité est un ennemi du bien plus dangereux que la méchanceté.

Contre le mal, on peut protester ; on peut le dénoncer ; on peut, au besoin, l’empêcher par la force. Le mal porte toujours en lui le germe de sa propre dissolution, puisqu’il laisse au moins un malaise dans l’être humain. Face à la stupidité, en revanche, nous sommes sans défense.

Ni les protestations ni la force n’y peuvent rien ; les raisons n’y ont aucune prise. Les faits qui contredisent les préjugés n’ont tout simplement pas besoin d’être crus – dans ces cas-là, le stupide devient même critique – et, s’ils sont inévitables, ils sont écartés comme de simples exceptions sans importance.

Contrairement au méchant, le stupide est entièrement satisfait de lui-même ; il devient même dangereux, car il passe facilement à l’attaque dès qu’il est irrité.

C’est pourquoi il faut se montrer plus prudent envers le stupide qu’envers le méchant. Nous ne tenterons jamais de convaincre le stupide par des arguments : c’est inutile et dangereux.

Pour savoir comment lutter contre la stupidité, nous devons d’abord essayer d’en comprendre la nature. Une chose est certaine : elle n’est pas essentiellement un défaut intellectuel, mais un défaut humain. Il existe des personnes intellectuellement très vives qui sont stupides, et d’autres intellectuellement lourdes qui ne le sont pas du tout.

On découvre cela, souvent avec surprise, dans certaines situations. On a moins l’impression que la stupidité soit un défaut inné que le sentiment que, dans certaines circonstances, les gens sont rendus stupides – ou se laissent rendre stupides.

On observe également que les personnes vivant isolées et retirées manifestent ce défaut plus rarement que les individus ou les groupes enclins à la sociabilité. La stupidité semble donc être moins un problème psychologique qu’un problème sociologique. Elle est une forme particulière de l’influence des circonstances historiques sur l’être humain, une manifestation psychologique de certaines conditions extérieures.

En y regardant de plus près, on constate que toute forte expansion du pouvoir – qu’elle soit politique ou religieuse – frappe une grande partie des êtres humains de stupidité. Il semble même que ce soit une sorte de loi socio-psychologique : le pouvoir des uns a besoin de la stupidité des autres.

Le processus n’est pas que certaines capacités – intellectuelles par exemple – se détériorent soudainement. C’est plutôt que, sous l’impression écrasante du déploiement du pouvoir, l’être humain est privé de son indépendance intérieure et renonce alors, plus ou moins consciemment, à trouver par lui-même une attitude face aux situations de la vie.

Le fait que le stupide soit souvent obstiné ne doit pas masquer qu’il n’est pas autonome. Dans la conversation avec lui, on a l’impression de ne pas parler avec une personne, mais avec des slogans, des mots d’ordre et des formules qui se sont emparés de lui.

Il est sous un charme, aveuglé, abusé et maltraité dans son être même. Devenu un instrument sans volonté, le stupide sera capable de tout mal, tout en étant incapable de reconnaître ce mal comme tel. C’est là que réside le danger d’un abus diabolique.

Cependant, il apparaît aussi clairement ici que ce n’est pas un acte d’instruction, mais seulement un acte de libération qui peut vaincre la stupidité. Il faudra accepter que, dans la plupart des cas, la libération intérieure ne devienne possible qu’après une libération extérieure.

Jusqu’à ce moment, nous devrons renoncer à toute tentative de convaincre le stupide.

Dans ces conditions, il est également compréhensible que nous nous efforcions en vain de savoir ce que « le peuple » pense réellement – et pourquoi cette question est en réalité superflue pour celui qui pense et agit de manière responsable.

La Bible dit que la crainte de Dieu est le commencement de la sagesse (Psaume 111,10) : cela signifie que la libération intérieure de l’être humain pour une vie responsable devant Dieu est la seule véritable victoire sur la stupidité.

