30/11/2025

El 12 de noviembre de 2025, Aysam Jihan Ma’alla murió en Cisjordania. Tenía 13 años
Testimonio de una voluntaria durante la cosecha de aceitunas en Cisjordania

Anna Haunimat, 17-11-2025

Traducido por Tlaxcala

Aysam, que llevaba un mes en coma, murió a causa de un ataque de colonos israelíes y de la intervención del ejército israelí que lanzó gases lacrimógenos en Beita. Aysam Jihad Ma’alla tenía 13 años; participaba en la cosecha de aceitunas con su familia junto a otras familias agricultoras. No estaba en Gaza. Estaba en la zona B de Cisjordania, una zona que debía ser devuelta totalmente a l@s palestin@s cinco años después de los Acuerdos de Oslo (1993), pero que permanece bajo control civil de la Autoridad Palestina y control militar de las fuerzas de ocupación.

La geografía es un destino
—Ibn Jaldún

A principios de octubre de 2025 viajé a Cisjordania para participar en la campaña Harvest Zeytoun con la UAWC (Unión de Comités de Trabajo Agrícola). La UAWC, cuya sede se encuentra en Ramala, es una organización de apoyo a l@s agricultor@s de Cisjordania. Existe desde 1986 y está afiliada a Vía Campesina.

Esta Harvest Campaign se renueva desde hace varios años y

tiene como objetivo permitir a las familias palestinas asegurar su cosecha de aceitunas gracias a la presencia de voluntarios internacionales frente a las agresiones continuas de los colonos israelíes. “BAQA” (بقاء) —palabra árabe que significa “quedarse”— simbolizando firmeza, arraigo y resistencia frente a la ocupación y la violencia de los colonos, es el nombre de esta campaña.

Estos ataques buscan, ante todo, aterrorizar a las familias palestinas agricultoras, impedirles recolectar sus aceitunas y empujarlas a abandonar sus tierras. Una “ley israelí” estipula que cualquier tierra no cultivada durante dos años pasa a manos de las fuerzas de ocupación (+ 5.200 hectáreas confiscadas por Israel entre el 08/10/2023 y el 08/08/2025). También se trata de volver inutilizables estas tierras, en este caso los olivares. Olivos centenarios o replantados son arrancados o quemados por los colonos.

Los ataques violentos y cotidianos de los colonos contra familias palestinas se han intensificado en los últimos tres años (3.041 ataques, de los cuales 150 mortales, entre el 8/10/2023 y el 8/08/2025).
52.300 olivos han sido destruidos en Gaza y Cisjordania desde el 7 de octubre de 2023.
El 16/11/2025, según la agencia oficial palestina WAFA, Ibrahim al-Hamed, director general de Agricultura en Salfit, precisó que 135 olivos de al menos siete años y pertenecientes a tres agricultores habían sido arrancados en el valle de Qana, en la localidad de Deir Istiya. Durante los primeros ocho meses de 2025, el ejército israelí emitió órdenes para talar árboles en una superficie de 681 hectáreas en los territorios palestinos ocupados. El informe de octubre del Consejo sobre las violaciones israelíes indica que, con el apoyo del ejército israelí, los colonos arrancaron o dañaron 1.200 olivos en tierras palestinas. [fuente]

La destrucción casi sistemática de los olivos por parte de los colonos priva a l@s palestin@s de uno de sus recursos esenciales. Pero contribuye también —desde el establecimiento del proyecto sionista en Palestina— a la invención de un mito: el de una tierra sin pueblo, una tierra vacía. Desde 1948, borrar toda huella de una presencia anterior ha sido una constante (casi 500 aldeas arrasadas en 1948, 780.000 personas expulsadas de sus tierras, sin derecho al retorno).

Nosotros, l@s voluntari@s que partimos para intentar frenar esta máquina infernal de destrucción, salíamos cada mañana en pequeños grupos para ayudar a las familias a cosechar. Las jornadas sin intervención de los colonos, obligándonos a abandonar los olivares, eran pocas. Pero cuando se podía, ¡era una fiesta! Terminar la cosecha, comer juntas y juntos, a veces incluso bailar.


Pero también, muchas veces, había que trabajar rápido y en silencio, como pequeñas hormigas intentando engañar la vigilancia de los colonos y terminar antes de sus ataques. El jueves 16 de noviembre, fuimos a un olivar cerca de Huwara con una concejala municipal; una vez más, fuimos agredid@s y expulsad@s por colonos y ejército. Luego nos trasladamos a otro olivar en la entrada de Burin, situado junto a la carretera, frente a la casa del propietario. Muy pronto llegó el ejército y nos ordenó marcharnos, lo que hicimos, y fuimos a casa del agricultor, quien nos ofreció café, té y dulces. El ejército entró en su patio alegando que habíamos violado una zona militar.

