Mostafa
Ahmed, alhabtoorresearch, 3-3-2026
Traducido por Tlaxcala
El primer trimestre de 2026 marcó un punto de
inflexión estratégico en el despliegue del poder duro y la gestión de la
interacción geopolítica. Durante décadas, las tecnologías informáticas
permanecieron en gran medida confinadas a funciones de apoyo operativo, como el
procesamiento de datos de inteligencia o el guiado de municiones de precisión.
Sin embargo, enero y febrero fueron testigos de un cambio estructural, ya que
la planificación militar se alejó de los ciclos de decisión dependientes del
ser humano para pasar a gestionar cadenas de eliminación física algorítmicas
autónomas. Esta transformación fue articulada formalmente en la “Estrategia de
Aceleración de la Inteligencia Artificial” emitida por el Departamento de
Guerra de los USA (DoW) el 9 de enero de 2026. La directiva pretende afianzar
el dominio militar usamericano mediante la integración rápida de la IA en las
operaciones de combate, inteligencia y empresa, transformando al mismo tiempo
el aparato de defensa en lo que los funcionarios describen como una estructura
militar “AI-first” [“primero la IA”].
Estas operaciones reflejaron la integración de grandes
modelos de lenguaje, arquitecturas de datos dinámicas, algoritmos de evaluación
táctica y sistemas autónomos no tripulados, transformando fundamentalmente la
velocidad, precisión y el cálculo del coste geopolítico de neutralizar
objetivos de alto valor. En conjunto, señalan que la IA ha pasado de ser una
herramienta analítica de apoyo a convertirse en un arquitecto estratégico del
campo de batalla y un motor de la ejecución cinética.
Raíces de la guerra algorítmica
La doctrina operativa adoptada por USA en 2026 tomó
gran parte de su fundamento metodológico de la arquitectura de focalización
táctica desarrollada por el ejército israelí, particularmente la Unidad 8200,
durante las operaciones intensivas en Gaza entre 2023 y 2025. En los círculos
de inteligencia, esta cadena de focalización algorítmica israelí se describía a
menudo como una “fábrica de asesinatos en masa”, formando una base conceptual
clave para el enfoque usamericano recién formulado.
La arquitectura israelí, que lideró la “guerra de la
IA”, se basó en tres sistemas estructurales interconectados:
1.
El sistema Gopsel / Habsora: una herramienta de IA para el apoyo a la decisión estratégica que
procesa vastos conjuntos de datos de vigilancia para generar un banco
automatizado de objetivos (edificios e instalaciones). Este sistema aceleró
drásticamente la focalización, elevando la producción de aproximadamente 50
objetivos anuales bajo análisis humano a más de 100 objetivos por día.
2.
La base de datos Lavender: un sistema de perfilado individual basado en la vigilancia masiva en
Gaza y Cisjordania. Mediante el análisis automatizado de huellas digitales como
redes sociales, registros de comunicaciones y patrones de movimiento, el
algoritmo evalúa a los individuos y los coloca en listas de eliminación
automatizadas. En su punto máximo operativo, supuestamente etiquetó a más de
37,000 objetivos potenciales.
3.
El algoritmo “¿Dónde está papá?” (“Where's Daddy?”): un sistema de geolocalización diseñado para rastrear
objetivos y desencadenar ataques una vez que regresan a sus hogares. Esta
táctica se ha asociado históricamente con tasas muy elevadas de bajas
colaterales entre civiles y las familias de los objetivos.
El marco estratégico de la guerra algorítmica
Para comprender las dimensiones más profundas del
impulso tecnológico en Caracas y Teherán, es esencial desglosar el marco
estratégico general que legitimó estas operaciones y aceleró su ejecución. En
este contexto, la Estrategia de Inteligencia Artificial emitida por el DoW yanqui
el 9 de enero de 2026 constituyó un enfoque de combate ofensivo destinado a
desmantelar las barreras burocráticas de la tecnología de la información
convencional. Esta doctrina se basó en el aprovechamiento de las ventajas
competitivas asimétricas de USA en los mercados de capitales, la capacidad de
innovación de patrones y el vasto repositorio de datos operativos acumulados
durante dos décadas de conflicto.
