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2-M | 5º aniversario de la movilización en Madrid por los presos políticos saharauis: cinco años sin respuestas

El próximo lunes 2 de marzo se cumplen cinco años de concentraciones semanales ante el Ministerio de Asuntos Exteriores, en la Plaza de la Provincia (Madrid), para denunciar la situación de los presos políticos saharauis encarcelados en Marruecos y exigir al Gobierno español que asuma su responsabilidad política y jurídica ante esta vulneración continuada de derechos fundamentales.
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02/02/2026

¿De qué Minneapolis es el nombre? (Dossier)

La ejecución extrajudicial de Renée Nicole Good el 7 de enero y de Alex Pretti el 24 de enero, en Minneapolis, la ciudad más poblada y vecina de Saint Paul, capital del Estado de Minnesota, dio una dimensión nueva, de repercusiones mundiales, a la operación lanzada por la administración Trump, oficialmente contra los inmigrantes sin papeles, de hecho contra los “enemigos domésticos” de todo género y origen, ciudadanos blancos incluidos, calificados a posteriori de “terroristas” para justificar su ejecución. Este documento explica los pormenores de la operación Metro Surge y pasa revista a las respuestas de las autoridades locales y estatales, de l@s primer@s concernid@s, l@s inmigrantes, y del resto de la sociedad civil a la ofensiva trumpista, y contrasta los desafíos de las luchas por los derechos de los migrantes en el conjunto de USA., en Europa y en el Sur global.

Fausto Giudice, Túnez, 30 de enero de 2026
Gracias a Antonio Beltrán Hernández por la revisión de la traducción


Índice

La operación Metro Surge en Minneapolis: una radiografía. 4

“Entendimos que no era sólo la inmigración”: panorama de la respuesta de las grandes ciudades usamericanas a la ofensiva de ICE. 12

10ª Enmienda y anti-commandeering: ficha técnica. 16

Ciudades, migraciones, poder: una fractura política mundial 19

Leer sobre el mismo tema…………………………………………………….25


29/01/2026

MinneapolICE: cuando testificar se convierte en un delito castigado con la muerte
“Sentencia primero, veredicto después”

Renée Good y Alex Pretti fueron asesinados por atreverse a interferir con los esfuerzos de la administración Trump para normalizar los secuestros y la violencia estatal.

 


Renée Good y Alex Pretti; ilustraciones de John Brooks


Fintan O’TooleThe New York Review , 28-1-2026
Traducido por Tlaxcala

Fintan O’Toole (1958) es Editor Asesor de The New York Review y columnista del diario The Irish Times. Su libro For and Against a United Ireland  (Por y contra una Irlanda unida), escrito en colaboración con Sam McBride, se publicará en USA en febrero de 2026. @fotoole


El deseo de Donald Trump de poner su nombre a todo, desde el Centro Kennedy hasta el Golfo de México (“Quería llamarlo el Golfo de Trump”, declaró en enero), puede parecer casi cómicamente infantil. Pero se ha convertido en una broma mortal: su régimen califica de terroristas a quienes ejecuta y arrastra sus nombres por el fango. Este renombrar es una afirmación de poder absoluto, y USA está en un momento en el que la pretensión de Trump de dominar el lenguaje se ha vuelto letal, tanto para los individuos como para la república misma. Si el asesinato de Alex Pretti en las calles de Minneapolis no puede llamarse asesinato, un régimen autoritario ha superado una de sus pruebas cruciales: puede invertir todos los significados, dar la vuelta a la transgresión moral definitiva, haciendo de la víctima el perpetrador, y del perpetrador la víctima.

Es llamativo que el delito capital por el que tanto Pretti como Renée Good – a la que semanas antes un agente del ICE disparó múltiples veces a quemarropa en Minneapolis – fueron ejecutados sumariamente fue el crimen de ser testigo. Good observaba el trabajo del ICE desde su coche. Pretti estaba grabando a agentes de la Patrulla Fronteriza en la calle. Ambos estaban realizando la tarea que las democracias asignan a los ciudadanos: prestar atención al funcionamiento del poder. Si el precio de la libertad es la vigilancia eterna, un país que inflige el castigo último a quienes se atreven a estar vigilantes ya no puede ser libre.

La vigilancia es la forma de resistencia más peligrosa porque obstruye el proyecto de habituación del régimen de Trump. El fascismo funciona haciendo normal lo extremo. El hábito, como dice Samuel Beckett, es un gran amortiguador. Ha sido evidente desde el inicio del segundo mandato de Trump que está intentando que la visión de hombres armados y enmascarados con poderes prácticamente ilimitados sea algo a lo que l@s usamerican@s se acostumbren.

Primero desplegando tropas de la Guardia Nacional en Los Ángeles y otras ciudades, luego enviando contingentes del ICE a Washington, Memphis, Nashville, Atlanta, Charlotte, Nueva Orleans, Brownsville, Las Vegas, Los Ángeles, Filadelfia, Newark, Boston, Chicago, Detroit, Indianápolis y Minneapolis, el régimen está redefiniendo no solo las normas legales y políticas, sino la normalidad misma. Está haciendo rutinaria la amenaza de violencia estatal arbitraria, integrándola en el tejido de la vida urbana diaria. La esperanza es que la mayoría de l@s usamerican@s puedan ser educad@s para seguir con sus preocupaciones mundanas incluso mientras son visiblemente ocupad@s.

Sé, por cierto, que esto es muy posible. Durante treinta años, en partes de mi Irlanda natal, tropas con ametralladoras agazapadas en portales de tiendas o merodeando en los patios traseros de casas ordinarias eran algo tan asumido que, si acaso, se veían de reojo. Lo que siempre está allí acaba por no estar casi en absoluto.

Este procedimiento de habituación es también un proceso de escalada. La toma del poder autoritaria en una democracia consolidada debe ser gradual. Y las gradaciones son principalmente morales. La población debe ser insensibilizada. La gente debe acostumbrarse a imágenes de niños pequeños secuestrados por agentes enmascarados no identificados. Debe aclimatarse a ver a mujeres jóvenes siendo agarradas y metidas en furgonetas sin identificar por hombres sin rostro; deben aprender a no reconocer un secuestro.

Deben familiarizarse con las desapariciones oficiales, una idea antes confinada a las tinieblas más allá de la frontera sur pero ahora completamente domesticada. Deben acostumbrarse a los asesinatos, primero a las muertes oscuras y apartadas de migrantes: treinta y dos personas murieron bajo custodia del ICE en 2025, a menudo por la negativa de las autoridades a tratar condiciones médicas agudas. Y luego deben acostumbrarse a los asesinatos públicos, abiertos y flagrantes de ciudadan@s usamerican@s. En esta lógica de escalada, una ejecución sumaria a sangre fría no es un accidente. Es un clímax. El asesinato de Alex Pretti era en sí mismo un acto obviamente intencional, pero también era políticamente deliberado. Tras la muerte de Renée Good el 7 de enero, una administración que no estuviera empeñada en establecer una autocracia habría detenido los despliegues masivos del ICE. La muerte de Good habría sido tratada como un desastre, no solo una calamidad privada, sino un terrible error gubernamental. Trump habría dejado claro que nunca se había querido que sucediera.

