29/11/2025

Economía del genocidio Économie du génocide Economics of the genocide اقتصاد الإبادة

 


Les pensions d’un Norvégien ou d’une Canadienne peuvent-elles contribuer au génocide à Gaza ?

Voici un nouvel épisode de l’économie du génocide, une série destinée à résumer le rapport de la rapporteuse des Nations unies, Francesca Albanese. Le génocide ne s’exécute pas seulement : il se finance. Et sans cet argent public et privé, la machine d’occupation ne pourrait pas se maintenir un seul jour.

Ces entreprises financent la dette israélienne, permettant son niveau exorbitant de dépenses en armement.
L’Union européenne ne peut pas continuer d’en être complice à travers ses banques, ses investissements ou son inaction politique.
Partagez cette vidéo pour que ne soit pas dissimulé le cheminement de l’argent qui alimente l’occupation.

Des banques comme BNP ou Barclays, des fonds d’investissement comme BlackRock, ainsi que d’autres entreprises internationales comme Vanguard ou Allianz, canalisent du capital vers des projets directement liés à des violations des droits humains, à la construction de colonies, à l’infrastructure militaire, à la surveillance de masse ou à l’exploitation de ressources volées.

Mais il n’y a pas que le secteur privé. Les fonds de pension du gouvernement norvégien ou du Québec investissaient dans certaines entreprises mentionnées dans le rapport — même si, bonne nouvelle, le Fonds norvégien a rectifié.

Albanese explique également comment la diaspora ultra-orthodoxe et des organisations de colons reçoivent des dons de plusieurs millions provenant des États-Unis et d’Europe, déductibles des impôts et destinés à maintenir et étendre les colonies illégales.

Quand nous parlons de génocide, nous parlons aussi de ceux qui le financent.

هل يمكن لمعاش تقاعدي يخصّ نرويجياً أو كندية أن يساهم في الإبادة الجماعية في غزة؟
هذه حلقة من سلسلة اقتصاد الإبادة الجماعية التي تلخّص تقرير مقررة الأمم المتحدة الخاصة، فرانشيسكا ألبانيزي. فالإبادة لا تُنفَّذ فحسب، بل تُموَّل أيضاً. ومن دون هذا المال العام والخاص، ما كانت آلة الاحتلال لتصمد يوماً واحداً.

بنوك مثل BNP وBarclays، وصناديق استثمارية مثل BlackRock، وشركات دولية أخرى مثل Vanguard وAllianz، توجّه رؤوس أموال نحو مشاريع مرتبطة مباشرة بانتهاكات حقوق الإنسان، وبناء المستوطنات، والبنية التحتية العسكرية، والمراقبة الشاملة، واستغلال الموارد المنهوبة.
هذه الشركات تموّل الدين الإسرائيلي وتتيح له مستوى إنفاق عسكرياً هائلاً.

وليس القطاع الخاص وحده المعني. فصناديق التقاعد التابعة لحكومتي النرويج وكيبك كانت تستثمر في شركات ورد ذكرها في التقرير — مع الإشارة إلى خبر جيّد: الصندوق النرويجي تراجع عن ذلك.

كما تشرح ألبانيزي كيف تتلقى الجاليات اليهودية المتشددة ومنظمات المستوطنين تبرعات بملايين الدولارات من الولايات المتحدة وأوروبا، تُخصم من الضرائب وتُخصَّص لدعم المستوطنات غير القانونية وتوسيعها.

عندما نتحدث عن الإبادة الجماعية، فإننا نتحدث أيضاً عن الذين يموّلونها.
ولا يمكن للاتحاد الأوروبي أن يستمر في التواطؤ عبر مصارفه واستثماراته أو عبر تقاعسه السياسي.
انشروا هذا الفيديو حتى لا يُخفى مسار الأموال التي تغذّي الاحتلال.

Can the pensions of a Norwegian man or a Canadian woman contribute to the genocide in Gaza?
This is an installment of the economics of genocide, a series summarizing the report of the UN Special Rapporteur, Francesca Albanese. Genocide is not only carried out — it is also financed. And without this public and private money, the machinery of occupation could not last a single day.

Banks such as BNP and Barclays, investment funds like BlackRock, and other international companies such as Vanguard or Allianz channel capital into projects directly linked to human rights violations, settlement construction, military infrastructure, mass surveillance, or the exploitation of stolen resources.
These companies are financing Israeli debt, enabling its exorbitant military spending.