Al cabo de una hora, el ejército volvió con un mapa que indicaba que ese olivar —incluida la casa del agricultor— había sido declarado zona militar esa misma mañana. Así avanza, silenciosamente, la colonización: declaración de tierras como zonas militares, confiscación, despojo y luego establecimiento de colonos en esas mismas tierras.


Durante las discusiones surrealistas con el ejército hablé con el propietario y con su esposa. Al ver su cinta bordada y al maravillarme de su belleza, llamó a sus hijas. Llegaron con magníficos vestidos bordados, un cinturón con los nombres de ciudades palestinas, y nos mostraron la página web de su tienda llena de maravillosas prendas bordadas. 

Hablábamos, en cierto modo, de ropa, mientras el ejército nos encerraba en su patio. Ella explicaba: «Para nosotras es cada día. Entran, registran la casa con el pretexto de que somos terroristas, a veces nos arrestan. Nosotras podemos vivir con todo el mundo—cristianos, judíos, musulmanes—pero ellos no, ellos no quieren. Quieren estar solos en nuestras tierras, por eso nos persiguen.» Luego llegó la policía; fuimos detenid@s después de haber sido filmad@s por un colono, por el ejército y por la policía. Abracé fuertemente a estas mujeres que bordan su historia. En el autobús, una soldada explicó que esa mujer era una terrorista, que yo había abrazado a una terrorista, que toda su familia lo era, incluido el niño que nos sirvió café y té y tenía cuidado de nosotras. Después me reuní con mis compañer@s en el autobús; el propietario y otro agricultor también fueron detenidos. Ese autobús acabaría llevándonos, después de tres interrogatorios, toma de huellas, fotografías, un viaje a la frontera jordana, un paso por la policía fronteriza, hasta la prisión de Givon. Solo salimos de allí el martes 21 de octubre por la mañana, acusad@s de violar una zona militar, de participar en un grupo terrorista y de alterar el orden público. Supimos que los dos agricultores también fueron liberados ese mismo día, sin que nunca llegáramos a saber dónde habían sido retenidos.

Si se trata, ciertamente, de un objetivo económico para asfixiar la economía palestina en Cisjordania, se trata también de alimentar la mentira histórica forjada por el sionismo y sus aliados occidentales desde su llegada a Palestina: «Palestina era un desierto; la convertimos en un vergel». La realidad es muy distinta, y lejos de un vergel, lo que han hecho es un infierno.


Los paisajes luminosos, los vergeles, los cultivos en terrazas con muros de piedra seca salpican las colinas, los valles y sus habitantes. En el valle de Qana, por ejemplo, se accede a los olivares por un camino pedregoso (porque la carretera está prohibida por los colonos), atravesando campos de naranjos, limoneros, granados y colmenas, donde aún pasan algunos rebaños de cabras.


Un campesino del Partido Comunista Palestino al que ayudábamos a recoger las aceitunas señalaba en la ladera opuesta la antigua casa de piedra donde vivió antes de 1967, fecha de la invasión de las fuerzas de ocupación israelíes. Nos explicó que antes de la invasión poseía una tarjeta de identidad jordana, pues ese territorio estaba bajo protectorado jordano. Le fue confiscada por las fuerzas de ocupación el mismo día de la invasión. «Jordania combatió un día», nos dijo, «luego se marcharon y nos dejaron bajo los bombardeos israelíes». Desde entonces, los asentamientos se han multiplicado y «vivimos bajo la amenaza permanente de los colonos», dijo señalando las construcciones que cubren las cimas de las colinas como manchas que se extienden como una gangrena imposible de eliminar.

Estaba en los olivares de Beita el 10 de octubre junto a familias palestinas y decenas de otras personas voluntarias internacionales para recoger aceitunas. Fui testiga de uno de estos ataques. Y escribo ahora con urgencia para que la muerte de Aysam, con 13 años, no sea un número más añadido a una lista interminable. No será la última, lo sé. Otras personas ya han muerto desde entonces. Más palestin@s seguirán muriendo bajo los ataques de colonos y las intervenciones de las fuerzas armadas de ocupación. Y otr@s palestin@s seguirán en sus tierras, como lo han hecho desde hace milenios.


Durante uno de estos ataques, en una breve calma, seguí ayudando a una familia palestina a recoger aceitunas, metiéndolas en sacos mientras hablaba con una mujer. Le pregunté, en un inglés rudimentario, qué pensaba del alto el fuego en Gaza. Tras responder riendo «your English is broken!», me dijo tranquilamente, mientras seguía recogiendo: «Nunca han respetado un solo acuerdo; no respetarán este». Luego el ataque de los colonos volvió a comenzar. Esta vez, más numerosos, más violentos. Bajaban corriendo las colinas gritando, apedreando, disparando, incendiando coches. Los niños gritaban «¡Allahu Akbar!» y sus voces rebotaban de colina en colina, como si sus gritos pudieran repeler la brutalidad en la que han nacido.