Para traducir esta estrategia en una realidad
operativa, se lanzaron varios proyectos pioneros con plazos estrictos y bajo
liderazgo individual directo, siendo las siguientes vías las más destacadas:
- El Proyecto Swarm Forge estableció un mecanismo competitivo
destinado a expandir las capacidades de combate innovadoras mediante la
integración de unidades militares de élite con desarrolladores de
tecnología comercial.
- El Proyecto Agent Network se centró en diseñar agentes de IA
autónomos para gestionar el amplio espectro de la batalla, desde la
planificación estratégica de campañas hasta la ejecución precisa de
cadenas de eliminación.
- El Proyecto Ender's Foundry fue diseñado para acelerar los ciclos
de simulación cognitiva y los bucles de retroalimentación entre los
desarrolladores de software y los operadores cinéticos sobre el terreno.
- La vía Open Arsenal apuntaba a comprimir el ciclo de conversión de
inteligencia técnica en sistemas de armas operativos desplegables,
reduciéndolo de varios años a solo unas pocas horas.
- La iniciativa GenAI.mil
aseguró un acceso institucional seguro y amplio a los principales modelos
de IA generativa, incluidos Gemini y Grok, para los cuadros operativos
clasificados en nivel de impacto cinco y superior.
Paralelamente a este salto tecnológico, la Estrategia
de Defensa Nacional 2026 proporcionó el mandato geopolítico para estas posturas
ofensivas. La estrategia estableció una ruptura decisiva con lo que describía
como idealismo utópico, a favor de adoptar un realismo estricto, dando
prioridad primordial a la seguridad del territorio usamericano a través del
Golden Dome of America y a la defensa preventiva de los intereses vitales en el
hemisferio occidental, en línea con la Doctrina Monroe revista por Trump.
Aún más importante, la estrategia procedió a
clasificar a los cárteles de la droga y las redes de trata de personas como
organizaciones terroristas extranjeras y combatientes enemigos. Esta
designación legal otorgó a la institución militar un espacio operativo sin
precedentes para emplear fuerza letal contra las redes de narcotráfico. Este
marco conceptual se utilizó claramente para legitimar la focalización directa
del régimen de Maduro.
La IA y la arquitectura del campo de batalla
El cambio hacia la automatización militar ya no es un
lujo técnico o una vía de modernización rutinaria en los ejércitos modernos; se
ha convertido en una doctrina estratégica rectora que remodela las reglas de
enfrentamiento y los equilibrios de poder globales. En un entorno operativo
marcado por la fluidez y la creciente complejidad, el concepto de guerra
algorítmica surgió como un modelo alternativo diseñado para eliminar los
cuellos de botella cognitivos humanos en favor de mecanismos de decisión autónomos
y excepcionalmente rápidos. Este nuevo patrón no solo mejoró la eficiencia del
procesamiento de inteligencia; estableció una transición estructural decisiva
de una doctrina basada en la fuerza cinética de masas a una centrada en los
datos, la velocidad y la letalidad dirigida, donde los modelos generativos y
los sistemas de IA gestionan todo el espectro de la batalla. La encarnación
operativa más clara de este cambio estratégico es evidente a través del
análisis de dos acciones cinéticas a principios de 2026, en las que la IA pasó
de ser una herramienta de asesoramiento en la retaguardia a ser un comandante
sobre el terreno que diseñaba y ejecutaba las operaciones transfronterizas más
complejas contra objetivos de alto valor, como lo demostraron las
intervenciones en Caracas y Teherán.
