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15/03/2026

Entre el secuestro de Maduro y el asesinato de Jameneí: ¿Ha reemplazado la inteligencia artificial a la inteligencia humana?


Mostafa Ahmed, alhabtoorresearch, 3-3-2026
Traducido por
Tlaxcala

El primer trimestre de 2026 marcó un punto de inflexión estratégico en el despliegue del poder duro y la gestión de la interacción geopolítica. Durante décadas, las tecnologías informáticas permanecieron en gran medida confinadas a funciones de apoyo operativo, como el procesamiento de datos de inteligencia o el guiado de municiones de precisión. Sin embargo, enero y febrero fueron testigos de un cambio estructural, ya que la planificación militar se alejó de los ciclos de decisión dependientes del ser humano para pasar a gestionar cadenas de eliminación física algorítmicas autónomas. Esta transformación fue articulada formalmente en la “Estrategia de Aceleración de la Inteligencia Artificial” emitida por el Departamento de Guerra de los USA (DoW) el 9 de enero de 2026. La directiva pretende afianzar el dominio militar usamericano mediante la integración rápida de la IA en las operaciones de combate, inteligencia y empresa, transformando al mismo tiempo el aparato de defensa en lo que los funcionarios describen como una estructura militar “AI-first” [“primero la IA”].


Esta doctrina se basó en estrictos parámetros operativos que priorizaban la letalidad abrumadora, la ejecución rápida y los sistemas impulsados por objetivos que colocan el éxito de la misión por encima de todas las demás consideraciones, excluyendo deliberadamente las variables sociales y políticas de los ciclos de decisión algorítmicos para asegurar una superioridad decisiva en la toma de decisiones en el campo de batalla. Este cambio se reflejó en dos operaciones sin precedentes: la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro durante la Operación Resolución Absoluta en enero de 2026, y el ataque de decapitación contra el Líder Supremo de Irán, el ayatolá Ali Jameneí, durante la Operación Ciudad Santa Silenciosa, llevada a cabo dentro de la Operación Furia Épica en febrero de 2026.

Estas operaciones reflejaron la integración de grandes modelos de lenguaje, arquitecturas de datos dinámicas, algoritmos de evaluación táctica y sistemas autónomos no tripulados, transformando fundamentalmente la velocidad, precisión y el cálculo del coste geopolítico de neutralizar objetivos de alto valor. En conjunto, señalan que la IA ha pasado de ser una herramienta analítica de apoyo a convertirse en un arquitecto estratégico del campo de batalla y un motor de la ejecución cinética.

Raíces de la guerra algorítmica

La doctrina operativa adoptada por USA en 2026 tomó gran parte de su fundamento metodológico de la arquitectura de focalización táctica desarrollada por el ejército israelí, particularmente la Unidad 8200, durante las operaciones intensivas en Gaza entre 2023 y 2025. En los círculos de inteligencia, esta cadena de focalización algorítmica israelí se describía a menudo como una “fábrica de asesinatos en masa”, formando una base conceptual clave para el enfoque usamericano recién formulado.

La arquitectura israelí, que lideró la “guerra de la IA”, se basó en tres sistemas estructurales interconectados:

1.     El sistema Gopsel / Habsora: una herramienta de IA para el apoyo a la decisión estratégica que procesa vastos conjuntos de datos de vigilancia para generar un banco automatizado de objetivos (edificios e instalaciones). Este sistema aceleró drásticamente la focalización, elevando la producción de aproximadamente 50 objetivos anuales bajo análisis humano a más de 100 objetivos por día.

2.     La base de datos Lavender: un sistema de perfilado individual basado en la vigilancia masiva en Gaza y Cisjordania. Mediante el análisis automatizado de huellas digitales como redes sociales, registros de comunicaciones y patrones de movimiento, el algoritmo evalúa a los individuos y los coloca en listas de eliminación automatizadas. En su punto máximo operativo, supuestamente etiquetó a más de 37,000 objetivos potenciales.

3.     El algoritmo “¿Dónde está papá?” (“Where's Daddy?”): un sistema de geolocalización diseñado para rastrear objetivos y desencadenar ataques una vez que regresan a sus hogares. Esta táctica se ha asociado históricamente con tasas muy elevadas de bajas colaterales entre civiles y las familias de los objetivos.

El marco estratégico de la guerra algorítmica

Para comprender las dimensiones más profundas del impulso tecnológico en Caracas y Teherán, es esencial desglosar el marco estratégico general que legitimó estas operaciones y aceleró su ejecución. En este contexto, la Estrategia de Inteligencia Artificial emitida por el DoW yanqui el 9 de enero de 2026 constituyó un enfoque de combate ofensivo destinado a desmantelar las barreras burocráticas de la tecnología de la información convencional. Esta doctrina se basó en el aprovechamiento de las ventajas competitivas asimétricas de USA en los mercados de capitales, la capacidad de innovación de patrones y el vasto repositorio de datos operativos acumulados durante dos décadas de conflicto.

Para traducir esta estrategia en una realidad operativa, se lanzaron varios proyectos pioneros con plazos estrictos y bajo liderazgo individual directo, siendo las siguientes vías las más destacadas:

  • El Proyecto Swarm Forge estableció un mecanismo competitivo destinado a expandir las capacidades de combate innovadoras mediante la integración de unidades militares de élite con desarrolladores de tecnología comercial.
  • El Proyecto Agent Network se centró en diseñar agentes de IA autónomos para gestionar el amplio espectro de la batalla, desde la planificación estratégica de campañas hasta la ejecución precisa de cadenas de eliminación.
  • El Proyecto Ender's Foundry fue diseñado para acelerar los ciclos de simulación cognitiva y los bucles de retroalimentación entre los desarrolladores de software y los operadores cinéticos sobre el terreno.
  • La vía Open Arsenal apuntaba a comprimir el ciclo de conversión de inteligencia técnica en sistemas de armas operativos desplegables, reduciéndolo de varios años a solo unas pocas horas.
  • La iniciativa GenAI.mil aseguró un acceso institucional seguro y amplio a los principales modelos de IA generativa, incluidos Gemini y Grok, para los cuadros operativos clasificados en nivel de impacto cinco y superior.

Paralelamente a este salto tecnológico, la Estrategia de Defensa Nacional 2026 proporcionó el mandato geopolítico para estas posturas ofensivas. La estrategia estableció una ruptura decisiva con lo que describía como idealismo utópico, a favor de adoptar un realismo estricto, dando prioridad primordial a la seguridad del territorio usamericano a través del Golden Dome of America y a la defensa preventiva de los intereses vitales en el hemisferio occidental, en línea con la Doctrina Monroe revista por Trump.

Aún más importante, la estrategia procedió a clasificar a los cárteles de la droga y las redes de trata de personas como organizaciones terroristas extranjeras y combatientes enemigos. Esta designación legal otorgó a la institución militar un espacio operativo sin precedentes para emplear fuerza letal contra las redes de narcotráfico. Este marco conceptual se utilizó claramente para legitimar la focalización directa del régimen de Maduro.

