Reinaldo Spitaletta , 6-3-2026
El 8 de marzo es el Día Internacional de los Derechos de las Mujeres de aquí, de allá y de acullá
¡Cómo han frivolizado el Día Internacional de las Mujeres! ¡El Día Internacional de los Derechos
de las Mujeres! Se tornó en una caricatura, sin historia y sin memoria. Se ha
dicho que el capitalismo es experto en convertir en mercancía lo que en otro
tiempo fue una amenaza a su estabilidad y a sus imposiciones. Aquello que
emergió como reivindicación social, con protestas populares, con alzamientos,
con muertes y muchas heridas, con sangre, hay que volverlo trivialidad, porque
así se puede vender y despojarlo de contextos.
Ha sido larga la gesta de las mujeres por la conquista
de sus derechos, con presencias no muy visibles, pero sí históricas, en la
Revolución Francesa, y un extenso catálogo de demostraciones de protesta en los
siglos XIX y XX. El capitalismo que, al decir de Marx, nació “chorreando sangre
por todos sus poros”, implantó jornadas de trabajo inhumanas, que originaron en
Europa y Estados Unidos colosales movimientos de reclamo, como el de los “Tres
Ochos” (ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho para la educación).
A las luchas por reivindicaciones económicas de las
obreras, se sumaron las de los derechos políticos, como el del sufragio y por
la eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres. Al
fragor de las contiendas en Estados Unidos hubo muestras heroicas de huelgas y
movimientos sociales, como los muy célebres de los Mártires de Chicago, que
originaron la creación —y celebración— mundial del Primero de Mayo. Los
inmigrantes, a montones, se convertían en mano de obra barata de fábricas, como
las textileras, con mayoría de trabajadoras.
En La otra historia de los Estados Unidos,
Howard Zinn muestra descarnados paisajes de obreros explotados hasta la médula
y da cuenta de las numerosas luchas de mujeres y hombres por la dignidad y una
vida mejor. Un poeta popular, Edwin Markham, escribió en la revista Cosmopolitan
sobre las miserables condiciones laborales: “en habitaciones sin ventilación,
las madres y los padres cosen día y noche… y a los niños que están jugando, los
patronos los llaman para trabajar junto a sus padres”.
En distintas fábricas de textiles habían ocurrido, en
particular en Estados Unidos, graves accidentes con muertes a montón, por las
infrahumanas condiciones de explotación e inseguridad industrial. Las mujeres,
hacinadas en las fábricas, laboraban dieciséis horas al día. En Nueva York, a
principios del siglo XX, había quinientas fábricas de ropa. “En esos agujeros
malsanos, todos nosotros, hombres, mujeres y jóvenes ¡trabajábamos entre
setenta y ochenta horas semanales, incluidos los sábados y domingos! El sábado
a la tarde, colgaban un cartel que decía: ‘Si no venís el domingo, no hace
falta que vengáis el lunes”, testimonió una mujer, citada por Zinn.
22 de noviembre de 1909: estalla el «levantamiento de l@s 20 000». La huelga general dura 13 semanas. 13 000 trabajador@s consiguen un contrato que establece aumentos salariales. En la foto, una reunión en Rutgers Square el 4 de diciembre: la mujer de espaldas es sin duda Clara Lemlich, una de las impulsoras de la huelga.
En 1909, las trabajadoras de ropa, en Estados Unidos,
promovieron una huelga general, con la muy significativa participación de
mujeres negras. Sin embargo, las penosas condiciones laborales no cambiaron y,
al contrario, se agudizaron en todas las fábricas. En 1911, en la Compañía Triangle,
que cerraba sus puertas con pestillo a fin de vigilar y controlar a sus
empleados, un incendio causó la muerte de 146 trabajadores, en su mayoría
obreras. En Broadway marcharon cien mil personas en honor a los sacrificados
por las bárbaras condiciones del capitalismo.