1°- Operación Resolución Absoluta
La Operación Resolución Absoluta en enero de 2026
marcó la primera inauguración operativa de la doctrina de guerra algorítmica,
dirigida a neutralizar al presidente venezolano mediante una extracción
transfronteriza. No fue meramente una incursión táctica, sino una demostración
estratégica integral que probaba la capacidad de la IA para sincronizar los
dominios cibernético, electromagnético y cinético para penetrar un entorno
soberano altamente fortificado.
Recopilación de inteligencia y fusión impulsada por IA
Esta escalada cinética extendida se empleó como
cobertura estratégica para ejecutar el mayor esfuerzo de inteligencia y
operaciones ISR dirigidas al ápice de la jerarquía dirigente en Caracas.
Durante varios meses, los planificadores militares trabajaron en la
construcción de un modelo de inteligencia multimodal y altamente preciso para
rastrear la huella cinética, los patrones de comportamiento y los protocolos de
seguridad del presidente Maduro. En este contexto, plataformas aéreas furtivas,
específicamente el dron no tripulado RQ-170 Sentinel, aseguraron una cobertura
continua sobre la capital venezolana, ya que su baja sección transversal de
radar le permitió penetrar el espacio aéreo protegido por los sistemas rusos
S-300 y recopilar datos telemétricos altamente precisos en tiempo real que
plataformas convencionales como el MQ-9 Reaper no podían obtener sin ser
detectadas. Simultáneamente, la NGA [Agencia Nacional de Inteligencia
Geoespacial] procesó amplios paquetes de observación satelital y la Agencia de
Seguridad Nacional absorbió vastos flujos de inteligencia de señales (SIGINT).
Dado que el vasto volumen del repositorio de datos
excedía la capacidad cognitiva humana, el ejército usamericano recurrió a los
algoritmos de seguimiento avanzados de Palantir para diseñar la firma digital
completa del objetivo. Los sistemas de IA fusionaron entradas aparentemente
dispares, desde patrones de movimiento de convoyes y hábitos personales hasta
rutinas diarias, para formar una matriz de comportamiento predictiva. Esta
arquitectura de datos se reforzó aún más a través de HUMINT, con intersecciones
de campo proporcionadas por una fuente de la CIA infiltrada en el círculo
íntimo de Maduro, lo que permitió la validación en el mundo real de los
resultados algorítmicos.
El avance técnico más significativo en la fase de
planificación de la Operación Resolución Absoluta fue el uso extensivo del
modelo de IA generativa de Anthropic, Claude. Según documentos de inteligencia
desclasificados, se encargó al modelo el análisis semántico de miles de horas
de interceptaciones de audio en español y persa para detectar fracturas y
brechas en la cadena de mando militar y de seguridad venezolana. Esta medida
marcó una transición fundamental de la inteligencia descriptiva a la simulación
táctica generativa, ya que los analistas fueron más allá de los informes fijos
tradicionales y comenzaron un diálogo interactivo con el modelo para generar
escenarios de incursión dinámicos basados en la teoría de juegos. Al simular
variables altamente complejas, como el cegamiento cibernético de la red
eléctrica de Caracas, la IA proporcionó a los comandantes una evaluación
probabilística excepcional de las opciones de infiltración y los posibles
puntos de fricción.
Ejecución y sincronización multidominio
La operación requirió una integración operativa
precisa en los dominios cibernético, electrónico y cinético. El Mando
Cibernético de USA inició la misión creando un corredor seguro mediante
ciberataques dirigidos, derribando la red eléctrica de Caracas y cegando los
radares de defensa aérea. Esta parálisis localizada logró un doble objetivo:
neutralizar las capacidades de comunicación en tierra de los sistemas
tierra-aire y generar un shock psicológico repentino dentro del aparato de
defensa nacional. Simultáneamente, aviones de guerra electrónica EA-18G Growler
inundaron el espectro electromagnético con densas señales de interferencia, causando
ceguera total en el ejército venezolano para detectar la fuerza entrante.