Gritos contra las masacres, gritos para proteger sus tierras, sus hermanos, hermanas, madres, padres. Gritos para defenderse de una barbarie que desde 1948 arrasa a sus familias, sus casas, sus cosechas, devora sus tierras y vomita muerte bajo la mirada indiferente, a veces falsamente incómoda y otras acusadora, de todos esos ojos occidentales que les ordenan callar, desaparecer, sin ruido, en silencio sobre todo.

En cuanto los colonos empezaron a bajar de las colinas, el ejército —que se había colocado entre ellos y nosotr@s— nos roció inmediatamente con gases lacrimógenos.

Aysam inhaló uno de esos gases. Y murió.

L@s palestin@s, para protegernos, nos pidieron que nos retiráramos. Recogiendo a toda prisa algunas últimas aceitunas y llenando algunos sacos más, empezamos a retirarnos, a disgusto, pero lo hicimos. Y mientras nos marchábamos, y un compañero voluntario me decía: «Nosotr@s, nos vamos; ell@s se quedan», coches destartalados llenos de palestinos llegaban para intentar frenar los ataques desatados de los colonos.

Ese día, los colonos quemaron una decena de coches, volcaron una ambulancia e hirieron a más de 35 personas, entre ellas un fotoperiodista palestino, corresponsal de la AFP [Jaafar Ashtiyeh]. Entonces decidí escribir, contar un poco de lo que vi, después de tantas y tantos otros, porque sí, aunque todo esto no sirva de nada, «habrá que hacer algo», como escribe Éric Vuillard en un libro reciente.

Aysam tenía 13 años. Ya no es el último muerto de las atrocidades cometidas por un Estado criminal concebido por Estados nacidos de genocidios y/o cómplices de ellos durante siglos. Pero será también uno de una larga lista de rostros, de vidas que no ceden, que se niegan a rendirse, que no se venden, que siguen gritando al mundo que seguirán viviendo. Que los olivos volverán a florecer, que la cosecha será hermosa y el aceite verde y brillante como la tierra que lo produjo.

Que estas palabras sean tantas manchas indelebles, rojo sangre, tatuadas en las frentes despreciativas, altivas e inhumanas de los genocidas y de sus cómplices en todo el mundo.

 

On November 12, 2025, Aysam Jihan Ma’alla died in the West Bank. He was 13 years old
Testimony from a volunteer during the olive harvest in the West Bank

Anna Haunimat, 17/11/2025

Translated by Tlaxcala

Aysam, who had been in a coma for a month, died as a result of an attack by Israeli settlers and the intervention of the Israeli army using tear gas in Beita. Aysam Jihad Ma’alla was 13 years old; he was helping his family harvest olives alongside other farming families. He was not in Gaza. He was in Zone B in the West Bank, an area that was supposed to be fully returned to the Palestinians five years after the Oslo Accords (1993), but which remains under the civil control of the Palestinian Authority and the military control of the occupying forces.

“Geography is destiny”
—Ibn Khaldun

I left at the beginning of October 2025 for the West Bank to take part in the Harvest Zeytoun campaign with UAWC (Union of Agricultural Work Committees). The UAWC, headquartered in Ramallah, is an organisation that supports farmers in the West Bank. It was founded in 1986 and is affiliated with Via Campesina.

This Harvest Campaign has been renewed for several years and

aims to enable Palestinian families to secure their olive harvests thanks to the presence of international volunteers in the face of continuous attacks from Israeli settlers. “BAQA” (بقاء) — an Arabic word meaning “to stay” — symbolising steadfastness, rootedness, and resistance in the face of occupation and settler violence, is the name given to this campaign.

These attacks aim first and foremost to terrorise Palestinian farming families, preventing them from harvesting olives and pushing them to abandon their land. An “Israeli law” states that land not cultivated for two years is transferred to the occupying forces (+ 5,200 hectares confiscated by Israel between 08/10/2023 and 08/08/2025). The aim is also to make these lands unusable, in this case, the olive groves. Centuries-old olive trees or newly planted ones are uprooted and burned by settlers.


Violent and daily attacks by settlers against Palestinian families have intensified over the past three years (3,041 incidents, including 150 fatal ones, between 8/10/2023 and 8/08/2025).
52,300 olive trees have been destroyed in Gaza and the West Bank since 7 October 2023.
On 16/11/2025, according to the official Palestinian news agency WAFA, Ibrahim al-Hamed, Director General of Agriculture in Salfit, stated that 135 olive trees, at least seven years old and belonging to three farmers, had been uprooted in the Qana Valley within the locality of Deir Istiya. In the first eight months of 2025, the Israeli army issued orders to cut down trees over an area of 681 hectares in the occupied Palestinian territories. The October report from the Council on Israeli Violations indicates that, with the support of the Israeli army, settlers uprooted or damaged 1,200 olive trees on Palestinian land. [source]

The almost systematic destruction of olive trees by settlers deprives Palestinians of one of their essential resources. But it also contributes — since the establishment of the Zionist project in Palestine — to the fabrication of a myth: a land without people, an empty land. Since 1948, erasing all traces of prior presence has been a constant (nearly 500 villages were razed in 1948, 780,000 people expelled from their lands, without the right of return).