La IA y la arquitectura del campo de batalla

El cambio hacia la automatización militar ya no es un lujo técnico o una vía de modernización rutinaria en los ejércitos modernos; se ha convertido en una doctrina estratégica rectora que remodela las reglas de enfrentamiento y los equilibrios de poder globales. En un entorno operativo marcado por la fluidez y la creciente complejidad, el concepto de guerra algorítmica surgió como un modelo alternativo diseñado para eliminar los cuellos de botella cognitivos humanos en favor de mecanismos de decisión autónomos y excepcionalmente rápidos. Este nuevo patrón no solo mejoró la eficiencia del procesamiento de inteligencia; estableció una transición estructural decisiva de una doctrina basada en la fuerza cinética de masas a una centrada en los datos, la velocidad y la letalidad dirigida, donde los modelos generativos y los sistemas de IA gestionan todo el espectro de la batalla. La encarnación operativa más clara de este cambio estratégico es evidente a través del análisis de dos acciones cinéticas a principios de 2026, en las que la IA pasó de ser una herramienta de asesoramiento en la retaguardia a ser un comandante sobre el terreno que diseñaba y ejecutaba las operaciones transfronterizas más complejas contra objetivos de alto valor, como lo demostraron las intervenciones en Caracas y Teherán.

14/03/2026

Trauma normalizado, normalidad traumatizada: la exposición para Palestina “Kalanlar Filistin” en Estambul

El 30 de marzo de 2026, la exposición solidaria “Kalanlar Filistin” [Lo que queda de Palestina] cierra sus puertas después de tres meses en el barrio Harbiye de Estambul. Milena Rampoldi de ProMosaik visitó esta exposición para nosotros y nos conta sus impresiones.

Milena Rampoldi, 14-3-2026

A primera vista, esta exposición organizada por la asociacióó cultural turca Kalyon Kültür sería considerada como el relato de la destrucción sionista de la vida palestina (familia, escuela, infancia, cultura) y, por lo tanto, como una presentación material del genocidio sionista. Sin embargo, lo que realmente importa aquí, encontrándose en medio de la exposición y experimentándola, no es la destrucción brutal que se percibe en la superficie, sino lo que queda y vive después de la destrucción.


Se trata de todo lo que el sionismo no puede coger, es decir, el alma, la resistencia y la humanidad. De hecho, el título de esta innovadora exposición, que en cierto modo subvierte la pedagogía museística clásica y sus paradigmas dialécticos, se podría traducir “Lo que queda de Palestina”.

Lo que queda y se mantiene después de los bombardeos y ataques aéreos del ejército israelí, símbolo y esencia del neocolonialismo en Oriente Medio, es la dignidad humana, el espíritu de resistencia y la humanidad palestina de un pueblo oprimido, pero que de ninguna manera es víctima de esta destrucción. 

El visitante entra en un diálogo empático con la realidad de la guerra en Palestina, “recreada” en las instalaciones de la exposición. El visitante pierde toda distancia. Su empatía es el resultado de la abolición de toda dialéctica entre su existencia segura y estable en Estambul-Harbiye y el genocidio en Gaza. Sin embargo, el visitante no está allí para percibir a Palestina como un objeto en el sentido de Edward Said y para quejarse de ella como un benefactor, sino para aparecer como un testigo de Palestina y dejar la exposición como un testigo.

Como el testimonio en el Corán, el testimonio de un acontecimiento histórico no es un derecho, sino una obligación. Y este compromiso conduce a una responsabilidad ética. El visitante interactúa con la destrucción y no se exime de su responsabilidad. Dado que la obligación de defender Palestina no es la elección de un día soleado en Harbiye, sino la obligación ética de una vida como persona que piensa, testifica y actúa éticamente. Como bien dice en la web de la exposición: “Esta exposición no es una visita, es una actitud”.

Lo que queda después de la destrucción sionista es el “resto” ontológico, el resto que se opone a toda brutalidad ontológica.

“En este contexto, la destrucción no es un momento, sino una estructura que ha ganado continuidad; el trauma es la nueva forma de vida cotidiana”.

El trauma se normaliza en Palestina. La vida palestina en Gaza es el vestigio de esta normalidad traumatizada. Sin embargo, el trauma es ahora también un aspecto cotidiano del visitante, que se ha convertido en un confidente/testigo responsable para la vida.

“A los visitantes no se les invita a un alivio emocional, sino a un debate ético. Aquí no se espera compasión, sino testimonio. Porque el testimonio conlleva responsabilidad”.

No se trata de la catarsis del visitante, como ocurre en una tragedia griega, sino del molesto conocimiento del genocidio sionista en Gaza.

Lo que queda son personas silenciosas y objetos silenciosos que permanecen inmutables en su lugar como testigos de la destrucción. Esto se puede ver especialmente en las habitaciones donde se muestran la cocina, el aula y la casa palestina después de los bombardeos israelíes. El material permanece, un trozo de pared, un frasco vacío, un pupitre de escuela, una pizarra…, y estos objetos son silenciosos. 


Las primeras víctimas son siempre los niños. Porque el genocidio sionista es ante todo un genocidio de niños. Por lo tanto, la figura de Handala también está en el centro de esta exposición.

Handala es el famoso personaje de viñeta del artista palestino Nayi al-Ali de 1969, que tiene rasgos autobiográficos muy fuertes. Los niños asesinados de Gaza y los niños que, como el propio dibujante, se han convertido en refugiados sobrevivientes son el símbolo de un testimonio que permanece y desafía la destrucción brutal.

“Lo que se puede ver aquí no es una pérdida, sino un tiempo irrecuperable”.

“El alambre de púas en el centro de la instalación transforma la frontera de una línea geográfica en una experiencia permanente impresa en el cuerpo, así como en la memoria. Esta instalación no está concebida como una composición estética; quiere que el visitante sienta de inmediato la interrupción entre hoy y ayer y su significado ético. El trabajo llama a la observación, no a la piedad”.

El trauma es, como ya se ha mencionado, la normalidad. La guerra es una continuidad y el laberinto de la exposición es una realidad constante. El visitante entra en el laberinto. Permanece allí voluntariamente y vive la oscuridad del encarcelamiento acústicamente como una experiencia permanente. Los niños enseñan al visitante lo que es la guerra, acústicamente y visualmente. Los gritos de los niños se imprimen en la mente y en el alma del espectador testigo. Al mismo tiempo, la visita guiada a la exposición ilumina los diferentes movimientos en las paredes grises del laberinto. La violencia y la brutalidad forman parte de la vida cotidiana y no son una excepción. No escapas de este laberinto, te quedas, escuchas y aprendes dolorosamente la resistencia, que luego permanece como un eco después de salir de la exposición. 

Cuando las bombas están dormidas, nosotros también podemos dormir

¿Hay chocolate en el paraíso?

Alá está con nosotros

“Lo que está sucediendo aquí no es una desviación, sino el orden en sí”.

El visitante no puede salir de la situación. No es una sala de escape, es su testimonio de Palestina, la colonia sionista de Oriente Medio de niños como Handala.



La otra sala, donde se leen los nombres de los mártires, cumple la misma función. Aquí también, el testigo no huye, sino que se queda. Se suprime la dialéctica entre testimonio y testigo. Estamos en el espacio posdialéctico de la respuesta de los palestinos al Estado sionista y su dialéctica anticuada.