Ces réflexions ont néanmoins quelque chose de consolant : elles n’autorisent absolument pas à considérer la majorité des êtres humains comme stupides en toutes circonstances. Tout dépendra de savoir si les détenteurs du pouvoir comptent davantage sur la stupidité des hommes ou sur leur indépendance intérieure et leur intelligence. »

La conclusion simple est que le trumpisme néo-colonialiste et le donaldisme néo-impérialiste sont un grave problème sociologique entrelacé avec la stupidité apparaissant comme le mal. Et de la stupidité, vous pouvez simplement être libéré, la stupidité ne peut pas être combattue par la violence, et c’est exactement le cas lorsque nous regardons l’occupation du Moyen-Orient par l’armée d’Usraël. Alors que l’Israël sioniste 2.0 a besoin d’implosion, d’autodestruction et de déconstruction, le trumpisme et le donaldisme nécessitent une guerre internationale contre la stupidité.


[1] Le passage est tiré de Bonhoeffer D., Widerstand und Ergebung: Briefe und Aufzeichnungen aus der Haft, Gütersloher Verlagshaus, Munich 2005, pp. 14-16.

„Stupid Fury“: Trumps Neokolonialismus erklärt vom deutschen Theologen Bonhoeffer

Milena Rampoldi, 15.3.2026

Seit dem Ausbruch der usraelischen Aggression gegen die Islamische Republik Iran fühle ich mich wie der deutsche Theologe Dietrich Bonhoeffer, als er im NS-Gefängnis saß, obwohl mein Homeoffice in Istanbul natürlich viel komfortabler ist ,als seine Zelle je war. In seiner Zelle begann Bonhoeffer, über die Gründe und Wurzeln des brutalen Hitler-Regimes nachzudenken und erfasste, wie die Ursache dafür nicht in der Bosheit/im Bösen lag, sondern einfach mit reiner Dummheit zusammenhing.


Dasselbe Paradigma lässt sich auf die Präsidentschaft von Donald Trump und seinen episch wütenden Krieg gegen das satanische Regime des Iran anwenden, während es sich in Wirklichkeit um nichts anderes als um die brutale und kopflose Aggression gegen einen souveränen Staat im Maschrik handelt.

„Wir haben wiederholt versucht, einen Deal zu machen. Wir haben es versucht. Sie wollten diesen Deal machen. Dann wollten sie den Deal nicht mehr machen. Sie wollten diesen Deal machen. Dann wollten sie den Deal nicht mehr machen.“ 

In seinen Briefen aus dem Gefängnis bekräftigte der Theologe Bonhoeffer, dass Dummheit ein gefährlicherer Feind des Guten sei als die Bosheit und/oder das Böse an sich. Für mich persönlich nimmt diese Schlussfolgerung des protestantischen Theologen einen starken Einfluss auf den Kampf gegen Menschenrechts- und Völkerrechtsverletzungen wie die US-Kriege gegen souveräne muslimische Staaten. Wir erleben einen bedeutenden Paradigmenwechsel, im Sinne Kuhns, wenn wir den Standpunkt aufgeben, nach dem wir gegen das US-Böse kämpfen sollten, und wenn wir stattdessen sagen, dass die US-Dummheit der Feind der souveränen muslimischen Länder des Maschrik ist, wie die Dummheit der Feind der politischen Selbstbestimmung und des Antikolonialismus/Antiimperialismus ist.

„Mutige amerikanische Helden können ihr Leben geben und es kann, wie oft im Krieg, zu Opfern kommen. Wir tun dies nicht für die Gegenwart, sondern für die Zukunft, und es ist eine edle Mission.“

Bonhoeffer geht jedoch in seinen Überlegungen sogar noch einen Schritt weiter, indem er aufzeigt, dass Gewalt nicht einmal in der Lage ist, sich der Dummheit zu widersetzen, während sie ein wirksames Mittel ist, wenn wir uns dem Bösen widersetzen müssen. Wenn wir von der Annahme ausgehen, dass Trump für die Dummheit und nicht für das Böse steht, werden wir verstehen, dass wir unsere Strategie ändern müssen, um uns seinen neoimperialistischen Kindertötungsphantasien in muslimischen und anderen (Venezuela, Kuba und mehr) Ländern zu widersetzen.