We volunteers, who set out hoping to try to slow this infernal machine of destruction, left every morning in small groups to help families with the harvest. Days without settler intervention forcing us to abandon the olive groves were rare. But when it was possible, it was a celebration! Finishing the harvest, eating together, sometimes even dancing.


But often too, we had to work quickly and in silence, like little ants trying to elude the settlers’ vigilance and finish before their attacks. On Thursday 16 November, we went to an olive grove near Huwara with a municipal councillor; once again we were attacked and chased away by settlers and the army. We then moved to another olive grove at the entrance to Burin, located right by the roadside, opposite the owner’s house. The army arrived very quickly and ordered us to leave, which we did, and we went to the farmer’s house, where he offered us coffee, tea, and pastries. The army entered his courtyard, claiming that we had violated a military zone.

After an hour, the army returned with a map indicating that this olive grove — including the farmer’s house — had been declared a military zone that very morning. This map, produced after a short while, showed how colonisation advances quietly: declaring land as military zones, confiscation, dispossession, and then the establishment of settlers on that same land.


During the absurd discussions with the army, I spoke with the owner and his wife. Seeing her embroidered headband and admiring its beauty, she called her daughters. They arrived with magnificent embroidered dresses, a belt embroidered with the names of Palestinian cities, and showed us the website of their shop filled with beautiful embroidered garments. 

We were “talking clothes,” in a sense, while the army penned us in their courtyard. She explained: “For us, this is every day. They enter, search the house claiming we are terrorists, sometimes arrest us. We can live with everyone — Christians, Jews, Muslims — but them, no, they don’t want to. They want to be alone on our land, that’s why they chase us away.” Then the police arrived; we were taken away after being thoroughly filmed by a settler, the army, and the police. I hugged tightly these women who embroider their history. In the bus, a female soldier explained that this woman was a terrorist, that I had hugged a terrorist, that her whole family was, including the little boy who had served us coffee and tea and taken care of us. Then I joined my comrades on the bus; the owner and another farmer were also arrested. That bus ultimately took us — after three interrogations, fingerprinting, photographs, a trip to the Jordanian border, a stop at border police, and finally to Givon prison — from which we were only released on Tuesday 21 October in the morning, accused of violating a military zone, participating in a terrorist group, and disturbing public order. We later learned the two farmers were also released the same day, though we never knew where they had been held.


If this is indeed an economic strategy to suffocate the Palestinian economy in the West Bank, it is just as much about fuelling the historical lie forged by Zionism and its Western allies: “Palestine was a desert; we made it a garden.” The reality is quite different: instead of an orchard, they have made it a hell.


The luminous landscapes, orchards, terraced fields with dry-stone walls cover the hills and valleys and their inhabitants. In the Qana Valley, for example, one reaches the olive groves by a stony path (because the road is forbidden by the settlers), walking through fields of orange, lemon, and pomegranate trees, and beehives, where a few goat herds still pass.



A farmer from the Palestinian Communist Party whom we helped with the olive harvest pointed to a stone house on the opposite hillside where he lived before 1967, the date of the Israeli occupation forces’ invasion. He explained that before the invasion he held a Jordanian identity card because the territory was under Jordanian mandate. It was confiscated by the occupation forces on the day of the invasion. “Jordan fought for one day,” he told us, “then they left and abandoned us under Israeli bombardment.” Since then, the settlements have multiplied, and “we live under the permanent threat of the settlers,” he said, pointing to the buildings that cover the hilltops, spreading like a gangrene impossible to eliminate.

I was in the olive groves in Beita on 10 October, alongside Palestinian families and dozens of other international volunteers. I witnessed one of these attacks. So I write now in urgency so that Aysam’s death at 13 years old does not become just another number added to an endless list. It will not be the last, I know. Others have already died since. Other Palestinians will continue to die under settler attacks and interventions by the occupying armed forces. And other Palestinians will remain on their land, as they have done for millennia.


During these attacks, in a brief lull, I kept helping a Palestinian family gather olives, putting them into sacks, talking with a woman. I asked her in rudimentary English what she thought of the ceasefire in Gaza. After laughing and saying, “Your English is broken!”, she calmly continued picking olives and said: “They have never respected a single agreement; they will not respect this one.” Then the settlers attacked again. This time, more numerous, more violent. They came charging down the hills screaming, stoning, shooting, burning cars. Children were shouting “Allahu Akbar!” and their voices echoed from hill to hill, as if their cries could push back the savagery in which they were born.