Bajo el paraguas de esta supresión electrónica y
cibernética gestionada algorítmicamente, una fuerza de extracción táctica,
compuesta por unidades de élite de la Fuerza Delta y el Equipo de Rescate de
Rehenes del FBI, llevó a cabo una inserción en el complejo presidencial de
Maduro. La compleja operación involucró más de 150 plataformas aéreas lanzadas
desde 20 bases en todo el hemisferio occidental, apoyadas por cazas de quinta
generación, bombarderos estratégicos y el 160º Regimiento de Aviación de Operaciones
Especiales. La misión resultó en la captura de Maduro y su esposa y su traslado
al USS Iwo Jima antes de su juicio en Nueva York por cargos de narcoterrorismo.
2°- Operación Furia Épica
Si la operación de Caracas se basó en la IA para la
fusión de inteligencia y la simulación, el asesinato conjunto usraelí del Líder
Supremo iraní Ali Jameneí en febrero de 2026 representó un salto evolutivo sin
precedentes en la historia de los conflictos, ya que se registró, dentro de la
operación más amplia Furia Épica, como la primera misión de decapitación de un
alto dirigente en ser gestionada y ejecutada enteramente a través de una
arquitectura de IA de bucle cerrado.
El entorno estratégico de este ataque fue moldeado por
los resultados de la Operación Martillo de Medianoche en junio de 2025. Con la
neutralización casi total del programa nuclear, la brújula operativa pasó de la
degradación de capacidades a la eliminación de líderes. Sin embargo, atacar a
Jameneí planteaba un desafío de inteligencia complejo debido a su estricta
estrategia de contrainteligencia, que incluía cambios de ubicación aleatorios,
anillos de seguridad blindados multicapa y un paraguas de interferencia
electromagnética integral. Históricamente, el margen de error para localizarlo
superaba los cinco kilómetros, lo que convertía la focalización tradicional en
un riesgo importante que podría conducir a un fracaso catastrófico o a
importantes bajas civiles.
Cadena de asesinato impulsada por datos
Para penetrar este complejo escudo de seguridad, el
Mando Central de USA desplegó un paquete de IA integrado que eliminó por
completo los cuellos de botella cognitivos humanos del ciclo de focalización.
La arquitectura Ciudad Santa Silenciosa se basó en una vía estrictamente
dictada por el algoritmo, limitando la participación humana al paso final de
autorización letal. El motor cognitivo de la operación se basó en una fusión
sin precedentes de una versión gubernamental del modelo de lenguaje Claude 4
Opus con la plataforma Palantir Foundry, permitiendo que ambos funcionaran sin
problemas dentro de la red de Mando y Control Conjunto de Todos los Dominios
(JADC2).
La ejecución sobre el terreno de la operación se basó
en una estricta cadena de focalización algorítmica organizada en seis fases
operativas decisivas:
1.
Detección de inteligencia (Intelligence sensing) : El modelo Claude procesó alrededor de 2,3 petabytes de
datos multicapa, que incluían 0,12 mil millones de paquetes de imágenes
satelitales, flujos SIGINT e informes HUMINT. Con una ventana de contexto de un
millón de tokens y una precisión de traducción del persa del 98,7 %, esta
fusión compleja se completó en solo 90 minutos, una tarea que teóricamente
habría requerido 328 analistas humanos trabajando durante cien días
consecutivos.
2.
Enfoque en el objetivo (Target focusing) : Mediante la aplicación de algoritmos predictivos de estilo de vida, el
sistema detectó una anomalía microscópica en el protocolo de seguridad del
Líder Supremo: un retraso de 1,2 segundos durante la parada del convoy. A
partir de esta brecha, se calculó la ruta futura con una precisión del 98,7 %,
y se identificó una ventana de oportunidad de tres minutos durante el cambio de
guardia, cuando el objetivo pasaba por un punto ciego de radar de 800 metros de
camino a una mezquita para la oración del alba.
3.
