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16/03/2026

“Stupid Fury”: el neocolonialismo de Trump explicado por el teólogo alemán Bonhoeffer

Milena Rampoldi, 15 -3- 2026

Desde el estallido de la agresión usraelí contra la República Islámica de Irán, me siento como el teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer cuando estaba en la cárcel nazi, incluso si mi oficina en Estambul es mucho más cómoda. En su celda, Bonhoeffer comenzó a reflexionar sobre las razones y las raíces del brutal régimen hitleriano al comprender que la causa no era la malicia/el mal, sino simplemente la estupidez pura y dura.

El mismo paradigma se puede aplicar a la presidencia de Donald Trump y a su guerra épicamente furiosa contra el régimen satánico de Irán, cuando en realidad no es otra cosa que la agresión brutal y sin cabeza contra un Estado soberano en el Máshreq.

“Tratamos repetidamente de llegar a un acuerdo. Lo intentamos. Querían hacerlo. No querían hacerlo. Querían hacerlo. No querían hacerlo”.

En sus cartas escritas desde la cárcel, el teólogo Bonhoeffer afirmaba que la estupidez era un enemigo más peligroso del bien que la malicia y/o el mal mismo. Para mí personalmente, esta suya conclusión tiene un fuerte impacto en cómo luchar contra las violaciones de los derechos humanos como las guerras de USA contra los Estados musulmanes soberanos. Experimentamos un importante cambio de paradigma si abandonamos el punto de vista según el cual debemos luchar contra el mal usamericano y si en cambio decimos que la estupidez usamericana es el enemigo de los países musulmanes soberanos del Máshreq como la estupidez es el enemigo de la autodeterminación política y el anticolonialismo/antiimperialismo.

“Las vidas de los valientes héroes americanos pueden perderse y podemos tener víctimas, lo que a menudo sucede en la guerra. Estamos haciendo esto, no por ahora, estamos haciendo esto para el futuro, y es una misión noble”.

 Sin embargo, Bonhoeffer incluso va un paso más allá en sus reflexiones al mostrar que la violencia ni siquiera es capaz de oponerse a la estupidez, mientras que es un medio efectivo cuando tenemos que oponernos al mal. Si partimos del supuesto de que Trump representa la estupidez y no el mal, entenderemos que tenemos que cambiar nuestra estrategia para oponernos a sus fantasías neoimperialistas de niños asesinos en países musulmanes y otros (Venezuela, Cuba y más).

¿Por qué la estupidez es tan peligrosa en política? Bonhoeffer tiene la respuesta: la mayoría de la gente pone la estupidez entre paréntesis porque muchos piensan que no vale la pena considerarla. Y esto es un error porque entonces no entendemos la esencia de la estupidez que, si la ponemos en palabras del propio Bonhoeffer, no es un defecto intelectual sino “humano”.

Si analizamos el fenómeno de la estupidez desde un punto de vista psicológico y luego sociológico, entendemos una característica fundamental de la misma: la estupidez aparece en grupos más que en personas aisladas. Trump y su estupidez son parte de un sistema, de un estilo de vida usamericano en el que los contribuyentes financian ataques impulsados por la estupidez a escuelas para niñas, museos y hospitales en Irán.

“Pero sí, ya sabes, esperamos algunas cosas. Como dije, algunas personas morirán. Cuando vayas a la guerra, algunas personas morirán”.

Si escuchamos lo que Bonhoeffer sugiere, necesitamos pasar del títere aislado Donald al sistema “Epstein” del que forma parte. Esto significa que la estupidez no es un problema psicológico, sino que se convierte en un problema sociológico. Es por eso que deberíamos establecer la llamada “sociología de la estupidez” para analizar el neoimperialismo de Trump para superar la ocupación usamericana de países musulmanes y otros.

En un régimen neocolonialista como USA, el poder de la clase dominante de los neosionistas del AIPAC hambrientos de poder necesita la estupidez de los contribuyentes ciegos para sobrevivir porque la estupidez y la megalomanía neoimperialista son exactamente lo contrario del coraje moral y la lucha contra la injusticia. La gente estúpida cree en la narrativa de la clase dominante. Y esto resulta en la persistencia de un neocolonialismo yanqui moldeado por el régimen sionista 2.0 impulsado por las fantasías de Eretz Israel. A continuación, me gustaría traducir al español el fragmento de las cartas que Bonhoeffer escribió desde la cárcel, titulado “Estupidez”[1], para que los lectores reflexionen sobre él y recuperen su propio coraje moral, ya que necesitamos una guerra contra la estupidez y no contra el mal:

La estupidez es un enemigo del bien más peligroso que la maldad.

Contra el mal se puede protestar; se lo puede desenmascarar; se lo puede impedir, llegado el caso, incluso mediante la fuerza. El mal lleva siempre en sí el germen de su propia descomposición, pues deja al menos un malestar en el ser humano. Frente a la estupidez, en cambio, estamos indefensos.

