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10/01/2026

Renée, ¡corre, corre que te van a matar!
El asesinato de una poetisa usamericana por Trump y su banda

 

Renee Nicole Good, poetisa asesinada por la policía de inmigración. (Foto RNZ News)

Asesinaron a la poetisa, a balazos, a sangre fría, como si fuera una cucaracha, o como si tal vez fuera una entraña de cerdo a la que hay que freír a punta de manteca de policías de inmigración. La mataron porque sí, porque hay que matar mujeres, mujeres que escriben, mujeres que alzan la voz, que parlan con los extranjeros explotados, con los perseguidos. Hay que matarla. Y eso hicieron los automáticos agentes, asesinos por naturaleza, entrenados para ese fin: matar y nadas más. Ah, y si la víctima es una poetisa, mejor. No queremos que cante nadie, ni que le vayan a decir alguna verdad, en verso, o en prosa, al presidentico que cada vez más se parece a Hitler.

Asesinaron a disparos a Renée Nicole Good, de treinta y siete años. Dicen que escribía “como quien abre una ventana en una casa sitiada”. Seguro sabía antes de recibir esa tanda de balazos en un “país bañado en sangre”, como lo describió Paul Auster, que estaba destinada a ser una víctima de la represión trumpista, del Corolario del nuevo filibustero, de la Nueva Estrategia de Defensa Nacional, del pederasta, reencarnación —así se lo cree el bandido presidente— de James Monroe, y que representa también el Garrote de Teddy Roosevelt, la poetisa sabía que la iban a matar.

Ha sido otra víctima del sistema que bombardea desde hace años, a veces con bombas atómicas, a veces con otras bombas —mortales, eso sí—, a objetivos civiles, a poblaciones enteras, que asesina a gentes como las de la aldea de My Lai, o de Irak, o de Siria, o de Libia, también de Venezuela. Y mata poetas. Así no más. Tal vez como si imitara a aquel que asesinó en Granada a García Lorca, por marica, o por poeta, o porque estaba en contra de la opresión.

Le dispararon, así no más, a mansalva y sobreseguro, a una muchacha, sí, todavía era una muchacha en flor, que escribía poemas. Había que borrar sus versos, pensaría el tombo, el sirviente del sistema, el asesino con licencia. Había que acallar una voz, un lápiz, unas estrofas, unas líneas… No requerimos poetas, sino matones, sino bombarderos, sino criminales. Así es la vulgar prosa del imperialismo, de Trump y sus secuaces, de aquellos que aplauden no solo las baladronadas del sanguinario pirata, sino sus acciones criminales en todo el universo.

Matar a una poetisa puede ser insignificante. Además de fácil, además que todo puede quedar impune. Era solo una mujer, una muchacha que escribía, que saludaba a los inmigrantes, que les decía como unirse, como abrazarse, como estar alertas frente a la represión. Era eso, tan sin valor, tan sin sentido para un sujeto como el presidente. La Gestapo de Trump la asesinó.

Qué puede pasarle a un imperio, o a un delincuente que se ampara en ser presidente de una superpotencia (en decadencia), por el crimen de una mujer que escribía, por ejemplo, “quiero de vuelta mis mecedoras” y conocía “tercetos de cigarras” (como la cigarra, tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí resucitando…), que había “donado biblias a tiendas de segunda mano”, que sabía —era una poetisa— que entre su páncreas y su intestino grueso, “se encuentra el insignificante arroyo de mi alma”.

La desalmaron los desalmados. Los asesinos le borraron las palabras, las ganas de hacer justicia, los deseos incontenibles de cantar contra la injusticia, de bendecir el encuentro entre el óvulo y el espermatozoide. Le arrancaron el alma a balazos.

Pero la vaina, como se dice, es que ningún policía, ninguna bala, ningún fusil, acaba con la poesía. Esta sigue viviendo más allá del poeta. La poesía de Renée ahora vuela más alto, va de Minneapolis a Chicago, de Los Ángeles a Texas, del país de las libertades muertas, de la democracia destruida, hacia más allá del planeta azul. Era la tarde del siete de enero de 2026, cuando un policía del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés), disparó con ferocidad sobre una muchacha que escribía versos y que desde ese momento vuela, como esa mariposa que, con su aleteo, es capaz de provocar un terremoto en Beijing o hacer brotar una lágrima en algún lugar del mundo donde haya gente que cante.

Renée Nicole ahora es fuego. No es ceniza. Es voz potente que clama por la justicia en el mundo y porque la utopía siga viviendo, o, al menos, haciendo caminar a mucha gente.

La poetisa asesinada en Minneapolis

25/09/2022

HAARETZ
Familiares de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa piden a Israel la extradición de un exfuncionario buscado, y la embajada de Israel en la Ciudad de México es “vandalizada” (más bien decorada)

 Haaretz, 22/9/2022
Traducido por Fausto Giudice, Tlaxcala

Familiares de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa y simpatizantes se manifestaron frente a la Embajada de Israel en la Ciudad de México para exigir la extradición del ex director de la ACI (Agencia de Investigación Criminal, el “FBI mexicano”, 2013-2018), Tomás Zerón; el embajador israelí: “Escribir “muerte a Israel” en los muros de la embajada no tiene nada que ver con el caso”.