Por supuesto, él y sus subordinados hicieron exactamente lo contrario, calificando a Good de terrorista doméstica y justificando su muerte como un acto de legítima defensa individual e institucional. Pero para que esta táctica no fuera excepcional, para establecer tales ejecuciones como parte del orden de las cosas, la muerte de Good no podía ser un caso aislado. Tenía que haber una doble apuesta. Los terroristas domésticos, por definición, no vienen solos. Son múltiples, y las acciones necesarias para defenderse de ellos también deben multiplicarse.

Esto no significa que el asesinato de Pretti fuera específicamente ordenado. Pero el modelo para ello ciertamente se preparó de antemano. “Sentencia primero, veredicto después”, dice la Reina de Corazones de Lewis Carroll. Aquí es un caso de justificación primero, ejecución después. La licencia para matar a Pretti se emitió cuando Good fue redefinida como una terrorista doméstica que intentaba matar a un agente.

El cuerpo aún caliente de Pretti fue encajado en esta narrativa preformulada. Era un asesino en masa frustrado. A las pocas horas de su asesinato, el asesor principal de Trump, Stephen Miller, publicó en X: “Un aspirante a asesino intentó asesinar a agentes federales de la ley y la cuenta oficial demócrata se pone del lado de los terroristas”. Tanto Gregory Bovino, entonces comandante general de la Patrulla Fronteriza, como Tricia McLaughlin, subsecretaria de Seguridad Nacional, afirmaron que Pretti estaba a punto de “causar el máximo daño y masacrar a las fuerzas del orden”. La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, usó casi exactamente la misma frase, dejando pocas dudas de que había sido elaborada conscientemente.

La gran mentira de la amenaza supuestamente planteada por Good se agranda aquí deliberadamente. Good estaba realizando “terrorismo doméstico”; Miller pasó al plural, haciendo de Pretti simplemente uno de “los terroristas” (como no tienen número, podrían ser legión). Good intentaba matar a un agente. Pretti planeaba una masacre, no solo de los agentes presentes, sino de “las fuerzas del orden” mismas. La grotesca inflación del lenguaje por parte de Trump, su transformación de los políticos opositores en monstruos, está ahora plenamente integrada en la violencia callejera organizada de su régimen. Así debe ser siempre en el estado autoritario: la amenaza existencial solo puede ser derrotada si quienes la encarnan pueden ser privados de sus propias existencias.

No importa que esta historia exagerada sea más difícil de hacer creíble que el tipo habitual de mentira oficial que caracteriza tales asesinatos simplemente como desafortunados accidentes cuya verdadera causa es imposible de determinar. Hacer que la gente acepte un relato vagamente creíble es una manifestación menor de poder absoluto que hacer que acepten, o mejor aún, que simplemente se encojan de hombros ante, uno increíblemente inverosímil. Existe, en gran parte de los medios usamericanos, un hábito aprendido de encogerse de hombros, una evitación civilizada de llamar a una ocupación una ocupación, a una mentira una mentira, a un asesinato un asesinato. Como señaló Jem Bartholomew en la Columbia Journalism Review poco después del asesinato de Pretti, “la prensa todavía es tímida para denunciar directamente las mentiras de la administración”. Pero esta timidez fuera de lugar en realidad aviva las llamas. Cuando los incendiarios están en la Casa Blanca y sus objetivos son todos los límites legales, institucionales, políticos, cívicos y morales a la capacidad de Trump de hacer, como proclama tan abiertamente, “lo que yo quiera”, el amortiguamiento del lenguaje tiene consecuencias fatales.

Así, incluso mientras el New York Times hizo un excelente trabajo analizando las imágenes de video de la ejecución de Pretti, inicialmente recurrió a la conclusión sosa de que “los videos analizados por el New York Times parecen contradecir las versiones federales del tiroteo”. ¿Parecen? Como el periódico reconoció implícitamente más tarde, la verdad es que “los videos contradicen directamente las descripciones del encuentro por parte de funcionarios de la administración”. Es bueno que el recurso instintivo a la circunlocución difusa se superara finalmente, pero seguramente, una vez que el análisis del periódico mostró definitivamente que la administración mentía descaradamente sobre un asesinato oficial, eso debería haber sido el titular más crudo.

Mientras tanto, el consejo editorial del Wall Street Journal declaró que, aunque no merecía ser asesinado a tiros, “Pretti cometió un error trágico al interferir con agentes del ICE”. Su error fue que “intentó, tontamente, ayudar a una mujer que había sido rociada con gas pimienta por agentes”. Se desprende claramente del resto del artículo que el Journal cree que la administración Trump miente sobre su asesinato injustificado de un ciudadano usamericano, pero el peso de esta verdad por lo demás asombrosa se diluye con la sugerencia de que, después de todo, era un tonto. En un Estado autoritario, ¿quién, sino un tonto, intentaría ayudar a una mujer rociada con gas pimienta por las tropas de choque del gran líder?

El pecado de la “interferencia” cívica es, de hecho, la gracia salvadora de la democracia. Good, Pretti y miles de otr@s ciudadan@s han estado interponiéndose en el derrocamiento armado de las libertades democráticas haciendo lo que se supone que debe hacer el periodismo: prestar atención a la realidad efectiva, sobre el terreno. El teléfono que Pretti tenía en la mano era una conexión con una determinación comunitaria de rechazar el narcótico de la normalización. Los videos que exponen la trumperia [neologismo para mendacidad] de la administración sobre su propio uso de la violencia extrema contra la disidencia pacífica son en sí mismos productos del valor de presentarse, de estar allí, de ver por uno mismo, impulsos que se supone que los periodistas valoran por encima de todos los demás, además del uso de un lenguaje preciso para nombrar lo que se ve.

El desafío que presentan los videos es el de una evidencia incómodamente irrebatible: prueba de ejecuciones sancionadas y del mentir sistemático de un gobierno. Si las pruebas tan valientemente recopiladas no conducen a una profunda reversión, la cesión temporal de Trump a la indignación pública (diluyendo la campaña de difamación contra Pretti, retirando a Bovino de Minneapolis y colocando a los dos agentes que dispararon a Pretti en licencia administrativa) será solo una retirada táctica, otra etapa en la habituación gradual de l@s usamerican@s a la aplicación arbitraria de la ley marcial. El nombre de la condición a la que USA se habrá rendido está escrito por todas partes en los libros de historia de Europa.