Warum ist Dummheit in der Politik so gefährlich? Bonhoeffer hat die Antwort: Dummheit wird von der Mehrheit der Menschen ausgeklammert, weil viele denken, dass es sich nicht lohnt, diese überhaupt in Betracht zu ziehen. Und das ist ein Fehler, weil wir dann das Wesen der Dummheit nicht erfassen, die Bonhoeffer zufolge kein geistiger, sondern ein „menschlicher“ Mangel ist.

Wenn wir das Phänomen der Dummheit aus psychologischer und dann soziologischer Sicht analysieren, verstehen wir ein grundlegendes Merkmal desselben, und zwar dass die Dummheit mehr in Gruppen als in Einzelpersonen auftritt. Trump und seine Dummheit sind Teil eines Systems, einer US-amerikanischen Lebensweise, in der die Steuerzahler von blanker Dummheit angetriebene Angriffe auf Mädchenschulen, Museen und Krankenhäuser im Iran finanzieren.

„Aber ja, Sie wissen schon, wir erwarten einige Dinge. Wie ich schon sagte, werden Menschen sterben. Wenn man in den Krieg zieht, sterben Menschen.“

Wenn wir uns anhören, was Bonhoeffer vorschlägt, müssen wir von der isolierten Marionette Donald zum „Epstein“-System übergehen, zu dem er gehört. Das bedeutet, dass Dummheit kein psychologisches Thema bleibt, sondern zu einem soziologischen Gegenstand wird. Deshalb sollten wir die sogenannte „Soziologie der Dummheit“ als Disziplin einrichten, um den Neoimperialismus von Trump zu analysieren und die US-Besatzung muslimischer und anderer Länder zu überwinden.

In einem neokolonialistischen Regime wie den Vereinigten Staaten braucht die Macht der herrschenden Klasse der machtsüchtigen AIPAC-Neozionisten die Dummheit der blinden US-Steuerzahler, um zu überleben, denn Dummheit und neoimperialistischer Größenwahn gelten als das perfekte Gegenstück von Zivilcourage und Auflehnung gegen die Ungerechtigkeit. Dumme Leute glauben an das Narrativ der herrschenden Klasse. Und das führt zur Fortdauer eines US-Neokolonialismus, der vom zionistischen 2.0-Regime geprägt ist, das von den Eretz-Israel-Phantasien angetrieben wird. Im Folgenden möchte ich den Abschnitt aus Bonhoeffers Briefen aus dem Gefängnis mit dem Titel „Dummheit“[1] vorstellen, um die Leser anzuspornen, ihre Zivilcourage neu zu gestalten, da wir einen Krieg gegen die Dummheit und nicht gegen das Böse führen müssen:

„Dummheit ist ein gefährlicherer Feind des Guten als Bosheit.

Gegen das Böse lässt sich protestieren; es lässt sich bloßstellen; es lässt sich notfalls mit Gewalt verhindern. Das Böse trägt immer den Keim der Selbstzersetzung in sich, indem es mindestens ein Unbehagen im Menschen zurücklässt. Gegen die Dummheit sind wir wehrlos.

Weder mit Protesten noch durch Gewalt lässt sich hier etwas ausrichten; Gründe verfangen nicht. Tatsachen, die dem eigenen Vorurteil widersprechen, brauchen einfach nicht geglaubt zu werden – in solchen Fällen wird der Dumme sogar kritisch –, und wenn sie unausweichlich sind, können sie einfach als nichtssagende Einzelfälle beiseitegeschoben werden. Dabei ist der Dumme im Unterschied zum Bösen restlos mit sich selbst zufrieden; ja, er wird sogar gefährlich, indem er leicht gereizt zum Angriff übergeht.

Daher ist dem Dummen gegenüber mehr Vorsicht geboten als gegenüber dem Bösen. Niemals werden wir versuchen, den Dummen durch Gründe zu überzeugen; es ist sinnlos und gefährlich.