Cries against massacres, cries to protect their land, their brothers, sisters, mothers, fathers. Cries to defend themselves from a barbarism which, since 1948, has taken their families, homes, harvests, engulfed their land, and spewed death under the indifferent, sometimes falsely embarrassed, often accusatory gaze of Western eyes urging them to be silent, to disappear quietly, silently, above all.

As soon as the settlers began running down the hills, the army — which had positioned itself between the settlers and us — immediately fired tear gas at us.


Aysam inhaled the gas. It killed him.

The Palestinians, trying to protect us, asked us to withdraw. Hastily gathering a few more olives and filling a few more sacks, we began to leave — reluctantly, but we did. As we left, and as a fellow volunteer told me, “We are leaving; they remain,” rickety cars full of Palestinians arrived, trying to slow the frenzied settler attacks.

That day, settlers burned about ten cars, overturned an ambulance, and injured more than 35 people, including a Palestinian photojournalist and AFP correspondent [[Jaafar Ashtiyeh]. So I am writing now, to tell a little of what I saw — after many others, certainly — because yes, even if all this changes nothing, “something will have to be done,” as Éric Vuillard put it in a recent book.


Aysam was 13 years old. He is already no longer the last victim of the atrocities committed by a criminal state conceived by states born of genocide and/or complicit in them for centuries. But he will also be part of a long list of faces, of lives that do not give in, that refuse to surrender, that do not sell out, that continue to shout to the world that they will live. That the olive trees will bloom again, that the harvest will be beautiful, and that the oil will be green and bright like the land that produced it.


May these words be as many indelible stains, blood red, tattooed on the disdainful, still haughty, and inhuman foreheads of the genocidaires and their accomplices around the world.

 

29/11/2025

Transformaciones de la doctrina de seguridad israelí tras la guerra con Irán: lecciones aprendidas y estrategias futuras de disuasión

Ameer Makhoul, Progress Center for Policies, 27-11-2025

النسخة العربية:

تحولات العقيدة الأمنية الإسرائيلية بعد حرب إيران: الدروس المستخلصة واستراتيجيات الردع المقبلة

Traducido por Tlaxcala

Introducción

Las declaraciones de responsables militares y de seguridad israelíes —junto con los acontecimientos sobre el terreno en Líbano, Siria y Cisjordania— indican un cambio estructural en la doctrina de seguridad de Israel en el periodo posterior a la guerra Israel–Irán, tras las repercusiones del fracaso del 7 de octubre de 2023 y la guerra en múltiples frentes.
Estos indicadores revelan una reformulación integral de los conceptos militares, los pilares de la disuasión y los marcos operativos. Reflejan un desplazamiento desde estrategias de contención y disuasión mutua hacia enfoques más ofensivos y preventivos centrados en la destrucción anticipada, la redefinición de la profundidad del combate y la imposición de una guerra de desgaste unilateral y continua sin provocar respuestas.

Este documento analiza estas transformaciones mediante una metodología comparativa que combina el discurso militar israelí con evaluaciones de campo, y anticipa sus implicaciones para el entorno regional.


La Guerra de doce días, por Thiago, Brasil

 

I. Implicaciones estratégicas de las declaraciones militares israelíes

1. La «audacia» de Irán y el cambio en la percepción de la amenaza

Boaz Levy, director general de Israel Aerospace Industries, afirmó en la conferencia UVID2025 que «la mayor sorpresa no fue tecnológica, sino comportamental», refiriéndose a la disposición de Irán a lanzar un «volumen sin precedentes de misiles contra el corazón de Israel».
Esta evaluación señala un cambio importante en la percepción israelí del riesgo iraní: no solo como una amenaza tecnológica, sino como prueba de la voluntad de Irán de entablar una confrontación directa y costosa en el interior de Israel.

Bajo esta lectura, Israel prioriza el fortalecimiento de sus capacidades de defensa antimisiles, especialmente los sistemas avanzados Arrow-4 y Arrow-5, desarrollados en estrecha asociación con USA.

2. Evaluación del INSS: oportunidades estratégicas perdidas y el creciente poder de Hezbolá

Tamir Hayman, director del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS), sostiene que Israel sigue «perdiendo oportunidades estratégicas», especialmente aquellas que podrían haber frenado el rearme de Hezbolá tras el alto el fuego.
Su análisis se basa en la siguiente ecuación:

  • Si Hezbolá continúa desarrollando sus capacidades más rápido de lo que Israel puede erosionarlas,
  • Israel se enfrentará a dos opciones: adaptarse al ascenso de Hezbolá o iniciar una nueva guerra.