10/01/2026

Renée, ¡corre, corre que te van a matar!
El asesinato de una poetisa usamericana por Trump y su banda

 

Renee Nicole Good, poetisa asesinada por la policía de inmigración. (Foto RNZ News)

Asesinaron a la poetisa, a balazos, a sangre fría, como si fuera una cucaracha, o como si tal vez fuera una entraña de cerdo a la que hay que freír a punta de manteca de policías de inmigración. La mataron porque sí, porque hay que matar mujeres, mujeres que escriben, mujeres que alzan la voz, que parlan con los extranjeros explotados, con los perseguidos. Hay que matarla. Y eso hicieron los automáticos agentes, asesinos por naturaleza, entrenados para ese fin: matar y nadas más. Ah, y si la víctima es una poetisa, mejor. No queremos que cante nadie, ni que le vayan a decir alguna verdad, en verso, o en prosa, al presidentico que cada vez más se parece a Hitler.

Asesinaron a disparos a Renée Nicole Good, de treinta y siete años. Dicen que escribía “como quien abre una ventana en una casa sitiada”. Seguro sabía antes de recibir esa tanda de balazos en un “país bañado en sangre”, como lo describió Paul Auster, que estaba destinada a ser una víctima de la represión trumpista, del Corolario del nuevo filibustero, de la Nueva Estrategia de Defensa Nacional, del pederasta, reencarnación —así se lo cree el bandido presidente— de James Monroe, y que representa también el Garrote de Teddy Roosevelt, la poetisa sabía que la iban a matar.

Ha sido otra víctima del sistema que bombardea desde hace años, a veces con bombas atómicas, a veces con otras bombas —mortales, eso sí—, a objetivos civiles, a poblaciones enteras, que asesina a gentes como las de la aldea de My Lai, o de Irak, o de Siria, o de Libia, también de Venezuela. Y mata poetas. Así no más. Tal vez como si imitara a aquel que asesinó en Granada a García Lorca, por marica, o por poeta, o porque estaba en contra de la opresión.

Le dispararon, así no más, a mansalva y sobreseguro, a una muchacha, sí, todavía era una muchacha en flor, que escribía poemas. Había que borrar sus versos, pensaría el tombo, el sirviente del sistema, el asesino con licencia. Había que acallar una voz, un lápiz, unas estrofas, unas líneas… No requerimos poetas, sino matones, sino bombarderos, sino criminales. Así es la vulgar prosa del imperialismo, de Trump y sus secuaces, de aquellos que aplauden no solo las baladronadas del sanguinario pirata, sino sus acciones criminales en todo el universo.

Matar a una poetisa puede ser insignificante. Además de fácil, además que todo puede quedar impune. Era solo una mujer, una muchacha que escribía, que saludaba a los inmigrantes, que les decía como unirse, como abrazarse, como estar alertas frente a la represión. Era eso, tan sin valor, tan sin sentido para un sujeto como el presidente. La Gestapo de Trump la asesinó.

Qué puede pasarle a un imperio, o a un delincuente que se ampara en ser presidente de una superpotencia (en decadencia), por el crimen de una mujer que escribía, por ejemplo, “quiero de vuelta mis mecedoras” y conocía “tercetos de cigarras” (como la cigarra, tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí resucitando…), que había “donado biblias a tiendas de segunda mano”, que sabía —era una poetisa— que entre su páncreas y su intestino grueso, “se encuentra el insignificante arroyo de mi alma”.

La desalmaron los desalmados. Los asesinos le borraron las palabras, las ganas de hacer justicia, los deseos incontenibles de cantar contra la injusticia, de bendecir el encuentro entre el óvulo y el espermatozoide. Le arrancaron el alma a balazos.

Pero la vaina, como se dice, es que ningún policía, ninguna bala, ningún fusil, acaba con la poesía. Esta sigue viviendo más allá del poeta. La poesía de Renée ahora vuela más alto, va de Minneapolis a Chicago, de Los Ángeles a Texas, del país de las libertades muertas, de la democracia destruida, hacia más allá del planeta azul. Era la tarde del siete de enero de 2026, cuando un policía del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés), disparó con ferocidad sobre una muchacha que escribía versos y que desde ese momento vuela, como esa mariposa que, con su aleteo, es capaz de provocar un terremoto en Beijing o hacer brotar una lágrima en algún lugar del mundo donde haya gente que cante.

Renée Nicole ahora es fuego. No es ceniza. Es voz potente que clama por la justicia en el mundo y porque la utopía siga viviendo, o, al menos, haciendo caminar a mucha gente.

La poetisa asesinada en Minneapolis

08/01/2026

Dialogue con Trump, presidente Petro, pero tenga cuidado

Tigrillo L. Anudo, 8-1-2026

Ese anciano sociópata instrumentaliza todo a favor de su sed de fortunas ajenas. Usted, presidente Petro, es de las pocas piedras en los zapatos de ese desquiciado. Por eso, él lo ha llamado. Usted no lo llamó a él.

Tenga en cuenta que Trump potenció su riqueza inmobiliaria con ayuda de Chepe Santacruz, un narco colombiano. Entienda que si él lo acusa a usted de narco es porque lo persiguen los beneficios que ha obtenido de las mafias.

Trump ha tenido socios narcos, clientes narcos en sus hoteles. Acaba de indultar a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras, condenado a 45 años de prisión en Estados Unidos por narcotráfico. El fantasma de las drogas no deja dormir al sociópata.

 Trump sabe que usted es quien más ha perseguido a los narcos. Para destronarlo de ese honor lo difama. Él quiere fungir como salvador de Estados Unidos frente a las drogas. Es una bandera falsa. A Trump y a la élite económica le conviene la existencia del narcotráfico. De cada dólar por venta de drogas se quedan 70 centavos de dólar en los bancos gringos. La lucha contra las drogas siempre fue y será un pretexto para intervenir en los asuntos internos de los países latinoamericanos.

Porqué Trump lo llama a dialogar en La Casa Blanca? Porque quiere bajar el nivel de las aguas. Pretende  quitarse un poco de encima esa carga de tirano racista xenófobo contra los inmigrantes latinos. Fue usted, presidente Petro, el único presidente que sin concesiones rechazó las redadas indiscriminados en Estados Unidos, los criminales bombardeos contra desgraciados lancheros en el mar Caribe, condenó el genocidio en Gaza y se opuso a la intervención militar en Venezuela.

La difícil situación interna que padece Trump, lo lleva a usarlo a usted como factor distractor. Enfrenta cargos por abuso sexual y conspiración golpista, denuncias por pedofilia, rebelión de gobernadores y alcaldes de Estados que sufren las violentas acciones de los agentes de inmigración -ICE- contra los propios ciudadanos estadounidenses. Ayer, 7 de enero, esos agentes asesinaron a sangre fría a Renee Good (37 años, madre de un niño) en Minneapolis. Trump ordena arrestar y deportar a los venezolanos que salieron a las calles a celebrar el arresto de Maduro y asesinato de 100 personas en la incursión. Para acabar de completar se burla con desprecio de los venezolanos que marchan en Caracas contra la intervención lo cual le ha granjeado más críticas a su gestión.