«¿Quién es el responsable? ¿Quién es el responsable de
la muerte de ciento cuarenta y cinco jóvenes, hombres y mujeres, en una trampa
de fuego «a prueba de incendios»? ¿Sobre quién recae la culpa por las escaleras
inadecuadas, anticuadas y peligrosas y por la única salida de emergencia, que
fue posible porque el edificio estaba clasificado como «a prueba de incendios»?
Estas chicas muertas claman en voz alta, no por venganza, sino por justicia.
Sus cuerpos calcinados exigen protección para las miles de compañeras
trabajadoras que aún no han sido sacrificadas al fuego. Sus labios silenciosos
preguntan: «¿Quién es el responsable?».
Viñeta editorial del New York Evening
Journal del 28 de marzo de 1911.
Protesta obrera después del incendio. La mayoría de
las victimes eran obreras italianas y judías
Tantos atropellos contra las obreras, en especial en
las fábricas estadounidenses, motivaron a que, en la celebración de la Segunda
Conferencia de Mujeres Socialistas, en Copenhague, se declarara el 8 de marzo
como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, gracias a una moción
propuesta por la dirigente Clara Zetkin. Esta fecha, atravesada por inmensos
sacrificios de las obreras, por su sangre y su sudor y sus lágrimas, se
oficializó en el mundo por las Naciones Unidas, en 1975, con el nombre de Día
Internacional de la Mujer.
Clara Zetzkin y Rosa Luxemburg, 1910
La conmemoración del 8 de marzo es un ejercicio de historia del maltrato, de la persecución, discriminación y otras explotaciones a las mujeres, en especial a las trabajadoras de aquí y de allá. En Colombia, las obreras abrieron un camino de reivindicaciones en febrero y marzo de 1920, cuando cuatrocientas señoritas de la Fábrica de Tejidos de Bello realizaron la primera huelga (estrenaron el derecho de huelga, aprobado en 1919) en el país. Betsabé Espinal se erigió como el faro de aquel glorioso movimiento de “virgencitas rebeldes”, de Juanas de Arco a la colombiana, como las calificaron reporteros de la época.
«Las
mujeres que cumplen plenamente con sus obligaciones como trabajadoras, madres y
miembros de la comunidad, que deben pagar sus impuestos al Estado y al
municipio, hasta ahora se han visto privadas de la plena ciudadanía debido a
los prejuicios y al pensamiento reaccionario. Luchar por este derecho humano
fundamental debe ser la voluntad inquebrantable y firme de cada mujer, de cada
trabajadora. No debe haber descanso ni pausa. Por lo tanto, mujeres y niñas,
acudan todas el domingo 8 de marzo de 1914 a las nueve asambleas públicas de
mujeres por el derecho al voto». Cartel de Karl Maria Stadler, que inspiró a este, de la editorial Rotation, en Berlín Occidental, en 1978.
Todo lo que al capitalismo le huela a disturbios, a revoluciones sociales, a transformaciones del sistema de producción, lo oculta, lo censura, lo combate, lo ridiculiza. Y, además, lo vuelve una mercancía más del mercado, le borra la historia y deja solo excrecencias que pueden venderse, que producen plusvalías. Así se ha banalizado el Día Internacional de los Derechos de la Mujer. Se volvió un bazar, una recocha sin contextos históricos ni políticos.
El 8 de marzo es una jornada universal para saber un poco más sobre Rosa Luxemburgo, María Cano, Nadia Krupskaya, Betsabé Espinal y sobre las obreras incineradas en fábricas de ropas y tejidos; sobre las sufragistas, sobre las Madres de Soacha, sobre las Madres de Mayo… No es una celebración de pétalos y bombones, sino una conmemoración para caminar de la mano de la historia y de las utopías.
«Yo fabriqué su ropa». En noviembre de 2012, un incendio en la fábrica Tazreen Fashion de Bangladesh causó la muerte de al menos 112 trabajadoras. El 24 de abril de 2013, el derrumbe del edificio Rana Plaza, en un suburbio de Daca, causó la muerte de 1134 trabajadoras textiles y dejó heridas a cientos de supervivientes.Un siglo después de Triangle, ha cambiado la geografía, pero no la historia.