Simulación de la decisión (Decision simulation) : En ocho minutos, la IA generó 15 planes tácticos
independientes y los evaluó de forma autónoma según criterios complejos, que
incluían la probabilidad de penetración, la supervivencia de los activos y la
reducción de daños colaterales. El plan óptimo recibió una puntuación de
fiabilidad algorítmica del 98,2 %.
4.
Coordinación del teatro (Theatre coordination) : La sincronización en tiempo real de los parámetros
tácticos y las mediciones telemétricas se ejecutó en todas las unidades, con
una latencia de mando entre dominios que no superaba los tres segundos y un
tiempo de transferencia de datos inferior a doscientos milisegundos.
5.
Ejecución cinética (Kinetic execution) : La implementación física se basó en un paquete de fuerza ultrapequeño:
un solo dron MQ-9B SeaGuardian, un EA-18G Growler para guerra electrónica
localizada y un equipo miniaturizado de operaciones especiales de ocho personas
para la designación láser final. El dron lanzó dos misiles Hellfire equipados
con unidades de guiado terminal impulsadas por IA que ajustaron dinámicamente
la trayectoria de impacto para asegurar un margen de error inferior a un metro.
6.
Evaluación de daños de combate (Battle-damage assessment) : En 0,3 segundos después del impacto cinético, un
software de reconocimiento visual autónomo que procesaba la transmisión de
video en vivo del dron confirmó la destrucción completa del objetivo y
documentó la ausencia de pérdidas colaterales [¿y su nieta Zahra, de 14
meses?, NdT].
La cadena de eliminación algorítmica duró solo 11
minutos y 23 segundos. Esta operación demostró que la IA avanzada puede
sustituir a la fuerza cinética de masas, ya que al monopolizar la superioridad
decisiva en velocidad de decisión y procesamiento de datos, el Mando Central de
USA logró eliminar el ápice de la jerarquía adversaria, a pesar de sus
fortificaciones, con una huella operativa microscópica.
Del apoyo humano a la autonomía algorítmica
La evaluación cruzada de la Operación Resolución
Absoluta en Caracas y la Operación Ciudad Santa Silenciosa en Teherán revela
una maduración rápidamente creciente del empleo operativo de la IA militar en
un período que no excede los dos meses. Aunque ambas operaciones se basaron en
la misma arquitectura técnica central, específicamente la integración de las
plataformas de datos de Palantir con los modelos generativos de Anthropic, la
vía de aplicación saltó radicalmente de la fusión de inteligencia dirigida por
humanos a la ejecución táctica autónoma liderada por máquinas.
La paradoja más aguda entre las dos escenas emerge en
la ecuación de la masa cinética versus la magnitud del logro. La extracción de
Maduro requirió un despliegue de fuerza clásico grande que reflejaba una
doctrina militar tradicional que meramente usaba la IA como una herramienta
auxiliar, produciendo una operación ruidosa, destructiva y logísticamente
pesada. En contraste, el asesinato de Jameneí demostró una nueva regla
estratégica: cuanto más se acerca la certeza algorítmica al 100 %, menor es la
necesidad de fuerza física densa, hasta casi desaparecer. Este cambio
representa una contracción sin precedentes de la fricción operativa, ya que la
IA ya no sirve como un adjunto de la inteligencia, sino que la desplaza por
completo para convertirse en la autoridad soberana en planificación,
inteligencia y focalización. Esta superioridad operativa se basó en un complejo
paquete de estructuras de IA comerciales y militarmente adaptadas, incluidos
grandes modelos de lenguaje, plataformas de fusión de datos dinámicas y
sistemas de aviación autónomos.