But it is not only the private sector. The pension funds of the Norwegian and Quebec governments were investing in companies mentioned in the report — though, good news, the Norwegian Fund has now reversed course.

Albanese also explains how the ultra-Orthodox diaspora and settler organizations receive multimillion-dollar donations from the United States and Europe, tax-deductible and aimed at sustaining and expanding illegal settlements.

When we speak of genocide, we are also speaking of those who finance it.
The European Union cannot continue to be complicit through its banks, its investments, or its political inaction.
Share this video so that the flow of money feeding the occupation is not hidden.

28/11/2025

¿Estuvo Israel detrás del atentado contra una sinagoga de Bagdad en 1951? Un nuevo documental israelí reabre el caso

Nirit Anderman, Haaretz, 6-11-2025
Traducido por Tlaxcala

Durante años, muchos emigrantes iraquíes judíos creyeron que Israel había estado detrás del ataque que destrozó a su comunidad para acelerar su Aliyá. Un nuevo documental reabre el caso.


Fotograma de “The Baghdad Files”. «Después de trabajar en esta película, yo también echo de menos Bagdad». Fotos de Ephrati Productions fotoshopeadas por Yaron Shin (Jewboy)

El 4 de enero de 1951, una fuerte explosión devastó la sinagoga Masouda Shem-Tov, en el corazón de Bagdad. «La sinagoga fue bombardeada desde una casa cercana (…) Logré escapar con el resto de la multitud —unas 600 o 700 personas— que huyó presa del pánico», contó Ezra Naim, un judío que había emigrado de Irak, a un periodista de Davar un par de semanas después. El rumor que circulaba entonces entre los judíos de Bagdad era que emisarios de Israel habían lanzado la granada dentro de la sinagoga.

«Lo había oído también de policías y funcionarios», dijo Naim. «Muchos judíos de Bagdad y de otras ciudades están encerrados en sus casas, rezando mucho y esperando la inmigración.»

El informe del 19 de enero en Davar pasó casi desapercibido, enterrado entre muchas otras noticias. Pero la posibilidad de que agentes israelíes hubieran arrojado la granada —que mató a cuatro personas e hirió a decenas— ha indignado y atormentado durante años a muchos inmigrantes iraquíes.


El director Avida Livni. «Quiero que digan que hice una buena película.» Foto David Bachar

Aunque las autoridades iraquíes arrestaron a tres activistas sionistas tras el ataque —ejecutando a dos de ellos— Israel ha negado siempre cualquier implicación en este incidente y en otros cuatro ataques contra la comunidad judía de Bagdad entre 1950 y 1951.

Sin embargo, los judíos bagdadíes siguieron desconfiando. Incluso tras llegar a Israel, muchos mantuvieron durante décadas que los responsables de la explosión —considerada un catalizador de la gran ola migratoria durante la Operación Ezra y Nehemías en los años cincuenta— no eran enemigos de la comunidad, sino emisarios del propio Estado israelí. Israel podría haber despejado fácilmente la duda publicando las conclusiones de sus investigaciones oficiales. En cambio, se ha negado a revelarlas.

Extrañando Bagdad

Más de siete décadas después de la explosión, la controversia resurge en un nuevo documental: Baghdad Files, dirigido por Avida Livni, proyectado en el Festival de Cine de Haifa y posteriormente en Kan 11. «Alguien lanzó esa granada, y el hecho de que hoy no sepamos quién lo hizo se debe a fuerzas que impiden que lleguemos a la verdad», dice Livni. «Cuando te bloquean el acceso a la verdad, empiezas a buscarla, y solo te quedan historias y conjeturas. Para un director que busca un documental interesante, lleno de giros, es un punto de partida fascinante.»

El motor dramático de la película es una caja de documentos que permaneció durante décadas en los archivos de la Universidad de Yale sin que nadie la advirtiera. Eran los papeles del periodista israelí Baruch Nadel, antiguo miembro de la milicia clandestina sionista Lehi, que escribió para Yedioth Ahronoth y Ha’olam Hazeh, entre otras publicaciones. En los años cincuenta, Nadel visitó las ma’abarot —campos de tránsito para los inmigrantes iraquíes recién llegados— y quedó impactado por sus condiciones inhumanas.