23/02/2026

Sirvieron en Gaza, luego se suicidaron, pero no son reconocidos como soldados caídos en combate
Participar en un genocidio puede ser estresante


La política del ejército israelí es clara: mientras los soldados están uniformados, son responsabilidad del ejército. ¿Al día siguiente? Ya no. Los soldados que se quitan la vida después de ser dados de baja debido a su servicio no son reconocidos como caídos y no reciben un funeral militar. Seis familias en duelo le cuentan a Haaretz cómo se siente ser dejados fuera de la puerta.

Tom Levinson, Haaretz, 19/2/2026

Traducido por Tlaxcala

Sucedió tarde en la noche, después de otro día tenso, incluso turbulento. Roi Wasserstein, un reservista que sirvió como médico de combate, estaba hablando con el comandante de su compañía, a quien conocía desde que ambos eran reclutas. Quizás discutieron algunas de las escenas que habían presenciado; quizás compartieron temores sobre lo que vendría. Los detalles de la conversación siguen siendo esquivos, como una caja negra que nadie encontrará jamás.

Alrededor de las 2 a.m., Wasserstein se retiró a su cama chirriante. Era la noche del 10 de octubre de 2023. Estaba en un área de reunión cerca de la frontera de Gaza.

Durmió unas tres horas. Al amanecer, sus compañeros lo despertaron. Ven rápido, el comandante necesita atención médica, dijeron. “Le han disparado”. En verdad, se había disparado a sí mismo. El comandante, médico del Centro Médico Schneider, fue declarado muerto en el lugar.

Wasserstein no le contó nada a su familia, se lo guardó para sí. Sólo se enteraron después. “Todo está bien”, respondió lacónicamente cuando le preguntaron. Un año y nueve meses después, en julio de 2025, su padre lo encontró en su habitación, muerto por un disparo. Roi Wasserstein tenía 24 años.

Sólo durante el Shivá [luto] supo su familia de otros secretos que había cargado desde la guerra. “Sus amigos nos contaron que fue uno de los primeros en llegar al incidente del vehículo blindado de transporte de personal de la Brigada Givati” – en el que murieron 11 soldados – “y que él personalmente sacó los cuerpos, o lo que quedaba de ellos, del vehículo”, dice su hermano Tom. Soldados que estuvieron presentes en el lugar le contaron a Haaretz imágenes que nunca olvidarán (“cenizas, miembros, carne chamuscada, un olor que no te suelta”).

En otra ocasión, relata su hermano, Wasserstein estuvo presente cuando un tanque recibió un impacto directo y un soldado murió. “Se acercaban terroristas, y para no dejar el cuerpo atrás, tuvo que arrancarlo del tanque, desgarrar la carne”.

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16/02/2026

Para honrar la memoria de las personas masacradas el 7 de octubre, los israelíes deben reconocer sus acciones en Gaza


Gideon Levy, Haaretz, 15/2/2026
Traducido por
Tlaxcala


Humo se eleva tras una explosión, dentro de la zona de la "línea amarilla", controlada por Israel, en Jan Yunis, en el sur del país, a principios de esta semana. Foto HASEEB ALWAZEE/Reuters

La reciente indignación por el rechazo de un ministro israelí a la palabra ‘masacre’ en referencia al 7 de octubre reveló que, en Israel, la palabra está reservada para un solo bando. Quienes luchan por su preservación deben aplicarla a lo ocurrido en Gaza.

En los primeros meses posteriores al 7 de octubre, utilicé constantemente el término masacre para describir lo sucedido. Lo que vi con mis propios ojos mientras deambulaba por la zona fronteriza sur con el fotógrafo Alex Levac solo podía definirse como tal.

En Sderot, Ofakim, en el estacionamiento de Re’im, en la carretera 232 sembrada de muertos, en Be’eri y Nir Oz, vimos un testimonio silencioso e interminable de una masacre. Los rastros de sangre coagulada en las habitaciones de los miembros del kibutz, las vidas truncadas en un instante, los ejemplares de fin de semana de Haaretz, con lectores masacrados mientras los hojeaban, los cuerpos de sus perros yaciendo en sus jardines, los coches aplastados y destrozados con sus restos silenciosos del festival de música Nova, carnés de identidad y efectos personales entre las ruinas de la comisaría de Sderot, y por supuesto, los testigos supervivientes, todo contaba la historia de una horrible masacre. Una masacre, ¿cómo podría llamarse de otra manera?

El memorial temporal para las víctimas instalado en el estacionamiento de Re’im en los primeros meses después de la fiesta de Nova, en enero de 2024. Foto Hadas Parush

Un año después, ya no podía usar ese término. Esto fue después de que la palabra masacre llegara a usarse en el discurso israelí solo para describir lo que nos habían hecho a nosotros. La única masacre era la masacre de israelíes en el sur, y ninguna otra. Casi nadie usaba la palabra masacre para describir lo que estaba sucediendo al otro lado de la frontera, en Gaza, por nuestra mano.

Cuando un israelí decía “masacre”, se refería a la masacre de israelíes, como si afirmara que no había otra. La palabra masacre se convirtió en una palabra polémica, tendenciosa, al servicio de la propaganda y, por lo tanto, descalificada para su uso, por lo que a mí respecta, debido a su significado unilateral.

Mientras tanto, la segunda masacre continuaba a toda máquina, y nadie la llamaba por su nombre. No anulaba la primera masacre, pero su magnitud, en números y devastación, la superaba con creces. El hecho de que fuera perpetrada principalmente por aire no disminuía su naturaleza ni un ápice.

Edificios destruidos en Gaza, vistos desde el lado israelí de la frontera entre Israel y Gaza a principios de esta semana. Foto Amir Cohen/Reuters

La furiosa discusión que ha estallado en los últimos días por el intento insensato del gobierno de borrar de la memoria la masacre que sufrimos solo puede provocar una sonrisa amarga.

Nada podría ser más irónico: después de más de dos años en los que el discurso público se abstuvo de usar la palabra “masacre” o sus sinónimos para describir lo que el ejército israelí estaba haciendo a los gazatíes; después de más de dos años en los que Israel intentó decirse a sí mismo y al mundo que la única masacre que tuvo lugar fue la de israelíes; más de dos años de hacerse la víctima, en los que Israel exhibió, para sí mismo y para el mundo, solo sus propias heridas de guerra; más de dos años en los que prohibió cualquier expresión de compasión, humanidad y solidaridad con las víctimas de la otra masacre; después de más de dos años en los que los medios israelíes ocultaron, ignoraron o desdibujaron la otra masacre, he aquí que el gobierno intenta borrar también de las mentes israelíes la primera masacre, como si nunca hubiera ocurrido.


El ministro de Cultura y Deportes, Miki Zohar, en la primera ceremonia de entrega de premios de cine financiada por el gobierno en Jerusalén el mes pasado. Foto Naama Grynbaum

El ministro de Cultura, Miki Zohar, en realidad se opuso a adoptar una postura de victimismo, en la que Israel se había regodeado, mientras esto sirviera a sus propósitos. [Zohar propuso eliminar la palabra «masacre» del título de la propuesta de ley que se está debatiendo para crear una autoridad encargada de conmemorar el 7 de octubre, NdT]

Sin embargo, hubo una masacre en Israel, así como un genocidio en Gaza. Hay que reconocerlo. El poder de las palabras es grande. El hecho de que a tan pocos israelíes les preocupe lo que su país ha hecho en la Franja de Gaza demuestra el inmenso poder de las palabras. El hecho de que cada vez que la palabra “masacre” se usaba o se usa todavía en Israel, la gente solo piense en el asesinato de 1.200 israelíes, nunca en la muerte de 70.000 gazatíes, demuestra lo fácil que es lavar el cerebro a la gente y moldear su mentalidad.