Los familiares de 43 estudiantes mexicanos que fueron secuestrados y asesinados en 2014 se manifestaron el miércoles frente a la embajada de Israel en México, exigiendo la extradición de un ex investigador buscado en relación con este caso. Durante la manifestación, decenas de manifestantes enmascarados decoraron la embajada de Israel con grafitis que decían “muerte a Israel”.

Cientos de manifestantes se reunieron frente a la Embajada de Israel en la Ciudad de México, algunos con fotos de los estudiantes desaparecidos, otros pintando grafitis en los muros de la embajada. Las familias de los 43 estudiantes, que desaparecieron por la fuerza tras ser detenidos por la policía municipal hace ocho años, exigen a Israel la extradición del ex investigador Tomás Zerón, acusado de haber manipulado la investigación sobre el secuestro de los estudiantes.

Tomás Zerón en 2015. Foto Tomás Bravo—Reuters

Buscado por tortura y falsificación de pruebas, Zerón fue uno de los autores intelectuales de la versión de los hechos respaldada por el Estado, presentada en 2015 y rechazada por los familiares de las víctimas y expertos independientes. Zerón vive en Israel desde hace tres años y solicitó asilo oficialmente en 2021. A pesar de las múltiples peticiones de México, Israel sigue negándose a entregarlo a la justicia.

06/12/2021

BELKIS WILLE
¿Hay Estado de derecho en Iraq?

Belkis Wille, Foreign Policy in Focus, 2/12/2021
Traducido del inglés por
Sinfo Fernández, Tlaxcala

Iraq se apoyó en milicias extragubernamentales para luchar contra el ISIS. Ahora, esas milicias atacan a los periodistas, a los manifestantes y desafían al gobierno elegido.


“Grupos armados”, “fuerzas paramilitares”, “grupos que siguen las órdenes de otro país”.

 

Los defensores de los derechos humanos en Iraq utilizamos estas descripciones todo el tiempo cuando nos referimos a los hombres armados que están detrás de los asesinatos, secuestros y torturas de manifestantes, activistas, periodistas y comunidades  que consideran cercanas al ISIS en Iraq.

 

En los últimos días hemos visto a estos hombres llegar más lejos que nunca, incluyendo un intento descarado, el 7 de noviembre, de asesinar  al primer ministro iraquí Mustafa al-Kadhimi en su casa utilizando tres drones armados.

 

Muchos no se atreven a ir más allá en la identificación de quiénes son exactamente estos hombres, los grupos a los que pertenecen y de quiénes reciben órdenes, al menos no en público. Pero el 25 de octubre, en un tribunal de Basora, alguien salió por fin a decirlo.

 

Y lo que puso de manifiesto plantea una cuestión mayor: ¿Puede el Estado iraquí garantizar el imperio de la ley?

 

Explosivas revelaciones sobre el asesinato de dos periodistas

En pocas palabras, su testimonio indicó que las milicias llamadas Fuerzas de Movilización Popular, que se formaron para ayudar a derrotar al ISIS y algunas de las cuales tienen estrechos vínculos con Irán, pueden estar tomando las decisiones en Iraq y son independientes -y más poderosas- del gobierno.

 

Aquel día, un juez del Tribunal Penal de Basora presidió una vista de investigación sobre Hamza Kadhim al-Aidani, acusado de matar a dos personas el 10 de enero de 2020: Ahmed Abdul Samad, reportero de Dijlah TV, y Safaa Ghali, su camarógrafo. Los medios de comunicación locales cubrieron ampliamente la condena de al-Aidani por los asesinatos y la posterior sentencia de muerte dictada el 1 de noviembre.

 

Lo que los medios de comunicación cubrieron menos, y el gobierno se negó a comentar, fueron las explosivas declaraciones que hizo al-Aidani durante la vista.

 

Dos personas que asistieron dijeron que al-Aidani, un comisario de policía de Basora, admitió que también era miembro de una unidad agresiva de las Fuerzas de Movilización Popular (FMP) que estaba formalmente bajo el control del primer ministro.

 

Dijo que luchó con el grupo para recuperar la ciudad de Faluya del Estado Islámico (ISIS) en 2016. Admitió que era miembro de un llamado “escuadrón de la muerte” y que estuvo involucrado en el asesinato de los dos periodistas, dijeron las fuentes. Dijo asimismo que él y los miembros del equipo utilizaron la oficina de la Comisión local de las FMP (el órgano de gobierno de las FMP) en Basora para planificar los asesinatos y ocultar sus coches y armas después del hecho.