Um zu wissen, wie wir der Dummheit beikommen können, müssen wir ihr Wesen zu verstehen suchen. Soviel ist sicher, dass sie nicht wesentlich ein intellektueller, sondern ein menschlicher Defekt ist. Es gibt intellektuell außerordentlich bewegliche Menschen, die dumm sind, und intellektuell sehr schwerfällige, die alles andere als dumm sind.

Diese Entdeckung machen wir zu unserer Überraschung anlässlich bestimmter Situationen. Dabei gewinnt man weniger den Eindruck, dass die Dummheit ein angeborener Defekt ist, als dass unter bestimmten Umständen die Menschen dumm gemacht werden, beziehungsweise sich dumm machen lassen.

Wir beobachten weiterhin, dass abgeschlossen und einsam lebende Menschen diesen Defekt seltener zeigen als zur Gesellung neigende Menschen oder Menschengruppen. So scheint die Dummheit vielleicht weniger ein psychologisches als ein soziologisches Problem zu sein. Sie ist eine besondere Form der Einwirkung geschichtlicher Umstände auf den Menschen, eine psychologische Begleiterscheinung bestimmter äußerer Verhältnisse.

Bei genauerem Zusehen zeigt sich, dass jede starke äußere Machtentfaltung – sei sie politischer oder religiöser Art – einen großen Teil der Menschen mit Dummheit schlägt. Ja, es hat den Anschein, als sei das geradezu ein soziologisch-psychologisches Gesetz. Die Macht der einen braucht die Dummheit der anderen.

Der Vorgang ist dabei nicht der, dass bestimmte – etwa intellektuelle – Anlagen des Menschen plötzlich verkümmern oder ausfallen, sondern dass unter dem überwältigenden Eindruck der Machtentfaltung dem Menschen seine innere Selbständigkeit geraubt wird und dass dieser nun – mehr oder weniger unbewusst – darauf verzichtet, zu den sich ergebenden Lebenslagen ein eigenes Verhalten zu finden.

Dass der Dumme oft bockig ist, darf nicht darüber hinwegtäuschen, dass er nicht selbständig ist. Man spürt es geradezu im Gespräch mit ihm, dass man es gar nicht mit ihm selbst, mit ihm persönlich, sondern mit über ihn mächtig gewordenen Schlagworten, Parolen usw. zu tun hat.

Er ist in einem Bann, er ist verblendet, er ist in seinem eigenen Wesen missbraucht und misshandelt. So zum willenlosen Instrument geworden, wird der Dumme auch zu allem Bösen fähig sein und zugleich unfähig, dies als Böses zu erkennen. Hier liegt die Gefahr eines diabolischen Missbrauchs. Dadurch werden Menschen für immer zugrunde gerichtet werden können.

Aber es ist gerade hier auch ganz deutlich, dass nicht ein Akt der Belehrung, sondern allein ein Akt der Befreiung die Dummheit überwinden könnte. Dabei wird man sich damit abfinden müssen, dass eine echte innere Befreiung in den allermeisten Fällen erst möglich wird, nachdem die äußere Befreiung vorangegangen ist. Bis dahin werden wir auf alle Versuche, den Dummen zu überzeugen, verzichten müssen.

In dieser Sachlage wird es übrigens auch begründet sein, dass wir uns unter solchen Umständen vergeblich darum bemühen, zu wissen, was »das Volk« eigentlich denkt – und warum diese Frage für den verantwortlich Denkenden und Handelnden zugleich so überflüssig ist.

Das Wort der Bibel, dass die Furcht Gottes der Anfang der Weisheit sei (Psalm 111,10), sagt, dass die innere Befreiung des Menschen zum verantwortlichen Leben vor Gott die einzige wirkliche Überwindung der Dummheit ist.