Ni las protestas ni la fuerza sirven aquí de nada; las razones no surten efecto. Los hechos que contradicen el propio prejuicio simplemente no necesitan ser creídos —en tales casos el estúpido se vuelve incluso crítico— y, cuando resultan inevitables, pueden ser descartados como simples casos aislados sin importancia.

Además, el estúpido, a diferencia del malvado, está completamente satisfecho consigo mismo; es más, se vuelve peligroso, pues pasa fácilmente al ataque cuando se siente irritado.

Por eso es necesario ser más prudente frente al estúpido que frente al malvado. Nunca intentaremos convencer al estúpido mediante razones: es inútil y peligroso.

Para saber cómo podemos enfrentarnos a la estupidez, debemos tratar de comprender su naturaleza. Algo es seguro: no se trata esencialmente de un defecto intelectual, sino de un defecto humano. Hay personas intelectualmente extraordinariamente ágiles que son estúpidas, y otras intelectualmente muy torpes que están muy lejos de serlo.

Este descubrimiento lo hacemos, con sorpresa, en determinadas situaciones. La impresión que se obtiene no es tanto que la estupidez sea un defecto innato, sino que, bajo ciertas circunstancias, los seres humanos son hechos estúpidos o se dejan volver estúpidos.

Observamos también que las personas que viven aisladas y retiradas manifiestan este defecto con menor frecuencia que aquellas inclinadas a la vida en sociedad o integradas en grupos humanos. Por ello, la estupidez parece ser menos un problema psicológico que sociológico. Es una forma particular de la influencia de las circunstancias históricas sobre el ser humano, una manifestación psicológica de determinadas condiciones externas.

Al observar más de cerca se advierte que todo gran despliegue de poder exterior —sea de carácter político o religioso— golpea a una gran parte de los seres humanos con la estupidez. Incluso parece tratarse de una especie de ley sociopsicológica: el poder de unos necesita la estupidez de otros.

El proceso no consiste en que determinadas facultades humanas —por ejemplo intelectuales— se atrofien o desaparezcan repentinamente. Más bien sucede que, bajo la impresión abrumadora del despliegue del poder, el ser humano es despojado de su independencia interior y renuncia entonces, más o menos inconscientemente, a encontrar por sí mismo una actitud frente a las situaciones de la vida.

El hecho de que el estúpido sea con frecuencia obstinado no debe engañarnos haciéndonos pensar que es independiente. En la conversación con él se percibe claramente que en realidad no se trata de una persona con la que uno dialoga, sino de consignas, palabras de orden y eslóganes que se han apoderado de él.

Está bajo un hechizo, está cegado; en lo más profundo de su ser ha sido abusado y maltratado. Convertido así en un instrumento sin voluntad, el estúpido será capaz de cualquier mal y, al mismo tiempo, incapaz de reconocerlo como tal. Aquí reside el peligro de un abuso diabólico. De este modo pueden destruirse seres humanos para siempre.

Pero es precisamente aquí donde se ve con claridad que no es un acto de instrucción, sino únicamente un acto de liberación lo que puede superar la estupidez. Habrá que aceptar que una verdadera liberación interior, en la mayoría de los casos, solo se hace posible después de que haya tenido lugar una liberación exterior.

Hasta entonces tendremos que renunciar a todos los intentos de convencer al estúpido.

En esta situación se comprende también por qué, en tales circunstancias, resulta inútil esforzarse por saber qué piensa realmente «el pueblo», y por qué esta pregunta resulta en realidad superflua para quien piensa y actúa de manera responsable.

La palabra de la Biblia según la cual el temor de Dios es el principio de la sabiduría (Salmo 111,10) significa que la liberación interior del ser humano para una vida responsable ante Dios es la única verdadera superación de la estupidez.

Por lo demás, estas reflexiones sobre la estupidez tienen también algo de consolador: no permiten en absoluto considerar a la mayoría de los seres humanos como estúpidos en todas las circunstancias. Todo dependerá, más bien, de si quienes ejercen el poder esperan más de la estupidez de las personas o de su independencia interior y de su inteligencia.

La simple conclusión es que el trumpismo neocolonialista y el donaldismo neoimperialista son un grave problema sociológico entretejido con la estupidez que aparece como malvada. Y de la estupidez se puede simplemente ser liberado, a la estupidez no se puede oponer la violencia, y este es exactamente el caso cuando nos fijamos en la ocupación de Oriente Medio por el ejército usraelí. Mientras que el Israel sionista 2.0 necesita implosión, autodestrucción y deconstrucción, el trumpismo y el donaldismo necesitan una guerra internacional contra la estupidez.


[1] El pasaje está tomado de Bonhoeffer D., Widerstand und Ergebung: Briefe und Aufzeichnungen aus der Haft, Gütersloher Verlagshaus, München 2005, pp. 14-18.