05/01/2026

Ellos tienen los martillos, nosotr@s somos los clavos: la “política de defensa” europea ignora la seguridad humana

Ben Cramer, 5-1-2026
Traducido por Tlaxcala

Al familiarizarse con la sociología de la Defensa en la École des Hautes Études en Sciences Sociales, Ben Cramer se inició en la polemología, para luego unirse al Department of Peace Studies en Bradford antes de hacer sus primeras armas dentro de Greenpeace en las campañas por el desarme. Investigador en el CIRPES, trabajó sobre el ejército de milicia suizo –por encargo de la Fondation pour les Études de Défense Nationale. Periodista, ex productor del programa ‘Fréquence Terre’ en RFI, copresentó en el 2008 el primer debate en el Parlamento Europeo sobre el tema “Seguridad Colectiva y Medio Ambiente”, después de haber actuado en un grupo de reflexión sobre la proliferación nuclear dentro del Centre d‘Études et de Recherches de l‘Enseignement Militaire, el CEREM. Investigador asociado al GRIP en Bruselas (sobre la huella de las actividades militares y la alteración climática), se esfuerza por popularizar el concepto de 'seguridad ecológica' y resaltar los puentes entre seguridad, medio ambiente y desarme. Sitio web: https://athena21.org/

Tenemos que deconstruir la lógica del martillo y el clavo. Esta constatación debería suscitar vocaciones pero, mientras tanto, mientras el pensamiento estratégico está estancado, la noción de seguridad no se ha liberado del corsé militar. Y mientras se dé prioridad a las armas, a su manejo, a su sofisticación, cualquier destrucción, incluido el “infanticidio diferido” que evocaba el padre de la polemología Gaston Bouthoul, se saldará con el acaparamiento y la violación de los recursos planetarios. A estas tácticas de destrucción se añadirán, en el marco de guerras híbridas, operaciones destinadas a disuadir a los civiles de jugar el papel que les incumbe en la definición de lo que la sociedad debe defender y cómo.


A modo de explicación, parece acertado captar cuánto las élites que nos gobiernan están atrapadas por la tecnología con la que se han dotado. Ésta determina sus opciones o, más exactamente, limita su margen de maniobra, como ilustra el encargo del sucesor del portaaviones Charles-de-Gaulle que representa 42.000 toneladas de ... gesticulación diplomática. El anuncio de este macroproyecto (¡ni siquiera europeo!) confirma la negación en la que se hunden quienes se niegan a darse cuenta de que la modernización a largo plazo de la fuerza de ataque constituye uno de los elementos más emblemáticos para convertir al Estado soberano en un agente de inseguridad suprema.

Pero he aquí, como escribía el psicólogo usamericano Abraham Maslow: “Si la única herramienta de la que dispone el poder es un martillo, es tentador tratar todo como si fuera un clavo” (The Psychology of Science, 1966, una frase a menudo atribuida a Mark Twain). Así, puesto que quienes nos gobiernan sólo tienen martillos a mano, toda situación (simbolizada por un clavo) debe ser tratada con la “mano dura”; todo perturbador es necesariamente un enemigo destinado a ser aniquilado. La fórmula puede parecer “pasada de moda” o obsoleta en la medida en que el objetivo de las guerras futuras consiste en controlar y no en hacer morir. El enemigo no es siempre el que se enarbola.

Para asegurar una mayor seguridad, primero hay que designar las amenazas creíbles y saber fijar las prioridades. Sí, para parafrasear un eslogan de la SNCF, una amenaza puede esconder otra. En un mundo que ha perdido toda racionalidad, en el que la mayoría de los Estados gastan más en seguridad nacional que en la educación de sus hijos, los indicadores son inoperantes. Desgraciadamente, defender la tesis de que el analfabetismo y/o la discalculia constituyen una amenaza mayor para la humanidad que el terrorismo no es rentable políticamente. Por eso algunos exageran y omiten decir que las víctimas del terrorismo son seis veces menos numerosas que el número de muertos en pasos a nivel en Francia (cifras de 2020).

La distorsión entre percepción y realidad es un medio para detectar la instrumentalización de la amenaza. Por ejemplo, la campaña mediática dirigida por Donald Trump, para insinuar que el coronavirus era una táctica premeditada por Pekín, no permitió sustraer a cientos de miles de ciudadanos usamericanos de la muerte. En todo caso, a las amenazas “fake” se suman falsas alarmas y, por tanto, respuestas inapropiadas. Este fenómeno no está reservado a un solo país, aunque sea el más imperial. Entonces, ¿qué hacer?

A nuestro riesgo y peligro

Liberarse del miedo significa neutralizar el chivo expiatorio y desdemonizar al enemigo o a los enemigos sustitutos. Ahora bien, no es imposible creer que nuestros dirigentes, en Bruselas o en otra parte, tienen sus razones para enarbolar el espectro de “enemigos”. Sea para justificar los gastos que acarreará la militarización del espacio extraatmosférico, el “cosmos”, como dicen los rusos; o para valorizar metales (minerales) contenidos en las grandes profundidades marinas en nombre de las “7 ambiciones para la innovación” listadas en el informe Innovación 2030 presidido por Anne Lauvergeon desde abril de 2013.

