Traducido del inglés por Sinfo Fernández
El discurso político de Mahmud Abás, el presidente de la Autoridad Palestina en Cisjordania, es similar al de un rey torpe que lleva demasiado tiempo aislado en su palacio. El rey habla de paz y prosperidad, y cuenta incansablemente sus innumerables logros, mientras su pueblo se muere de hambre afuera y suplica de forma vana su atención.
El presidente de la Autoridad
Palestina Mahmud Abás (derecha) con el secretario de Estado
usamericano Antony Blinken. (Foto:
Página de Facebook de Mahmud Abás)
Pero Abás no es un rey cualquiera. Es un “presidente” solo de nombre, un “líder” designado por el mero hecho de que Israel y el sistema político internacional dirigido por USA insisten en reconocerlo como tal. El mandato político de este personaje no solo había expirado en 2009, sino que ya era bastante limitado incluso antes de esa fecha. Abás, en ningún momento de su carrera, representó a todo el pueblo palestino. Ahora, a los 85 años, es probable que Abás nunca desempeñe tal papel.
Mucho antes de que Abás fuera el “candidato” palestino favorito de USA e Israel para gobernar a los palestinos ocupados y oprimidos en 2005, en Palestina estaban desarrollándose dos discursos políticos separados y, con ellos, dos culturas singularmente distintas. Estaba la “cultura de Oslo”, que se sustentaba en clichés vacíos, tópicos sobre la paz y negociaciones y, lo que es más importante, en los miles de millones de dólares que llegaban de los países donantes. Los fondos nunca estuvieron realmente destinados a lograr la codiciada paz justa o la independencia palestina, sino a mantener el lamentable statu quo por el que la ocupación militar de Israel se normaliza mediante la “coordinación de seguridad” entre el ejército israelí y la Autoridad de Abás.
En una entrevista con el periódico británico The Independent, poco después del final de la guerra israelí contra Gaza, la exministra de la Autoridad Palestina y veterana política Hanan Ashrawi habló de los cambios que se están produciendo a nivel sociopolítico en Palestina. “Hamas ha evolucionado y está ganando apoyos entre los jóvenes, incluso entre los cristianos”, dijo Ashrawi, y agregó que “Hamas tiene todo el derecho a estar representado en un sistema pluralista”. Sin embargo, esto no va solo de Hamas. Se trata de la resistencia palestina en su conjunto, ya esté representada en tendencias islamistas, nacionalistas o socialistas.
En un momento determinado, Abás se refirió a la resistencia palestina en Gaza calificándola de “poco seria”. Hoy, muy pocos palestinos en Cisjordania, o incluso en Ramala, estarían de acuerdo con esa valoración.
La afirmación anterior se hizo evidente el 25 de mayo, cuando el secretario de Estado de USA, Antony Blinken, se apresuró a viajar a Israel y los Territorios Ocupados en un intento desesperado por recuperar el lenguaje antiguo, el lenguaje que los palestinos están ahora desafiando de forma abierta. Dentro de la lujosa oficina de Abás, Blinken habló de dinero, negociaciones y, de manera inapropiada, de “libertad de expresión”. Abás le dio las gracias al diplomático usamericano, quien exigió, curiosamente, un regreso al “statu quo” en Jerusalén, renunciar a la “violencia y al terrorismo” y la defensa de una “resistencia popular pacífica”.
Sin embargo, en las calles de Ramala, a
unos cientos de metros del espectáculo Blinken-Abás, miles de palestinos luchaban con la policía de la Autoridad Palestina
mientras gritaban “USA es la cabeza de la serpiente”, “la coordinación de
seguridad es una vergüenza” y “los Acuerdos de Oslo no existen”.
Muchos han argumentado con frecuencia, y con razón, que hace mucho tiempo que los Acuerdos de Oslo, como doctrina política, están muertos. Sin embargo, es probable que la cultura de Oslo, la del lenguaje único pero engañoso, la división en facciones, el clasismo y el caos político absoluto que persistieron durante muchos años estén también desapareciendo.
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