Por lo tanto, la batalla actual sobre este término es importante. Las personas que luchan justificadamente por mantener intacto este término con respecto a los eventos del 7 de octubre deberían al menos adoptarlo también para describir lo que Israel hizo en sus represalias imprudentes en Gaza. No se puede decir “la masacre del 7 de octubre” y no decir una palabra sobre la masacre punitiva y vengativa que le siguió.

La sangre de los israelíes masacrados a lo largo de la frontera de Gaza clama, pero no menos que la sangre de los miles de bebés que fueron masacrados en la Franja de Gaza. Ambos grupos fueron víctimas de un comportamiento bárbaro y criminal. Ambos grupos merecen la definición correcta, no una propaganda mendaz. Hubo una masacre en Israel. En Gaza, hubo un genocidio.

14/02/2026

DECLARACIÓN DE APOYO A LA RELATORA ESPECIAL ALBANESE

 United Staff for Gaza, 13 de febrero de 2026
Traducido por Tlaxcala

 

United Staff for Gaza es una asociación de miembros actuales y anteriores del personal de las Naciones Unidas, que actúan a título privado. Visite nuestro sitio web, contáctenos por correo electrónico.

 

United Staff for Gaza lamenta que los ministros de Asuntos Exteriores de Francia, Alemania y otros países hayan, basándose en evidente desinformación y mala información, formulado acusaciones injustificadas contra la Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos en el territorio palestino ocupado desde 1967, Francesca Albanese. Pedimos una rectificación de estos errores y hacemos un llamamiento para que cesen los ataques personales, las amenazas y la desinformación dirigidos contra las agencias, los titulares de mandatos y el personal de las Naciones Unidas.

Los hechos:

El 7 de enero, mediante un vídeo pregrabado y transmitido a distancia, la Relatora Especial Albanese pronunció unas palabras en el Foro de Al Jazeera, una conferencia organizada por ese medio de comunicación en Doha (Catar). El tema de la conferencia fue “La causa palestina y el equilibrio de poder regional en el contexto de un mundo multipolar emergente”. La Relatora Especial Albanese habló sobre la comisión de genocidio contra los palestinos y las formas en que la comunidad internacional, en su opinión, ha ayudado y favorecido este genocidio. A mitad de su discurso, la Relatora Especial dijo que el sistema de complicidad mundial en el genocidio -basado en intereses financieros, algoritmos de (redes) sociales y el comercio de armas- ha quedado al descubierto y se ha mostrado como “el enemigo común de la humanidad”.

Pronto circularon en línea vídeos e imágenes fabricados, afirmando que la Relatora Especial había dicho que “Israel es el enemigo común de la humanidad”, una distorsión manifiestamente falsa de sus palabras. El 10 de febrero, un grupo de parlamentarios franceses, que ya habían atacado a la Relatora Especial Albanese en el pasado, enviaron una carta conjunta al ministro francés de Asuntos Exteriores, repitiendo falsas acusaciones y distorsionando aún más sus palabras de formas demasiado atroces para describirlas. Pidieron al ministro de Asuntos Exteriores que trabajara para imponerle sanciones y lograr que fuera destituida de su mandato en las Naciones Unidas.

Al día siguiente, en la Asamblea Nacional francesa, la parlamentaria que había coordinado la carta repitió las falsas acusaciones contenidas en ella y preguntó al ministro de Asuntos Exteriores si podía confirmar si el Gobierno buscaría la destitución de la Relatora Especial Albanese de su cargo. En una respuesta asombrosa y cargada de virulencia, el ministro dijo que Francia condena sus “comentarios ultrajantes y reprobables” y pide su dimisión. El 12 de febrero, la ministra alemana de Asuntos Exteriores se hizo eco de su homólogo francés, condenando las “recientes declaraciones de la Relatora Especial Albanese sobre Israel” y afirmando que “su posición es insostenible”. Los ministros de Asuntos Exteriores de Austria, Italia y la República Checa amplificaron igualmente la desinformación.

  1. United Staff for Gaza expresa su alarma de que los ministros de Asuntos Exteriores de Francia, Alemania y otros países parezcan haber aceptado acríticamente como hechos claras distorsiones de las palabras de la Relatora Especial Albanese. Les animamos a considerar las pruebas y retirar sus declaraciones de condena. Agradecemos que el ministro austriaco de Asuntos Exteriores haya eliminado su anterior mensaje en X sobre este asunto.
  2. United Staff for Gaza condena sin reservas la desinformación y otras acciones hostiles dirigidas contra la Relatora Especial Albanese, así como contra la Corte Penal Internacional (CPI) y la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA). Lamentamos que la Relatora Especial, así como 11 jueces y fiscales de la CPI, hayan sido sancionados por los Estados Unidos de América, y que la UNRWA haya sido sometida, por el Gobierno de Israel, a violencia, obstrucción y una desinformación rampante. Observamos que este último esfuerzo por distorsionar las palabras de la Relatora Especial Albanese encaja en una campaña más amplia de desinformación dirigida a socavar la capacidad de las Naciones Unidas para proteger los derechos humanos del pueblo palestino. Expresamos consternación por las falsedades propagadas por los parlamentarios franceses que co-firmaron la carta antes mencionada, y acogemos con satisfacción el esfuerzo de un grupo separado de parlamentarios franceses que han intentado aclarar los hechos. Reiteramos que los titulares de mandatos y los miembros del personal de las Naciones Unidas no deben ser objeto de ataques en el desempeño legítimo de las funciones que les han sido conferidas por los Estados miembros. En este sentido, reiteramos además nuestra solidaridad con los cerca de 400 miembros del personal de la ONU que han sido asesinados por las fuerzas israelíes en la Franja de Gaza desde octubre de 2023.
  3. United Staff for Gaza hace un llamamiento a la unidad de apoyo a la Relatora Especial Albanese, así como a la CPI y la UNRWA. Instamos a todos los Estados miembros del Consejo de Derechos Humanos a mantener su compromiso con la integridad del sistema de procedimientos especiales. Coincidimos con la declaración emitida por el Secretario General de Amnistía Internacional a este respecto, y acogemos con satisfacción la verificación de hechos proporcionada por el Portavoz de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos.
  4. United Staff for Gaza subraya también que la comunidad internacional debe seguir ocupándose de la cuestión e intensificar sus condenas de los actos incesantemente inhumanos e ilegales perpetrados por el Gobierno de Israel contra el pueblo palestino. Estos actos incluyen, entre muchas otras flagrantes violaciones del derecho internacional, la continuación de los bombardeos en Gaza a pesar del supuesto alto el fuego, las persistentes restricciones a la entrega de ayuda humanitaria crítica, la escandalosa violencia contra la UNRWA y el desplazamiento forzado y la anexión de facto de Cisjordania, todo ello en flagrante desacato a los fallos de la Corte Internacional de Justicia.