Mejor aún: disculparse por no haber anticipado las dramáticas consecuencias de las convulsiones de un Imperio acorralado. Por último, como expone el historiador Emmanuel Todd, la dramatización de los desafíos geopolíticos es una forma de olvidar y hacer olvidar los desafíos concretos a los que se enfrenta el país: “El aumento de la mortalidad infantil, sin equivalente en otros países, da fe de la magnitud de estos desafíos y del descenso de Francia...” No obstante: monopolizar montos extravagantes para militarizar Francia en nombre de nuestros intereses vitales (¡gracias por el futuro portaaviones!) parece indicar que la guerra que se prepara no es realmente asunto de todos. Aunque el ciudadano desconcertado esté implicado a través de los impuestos. Algunos considerarán que cualquier aumento del presupuesto militar es un fraude, un ardid que roza la malversación de fondos. No necesariamente se equivocan: las recientes encuestas nos iluminan sobre la brecha entre las prioridades de los gobernantes y las percepciones de los pueblos concernidos. Una mayoría de europeos no quiere tomar parte en una confrontación entre USA y Rusia o China. Sólo el 22% sería favorable a una participación de USA en una guerra contra China, el 23% en una guerra contra Rusia.

Pero la vox populi es caprichosa: quienes abogan por un tope a las emisiones de carbono son curiosamente los mismos que se niegan a ultranza a cualquier tope al gasto militar. En nombre de los supuestos beneficios de una “ecología de guerra (sic). Mientras que el Fondo Verde para el Clima preconizado por la ONU en la Cumbre de Copenhague (COP 15) apuesta por donantes generosos para llenar una hucha más bien vacía, son pocas las voces que se pronuncian a favor de una reorientación de los presupuestos militares hacia la adaptación climática, aunque esta medida podría frenar la aceleración de la militarización en curso. Entre las ONG, sólo WWF-Francia hizo esta recomendación en un informe de 2017.

Otras voces calificarán la maniobra de autosabotaje. Pero la intención de privar a millones de ciudadanos de una fundamental seguridad... humana, ¿no roza la omisión de socorro a pueblos en peligro?

Algunos observadores estarían tentados de concluir que la amenaza que se privilegia no es la más probable, ni la más temible, sino la que permite a quienes nos gobiernan consolidar su poder y aferrarse a él. “Cueste lo que cueste”. ¿Un ejemplo? El común de los mortales no se siente directamente concernido por el intento de adquirir armas de destrucción masiva (nucleares) por parte de tal o cual chapucero de bomba A o H. No es para representar una “amenaza existencial”. Por lo demás, desde los años 70, una docena de Estados (Suiza, Suecia, Brasil, Argentina, Sudáfrica, Ucrania, Bielorrusia, Kazajistán) ha renunciado a la opción nuclear militar sin verse forzados por la fuerza (a diferencia de Irak o Libia). Pero el ‘proliferador’ sigue siendo el enemigo predilecto y no sólo en Riad o Abu Dabi.

Prosigamos la argumentación. En el apartado “nunca es demasiado pronto para prevenir conflictos y amenazas”, según el vocabulario convenido en Estrategia Europea de Seguridad, Una Europa segura en un mundo mejor (Bruselas, 2009), bastó con enfocar nuestros reflectores sobre Irán y sus mulás. La exhibición de las secuencias de esta aventura nuclear mantiene en vilo a la Internacional de los paranoicos con Benyamin Netanyahu a la cabeza. ¡Desde hace cuatro décadas! Y sin remontarse a los pasos emprendidos por la visita del Sha en 1974. Ya en abril de 1984, los servicios de inteligencia alemanes predecían que Irán podría acceder a la bomba en dos años ... gracias al uranio altamente enriquecido (HEU) procedente de Pakistán... como exponía entonces la prestigiosa revista Jane's Defence Weekly.

Esta psicosis hizo callar a los pacifistas respecto al aventurerismo israelí durante la operación “Midnight Hammer” (¡otra historia de martillos!) que apuntó a varios sitios nucleares iraníes en la noche del 21 al 22 de junio de 2025. La operación también acorraló a cierta izquierda francesa ... que todavía no se ha reconciliado con los desafíos de seguridad y coquetea con el grado cero de la geopolítica. Haría bien en completar o revisar su credo releyendo el famoso libro satírico La paz indeseable? Informe sobre la utilidad de las guerras” de John Kenneth Galbraith y Leonard C. Lewin (ed. fr. en Calmann-Lévy en 1984). Los autores lo resumen en estos términos: “La existencia de una amenaza externa en la que se cree (sic) es esencial tanto para la cohesión social como para la aceptación de una autoridad política. (…) En ausencia de conflicto, hay que encontrar una amenaza suficientemente grande para inducir a las sociedades a aceptar su sujeción a su gobierno.” A buen entendedor, ¡hola!