Presidente Petro, usted es economista. Sabe muy bien que el principal móvil de Trump es alejar a los países latinoamericanos de los intercambios comerciales, industriales y culturales con China. Este objetivo es quizás más importante que el robo del petróleo venezolano y el saqueo de recursos naturales de  Suramérica. La cruzada y guerrerismo de Trump es contra el dragón de Oriente quien está desdolarizando el comercio internacional y está ganando la guerra comercial contra Estados Unidos.

El ensayo de Gaza ya llegó a América Latina. Usted bien lo ha vaticinado. Lo que hacen con Gaza lo harán en otros países si no reaccionamos. Quieren recolonizarnos con amenazas, chantages y bombardeos. Los pueblos dignos de Latinoamérica confían en su voz y compromiso inclaudicable con la soberanía, democracia, justicias social y de la naturaleza.

04/12/2025

Hegseth is “the killer”…y no es una serie de Netflix

Sergio Rodríguez Gelfenstein, 4/12/2025

Cuando Donald Trump esbozaba la composición de su gabinete después de haber sido elegido y antes de asumir el cargo, tomó una decisión: los neoconservadores que tantos problemas le habían creado en su primera administración no tendrían cabida esta vez. Así, dejó fuera entre otros a Mike Pompeo, Mike Pence, Nikki Haley, John Bolton y Elliott Abrams que habían ocupado altos cargos durante su anterior gobierno.

Pero algo salió mal. Tras la última elección del senado, la cámara alta quedó constituida por 53 senadores republicanos, 45 demócratas y 2 independientes que suelen votar junto a los demócratas. Entre los 53 republicanos elegidos, cuatro de ellos Rick Scott y Ashley Moody pertenecientes a la mafia de Florida, Bernie Moreno, de origen colombiano, senador por Ohio y Ted Cruz de origen cubano, senador por Texas, a quienes se sumó posteriormente Lindsay Graham de Carolina del Sur, se identifican ideológicamente con la extrema derecha fascista agrupada en el sector neoconservador que integra la actual administración de Estados Unidos.

Aunque son una minoría, contaban con suficientes votos para definir los sufragios en el Senado. Se lo hicieron saber a Trump que los necesitaba para aprobar sus proyectos, por lo que tuvo que aceptar a regañadientes lo que le pidieran…y le pidieron el Departamento de Estado, donde ubicaron a uno de los suyos: Marco Rubio. A partir de ese momento, Trump vive chantajeado por este grupo. Muchas decisiones emanan de esa coacción a la que está sometido por el sector neoconservador de su gobierno. Y aparentemente, no puede hacer nada porque gracias a ellos no solo fue aprobado el gabinete, también el presupuesto y la “One Big Beautiful Bill Act” (OBBBA), la denominada “ ley más hermosa del mundo”, un desatino que los senadores aprobaron para complacer al presidente.

Así, Trump logró que se aprobaran sus propuestas para ocupar los puestos en el gabinete. No obstante, en la votación para elegir al titular de lo que en ese momento era la secretaría de defensa y ahora de guerra, los resultados arrojaron un empate que debió ser dirimido con el voto favorable de J.D. Vance, vicepresidente de Estados Unidos.


Como dibujar a Pete Hegseth, por Michael de Adder

De esta manera, Peter Brian Hegseth alias Pete asumió la máxima responsabilidad militar del país con el rechazo de la mitad de los senadores, incluyendo a tres republicanos. Los argumentos en contra se centraban en su falta de experiencia pero también en las acusaciones de violación expuestas por una mujer ante la justicia en 2017 que aparentemente se “solucionaron” tras un pago de dinero a cambio de silencio.

Hegseth, un oscuro personaje nacido hace 45 años en MinneapolisMinnesota y cuya “experiencia” anterior se limita a ser un presentador de televisión que se caracterizaba por sus opiniones ultra retrógradas y conservadoras en las que destacaban su abierta y pronunciada homofobia que parte de la consideración de que esa orientación sexual era una expresión ajena a la civilización occidental.  Hegseth declaraba que “el estilo de vida homosexual es anormal e inmoral”.


Por otra parte, su talante se observa a simple vista por su tatuaje de la “cruz de Jerusalén” símbolo de los cruzados que manifiestan el extremismo cristiano. Otro de sus tatuajes incluye las palabras “Deus Vult” que en latín significa "Dios lo quiere”, que fue un grito de guerra durante las 
Cruzadas, luego utilizado por los supremacistas blancos .

Hegseth ha escrito cuatro libros, en el primero hace una apología a las sociedades de los estados sureños que antes de la guerra de Secesión habían establecido al esclavismo como sustento de la economía. Así mismo, considera “que las mujeres nunca deberían haber obtenido el derecho al voto”. En su segundo libro, “American Crusade” publicado en 2020, escribió: “Al igual que los cruzados cristianos que repelieron a las hordas musulmanas en el siglo XII, los cruzados estadounidenses deberán mostrar el mismo valor contra los islamistas de hoy”.

Trump consideró que su breve paso por la Guardia Nacional del Ejército de Estados Unidos bastaba para ser designado como secretario de defensa   sin considerar que solo ascendió hasta el grado de capitán sin haber transitado por ningún curso de superación de oficiales, mucho menos uno de mando estratégico y/o estado mayor. ¿ Qué pensarán generales y almirantes con 35 años de servicio o más por ser mandados por un capitán? Alguien podría argüir que no sólo en las Fuerzas Armadas se obtiene experticia de nivel superior y es verdad, pero es que el referido capitán tampoco ha tenido práctica política alguna: fracasó como candidato a senador por su estado natal, lo cual lo obligó a recalar en la televisión como colaborador de Fox News, donde no se necesita mucha formación para conseguir trabajo.

Al asumir su nuevo encargo, exponiendo muy rápidamente su inexperiencia para una obligación de tanta responsabilidad, en connivencia con Marco Rubio, ha conducido su gestión en dos direcciones. Por una parte ha estado pugnando por una reorientación estratégica de la doctrina militar de su país, cambiando sus prioridades, de contrarrestar a China y Rusia -que es lo que una y otra vez han expresado los altos mandos militares del país en sus comparecencias ante distintas comisiones del Congreso- hacia la defensa contra amenazas internas y la situación en el hemisferio occidental. Según un experto consultado por el portal alemán Politico, el cambio "no parece estar en absoluto alineado con las posturas agresivas del presidente Trump hacia China".