Übrigens haben diese Gedanken über die Dummheit doch etwas Tröstliches: Sie lassen ganz und gar nicht zu, die Mehrzahl der Menschen unter allen Umständen für dumm zu halten. Es wird vielmehr darauf ankommen, ob Machthaber sich mehr von der Dummheit oder von der inneren Selbständigkeit und Klugheit der Menschen versprechen.“

Die einfache Schlussfolgerung lautet, dass der neokolonialistische Trumpismus und der neoimperialistische Donaldismus ein ernstes soziologisches Problem darstellen, das mit einer Dummheit verwoben ist, die, wenn man oberflächlich hinsieht, als Bösartigkeit erscheint. Und von der Dummheit kann man sich befreien, aber der Dummheit kann man sich nicht mit Gewalt entgegenstellen, und genau das ist der Fall, wenn wir uns die Besetzung des Nahen Ostens durch die usraelische Armee ansehen. Während das zionistische Israel 2.0 Implosion, Selbstzerstörung und Dekonstruktion benötigt, erfordern Trumpismus und Donaldismus einen internationalen Krieg gegen die Dummheit.

[1] Die Passage stammt aus Bonhoeffer D., Widerstand und Ergebung: Briefe und Aufzeichnungen aus der Haft, Gütersloher Verlagshaus, München 2005, S. 14-18

“Stupid Fury”: Trump’s neocolonialism explained by German theologian Bonhoeffer

Milena Rampoldi, March 15, 2026

Since the outbreak of the Usraeli aggression against the Islamic Republic of Iran I feel like the German theologian Dietrich Bonhoeffer when he was in the Nazi jail even if my home office in Istanbul is much more comfortable. In his cell, Bonhoeffer started to reflect on the reasons and roots of the brutal Hitlerian regime by understanding that the cause of it was not the maliciousness/the evil but simply the pure and blank stupidity.


The same paradigm can be applied to the presidency of Donald Trump and his epically furious war against the Satanic regime of Iran while in reality it is nothing else than the brutal and headless aggression against a sovereign State in the Mashreq.

“We sought repeatedly to make a deal. We tried. They wanted to do it. They didn't want to do it again. They wanted to do it. They didn't want to do it.”

In his letters written from jail, the theologian Bonhoeffer affirmed that stupidity was a more dangerous enemy of the good than maliciousness and/or the evil itself. For me personally, this conclusion he made has a strong impact on how to struggle against human rights violations like the US wars against sovereign Muslim states. We experience an important paradigm shift if we abandon the point of view according to which we should struggle against the US-evil and if we instead say that US-stupidity is the enemy of the sovereign Muslim countries of the Mashreq like stupidity is the enemy of political self-determination and anti-colonialism/anti-imperialism.

“The lives of courageous American heroes may be lost and we may have casualties, that often happens in war. We're doing this, not for now, we're doing this for the future, and it is a noble mission.”

 However, Bonhoeffer even goes a step further in his reflections by showing that violence is not even capable of opposing to stupidity while it is an effective means when we have to oppose to evil. If we start from the assumption that Trump represents stupidity and not evil, we will understand that we have to change our strategy to oppose to his neo-imperialist children-killing phantasies in Muslim and other (Venezuela, Cuba and more) countries.

Why is stupidity so dangerous in politics? Bonhoeffer has the answer: Stupidity is put into brackets by the majority of people because many think that it is not worth of being considered. And this is a mistake because we then do not understand the essence of stupidity which – if we put it into the words of Bonhoeffer himself – is not an intellectual but a “human” defect.

If we analyse the phenomenon of stupidity from a psychological and then sociological point of view, we understand a fundamental characteristic of it: stupidity appears in groups more than in isolated persons. Trump and his stupidity are part of a system, of an American way of life where taxpayers finance stupidity-driven attacks of girl schools,  museums and hospitals in Iran.

“But yeah, you know, we expect some things. Like I said, some people will die. When you go to war, some people will die.”

If we listen to what Bonhoeffer suggests we need to move from the isolated puppet Donald to the “Epstein” system he is part of. This means that stupidity is not a psychological but becomes a sociological issue. This is why we should establish the so-called “sociology of stupidity” to analyse Trump neo-imperialism to overcome the US occupation of Muslim and other countries.