Se transmitirá una copia de esta declaración al Presidente del Consejo de Derechos Humanos.

NdT

La carta de unos cuarenta diputados del grupo Renaissance (macronistas) fue iniciada por Caroline Yadan, diputada de la octava circunscripción de los franceses en el extranjero (que incluye, en particular, a Israel). Entre los firmantes se encuentran Olivia Grégoire, Sylvain Maillard, Constance Le Grip y la ex primera ministra Élisabeth Borne, así como Sandro Gozi, antiguo miembro del Frente Juvenil neofascista italmiano, convertido en «liberal macronista» y eurodiputado italiano elegido en Francia.


 

02/02/2026

La destrucción de Palestina está quebrando el mundo

Moustafa Bayoumi, The Guardian, 6-7-2025

Traducido por Tlaxcala

Las reglas de las instituciones que definen nuestras vidas se doblan como juncos cuando se trata de Israel, tanto que todo el orden global está al borde del colapso.


Sereen Haddad es una joven brillante. A los 20 años, acaba de terminar una licenciatura de cuatro años en psicología en la Virginia Commonwealth University (VCU) de Richmond en solo tres años, obteniendo los máximos honores. Sin embargo, a pesar de sus logros, todavía no puede graduarse. Su diploma está siendo retenido por la universidad, “no porque no haya completado los requisitos”, me dijo, “sino porque me levanté en defensa de la vida palestina”.


Sereen Haddad. Foto : Olivia Cunningham

Haddad, que es palestino-usamericana, había estado creando conciencia en su campus sobre la lucha palestina por la libertad como parte del capítulo de su universidad de Estudiantes por la Justicia en Palestina. La lucha también es personal para ella. Con raíces en Gaza, ha perdido a más de 200 miembros de su familia extensa en la guerra de Israel.

Ella formó parte de un grupo de estudiantes y simpatizantes de VCU que intentó establecer un campamento en abril de 2024. La universidad llamó a la policía esa misma noche. Los manifestantes fueron rociados con gas pimienta y brutalizados, y 13 fueron arrestados. Haddad no fue acusada, pero fue llevada al hospital “debido al trauma craneal que sufrí”, me dijo. “Sangraba. Tenía moretones. Cortes por todas partes. La policía me arrojó al concreto, como, seis veces seguidas”.

Pero el intento de campamento del año pasado ni siquiera fue la razón por la que se retiene el título de Haddad. Lo fue el memorial pacífico de este año. Y cómo se desarrolló ese escenario, con la universidad y la policía del campus cambiando constantemente las reglas, ilustra algo preocupante mucho más allá de los confines arbolados de un campus usamericano.

La guerra de Israel en Gaza está desgastando gran parte de lo que nosotros, en USA pero también internacionalmente, habíamos acordado como aceptable, desde las reglas que gobiernan nuestra libertad de expresión hasta las propias leyes de conflicto armado. No parece exagerado decir que los cimientos del orden internacional de los últimos 77 años están amenazados por este cambio en las obligaciones que gobiernan nuestras responsabilidades legales y políticas mutuas.

Estamos ignorando el colapso del sistema internacional que ha definido nuestras vidas durante generaciones, y lo hacemos bajo nuestro propio riesgo colectivo.

Este colapso comenzó con la falta de determinación del mundo liberal para frenar la guerra de Israel en Gaza. Se intensificó cuando nadie levantó un dedo para detener el bombardeo de hospitales. Se expandió cuando la hambruna masiva se convirtió en un arma de guerra. Y está alcanzando su punto máximo en un momento en que la guerra total ya no se ve como una abominación humana, sino que es la política deliberada del Estado de Israel.

Las implicaciones de este colapso son profundas para la política internacional, regional e incluso nacional. Se reprime la disidencia política, se vigila el lenguaje político, y las sociedades tradicionalmente liberales están cada vez más militarizadas contra sus propios ciudadanos.

Muchos de nosotros pasamos por alto cuánto ha cambiado en los últimos 20 meses. Pero estamos ignorando el colapso del sistema internacional que ha definido nuestras vidas durante generaciones, y lo hacemos bajo nuestro propio riesgo colectivo.

El 29 de abril de 2025, un grupo de estudiantes de VCU se reunió en un césped del campus para recordar el desmantelamiento forzoso de un campamento erigido brevemente en el mismo espacio el año anterior. La reunión no era una protesta. Era más parecida a un picnic, con algunos estudiantes usando pancartas de manifestaciones pasadas como mantas. Otros trajeron mantas reales. Los estudiantes se sentaban en la hierba y estudiaban para sus exámenes finales, jugueteaban con sus portátiles y jugaban a cartas o ajedrez. Un puñado de los aproximadamente 40 estudiantes lucían kufiyas.

Resultó que las mantas eran un problema.

Casi dos horas después de su picnic, un administrador universitario confrontó a los estudiantes por una publicación en redes sociales que había anunciado la reunión. (“Ven a estar en comunidad para conmemorar 1 año desde la brutal respuesta de VCU al Campamento de Solidaridad G4Z4. Trae mantas de picnic, tareas/exámenes, materiales de arte, snacks, música, juegos”, había publicado un grupo local de solidaridad palestina). Debido a esta publicación, la universidad consideró el picnic un “evento organizado”, y dado que los estudiantes no habían registrado el evento, se consideró una violación de las reglas.

Las reglas en VCU habían estado cambiando debido a las protestas por Gaza desde febrero de 2024.

El administrador les dijo a los estudiantes que podían reubicarse en la zona de libertad de expresión del campus, un área establecida en agosto de 2024 debido a las protestas de ese año. “Un anfiteatro al lado de cuatro contenedores de basura”, así describió Haddad el área.

La organización de libertad de expresión en campus Foundation for Individual Rights and Expression (Fire) es crítica con las zonas de libertad de expresión porque “funcionan más como cuarentenas de libertad de expresión, desterrando a oradores estudiantiles y profesores a puestos avanzados que pueden ser pequeños, en los márgenes del campus, o (frecuentemente) ambas cosas”.

En lugar de mudarse, los estudiantes anunciaron un final formal a su reunión y permanecieron en silencio en su césped del campus. Pero dado que las pancartas en las que estaban sentados expresaban un punto de vista político, el administrador les dijo a los estudiantes que tendrían que llevarlas a la zona de libertad de expresión, según Haddad. El césped debería ser para todos, replicaron los estudiantes. Surgieron varias conversaciones diferentes con oficiales de policía del campus y diferentes administradores, diciéndoles a los estudiantes reglas diferentes cada vez.

Más de una docena de oficiales de policía del campus aparecieron más tarde esa tarde. “Se les ha pedido que no tengan mantas en el parque. Tienen un minuto para recoger las mantas y salir del parque. De lo contrario, serán arrestados por invasión de propiedad”, les dijo un oficial.