Hayman añade que, desde la perspectiva israelí, una «dominación yihadista respaldada por Turquía» podría ser menos peligrosa que una «hegemonía iraní que fortalece a Hezbolá».

Estas declaraciones enmarcan el comportamiento militar israelí en Líbano y Siria, y refuerzan la visión israelí de que la principal amenaza en el norte es el eje Irán–Hezbolá.

II. Transformaciones en el terreno en la conducta militar israelí

1. De la contención a «terminar con la contención»: la doctrina de neutralización preventiva

Las operaciones israelíes en el sur del Líbano muestran un cambio desde la contención y la disuasión recíproca hacia una doctrina de neutralización preventiva de amenazas antes de que maduren.
Este enfoque se basa en:

  • Ampliar el alcance de la acción militar para incluir amenazas potenciales y no solo presentes.
  • Desarrollar inteligencia operativa con capacidades «transfronterizas», que requieren una coordinación sofisticada con USA, Reino Unido y Alemania.
  • Atacar la infraestructura de mando y control en zonas más profundas del Líbano, y no solo cerca de la frontera.

El objetivo es desmantelar la capacidad militar de Hezbolá antes de que se convierta en una amenaza estratégica.

2. El impacto del 7 de octubre: reconstrucción del marco de referencia de seguridad

El fracaso del 7 de octubre de 2023 marcó un punto de inflexión decisivo. «Prevenir otro 7 de octubre» estructura ahora todas las políticas de seguridad, alineadas con el concepto de Netanyahu de un «Israel espartano», que implica:

  • Militarización de la sociedad y de la economía.
  • Priorizar los enfoques de seguridad frente a soluciones políticas.
  • Ampliar las acciones preventivas por encima de la gestión del conflicto.

En este contexto, Israel está implementando el proyecto del «Nuevo Levante» en los territorios sirios ocupados —un sistema avanzado de fortificaciones apoyado por vigilancia impulsada por IA en cinco posiciones avanzadas— para bloquear cualquier maniobra o infiltración hacia los Altos del Golán ocupados.

Israel también ha establecido nueve nuevos emplazamientos operativos, reforzando el giro hacia una presencia militar sostenida.

3. Sur del Líbano: producción de una zona tapón de facto

El despliegue israelí en el sur del Líbano revela un enfoque sistemático destinado a:

  • Crear condiciones operativas para una zona tapón de facto sin declaración formal.
  • Consolidar cinco posiciones operativas principales.
  • Atacar los suburbios del sur de Beirut para vincular la geografía del campo de batalla con la presión estratégica.

Estas medidas buscan reconstruir una disuasión unilateral reduciendo la capacidad de Hezbolá para rearmarse, maniobrar o lanzar respuestas proporcionales.

III. Giro en Cisjordania: de la vigilancia al cierre estratégico

Con el pretexto de impedir «otra operación similar al 7 de octubre», el ejército israelí ha adoptado un modelo en Cisjordania que incluye:

  • Desplazamiento continuo de los bastiones armados (campos de refugiados de Yenín, Tulkarem).
  • Designación de amplias zonas como áreas militares cerradas.
  • Imposición de restricciones prolongadas al movimiento civil.
  • Trasladar la lucha a la profundidad del adversario mediante operaciones preventivas a gran escala.

Esto refleja el fin de las políticas tradicionales de contención en favor de un modelo basado en el control militar total.

 


Emad Hajjaj, Palestina/Jordania

IV. La guerra de drones: la forma de la próxima confrontación

Las evaluaciones israelíes indican que las guerras futuras girarán en torno a drones ofensivos y defensivos, y que Israel debe trasladar todo el teatro de conflicto al territorio enemigo para evitar ataques contra su propia profundidad.
En consecuencia, Israel está redefiniendo su doctrina fronteriza en torno al principio de «distanciamiento preventivo de las amenazas», en lugar de limitarse a interceptarlas.

La reciente evacuación a gran escala de los residentes del norte se ve cada vez más en Israel como un «error estratégico», lo que impulsa al ejército a construir fronteras defensivas más profundas que impidan trasladar la guerra al frente interno.

 

V. De la dependencia a la asociación: transformación de las relaciones entre USA e Israel

Israel busca pasar de una dependencia unilateral del apoyo usamericano a una asociación estratégica mutuamente beneficiosa, particularmente en:

  • Tecnología militar.
  • Defensa antimisiles.
  • Guerra basada en inteligencia artificial.

Israel considera que el creciente poder tecnológico de Irán — en parte basado en tecnología china — es un motor clave para profundizar la cooperación militar-tecnológica con USA, asegurando una posición avanzada en la carrera global por la superioridad tecnológica.