La segunda orientación originada en la anterior es que el énfasis de la doctrina militar debe estar encaminada a proteger las fronteras de Estados Unidas amenazadas por el narcotráfico y las migraciones, incluyendo en esta disposición la lucha contra estos “enemigos” internamente en el país.

Cada vez mayor cantidad de voces influyentes en Estados Unidos alertan sobre el riesgo que significaría la aplicación de esta doctrina. El periodista Tucker Carlson advirtió que, “en un futuro, Estados Unidos podría enfrentarse a una guerra civil”. Su argumento está sustentado en  las protestas contra el actuar del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y los disturbios del movimiento Antifa, designado por la Administración de Donald Trump como "organización terrorista". Hegseth y Rubio desean involucrar a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos a favor de Trump y los republicanos en este eventual conflicto. Así mismo,  esta situación se manifiesta en la cada vez mayor resistencia de los gobernadores de aceptar la presencia militar en sus territorios, sin su autorización.

Otra faceta de la gestión de Hegseth es su manifiesta intención de “limpiar” el Pentágono de altos oficiales “vinculados al Partido Demócrata” o que hayan asumido las prácticas inclusivas adoptadas durante la administración Biden. En este marco, el secretario de Guerra (él cambió la denominación de esta instancia gubernamental que antes se llamaba secretaría de defensa) ha despedido o apartado de sus puestos a cuando menos dos docenas de oficiales de alto rango militar en los últimos diez meses. Así mismo, alrededor de una veintena de generales y almirantes han presentado su solicitud de retiro antes de cumplir su tiempo legal de servicio, entre ellos el almirante Alvin Hosley, jefe del comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.

Muchos de estos almirantes y generales fueron expulsados sin apenas explicación, incluso contradiciendo el consejo de altos mandos que participaron junto a ellos en combate, según la denuncia presentada por algunos de sus colegas. Según sus declaraciones, estas acciones han creado un clima de "ansiedad y desconfianza", obligando a los altos mandos a tomar partido, y en ocasiones los ha enfrentado entre sí. 

Al mismo tiempo, revelan que el jefe del Pentágono ha retrasado o cancelado los ascensos de al menos cuatro altos oficiales porque anteriormente trabajaron para el general retirado Mark Milley, quien se desempeñó como jefe del Estado Mayor Conjunto hasta 2023.

En uno de los cambios más sonados, Trump designó un nuevo vicejefe del Estado Mayor del Ejército para reemplazar al general James Mingus , quien sirvió en el cargo menos de dos años. De igual manera, el presidente nominó al teniente general Christopher LaNeve para el cargo. No es una sorpresa que LaNeve actualmente se desempeñe como asesor del secretario de Hegseth, en su calidad oficial de Asistente Militar Superior del Secretario siendo uno de los militares más cercanos al él .

Este fue el contexto para que el martes 30 de septiembre, Hegseth, reuniera -por primera vez desde la 2da. Guerra Mundial- a más de 800 generales y almirantes en la base de los marines de Quantico, en Virginia, a unos 30 km. de Washington.

Lo inusual de la reunión no solo fue la convocatoria en sí misma, sino el objeto de esta. Se podría suponer que se trataba de debatir sobre los asuntos estratégicos de la situación político-militar en el mundo pero no fue así.  Más allá de que Trump se dirigiera a los oficiales antes de que Hegseth tomara la palabra y hablara de una “reunión muy bonita en la que se discutirán nuestros excelentes resultados en el ámbito militar, nuestra excelente forma [y] muchas cosas positivas”, la realidad fue otra.

El ambiente del cónclave no fue el mejor, muchos generales recelaron de los riesgos en materia de seguridad que entrañaba reunir en un mismo lugar a esa cantidad tan alta de oficiales cuando bastaba con hacer una videoconferencia utilizando programas informáticos internos de alta seguridad que permiten evitar desplazamientos que requieren importantes maniobras logísticas. De esta manera, se vulneró además el secreto que debería tener una reunión de este tipo.

Acabar con el wokismo, por Adam Zyglis, The Buffalo News

En su discurso Hegseth, arremetió contra la ideología “woke”, que se habría desarrollado dentro del ejército bajo las administraciones anteriores. Entre las medidas adoptadas por el nuevo departamento de Guerra, Hegseth señaló que no permitiría las personas con sobrepeso, barbudos, militares con el pelo largo, emprendiéndola también contra las “expresiones individuales superficiales”. De igual manera, atacó a las mujeres, diciendo que no tendrían cabida en el combate e informó del regreso de los “combatientes incondicionales” que habrían huido del ejército bajo el anterior “departamento woke”. Prometió una reforma de los métodos de investigación de las denuncias por acoso e intimidación, declarando el “fin de los hombres que usan vestido”, de las políticas de equidad, diversidad e inclusión, prometiendo un nuevo ejército a imagen y semejanza de la administración MAGA.

Antes de la intervención de Hegseth, Trump había declarado que los grandes centros urbanos del país eran “lugares muy peligrosos [por lo que] los pondremos en orden uno por uno […] Será una tarea importante para algunas de las personas presentes en esta sala […] Es una guerra interna”, sentenció.

La reunión no pasará a la historia por su contenido sino por los rostros estupefactos de generales y almirantes mientras escuchaban los discursos de Trump y Hegseth y su diatriba sobre la gordura, las barbas, la homosexualidad en las fuerzas armadas y la necesidad de limitar la presencia de las mujeres en su interior.

Otra faceta de la gestión de Hegseth se manifiesta a través de los ataques sin precedentes contra los medios de comunicación involucrando tanto a reporteros concretos como a la industria en su sentido más amplio. Se señala que desde su llegada al Pentágono, algunos medios han sido expulsados de los espacios de trabajo compartidos. Asimismo, se limitó la autorización a los periodistas para circular por los pasillos del Pentágono y se han revocado las acreditaciones de prensa de algunos corresponsales.

Entre las periodistas duramente atacadas por Hegseth se encuentran Jennifer Griffin, reportera de Fox News con gran experiencia laboral en la cobertura de políticas del Pentágono y que ha sido objeto de declaraciones “ácidas” por parte del secretario en repetidas ocasiones. Así mismo, Courtney Kube corresponsal de NBC News en el Pentágono, quien suscribió coberturas sobre Hegseth en las que -según el New York Times- “figuró información poco agradable de su pasado, incluidos ciertos testimonios de un familiar sobre la actitud abusiva de Hegseth hacia su segunda esposa. Esa información salió a la luz cuando el Senado sopesaba su candidatura para titular de la cartera de Defensa. Poco después de tomar posesión, Hegseth ordenó expulsar a la reportera del Pentágono, instrucción que quedó sin cumplir al carecer de fundamento jurídico”.

