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14/03/2026

Trauma normalizado, normalidad traumatizada: la exposición para Palestina “Kalanlar Filistin” en Estambul

El 30 de marzo de 2026, la exposición solidaria “Kalanlar Filistin” [Lo que queda de Palestina] cierra sus puertas después de tres meses en el barrio Harbiye de Estambul. Milena Rampoldi de ProMosaik visitó esta exposición para nosotros y nos conta sus impresiones.

Milena Rampoldi, 14-3-2026

A primera vista, esta exposición organizada por la asociacióó cultural turca Kalyon Kültür sería considerada como el relato de la destrucción sionista de la vida palestina (familia, escuela, infancia, cultura) y, por lo tanto, como una presentación material del genocidio sionista. Sin embargo, lo que realmente importa aquí, encontrándose en medio de la exposición y experimentándola, no es la destrucción brutal que se percibe en la superficie, sino lo que queda y vive después de la destrucción.


Se trata de todo lo que el sionismo no puede coger, es decir, el alma, la resistencia y la humanidad. De hecho, el título de esta innovadora exposición, que en cierto modo subvierte la pedagogía museística clásica y sus paradigmas dialécticos, se podría traducir “Lo que queda de Palestina”.

Lo que queda y se mantiene después de los bombardeos y ataques aéreos del ejército israelí, símbolo y esencia del neocolonialismo en Oriente Medio, es la dignidad humana, el espíritu de resistencia y la humanidad palestina de un pueblo oprimido, pero que de ninguna manera es víctima de esta destrucción. 

El visitante entra en un diálogo empático con la realidad de la guerra en Palestina, “recreada” en las instalaciones de la exposición. El visitante pierde toda distancia. Su empatía es el resultado de la abolición de toda dialéctica entre su existencia segura y estable en Estambul-Harbiye y el genocidio en Gaza. Sin embargo, el visitante no está allí para percibir a Palestina como un objeto en el sentido de Edward Said y para quejarse de ella como un benefactor, sino para aparecer como un testigo de Palestina y dejar la exposición como un testigo.

Como el testimonio en el Corán, el testimonio de un acontecimiento histórico no es un derecho, sino una obligación. Y este compromiso conduce a una responsabilidad ética. El visitante interactúa con la destrucción y no se exime de su responsabilidad. Dado que la obligación de defender Palestina no es la elección de un día soleado en Harbiye, sino la obligación ética de una vida como persona que piensa, testifica y actúa éticamente. Como bien dice en la web de la exposición: “Esta exposición no es una visita, es una actitud”.

Lo que queda después de la destrucción sionista es el “resto” ontológico, el resto que se opone a toda brutalidad ontológica.

“En este contexto, la destrucción no es un momento, sino una estructura que ha ganado continuidad; el trauma es la nueva forma de vida cotidiana”.

El trauma se normaliza en Palestina. La vida palestina en Gaza es el vestigio de esta normalidad traumatizada. Sin embargo, el trauma es ahora también un aspecto cotidiano del visitante, que se ha convertido en un confidente/testigo responsable para la vida.

“A los visitantes no se les invita a un alivio emocional, sino a un debate ético. Aquí no se espera compasión, sino testimonio. Porque el testimonio conlleva responsabilidad”.

No se trata de la catarsis del visitante, como ocurre en una tragedia griega, sino del molesto conocimiento del genocidio sionista en Gaza.

Lo que queda son personas silenciosas y objetos silenciosos que permanecen inmutables en su lugar como testigos de la destrucción. Esto se puede ver especialmente en las habitaciones donde se muestran la cocina, el aula y la casa palestina después de los bombardeos israelíes. El material permanece, un trozo de pared, un frasco vacío, un pupitre de escuela, una pizarra…, y estos objetos son silenciosos. 


Las primeras víctimas son siempre los niños. Porque el genocidio sionista es ante todo un genocidio de niños. Por lo tanto, la figura de Handala también está en el centro de esta exposición.

Handala es el famoso personaje de viñeta del artista palestino Nayi al-Ali de 1969, que tiene rasgos autobiográficos muy fuertes. Los niños asesinados de Gaza y los niños que, como el propio dibujante, se han convertido en refugiados sobrevivientes son el símbolo de un testimonio que permanece y desafía la destrucción brutal.

“Lo que se puede ver aquí no es una pérdida, sino un tiempo irrecuperable”.

“El alambre de púas en el centro de la instalación transforma la frontera de una línea geográfica en una experiencia permanente impresa en el cuerpo, así como en la memoria. Esta instalación no está concebida como una composición estética; quiere que el visitante sienta de inmediato la interrupción entre hoy y ayer y su significado ético. El trabajo llama a la observación, no a la piedad”.

El trauma es, como ya se ha mencionado, la normalidad. La guerra es una continuidad y el laberinto de la exposición es una realidad constante. El visitante entra en el laberinto. Permanece allí voluntariamente y vive la oscuridad del encarcelamiento acústicamente como una experiencia permanente. Los niños enseñan al visitante lo que es la guerra, acústicamente y visualmente. Los gritos de los niños se imprimen en la mente y en el alma del espectador testigo. Al mismo tiempo, la visita guiada a la exposición ilumina los diferentes movimientos en las paredes grises del laberinto. La violencia y la brutalidad forman parte de la vida cotidiana y no son una excepción. No escapas de este laberinto, te quedas, escuchas y aprendes dolorosamente la resistencia, que luego permanece como un eco después de salir de la exposición. 

Cuando las bombas están dormidas, nosotros también podemos dormir

¿Hay chocolate en el paraíso?

Alá está con nosotros

“Lo que está sucediendo aquí no es una desviación, sino el orden en sí”.

El visitante no puede salir de la situación. No es una sala de escape, es su testimonio de Palestina, la colonia sionista de Oriente Medio de niños como Handala.



La otra sala, donde se leen los nombres de los mártires, cumple la misma función. Aquí también, el testigo no huye, sino que se queda. Se suprime la dialéctica entre testimonio y testigo. Estamos en el espacio posdialéctico de la respuesta de los palestinos al Estado sionista y su dialéctica anticuada.