Repercusiones geopolíticas: reestructurando la
disuasión
Estas transformaciones sobre el terreno constituyeron
un mensaje disuasorio definitivo para adversarios y competidores estratégicos,
en primer lugar Pekín y Moscú. Washington demostró en la práctica que las
barreras geográficas, las fronteras soberanas, las fortificaciones militares
complejas y los paraguas de interferencia electromagnética han perdido su
inmunidad frente a la inteligencia impulsada por la IA. La capacidad de un
modelo de lenguaje para procesar 2,3 petabytes de datos multicapa para capturar
una breve brecha de seguridad de tres minutos declara formalmente la
obsolescencia y el fin de las doctrinas de seguridad operativa y contra
inteligencia que dominaron el siglo XX.
Ante esta exposición estratégica, los Estados
competidores se verán obligados a acelerar el desarrollo de redes defensivas
totalmente autónomas y contramedidas, encendiendo inevitablemente una carrera
global por el armamento algorítmico. El establecimiento de la iniciativa Tech
Force del DoW usamericano, destinada a atraer talento técnico de élite,
constituye un reconocimiento institucional explícito de que los futuros
conflictos geopolíticos se decidirán no por divisiones de infantería o
blindados pesados, sino por científicos de datos e ingenieros de aprendizaje
automático.
A nivel normativo, el despliegue de estos sistemas
superiores impone desafíos estructurales al derecho internacional humanitario y
a la ética de la guerra clásica. La experiencia israelí temprana con los
sistemas Lavender y Gospel en Gaza reveló los profundos riesgos del sesgo de
automatización, por el cual el operador humano, abrumado por la avalancha
masiva de resultados de focalización, se convierte en una mera herramienta de
sellado para decisiones de vida o muerte tomadas por la máquina. Y aunque el ejército
usamericano empleó estas tecnologías para ejecutar un ataque de decapitación
quirúrgica preciso [casi] sin pérdidas colaterales en Irán, la misma
arquitectura técnica sigue ligada a una lógica de vigilancia masiva continua y
perfilado de comportamiento basado en metadatos.
Por otro lado, el intenso choque entre el Pentágono y
Anthropic llamó la atención sobre una vulnerabilidad crítica en las cadenas de
suministro de defensa de USA: la dependencia de empresas tecnológicas
comerciales gobernadas por marcos éticos puramente civiles. Y con modelos
avanzados como Claude 4 Opus superando umbrales de seguridad críticos (ASL-3) y
mostrando capacidades para el engaño estratégico, la autoconservación y la
ingeniería directa de armas de destrucción masiva, el control soberano sobre
estos algoritmos se convierte en una necesidad de seguridad y existencial.
En conclusión, las operaciones militares de principios
de 2026 proporcionan una prueba estratégica decisiva de que la IA ha superado
la fase experimental para convertirse en el sistema nervioso central de la
guerra moderna. La doctrina ofensiva recién formulada logró comprimir la cadena
de eliminación física de meses de deliberación humana a minutos de ejecución
algorítmica autónoma. Desde la exitosa sinergia de inteligencia entre los
sistemas Palantir y los modelos Claude para dispersar la niebla de la guerra y
orquestar la extracción del liderazgo venezolano durante la Operación
Resolución Absoluta, hasta el procesamiento autónomo de conjuntos de datos
masivos y la penetración de las redes de defensa iraníes para llevar a cabo un
ataque de decapitación quirúrgica contra el Líder Supremo en la Operación Ciudad
Santa Silenciosa utilizando la arquitectura A-GRA y el software Hivemind, la
doctrina de desplazar la masa de poder de fuego tradicional en favor de la
tríada “dominio de datos, velocidad algorítmica y autonomía operativa” está
ahora firmemente arraigada. Sin embargo, esta transferencia decisiva de la
carga cognitiva de la mente humana a la máquina presagia una aceleración de la
escalada militar más allá de los límites del control humano, generando
fracturas estructurales en el derecho internacional y las limitaciones clásicas
de disuasión, imponiendo finalmente la realidad inexorable de que el poder que
monopolice los datos operativos más precisos y comande las redes neuronales más
avanzadas dictará la arquitectura geopolítica del siglo XXI.
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