 

02/11/2021

CHRISTOPHE KOESSLER
Tras la muerte sospechosa de Alfredo Camelo, amenazas sobre l@s colombian@s en Suiza


Publicamos la traducción de dos artículos del diario ginebrino Le Courrier que deberían despertar la preocupación de tod@s l@s refugiad@s colombian@s en Europa y en otros lugares, así como de tod@s l@s que defienden los derechos de los pueblos y de los seres humanos.-Tlaxcala

Amenaza sobre l@s colombiano@ de Suiza

Christophe Koessler, Le Courrier, 27/10/2021
Traducido por Anita Garibaldi de Guevara, Tlaxcala

Christophe Koessler es periodista del diario suizo Le Courrier. @ChrisKoessler

El activista ginebrino Alfredo Camelo, que apareció muerto en septiembre, recibió presuntamente un disparo de arma de fuego. Esta información debe tomarse con cautela, pero forma parte de una amenaza creciente para l@s activistas colombian@s.

En mayo de 2021, l@s manifestantes pidieron a las Naciones Unidas y a las autoridades suizas que exigieran a Bogotá el respeto a la vida humana y al derecho a manifestarse. Foto DR

El domingo por la mañana, un conocido activista suizo-colombiano encontró la inscripción grabada en la llanta de su coche en Ginebra: "AUC", por Autodefensas Unidas de Colombia, el nombre de la milicia paramilitar de extrema derecha. En Colombia, la inscripción equivale a una amenaza de muerte. Al inspeccionar más de cerca, el defensor de los derechos humanos, acompañado por un agente de policía, descubre que su neumático fue dañado por un pinchazo que podría hacer que reventara una vez que el vehículo se lanzara a toda velocidad -la hipótesis es mencionada por el agente de policía según el activista-. "Para mí, esto es un atentado contra mi vida y la de mi familia", dijo el activista, que presentó ayer una denuncia.

El caso tiene una resonancia particular, ya que casi al mismo tiempo Le Courrier recibió otra información que queda por verificar. El activista colombiano Alfredo Camelo, cuyo cadáver fue hallado en las orillas del Ródano a principios de septiembre, había recibido un disparo de arma de fuego. Nos enteramos por una fuente policial que probablemente confió en una persona conocida por la redacción.

¿Rumores o información? Lo cierto es que, más de un mes y medio después de los hechos, la investigación sobre las circunstancias de su muerte, confiada ahora a la Fiscalía de Ginebra, aún no ha concluido. Si se trata de un suicidio, ¿por qué la justicia tarda tanto en confirmar esta tesis, se preguntan los familiares?

Contactado por Le Courrier, la Fiscalía, la única autorizada a hablar sobre este caso, respondió que "no transmitía ninguna información, habida cuenta de la investigación en curso que tiene por objeto determinar las circunstancias y las causas de la muerte".

¿Paramilitares en Suiza?

Esto no tranquiliza a l@s compañer@s y amig@s de Alfredo Camelo ni tampoco a l@s activistas colombian@s, que son numeros@s en Suiza. El 27 de septiembre, la consejera nacional Stéfanie Prezioso (grupo Ensemble à gauche/Junt@s a la izquierda) presentó una pregunta al Consejo Federal en la que expresaba su preocupación por la seguridad de l@s refugiad@s polític@s en nuestro país tras la muerte del activista.

04/08/2021

GIDEON LEVY
Los medios de comunicación hacen la vista gorda ante los escuadrones de la muerte israelíes

Gideon Levy, Haaretz, 31/7/2021

Traducido del inglés por S. Seguí

El terror israelí vuelve a las andadas. Los escuadrones de la muerte de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) culminaron otra semana fructífera: cuatro cadáveres de palestinos inocentes acumulados de viernes a viernes. No parece haber una conexión entre los cuatro incidentes en los que murieron cuatro hijos, pero el vínculo no se puede obviar.

En todos estos casos, los soldados optaron de preferencia por disparar a matar. En los cuatro casos se podría haber elegido otro camino: detenerlos, apuntar a las piernas, no hacer nada o simplemente no estar allí. Pero los soldados decidieron matar. Probablemente es más fácil para ellos de esta manera.

Provienen de diferentes unidades del ejército y tienen diferentes antecedentes, pero comparten la increíble facilidad para matar, tanto si tienen que hacerlo como si no. Matan porque pueden hacerlo; matan porque están convencidos de que así es como se espera que actúen; matan porque saben que nada sale más barato que la vida de un palestino. Matan porque saben que los medios de comunicación israelíes bostezarán y no informarán de nada; matan porque saben que no les pasará nada. Así pues, ¿por qué no?, ¿por qué no matar a un palestino cuando se tiene la oportunidad?

                El funeral de Mohammad Al Alami. Foto Majdi Mohammed / AP 

Soldados israelíes en el funeral del niño de 12 años Mohammed Al Alami, el jueves pasado, en Beit Ummar, Cisjordania. Foto: Emil Salman