 

Conclusión

La doctrina de seguridad israelí emergente se caracteriza por:

  • La ausencia de un horizonte político, con los enfoques militares eclipsando la diplomacia, y el auge del relato del «Israel espartano».
  • La reconstrucción de la disuasión trasladando la guerra a la profundidad de los adversarios y reemplazando la disuasión mutua por una disuasión unilateral basada en la superioridad militar y tecnológica.
  • La transformación de la geografía circundante en zonas tapón implícitas (sur del Líbano, Golán y sur de Siria, partes de Cisjordania y Gaza).
  • La adopción de un modelo de guerra en múltiples frentes, que requiere una superioridad tecnológica e informativa combinada, desarrollada conjuntamente con USA.
  • Una fuerte inversión en el complejo militar-industrial como garante principal de una disuasión sostenida y de la superioridad cualitativa.
  • Una redefinición de las relaciones con USA, pasando del patrocinio a una asociación estratégica frente al eje militar-tecnológico Irán–China.

Les transformations de la doctrine sécuritaire israélienne après la guerre avec l’Iran : enseignements tirés et stratégies futures de dissuasion

Ameer Makhoul, Progress Center for Policies, 27/11/2025

 :النسخة العربية

تحولات العقيدة الأمنية الإسرائيلية بعد حرب إيران: الدروس المستخلصة واستراتيجيات الردع المقبلة

 Traduit par Tlaxcala

Introduction

Les déclarations des responsables militaires et sécuritaires israéliens — ainsi que les évolutions sur le terrain au Liban, en Syrie et en Cisjordanie — indiquent un changement structurel dans la doctrine sécuritaire d’Israël durant la période qui a suivi la guerre Israël–Iran, à la suite des répercussions de l’échec du 7 octobre 2023 et de la guerre multi-fronts. Ces indicateurs révèlent une reformulation complète des concepts militaires, des piliers de la dissuasion et des cadres opérationnels. Ils reflètent un passage de stratégies de confinement et de dissuasion mutuelle vers des approches plus offensives et préventives, centrées sur la destruction proactive, la redéfinition de la profondeur d’engagement et la volonté d’imposer une guerre d’usure unilatérale et continue sans provoquer de réponses.

Ce document analyse ces transformations à travers une méthodologie comparative combinant discours militaire israélien et évaluations de terrain, et anticipe leurs implications pour l’environnement régional.

Guerre des 12 jours, par Thiago, Brésil

I. Implications stratégiques des déclarations militaires israéliennes

1. La « hardiesse » de l’Iran et l’évolution de la perception de la menace

Boaz Levy, PDG d’Israel Aerospace Industries, a déclaré lors de la conférence UVID2025 que « la plus grande surprise n’était pas technologique, mais comportementale », faisant référence à la disposition de l’Iran à lancer un « volume sans précédent de missiles au cœur d’Israël ».
Cette analyse signale un changement majeur dans la perception israélienne du risque iranien — non seulement comme menace technologique, mais comme preuve de la volonté de l’Iran d’engager une confrontation directe à haut coût au cœur même d’Israël.

Dans cette perspective, Israël accorde la priorité au renforcement de ses capacités de défense antimissile, notamment les systèmes avancés Arrow-4 et Arrow-5, développés en étroite coopération avec les USA.

2. Évaluation de l’INSS : opportunités stratégiques manquées et montée en puissance du Hezbollah

Tamir Hayman, directeur de l’Institut d’études de sécurité nationale (INSS), affirme qu’Israël continue de « manquer des opportunités stratégiques », notamment celles qui auraient pu stopper le réarmement du Hezbollah après le cessez-le-feu.
Son analyse repose sur l’équation suivante :

  • Si le Hezbollah continue de renforcer ses capacités plus vite qu’Israël ne peut les éroder,
  • Israël devra choisir entre s’adapter à cette montée en puissance et lancer une nouvelle guerre.

Hayman ajoute que, du point de vue israélien, une « domination jihadiste soutenue par la Turquie » pourrait être moins menaçante qu’une « hégémonie iranienne qui renforce le Hezbollah ».

Ces déclarations structurent le comportement militaire israélien au Liban et en Syrie et renforcent l’idée, dominante en Israël, que la principale menace au nord est l’axe Iran–Hezbollah.

II. Transformations sur le terrain dans la conduite militaire israélienne

1. Du confinement à la « fin du confinement » : la doctrine de neutralisation préventive

Les opérations israéliennes dans le sud du Liban indiquent une transition du confinement et de la dissuasion réciproque vers une doctrine de neutralisation préventive des menaces avant qu’elles ne mûrissent.
Cette approche repose sur :

  • L’élargissement du champ d’action militaire aux menaces potentielles, et non seulement présentes ;
  • Le développement d’un renseignement opérationnel doté de capacités « transfrontalières », nécessitant une coordination sophistiquée avec les USA, le Royaume-Uni et l’Allemagne ;
  • Le ciblage d’infrastructures de commandement et de contrôle plus en profondeur au Liban, et non seulement proches de la frontière.