En su actuación más reciente Hegseth habría ordenado asesinar a dos pescadores que sobrevivieron a un ataque tras ser acusados sin pruebas de ser narcotraficantes. El representante  demócrata por Connecticut Jim Himes, calificó los ataques de “asesinatos ilegales” y “preocupantes”, y afirmó que el Congreso está recibiendo poca información de la administración de Trump. Himes, que es el miembro de mayor rango de la Comisión Permanente Selecta de Inteligencia de la Cámara de Representantes, reconoció, pero desestimó, un memorando sobre los ataques publicado por la Casa Blanca. Afirmó que: “Basándome en lo que sé ahora y en la lectura de ese memorando, [puedo afirmar que] estos son asesinatos ilegales”, y agregó: “Son asesinatos ilegales porque la idea de que Estados Unidos —y esto es lo que la administración dice que es su justificación— esté involucrado en un conflicto armado con cualquier narcotraficante venezolano, es absurda. No se sostendría ante ningún tribunal”.

En esta situación, se ha desatado una verdadera guerra interna en la que se ha comenzado a hablar de pérdida de la "confianza" depositada en Hegseth al entender que no cuenta con las suficientes habilidades para lidiar con situaciones de negociación de alto rango, según un artículo publicado el pasado el 21 de noviembre  por Politico, que cita fuentes familiarizadas con el asunto. Esto ha llevado a un escalamiento de confrontación retórica al interior de MAGA. Una de sus más connotadas representantes, la activista de ultra derecha Laura Loomer. ha acusado a Driscoll de estar vinculado al partido Demócrata y de “planear un golpe de Estado contra Hegseth”.

Según Politico, la última visita a Kiev de altos funcionarios del Pentágono, con el secretario del Ejército de Estados Unidos Dan Driscoll a la cabeza, ilustraría la pérdida de credibilidad y de protagonismo de Hegseth.

Nadie sabe si Hegseth va a poder enfrentar la fuerte presión a la que está sometido. Hace algunas semanas, una fuente cercana al Pentágono afirmó que el secretario de Guerra de Estados Unidos. estaba tan nervioso que parecía "a punto de explotar". Hegseth, rodeado de uno de los aparatos de protección más grande y poderoso del mundo ha estado particularmente preocupado por su seguridad tras el asesinato del activista ultraconservador Charlie Kirk durante un evento público.

Según un artículo publicado por el portal inglés Daily Mail el pasado 29 de septiembre, que cita a fuentes cercanas, el miedo de Hegseth “se refleja en un comportamiento errático frente a sus empleados”. Dos personas anónimas con información privilegiada del Pentágono indicaron a este medio que en las últimas semanas Hegseth ha lanzado diatribas, se enfurece con sus subordinados y está obsesionado con asuntos relacionados con su seguridad. Afirmaron que: "Tiene una cualidad maniaca. O, mejor dicho, una cualidad aún más maniaca, lo que ya es decir bastante", señaló una persona consultada, describiendo a Hegseth como visiblemente distraído e inquieto, que incluso se levanta y camina de un lado a otro durante las reuniones.

Ahora, como el verdadero cobarde que es, no se ha hecho responsable de la orden de “mátenlos a todos” que sirvió para ordenar el asesinato de los pescadores en el Caribe, obligando al almirante  Frank M. Bradley,  comandante del Comando de Operaciones Especiales de los Estados Unidos  a asumir todas las repercusiones por la emisión de dicha orden. Según el reporte del Washington Post: ”Bradley, entonces comandante del Comando Conjunto de Operaciones Especiales , supervisó un ataque en el Caribe el 2 de septiembre de 2025, ordenado por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, contra un buque sospechoso de narcotráfico . El Post informó que “Bradley ordenó un segundo ataque tras la identificación de dos supervivientes en la transmisión de un dron, siguiendo la directiva de Hegseth de no dejar sobrevivientes”.

Habrá que ver las repercusiones que podría tener que almirantes con más de 35 años de servicio, ahora comandando portaviones y submarinos nucleares, destructores y cruceros, estén finalizando su carrera destruyendo pequeñas embarcaciones civiles y asesinando pacíficos pescadores. Así, también se podrá comprender porque se incrementan día a día los suicidios, la drogadicción y los traumas postbélicos en las fuerzas armadas de Estados Unidos. Para esto también necesitan mantener funcionando el comercio de drogas contra el que tanto dicen luchar. Es parte del entramado funcional de esa sociedad decadente.

26/11/2025

La impunidad israelí

Luis E. Sabini Fernández, 26-11-2025

La violencia

En mi vida particular siempre fui escéptico de los golpes de mano guerrilleros que experimenté o de los que supe en el Cono Sur (aunque algunos simpatiquísimos y prácticamente todos con enorme apuesta personal, de “entrega a la causa”), porque me resultaban potencialmente autócratas, facilitando con demasiada velocidad el entronizamiento de otros dirigentes, siempre a costa del protagonismo de “la gente como uno”.

Tales mis vivencias respecto de la guerrilla latinoamericana, particularmente, dispuesta con mucho coraje y entrega, pero también ceguera. Así acordé con el testimonio de un exagente secreto cubano, hijo del famoso guerrillero argentino Ricardo Masetti, ungido por Guevara para crear un foco revolucionario en sus planes “continentales” para el sur americano, quien prácticamente apenas si pudo poner en pie dicho emprendimiento. El hijo, argentino pero criado en Cuba, Jorge Masetti, fue educado y capacitado como agente revolucionario. Fidel quería hacer con el hijo lo que no pudo con el padre. Y ya totalmente “a punto” renunció a ese camino, cuando vio la seguidilla de fracasos guerrilleros latinoamericanos (y una etapa subsiguiente, casi inevitable: delincuencia común y silvestre). Comentó entonces: “Qué suerte que no ganamos”.[1]


Sótanos de la Muerte 3, acrílico sobre lienzo, 2021

Palestina

Todo este preámbulo para reconocer que la violencia existente en Palestina es distinta, radicalmente distinta. La violencia de abajo, desde los palestinos, es apenas la respuesta, ante la maquinaria israelí que es apabullante.

La imagen del niño o los niños con piedras delante de un tanque es de una precisión extraordinaria para mostrar los quantum de cada lado. La autodefensa así, el contraataque civil, desesperado, como el de la jovencita amenazante que blandía en la calle una tijera de costura, porque no podía más y fue muerta a tiros sin mediaciones (y sin necesidad). Porque así reprime Israel, de un modo brutal, aniquilador, sin ley aunque con exceso de técnica.[2]

Estamos ante un tratamiento peculiar del enemigo. Lo ha dicho y reiterado Netanyahu y otros dirigentes: combaten a animales, no a humanos, o sí, son humanos, pero amalecitas. Y su dios les ha dado permiso, hace unos miles de años, para matarlos (véase Éxodo, de la Biblia).