Pero la policía continuó cambiando las reglas. Primero se les dijo a los estudiantes que tendrían que enrollar las mantas e irse. Minutos después, la policía dijo que podían quedarse si las mantas desaparecían. Los estudiantes quitaron las mantas y, mientras los oficiales se iban, los estudiantes comenzaron a corear: “¡Libre, libre Palestina!”. Uno levantó un cartel, refiriéndose a los manifestantes del año pasado rociados con gas pimienta por la policía, que decía: “¿Van a gasearnos otra vez, malditos monstruos?”. Fue arrestado. Los otros se enojaron y frustraron.

“¿Saben qué convirtió esto en una manifestación?”, gritó un estudiante a la policía. “¡Cuando traen policías a un picnic! ¡Eso es lo que lo convierte en una maldita manifestación!”

Ocho días después, Haddad y otro estudiante, identificados por la universidad como líderes, recibieron un aviso de violaciones de políticas debido a la reunión no autorizada. Sus títulos estaban siendo retenidos.


Fotogramas de un video que muestra a la policía de la VCU reprimiendo un picnic estudiantil que marca el primer aniversario de cuando la universidad desmanteló su campamento propalestino en Richmond, Virginia, el 29 de abril de 2025. Montaje sjpvcu/Instagram

“Cuando los estudiantes exponen la violencia de la ocupación y el genocidio de Israel, instituciones como VCU, que están profundamente entrelazadas con fabricantes de armas y donantes capitalistas, se vuelven temerosas”, dijo Haddad. “Así que tuercen las reglas, reescriben las políticas e intentan silenciarnos... Pero todo se trata de poder. Nuestras demandas de justicia son una amenaza para su complicidad”.

La reescritura estratégica de las reglas no es exclusiva de VCU. Está ocurriendo en todo USA mientras los administradores universitarios reprimen las protestas que apoyan los derechos palestinos. En uno de muchos otros ejemplos, decenas de miembros de la facultad y estudiantes fueron suspendidos temporalmente de la biblioteca de Harvard a fines de 2024 después de sentarse en silencio leyendo en la biblioteca con carteles que apoyaban la libertad de expresión o se oponían a la guerra en Gaza, aunque una protesta similar en diciembre de 2023 no tuvo tal sanción.

Si alguno de estos estudiantes hubiera estado protestando contra la guerra de Rusia en Ucrania, puedes estar seguro de que estas administraciones habrían respondido con adulación. Las universidades, después de todo, se enorgullecen de ser los terrenos de prueba para los valores colectivos de la sociedad. Como sitios de contemplación y exploración, funcionan como incubadoras para futuros líderes.

Pero cuando se trata de la cuestión de Palestina, comienza a surgir un patrón diferente. En lugar de escuchar a los estudiantes que quieren responsabilizar a Israel por sus acciones, aquellos en posiciones de poder en la universidad optan por cambiar las reglas.

Estos cambios de reglas dudosos no son solo para nuestros estudiantes. En un informe condenatorio publicado en enero, ProPublica diseccionó las muchas formas en que la administración Biden siguió moviendo los postes de la portería a favor de Israel después del 7 de octubre de 2023. ¿Recuerdas las amenazas de sanciones contra Israel por invadir Rafah? (Es una “línea roja”, dijo Biden). ¿O el ultimátum de 30 días impuesto a Israel para aumentar drásticamente la ayuda alimentaria? Pero no pasó nada. Aparte de pausar brevemente un envío de bombas de 2000 libras (0,9 toneladas), el hardware militar siguió llegando.

Gazatíes abriéndose paso entre los escombros de casas en Rafah el 20 de enero de 2025, un día después de que entrara en vigor un acuerdo de alto el fuego en la guerra entre Israel y Hamas. Foto AFP/Getty Images

La ley Leahy requiere restringir la asistencia a unidades militares de gobiernos extranjeros que cometen graves violaciones de derechos humanos. Nunca se ha aplicado a Israel. En abril de 2024, parecía que el secretario de Estado, Antony Blinken, estaba a punto de sancionar a Netzah Yehuda, un batallón notorio de las Fuerzas de Defensa de Israel, bajo la ley Leahy. Al final, la pateó hacia adelante, y el batallón no solo escapó de las sanciones usamericanas, sino que, según CNN, sus comandantes fueron incluso asignados para entrenar tropas terrestres y dirigir operaciones en Gaza.

“Es difícil evitar la conclusión de que las líneas rojas han sido solo una cortina de humo”, dijo Stephen Walt, profesor de asuntos internacionales en la Harvard Kennedy School, a ProPublica. “La administración Biden decidió apostar todo y solo pretendió que estaba tratando de hacer algo al respecto”.

Leahy no es la única ley usamericana que la impunidad israelí está llevando a un punto de ruptura. A fines de abril de 2024, las principales agencias del gobierno de USA sobre asistencia humanitaria concluyeron que Israel estaba bloqueando deliberadamente la entrada de alimentos y medicinas en Gaza. La Ley de Asistencia Exterior de USA requiere que el gobierno suspenda la asistencia militar a cualquier país que “restrinja, directa o indirectamente, el transporte o la entrega de la asistencia humanitaria usamericana”. Blinken simplemente ignoró la evidencia proporcionada por su propio gobierno. “Actualmente no evaluamos que el gobierno israelí esté prohibiendo o restringiendo el transporte o la entrega de la asistencia humanitaria usamericana”, informó al Congreso.


Palestinos intentando recibir alimentos de un punto de distribución de caridad en Jan Yunis, Gaza, el 5 de junio de 2025. Foto Anadolu/Getty Images

Las reglas se doblan como juncos cuando se trata de Israel, que en marzo de 2025 también rompió el alto el fuego que la administración Trump había ayudado a negociar en enero. Y ahora estamos presenciando un nuevo nivel de crueldad: el uso de la hambruna como arma de guerra. Mientras tanto, políticos israelíes llaman abiertamente a la limpieza étnica. Bezalel Smotrich, el ministro de Finanzas de ultraderecha, se jactó de que Israel está “destruyendo todo lo que queda de la Franja de Gaza” y que “el ejército no está dejando piedra sin remover”. Añadió: “Estamos conquistando, limpiando y quedándonos en Gaza hasta que Hamas sea destruido”. Y su idea de Hamas es amplia. “Estamos eliminando ministros, burócratas, manejadores de dinero, todos los que sostienen el gobierno civil de Hamas”, explicó. Matar a miembros civiles del gobierno (ya que no son combatientes) es un crimen de guerra.

USA y la comunidad internacional, nuevamente, no hacen nada.

Cada día, lo previamente inaudito no solo se pronuncia en voz alta sino que también se lleva a la acción, precisamente porque provoca poca reacción. Dos pilotos retirados de la fuerza aérea israelí escribieron en la edición en hebreo del periódico israelí Haaretz que “un miembro de la Knéset incluso se jactó de que uno de los logros del [gobierno israelí] es la capacidad de matar a 100 personas al día en Gaza sin que nadie se sorprenda” (un extracto del artículo de Haaretz fue citado por el columnista Thomas Friedman en el New York Times).