In a neo-colonialist regime like the United States, the power of the ruling class of the power-hungry AIPAC neo-Zionists of needs the stupidity of the blind US taxpayers to survive because stupidity and neo-imperialist megalomania is the exact opposite of moral courage and struggle against injustice. Stupid people believe in the narrative of the ruling class. And this results in the persistence of a U.S. neo-colonialism shaped by the Zionist 2.0 regime driven by Eretz Israel phantasies. Here in the following, I would like to translate the section taken from Bonhoeffers letters written from jail entitled “Stupidity”[1] into English to let readers think about it, to re-shape their own moral courage as we need a war against stupidity and not against evil:

Stupidity is a more dangerous enemy of good than evil. Evil can be protested against, it can be exposed, it can be prevented by force, if necessary, evil always carries the seed of self-destruction in that it leaves at least a feeling of unease in people. However, we are defenceless when it comes to stupidity. Neither protests nor violence can achieve anything here; using reasoning to oppose stupidity is useless; facts that contradict one's own prejudices need simply not be believed - in such cases the stupid person even becomes critical - and if these facts are unavoidable, they can simply be brushed aside as meaningless and isolated cases. In contrast to the wicked person, the stupid person is completely satisfied with himself; indeed, he even becomes dangerous by becoming easily irritated and going on the attack. We will never again try to convince the stupid person by reasoning since it is pointless and dangerous.

In order to know how we can deal with stupidity, we must try to understand its nature. This much is certain, that stupidity is not essentially an intellectual, but a human defect. There are intellectually extraordinarily agile people who are stupid, and intellectually very slow-witted people who are anything but stupid. We make this discovery to our surprise in certain situations. We get the impression not so much that stupidity is an innate defect, but that under certain circumstances people are made stupid, or allow themselves to be made stupid. We also observe that people who live in isolation and solitude show this defect less often than people and groups of people who tend to socialise or are condemned. So perhaps stupidity seems to be less of a psychological problem than a sociological one.

Stupidity is a special form of the influence of historical circumstances on people, a psychological side effect of certain external conditions. A closer look reveals that every strong external development of power, be it political or religious, strikes a large proportion of people with stupidity. Indeed, it seems as if this is a sociological-psychological law. The power of some needs the stupidity of others. The process here is not that certain - for example, intellectual - human dispositions suddenly atrophy or fail, but that under the overwhelming impression of the development of power, man is robbed of his inner independence and that he now - more or less unconsciously - refrains from finding his own behaviour to the resulting life situations. The fact that the stupid person is often stubborn should not obscure the fact that the person is not independent. When talking to this person, you can almost feel that you are not dealing with the person itself, but with slogans, mottoes etc. that have become powerful over it. The person is under a spell, blinded, has been abused and mistreated in its own being. Having thus become a will-less instrument, the stupid person will also be capable of all evil and at the same time incapable of recognising this as evil. Here lies the danger of diabolical abuse. This will enable people to be ruined forever.

But it is also quite clear here that it is not an act of instruction but only an act of liberation that could overcome stupidity. We will have to come to terms with the fact that, in the vast majority of cases, genuine inner liberation will only be possible after external liberation has preceded it; until then, we will have to forego all attempts to convince the stupid. Incidentally, this situation will also explain why, under such circumstances, we endeavour in vain to know what "the people" actually think and why this question is so superfluous for those who think and act responsibly - always only under the given circumstances. The word of the Bible that the fear of God is the beginning of wisdom (Psalm 111:10) says that the inner liberation of man to live responsibly before God is the only real overcoming of stupidity.

Incidentally, these thoughts about stupidity are comforting in that they do not allow us to consider the majority of people stupid under all circumstances. It will really depend on whether those in power expect more from stupidity or from people's inner independence and cleverness.”

The simple conclusion is that neo-colonialist Trumpism and neo-imperialist Donaldism are a serious sociological problem interwoven with stupidity appearing as evil. And from stupidity you can just be freed, stupidity cannot be opposed to with violence, and this is exactly the case when we look at the occupation of the Middle East by the Usraeli army. While the Zionist Israel 2.0 needs implosion, self-destruction and deconstruction, Trumpism and Donaldism need an international war against stupidity.

[1] The passage is taken from Bonhoeffer D., Widerstand und Ergebung: Briefe und Aufzeichnungen aus der Haft, Gütersloher Verlagshaus, München 2005.