Es un permiso de larga, larguísima duración. Porque según las “Escrituras” ese conflicto sobrevino en tiempos muy remotos. Y “goza” de excelente vigencia en pleno siglo 21.


Gaza Relief, acrílico y otros materiales sobre lienzo, 2015

¿Pero quién le dijo a Netanyahu que los palestinos son (los) amalecitas?

El comportamiento de la población israelí es llamativo. Veamos a los colonos en Cisjordania. Nunca autorizados por la ONU, pero asentándose de facto, en territorio internacionalmente reconocido como palestino, con la anuencia no expresa del gobierno israelí. Hace unos años, eran decenas de miles y en grupetes, amparados por el ejército ─israelí─ que acompañaba pasivamente las operaciones de hostigamiento, se acercaban a las aldeas palestinas y las apedreaban, dañaban los olivares, los limoneros. Hachas, cascotes, a veces producían heridas. Ahora, los colonos son cientos de miles ─siempre amparados por el ejército que acompaña a retaguardia─, se agrupan en bandas de decenas o centenares, armados ellos mismos, y arrasan una aldea palestina, dañando viviendas, instalaciones, cultivos, vehículos y a menudo los cuerpos de palestinos que encuentran a su paso. Tratando de generar terror.

Últimamente, el ejército tomó la iniciativa: so pretexto de buscar “terroristas” ha destruido barrios enteros, con población civil palestina, desarmada: destruye, en rigor, todos los elementos materiales de la vida social, viviendas, ropas, jardines, juguetes, libros, enseres. La gente queda con lo puesto y a menudo sin hogar. Luego, el ejército ha rematado sus operativos diezmando a los pobladores. Las familias, generalmente numerosas en Palestina, quedan así entrecortadas, rotos sus vínculos, en el mismo momento en que se han quedado sin vivienda, o sin muebles o sin sus medios de vida. Y a menudo sin familiares, asesinados en una infame dosis diaria, casi hasta ahora.

Es prácticamente la política de “tierra arrasada” que se atribuye a algunas invasiones como la de los hunos, “bárbaros” de los siglos 4 y 5 de la era cristiana.

Desde hace ya décadas, vamos viendo los efectos del Plan Yinon anunciado por Israel a principios de la década de los ’80. Oded Yinon, analista militar, diseñó un plan para descomponer a los estados circundantes a Israel en unidades políticas menores y así más manejables; entendía apropiado para los intereses israelíes, particionar al Líbano en dos o tres; a Egipto en cinco o seis; a Irak en otros tres y a Sudán en dos… y así sucesivamente.

Vemos que la acción israelí, abierta o mediante “coberturas” tipo DAESH, ha ido logrando escalonadamente, sus objetivos tanto en el Magreb norafricano como en Asia Occidental; Libia, Irak, Siria, Sudán, Líbano, Palestina han sido modificadas, deglutidas, despedazados por la política de agresión y desgaste israelí, siempre secundada, materialmente, por EE.UU. que ha funcionado como furgón de cola y abastecimiento de la maquinaria imparable israelí.

Ese apoyo incondicional de EE.UU. a la geopolítica israelí tiene varias explicaciones; hay un cierto paralelismo en los desarrollos históricos de EE.UU. e Israel, aunque en muy diferentes coyunturas históricas. Una base religiosa relativamente común, porque los protestantes son los cristianos que revalorizaron aspectos del Antiguo Testamento, que es el núcleo ideológico de la religión judía. Y son los colonizadores de América del Norte, exterminadores de la población autóctona. Con la Biblia en la mano.

Pero sobre todo, porque al fin de la 2GM, cuando EE.UU. corta vínculos con la obsoleta Sociedad de Naciones (fenecida por extinción en 1946)  y funda “su” ONU (octubre 1945), la élite WASP, fundadora de EE.UU., ya había sido parcialmente sustituida por la élite judía a través de una serie de artilugios: think tanks, la intelectualidad judía tiene cada vez mayor peso; la Reserva Federal (el capital financiero judío pasa a ser mayoritario entre los diez bancos fundadores, en 1913); Hollywood (de siete grandes empresas, seis serán en los ’30 de propiedad y dirección judía, así cada vez más las imágenes de EE.UU., serán producidas con ojos judíos; y sobre todo mediante la financiación dispendiosa al personal político estadounidense, para lo cual en 1954 se funda AIPAC.[3] Sin tales subsidios se le convertiría muy trabajosa la inserción social a la mayoría de tales legisladores.

Por eso una de las imágenes más simplonas y equivocadas de ciertos analistas de política internacional ha sido, y frecuentemente, invocar al ‘submarino de la Armada de EE.UU.’ para hablar de Israel en el Cercano Oriente. Más acertada parece la imagen (tail wagging the dog), muy conocida dentro del pensamiento crítico estadounidense, de que la cola mueve al perro.

Dos hechos recientes, en la órbita de la ONU, el viejo instrumento que EE.UU. se arrogó al final de la 2GM para ordenar y/o administrar el mundo, nos muestra hasta qué punto Israel lleva la voz cantante, cambiando incluso las modalidades de dominio.


Sin título, 2020

Hasta hace poco, muy poco, el poder solía ocultar sus rostros, o fauces, y solía encubrir sus acciones mediante “voluntad de paz”, “búsqueda de fines democráticos”, “conciliación”, allanamiento de dificultades”. Al fin y al cabo, el resultado de la 2GM, en 1945, fue la victoria contra todo tipo de dictaduras (quedaba allí, “tras la cortina”, una diz que proletaria, y por lo mismo totalmente distinta a las conocidas hasta entonces; también quedaba la de Franco en España, pero esta última ─como tantas otras de América “Latina”─  formaba parte de aquella política pragmática yanqui de cuidar al hijo de puta si es “nuestro”).

Es decir, la defensa de lo democrático tenía su dificultad, pero se invocaba.

1. El 11 de noviembre de 2025 el Consejo de Seguridad de la ONU ha tomado una resolución “sobre el conflicto en Gaza” que exonera de todo cargo a Israel. Aceptando tácitamente el papel de víctima del “terrorismo de Hamás” que Israel se ha autoasignado, eludiendo todo el infame tratamiento, extorsivo, constrictivo, abusivo que Israel aplicara por décadas a la Franja de Gaza ─y que están en la base del comportamiento de Hamás del 7 oct. 2023. Israel no sufre así ni un rasguño político (ni económico) con la resolución.

Ni siquiera tendrán que dar cuenta de los asesinatos colectivos y sus monstruosas “equivalencias” en vidas humanas,[4] ni indemnizar por el brutal daño ocasionado a un territorio que parece triturado y machacado como pocas veces se ha visto. Ni afrontar los gastos que demandarán la recuperación de suelo, viviendas, redes de comunicación y sanitarias, ni por el restablecimiento de hospitales, sin mencionar los miles de seres humanos destrozados por el solo hecho de vivir en el círculo del infierno diseñado por Israel.