Un niño palestino que sufre de desnutrición es tratado por una enfermera en el hospital Nasser en Jan Yunis en el sur de la Franja de Gaza el 10 de julio de 2024. Foto Eyad Baba/AFP/Getty Images

Este cambio constante de lo aceptable ha resultado en políticas y prácticas criminales de desplazamiento forzado, sufrimiento masivo y genocidio, todo llevado a cabo bajo la aquiescencia pasiva o complicidad activa de países poderosos. Incluso la normalmente reticente Cruz Roja está hablando con horror. “La humanidad está fallando en Gaza”, dijo Mirjana Spoljaric Egger, presidenta del Comité Internacional de la Cruz Roja, a Jeremy Bowen de la BBC recientemente. “El hecho de que estemos viendo a un pueblo despojado por completo de su dignidad humana debería realmente conmocionar nuestra conciencia colectiva”, lamentó.

Sin embargo, la indignación oficial es, en el mejor de los casos, apagada mientras todo lo que alguna vez se consideró institucionalmente sólido se desvanece en el aire.

¿Qué tiene Israel que le permite salirse con la suya con el asesinato? USA ha protegido durante mucho tiempo a Israel de las críticas internacionales y lo ha apoyado militarmente. Las razones ofrecidas para ese apoyo generalmente van desde el vínculo “inquebrantable” compartido entre los dos países hasta el poder del Comité de Asuntos Públicos Americano-Israelí (AIPAC) en Washington. Podría argumentarse razonablemente que lo único diferente en esta guerra actual es la escala.

Pero no es solo Washington. Israel y la cuestión de Palestina producen divisiones increíblemente tensas en gran parte del mundo occidental. Dinamarca recientemente prohibió a los niños que se preparan para votar en una elección juvenil nacional debatir la soberanía palestina. ¿Por qué?

En una conversación con Ezra Klein del New York Times, la profesora de derecho internacional de derechos humanos Aslı Bâli ofreció una explicación de lo que es diferente con Palestina. En 1948, señala, Palestina era “el único territorio que había sido designado para ser descolonizado en la creación de las Naciones Unidas... que [todavía] no ha sido descolonizado”.

Sudáfrica estuvo alguna vez en esa categoría. Durante décadas, Palestina y Sudáfrica fueron “entendidas como ejemplos continuos de descolonización incompleta que continuaron mucho después de que el resto del mundo hubiera sido completamente descolonizado”. Hoy, Palestina es la última excepción a ese proceso histórico, un remanente claramente evidente para las personas que alguna vez estuvieron sujetas a la colonización, pero que el mundo occidental se niega a reconocer como una aberración.

En otras palabras, para muchos en USA y gran parte del mundo occidental, la creación del Estado de Israel se entiende como el cumplimiento de las aspiraciones nacionales judías. Para el resto del mundo, ese mismo cumplimiento de las aspiraciones nacionales judías ha dejado la descolonización de Palestina incompleta.

En 2003, el historiador Tony Judt escribió que el “problema con Israel [es]... que llegó demasiado tarde. Ha importado un proyecto separatista característico del siglo XIX a un mundo que ha seguido adelante, un mundo de derechos individuales, fronteras abiertas y derecho internacional. La mera idea de un ‘Estado judío’, un Estado en el que los judíos y la religión judía tienen privilegios exclusivos de los que los ciudadanos no judíos están excluidos para siempre, está arraigada en otro tiempo y lugar. Israel, en resumen, es un anacronismo”.

La idea de Judt de que Israel es una reliquia de otra era requiere entender cómo el impulso global por la descolonización se aceleró significativamente después de 1945. El resultado fue un nuevo mundo, pero uno que abandonó a los palestinos, dejándolos en campos de refugiados en 1948. Este nuevo mundo, surgido de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en lo que hoy llamamos “el orden internacional basado en reglas”, del cual el derecho internacional es un componente clave.

El derecho internacional también se codificó mucho más en esta época. El año 1948 no fue solo la fecha de la Nakba palestina y la independencia de Israel. También fue el año en que se aprobó la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH). Junto con la Carta de la ONU de 1945, la DUDH sirve como base principal del derecho internacional de los derechos humanos.

Pero, ¿de qué sirve un “orden internacional basado en reglas” si las reglas siguen cambiando?

La verdad es que nunca hemos vivido realmente en un “orden internacional basado en reglas”, o al menos no en el que la mayoría de la gente imagina cuando escucha la frase. La idea de que el derecho internacional establece límites a las acciones de los Estados no impidió el genocidio ruandés. El “orden internacional basado en reglas” no detuvo la invasión “ilegal” de Irak por parte de USA en 2003. Mucho antes de 2023, Israel violaba rutinariamente las resoluciones del Consejo de Seguridad. No impidió que Hamas cometiera sus crímenes de guerra el 7 de octubre.

El problema con el derecho internacional no es solo la falta de un mecanismo de aplicación para obligar a cumplir a los Estados rebeldes. El problema con el derecho internacional es que “es más probable que sirva como una herramienta de los fuertes que de los débiles, escribe el teórico legal Ian Hurd en su libro de 2017, How to Do Things With International Law.

Tendemos a pensar en la ley como un límite acordado sobre nuestras acciones. Como dijo memorablemente Dwight D. Eisenhower: “El mundo ya no tiene elección entre la fuerza y la ley. Si la civilización va a sobrevivir, debe elegir el estado de derecho”.

Pero, ¿y si la ley se entiende mejor como un sistema que, sí, restringe el comportamiento, pero, más importante, valida lo que es posible? Quien logra definir los límites define lo que es aceptable. Como tal, los poderosos tienen muchas más probabilidades de desplazar el terreno de lo aceptable a su favor. Como explica Hurd, el derecho internacional “facilita el imperio en el sentido tradicional porque los Estados fuertes... dan forma al significado de las reglas y obligaciones internacionales a través de la interpretación y la práctica”.

Aunque el derecho internacional generalmente prohíbe la guerra, crea una excepción para la legítima defensa, y los Estados poderosos son los que pueden mover la línea sobre lo que constituye una legítima defensa. (Israel reclama ampliamente legítima defensa para su agresión contra Irán, por ejemplo, al igual que Rusia reclama explícitamente legítima defensa para atacar Ucrania). En su libro, Hurd examina cómo USA ha justificado su uso de la guerra con drones e incluso la tortura apelando al derecho internacional. El derecho internacional, para Hurd, no es un sistema que esté por encima de la política. Es política.

El punto que tomo de Hurd no es que el derecho internacional no exista o que no sea valioso. Claramente, existe la necesidad de reglas para proteger a los civiles y prevenir la guerra. El derecho internacional humanitario también es algo vivo que se adapta y expande. Se adoptaron protocolos adicionales a los Convenios de Ginebra en 1977. El Estatuto de Roma que estableció la Corte Penal Internacional se aprobó en 1998.

Pero el derecho internacional también es repetidamente sometido a tensión, violado rutinariamente y empujado consistentemente al servicio de los Estados fuertes. Como tal, el derecho internacional en la práctica se entiende mejor como una línea constantemente cambiante de comportamiento aceptable. Puede que ahora estemos llegando al punto en que esa línea se ha desplazado tan lejos de las intenciones fundacionales del derecho internacional que el sistema mismo está al borde del colapso.