La “seguridad humana”, ¿cuántas campañas de carteles?

La expresión “seguridad humana” fue conceptualizada o al menos popularizada dentro de la comunidad internacional a través del Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD de 1994. Los autores tenían entonces la ambición de presentar una agenda con ocasión del 50° aniversario de la ONU, un año después. Pero ¿quién se encargaría de promoverla? Siempre será más fácil para los acomodados sentir la necesidad de armarse – y, llegado el caso, de hacerlo saber. En cambio, siempre es más difícil para los excluidos de la seguridad exponer la validez de sus reivindicaciones. En el caso que nos ocupa, el arte de la “comunicación” difundido por la DICoD [Delegación de Información y Comunicación de Defensa francesa] y el ECPAD [Establecimiento de comunicación y producción audiovisual de la Defensa francesa] no benefició a esa seguridad y el “capitalismo militarizado” (como diría la jurista Monique Chemillier-Gendreau) se acomodó a ello. En descargo de este ex-Gran Mudo [el ejército francés], reconozcamos que un desfile de bomberos, denunciantes, agentes del SAMU Social sin fanfarrias ni trompetas, monitores del SSA [Segurida social alimentar] que muestran su oficio sin saber marchar ... difícilmente puede rivalizar con el espectáculo “son et lumières” [sonido y luces] de paracaidistas, misileros entrenados por pilotos de bombarderos Rafale o F-35, o aún por drones casi silenciosos, capaces de iluminar el cielo. Un espectáculo que seduce también y sobre todo a dictadores, de Delhi a Pyongyang pasando por Moscú y pronto Washington.

La seguridad humana, una firma europea

Sólo ciertos medios académicos han hecho que la seguridad humana sea reconocida como disciplina, pero más bien marginalmente. En los partidos políticos, y entre los representantes de la sociedad civil (ONG), la palabra “seguridad” más bien hace de repelente; en el movimiento ecologista, por ejemplo, donde se concentran quienes minimizan los beneficios de la seguridad social, mientras que ésta corresponde a una de las 7 dimensiones de la seguridad humana.

Las ONG, excluidas de los organismos de la ONU como la Conferencia de Desarme en Ginebra, se sienten huérfanas de una diplomacia ciudadana. Tendrán que remar para tender puentes entre los partidarios de esta seguridad y la otra seguridad, que alimenta el negocio de instituciones reconocidas. ¿Motivo? ¡Asociar los desafíos geopolíticos a la crisis social es políticamente incorrecto! Por eso evocar las cuestiones de violencia urbana (por ejemplo) no figura en el programa del G7 o del G20, ni del Foro anual de Múnich (Wehrkunde), el Davos de la defensa, ni en su versión ligera, el Foro (macronista) de París sobre la Paz.

El parto de una doctrina

Ironía de la historia, fueron los promotores de la seguridad humana quienes, en un informe de 35 páginas (no traducido), tuvieron el mérito de poner el dedo en la llaga. Insistieron en “la brecha entre las capacidades de seguridad que se basan principalmente en las fuerzas armadas y las verdaderas necesidades de seguridad de cada cual”. Este llamado informe de Barcelona titulado Una doctrina de seguridad humana en Europa apareció en septiembre de 2004, es decir, 10 años después del del PNUD. Los autores concluyeron: “el papel más apropiado para Europa en el siglo XXI sería promover la seguridad humana”. El instigador de esta iniciativa no era otro que Javier Solana, que militó durante mucho tiempo por la salida de España de la OTAN, publicó el panfleto “50 razones para decir no a la OTAN”; y por tanto, listado como “persona subversiva” por las autoridades en Washington. Por extraño que parezca, se recicló para ocupar el cargo de Secretario General de la OTAN (1995–1999), luego el de jefe de la diplomacia europea...

La mayoría de los diputados europeos no concedieron la menor importancia a este documento, excepto los representantes del Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea (GUE). Encargaron un informe sobre la huella de carbono de los militares titulado Bajo el radar”. En este texto publicado en febrero de 2021 se puede leer: “Más allá del blanqueo ecológico de la política militar, debemos repensar la política de defensa de la Unión Europea en materia de control de armamentos y desarme, colocando la seguridad humana en el centro”.

La seguridad sólo es humana si es democrática

Contrariamente a las ideas recibidas, humanizar la política de defensa es una apuesta arriesgada. Por la simple razón de que las oportunidades de vivir a salvo de la necesidad (freedom from want) y del miedo (freedom from fear) no son las mismas para todos. Quienes viven a salvo de la necesidad y del miedo tienen una molesta tendencia a pretender que su estatus privilegiado es “normal”. Por tanto, no están dispuestos a facilitar las iniciativas de los civiles, precisamente aquellos que, en nombre de la seguridad humana, quieren democratizar la seguridad para mejor proteger la democracia.

Pierre Naville tenía buenas razones para escribir en 1977: “Cualquiera que sea el destino de la humanidad, ningún proyecto social puede desplegarse si no incluye un estudio sin prejuicios de las funciones de la guerra”.

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