L’objectif est de démanteler les capacités militaires du Hezbollah avant qu’elles ne deviennent une menace stratégique.

2. L’impact du 7 octobre : reconstruire le cadre de référence sécuritaire

L’échec du 7 octobre 2023 a marqué un tournant décisif. « Empêcher un autre 7 octobre » structure désormais l’ensemble des politiques sécuritaires, en ligne avec le concept de « l’Israël spartiate » de Netanyahou, qui implique :

  • La militarisation de la société et de l’économie ;
  • La priorité accordée aux solutions sécuritaires plutôt que politiques ;
  • L’expansion des actions préventives au détriment de la gestion du conflit.

Dans ce contexte, Israël met en œuvre le projet du « Nouveau Levant » dans les territoires syriens occupés — un système avancé de fortifications appuyé par une surveillance basée sur l’IA à travers cinq positions avancées — afin de bloquer toute manœuvre ou infiltration vers le Golan occupé.

Israël a également établi neuf nouveaux sites opérationnels, consolidant un virage vers une présence militaire permanente.

3. Sud-Liban : produire une zone tampon de facto

Le déploiement israélien dans le sud du Liban révèle une approche systématique visant à :

  • Créer les conditions opérationnelles d’une zone tampon de facto sans déclaration officielle ;
  • Consolider cinq positions opérationnelles principales ;
  • Cibler la banlieue sud de Beyrouth afin de relier la géographie du champ de bataille à une pression stratégique.

Ces mesures visent à reconstruire une dissuasion unilatérale tout en réduisant la capacité du Hezbollah à se réarmer, manœuvrer ou lancer des ripostes proportionnelles.

III. Tournant en Cisjordanie : de la surveillance à la fermeture stratégique

Sous prétexte d’empêcher « une opération de type 7 octobre », l’armée israélienne a adopté un modèle en Cisjordanie fondé sur :

  • Le déplacement continu des camps (de réfugiés)-bastions armés (Jénine, Tulkarem) ;
  • La désignation de vastes zones comme zones militaires fermées ;
  • L’imposition de restrictions prolongées sur la circulation des civils ;
  • La projection du combat dans la profondeur de l’adversaire via des opérations préventives de grande ampleur.

Cela marque la fin des politiques traditionnelles de confinement au profit d’un modèle reposant sur un contrôle militaire total.

 

Emad Hajjaj, Palestine/Jordanie

IV. La guerre des drones : la forme de la prochaine confrontation

Les évaluations israéliennes indiquent que les guerres futures se structureront autour des drones offensifs et défensifs, et qu’Israël doit déplacer l’ensemble du théâtre de conflit en territoire ennemi afin d’empêcher les attaques sur sa propre profondeur.
En conséquence, Israël redéfinit sa doctrine frontalière autour du principe de « l’éloignement préventif des menaces » plutôt que leur simple interception.

La récente évacuation à grande échelle des habitants du nord est de plus en plus considérée en Israël comme une « erreur stratégique », poussant l’armée à construire des frontières défensives plus profondes pour empêcher le transfert de la guerre vers le front intérieur.

V. De la dépendance au partenariat : transformation des relations usaméricano-israéliennes

Israël cherche à passer d’une dépendance unilatérale envers les USA à un partenariat stratégique mutuellement bénéfique, en particulier dans :

  • La technologie militaire ;
  • La défense antimissile ;
  • La guerre fondée sur l’intelligence artificielle.

Israël considère la montée en puissance technologique de l’Iran — en partie basée sur la technologie chinoise — comme un facteur clé pour approfondir la coopération militaro-technologique avec les USA, afin de garantir une position avancée dans la course mondiale à la supériorité technologique.

Conclusion

La doctrine sécuritaire israélienne en train d’émerger se caractérise par :

  • L’absence d’horizon politique, les approches militaires éclipsant la diplomatie et la montée du récit de « l’Israël spartiate » ;
  • La reconstruction de la dissuasion par le déplacement de la guerre dans la profondeur des adversaires et le remplacement de la dissuasion mutuelle par une dissuasion unilatérale basée sur la supériorité militaire et technologique ;
  • La transformation de la géographie environnante en zones tampons implicites (sud-Liban, Golan et sud de la Syrie, parties de la Cisjordanie et de Gaza) ;
  • L’adoption d’un modèle de guerre multi-fronts, nécessitant une supériorité technologique et informationnelle combinée, développée conjointement avec les USA ;
  • Un investissement massif dans le complexe militaro-industriel comme principal garant d’une dissuasion durable et d’une supériorité qualitative ;
  • Une redéfinition des relations avec les USA, passant du patronage au partenariat stratégique face à la connexion militaire et technologique Iran–Chine.