El presidente de EE.UU. con aspiraciones a mantener la hegemonía que recayó en 1945 sobre elos, se atribuye ahora una virtual presidencia o gobernación de la Franja de Gaza, para ─proclama─ su reconstrucción, buscando siempre, la prosperidad (lo único bueno en este proceder sería quitarle a Israel las tenazas sobre ese territorio, pero lo pongo en condicional, porque no es precisamente Trump quien decide).

El Plan estima dos años para la recuperación urbanística y edilicia. Dado el daño a la vista, su extensión y alcance, parece exiguo el plazo.

Algún aspecto positivo tiene: se abandona la idea del exilio forzoso de los gazatíes, tan promovida por el gobierno israelí. Al contrario, al menos en la letra, la resolución declara voluntad expresa de que permanezcan sus habitantes históricos en la Franja.

De todos modos, el plan no esconde sus búsquedas de negocios: traer muchos capitales para crear zonas de confort, no para los gazatíes precisamente, sino para los milmillonarios que Jared Kushner tanto se afanara por atraer al futuro resort de Gaza.

No podemos olvidar que prospecciones han verificado la presencia de al menos gas en el Mediterráneo a la altura de la Franja de Gaza. Y que la regencia transnacional e imperial que procuran encarnar Trump y Blair ─nada menos─ tienen marcada preferencia por la prosperidad… propia.

ONU no le exige cuentas a Israel. Siempre absuelto de todo. Por derecho de nacimiento, tenemos que suponer. Pero además, de hecho, ONU restablece el colonialismo puro y duro: un poder imperial, ─EE.UU.─ designa “rey y virrey” de esos dominios, Trump y Blair, para restablecer el ámbito colonial.  Solo que no es el colonialismo israelí, sino el estadounidense.

La tarea que se asignan los jefes colonizadores es ardua: se proponen “cambiar las mentalidades y los relatos palestinos”, para persuadir, por lo visto, a estos salvajes “de los beneficios que puede reportar la paz.” (¡sic!)

Si estos maestros pedagogos ─Blair y Trump─ quisieran proclamar las virtudes de la paz, tendrían que dirigirse con urgencia a la formación política sionista, que ha hecho a lo largo de cien años siempre un camino de violencia, no de paz, un camino de guerra y conquista, invadiendo tierras ya ocupadas milenariamente, mediante dudosa documentación bíblica. Confundiendo deliberadamente religión y leyenda con historia documental.

La resolución del 11 nov. 2025 correspondió al Consejo de Seguridad de ONU ampliado; no ya los 5 originarios (EE.UU. R.U., Francia, Rusia, China) sino además los actuales miembros: Argentina, Italia, España, México, Colombia, Pakistán, Corea del Sur, Turquía, Indonesia y Alemania.

Apenas dos abstenciones (con magra fundamentación) de Rusia y China. Nadie preguntó, ninguna de las 15 representaciones nacionales, por qué a Israel su comportamiento violento, racista y genocida, le sale gratis.


Detenido, 2024

Lúcidos, y valientes, designados o funcionarios de la mismísima ONU, a lo largo de tiempo, como Francesca Albanese, Susan Akram o Richard Falk en tiempos recientes e incluso Folke Bernadotte en los mismos inicios de la ONU, y tantos otros, no alcanzan para contrabalancear el papel imperial, luego neoimperial que, aun con retaceos y recortes, cumple, sigue cumpliendo la ONU.

2. El 21 de noviembre. de 2025, la Asamblea General de la ONU emitió un dictamen contra el uso de la tortura. El plenario contaba con 176 delegaciones nacionales y fue aprobado por abrumadora mayoría (hubo 4 abstenciones; todo un interrogante, entre ellos las de Nicaragua y Rusia), pero sobre todo, contó con la oposición encendida de tres representaciones nacionales: EE.UU., Israel y Argentina. Que defendieron, entonces, eso precisamente; el uso de la tortura.

Nubarrones oscuros campean en nuestro presente: ya no sólo se usa la tortura; hay quienes la postulan, al mejor estilo de dictaduras como las famosas “latinoamericanas” de Trujillo o Pinochet, o la del sha iraní y, sobre todo hoy día, como las muy perfeccionadas de Israel y su racionalísimo sistema de dominio que incluye tantos tipos de tortura.


Sin fecha, Dibujo al carboncillo y pastel

Si estará dada vuelta nuestra trama cultural que una militar israelí, Yifat Tomer-Yerushalmi, fiscal que, aun ignorando tantos atropellos y torturas anteriores, optó por criminalizar recientemente a cinco soldados del “ejército más moral del mundo” por haberle introducido caños metálicos en el ano a un preso palestino y (obviamente) dañarlo. La info-de-todo-el-mundo habla de la detención de la fiscal pero no de la salud (o la muerte) del palestino; la fiscal ha sido, ella misma, encarcelada.

Netanyahu condenó la difusión hecha por Tomer porque, claro, “daña la imagen”.

Daña la imagen que es lo que le importa a Netanyahu, no la realidad (seriamente dañada).

Lo acontecido con Tomer es un claro ejemplo del comportamiento emprendido y defendido por los gobiernos de EE.UU., Israel y Argentina.

De lo vergonzante, siquiera como pose, hemos ido al “a mucha honra”. Torturan los “legítimos” y no sólo no se deshonran, deshonrándonos a todos; ahora hasta se enorgullecen.

Ilustraciones: obras del pintor palestino Mohamed Saleh Jalil, Ramala

Notas


[1]  Escribió un libro, El furor y el delirio, Tusquets, Barcelona, 1999.

[2]  El ejército israelí elude responsabilidades personales mediante el ardid tecnológico de organizar los raids de todo tipo, con drones, aviones o mera artillería, a través de dispositivos tecnológicos. Quitar la decisión a humanos permite, además, incrementar la intensidad del daño mediante la velocidad que los dispositivos tecnológicos multiplican por encima de toda escala manual.  Doble ventaja: aumenta el daño y decrece la responsabilidad por sus consecuencias, porque, claro, a los asesinados los cosechó el dron, o el programa, no un yo.

[3]  AIPAC (American Israel Public Affairs Committee – Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos – Israel). Se estima que hoy las tres cuartas partes de los representantes y senadores del Poder Legislativo de EE.UU. reciben suculentas donaciones de organizaciones como AIPAC. Como quien dice, las votaciones están ganadas de antemano.

[4]  Los militares israelíes han establecido tablas compensatorias de víctimas: para ubicar y ultimar a un guerrillero de poca monta, se permiten matar hasta quince pobladores desarmados a menudo ajenos; si se trata de un jefe guerrillero ─definido por ellos─ se permiten matar hasta cien ajenos al objetivo en sí.