Ricardo Mohrez Muvdi, 16-1-2025
Ricardo Mohrez Muvdi es palestino, nacido en Beit-Jala, Palestina (1952). Refugiado en Colombia, es administrador de empresas y presidente de la Unión Palestina de América Latina (UPAL), creada en 2019 en San Salvador, El Salvador. Es también presidente de la Fundación Cultural Colombo -Palestina.
El error más grande que han cometido los dirigentes
palestinos, a lo largo de décadas de negociaciones fallidas, ha sido hacer
concesiones al sionismo creyendo que la cesión de derechos fundamentales
traería paz, justicia o reconocimiento real. La historia ha demostrado
exactamente lo contrario.
Desde el inicio del conflicto moderno, debió exigirse con claridad un solo
Estado, democrático y con igualdad de derechos para todos sus habitantes, en
toda la Palestina histórica. Aceptar —y seguir defendiendo— la idea de “dos
Estados” no solo fue una mala estrategia: ha sido una renuncia progresiva a
Palestina, legitimando la colonización, la fragmentación territorial y la
limpieza étnica encubierta.
La llamada “solución de dos Estados” nació ya
mutilada. No fue una propuesta de justicia, sino de administración del despojo.
Cada concesión palestina fue respondida con más asentamientos, más muros, más
puestos de control y más leyes raciales. Negociar bajo ocupación nunca fue
negociar: fue aceptar las reglas del ocupante. Persistir hoy en la fantasía de
dos Estados es, además de ingenuo, políticamente suicida. Sobre el terreno no
existe continuidad territorial, ni soberanía real, ni control de fronteras, agua
o recursos.
Lo que se ofrece al pueblo palestino no es un Estado, sino reservas fragmentadas, dependientes y vigiladas. Mientras tanto, el proyecto sionista ha sido coherente: avanzar sin retroceder, consolidar hechos consumados y exigir reconocimiento internacional sin conceder igualdad. En ese sentido, seguir hablando de dos Estados es respaldar de facto la permanencia de la ocupación y aceptar que el robo territorial se transforme en legalidad internacional.
La única propuesta ética, histórica y jurídicamente
sostenible es un solo Estado, en el que palestinos, sean musulmanes, cristianos
o judíos vivan con los mismos derechos, sin supremacías étnicas ni religiosas.
Un Estado donde el derecho al retorno, la igualdad ante la ley y la justicia
histórica no sean negociables.
No se trata de utopía; se trata de coherencia. Los
regímenes de apartheid no se reforman, se desmantelan. Y la liberación no nace
de concesiones al opresor, sino de la firmeza en los principios. El pueblo
palestino no ha sobrevivido décadas de expulsión, exilio y resistencia para
conformarse con migajas. La
dignidad no se negocia, se ejerce.


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