La campaña de Israel en Gaza conlleva la aterradora posibilidad de un desplazamiento tan radical de la línea de aceptabilidad que convierte al genocidio en un arma de guerra legal. Si crees que estoy siendo hiperbólico, considera lo que escribió Colin Jones en The New Yorker a principios de este año. Jones consultó a abogados clave del establishment militar usamericano sobre sus puntos de vista sobre la campaña de Israel en Gaza. Lo que encontró fue un ejército usamericano profundamente preocupado por ser obstaculizado por el derecho internacional al librar una guerra futura contra una potencia importante como China, tanto que las “restricciones relajadas sobre bajas civiles” de Israel desplazan útilmente los postes de la portería para la conducta futura de USA.

Para el ejército usamericano, escribe Jones: “Gaza no solo parece un ensayo general para el tipo de combate que los soldados usamericanos pueden enfrentar. Es una prueba de la tolerancia del público usamericano a los niveles de muerte y destrucción que conllevan tales tipos de guerra”.

¿En qué infierno futuro estamos viviendo actualmente?

En su libro, Hurd también ilustra una diferencia fundamental entre los regímenes legales nacionales e internacionales. La expectativa que tenemos del derecho nacional, dice, es que sea “claro, estable y conocido de antemano”, mientras que el derecho internacional depende del consentimiento de los estados.

El desprecio de Trump por las instituciones del derecho internacional no podría ser más claro. Impuso sanciones a jueces y juristas de la Corte Penal Internacional después de que se emitieran órdenes de arresto contra el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el exministro de Defensa Yoav Gallant. (Emitió sanciones similares en 2020). Desafió la Carta de la ONU bombardeando Irán, una nación soberana que no representaba un riesgo inminente para USA. ¿La respuesta global? Una leve reprimenda del presidente francés Emmanuel Macron y un apoyo rotundo del secretario general de la OTAN, Mark Rutte.

Lo que Trump y líderes como él buscan no es tanto destruir la ley como colonizarla.

Su desdén por las instituciones legales nacionales es igual de visible. Ha invocado emergencias falsas para reclamar “poderes de emergencia” como ningún presidente antes que él, permitiéndole eludir al Congreso y, esencialmente, gobernar por decreto. Desplegó tropas militares en California, contra los deseos de su gobernador, y un tribunal de apelaciones incluso autorizó su decisión. Está caminando por la línea de la abierta desobediencia a varias órdenes judiciales.


De izquierda a derecha, Jade Chan y Zoe O'Brien protestan contra Donald Trump el 17 de febrero de 2025 en Austin, Texas. Foto Brandon Bell/Getty Images

¿Qué está sucediendo? Es tentador pensar que estamos viviendo en una nueva era de anarquía, pero eso no capturaría el cambio que tenemos frente a nosotros. No se trata de la falta de ley. Se trata de la recreación de la ley. Lo que Trump y líderes como él buscan no es tanto destruir la ley como colonizarla, poseer la ley determinando sus parámetros para servir a sus intereses. Para ellos, la ley existe para doblegarse a su voluntad, destruir a sus adversarios y proporcionar una coartada para un comportamiento que, en una mejor versión de nuestro mundo, sería castigado como criminal.

Quizás no sea sorprendente que algo tan vulnerable como el derecho internacional pueda resquebrajarse bajo las presiones actuales. Lo que puede ser sorprendente es cómo también estamos perdiendo nuestro sentido nacional de estabilidad, paz y seguridad junto con él, y cuán conectada está la lucha por Palestina con este desmantelamiento interno, especialmente cuando se trata de la libre expresión. Solo pregúntale a Sereen Haddad o a Mahmoud Khalil, el activista de derechos palestinos que pasó 104 días en detención por su discurso político protegido constitucionalmente y todavía enfrenta la perspectiva de deportación.

La convención para la prevención y la sanción del delito de genocidio fue, como la DUDH, aprobada en el año crucial de 1948. Su llegada fue urgente y necesaria después del Holocausto nazi del pueblo judío, y el derecho internacional moderno se construyó sobre la comprensión de que juntos, en la comunidad internacional, trabajaríamos para prevenir genocidios futuros. Aunque no hemos logrado cumplir esa promesa en el pasado, hoy son los actos de exterminio y genocidio de Israel contra los palestinos en Gaza, financiados y habilitados en cada paso por un Occidente cómplice, lo que más ha contribuido a la desaparición del orden global basado en reglas. Tal como se ve hoy, el sistema no llegará a los 100 años.

Y su colapso puede atribuirse directamente a la hipocresía con la que el mundo ha tratado a los palestinos. Ningún otro grupo ha sido sometido a un estado de pérdida tan prolongado en el orden liberal posterior a 1945. Los refugiados palestinos constituyen “la situación de refugiados prolongada más antigua y grande del mundo” en el mundo moderno. Y las demandas impuestas a los palestinos simplemente para sobrevivir se vuelven más bárbaras cada hora. En Gaza, palestinos desesperados son abatidos por francotiradores y drones diariamente mientras esperan comida. Se avecina una sequía porque los ataques de Israel han destruido la mayoría de las plantas de tratamiento de aguas residuales, sistemas de alcantarillado, reservorios y tuberías de la franja. Hasta el 98% de las tierras de cultivo de Gaza han sido destruidas por Israel. Esta es una forma de guerra total que el mundo moderno nunca debería ver, y mucho menos condonar.


Personas cargando sacos de harina caminan en el oeste de Yabalia el 17 de junio de 2025, después de que camiones de ayuda humanitaria supuestamente entraron al norte de la Franja de Gaza a través del cruce fronterizo de Zikim controlado por Israel. Foto Bashar Taleb/AFP/Getty Images

Nadie sabe qué vendrá a reemplazar el sistema internacional que actualmente se colapsa a nuestro alrededor, pero cualquier sistema político que priorice castigar a quienes protestan contra el genocidio en lugar de detener las matanzas claramente se ha agotado a sí mismo.

Si hay un rayo de esperanza en toda esta miseria que provoca rabia, puede encontrarse en el número creciente de personas en todo el mundo que se niegan a ser intimidadas al silencio. Puede que hayamos visto un pequeño ejemplo de ese coraje en la ciudad de Nueva York recientemente, y no me refiero solo a Zohran Mamdani ganando la nominación del Partido Demócrata para alcalde. Ese mismo día, dos políticas progresistas de Brooklyn, Alexa Avilés y Shahana Hanif, se postulaban para la renominación. Ambas apoyaban Palestina, ambas fueron atacadas implacablemente por sus posiciones sobre Gaza, y ambas se negaron a cambiar sus puntos de vista. Donantes pro-Israel vertieron dinero en las campañas de sus oponentes. Sin embargo, ambas ganaron cómodamente sus carreras.

Múltiples factores intervienen en ganar cualquier campaña política, pero cualquier apoyo expresado por Palestina solía ser una sentencia de muerte. ¿Podría ser que estamos al borde de un cambio? ¿Quizás la libertad palestina ya no es una responsabilidad sino ahora una posición verdaderamente ganadora en política?

Palestina es quizás la expresión más clara hoy, como me dijo Haddad, de cómo “el poder se siente amenazado por la verdad”. Continuó: “Si tienen tanto miedo de un estudiante con un cartel, un mensaje en tiza o una demanda de justicia, entonces somos más fuertes de lo que quieren que creamos”. Más le vale tener razón. Por el bien de todos nosotros.