«Me encontré con personas en un proceso de desintegración mental, física y social», escribió entonces. «Algunos, que habían logrado preservar su humanidad, me dijeron que habían emigrado porque bombas les habían sido lanzadas por judíos iraquíes bajo órdenes de Israel.»

A lo largo de los años, Nadel volvió repetidamente a entrevistarlos y recopiló aún más testimonios. Cada vez más judíos bagdadíes le aseguraban que emisarios israelíes estaban detrás de los ataques. Nadel transcribió fielmente sus relatos, pero cuando quiso publicarlos, se enfrentó a negativas oficiales.

Una década después, cuando un editor israelí le encargó un libro sobre la Operación Ezra y Nehemías, Nadel dejó claro que escribiría que Israel había estado detrás de los atentados. Alarmado, el editor canceló el proyecto.


Inmigrantes iraquíes en campos de tránsito, años 1950. Nadel escribió que encontró «a personas en proceso de desintegración mental, física y social». Foto Meitar Collection, Pritzker Family National Photography Collection, Biblioteca Nacional de Israel

Finalmente, Nadel expresó sus acusaciones en una entrevista publicada en 1977 en la revista Bamaaracha, centrada en la discriminación contra los judíos mizrajíes. El resultado fue una demanda por difamación presentada por Mordejai Ben-Porat, uno de los organizadores de la inmigración judía iraquí.

Nadel comenzó a preparar su defensa, pero su vida se derrumbó. Su hija, entrevistada en la película, cuenta que, tras la muerte de su hijo, él decidió abandonar todo. Firmó un acuerdo con Ben-Porat, dejó Israel por USA, depositó sus archivos personales en Yale —con una nota dirigida al «futuro investigador de este material»— y murió en Nueva York en 2014.

Tres años después, los profesores Yehouda Shenhav-Shahrabani y Hannan Hever descubrieron los documentos y publicaron un artículo titulado Violence in Baghdad (1950–1951), Violence of the Archives. Según Livni, fue el periodista Itay Ziv [crítico de televisión de Haaretz] quien le habló por primera vez del hallazgo y propuso hacer un documental.

El secreto y la ocultación no hacen sino profundizar las sospechas. Nadie investigó esto tan a fondo como Baruch Nadel, y él tenía nombres específicos, recurrentes. Lamento sobre todo no haber hecho esta película hace diez años, cuando aún había muchos más testigos.
Avida Livni

Debido a la pandemia, Livni no pudo consultar los documentos físicamente y pasó horas delante del ordenador leyendo el material digitalizado. «Era como leer una novela de suspense», dice. «Me quedaba despierto toda la noche leyendo los testimonios. Había de todo: historias personales, documentos, conclusiones. En un momento pensé: ya tenemos película, incluso si no hay una respuesta definitiva a quién lanzó la granada.»

En lugar de realizar un relato histórico lineal, Livni eligió centrar la película en la caja de documentos. Según él, contiene unos 117 testimonios recopilados por Nadel. El espectador sigue su investigación a través de los años cincuenta, sesenta y setenta. Se entrelazan testimonios nuevos de sobrevivientes actuales —como Geula El’ani, que recuerda a su madre decir que la clandestinidad judía lanzó la granada— junto a descendientes de segunda y tercera generación que siguen cargando heridas sin cerrar.



Nadel en 1972. Dejó sus hallazgos «al futuro investigador de este material». Foto
 The Dan Hadani Collection, Biblioteca Nacional de Israel

Una comunidad judía próspera antes del éxodo

Baghdad Files relata la historia de la comunidad judía de Irak, bien establecida y próspera, una gran parte de la cual —pese al trauma del pogromo del Farhud en 1941— continuó viviendo cómodamente junto a sus vecinos musulmanes. Por eso, tras la creación de Israel, muchos no tenían prisa por hacer aliyá. A diferencia de las clases populares, las élites —médicos, comerciantes, intelectuales— evitaron inscribirse para emigrar.

En el documental, Shenhav-Shahrabani señala que en abril de 1949 se propuso en el Mossad Le’Aliyah Bet (ramo de la Haganh encargado de la inmigración) arrojar «granadas de susto» en cafés frecuentados principalmente por judíos, junto con panfletos instándolos a abandonar Irak, para acelerar su salida. Tras el ataque de la sinagoga en 1951, más de 80 000 judíos solicitaron renunciar a su ciudadanía iraquí para emigrar a Israel: en pocos meses, la comunidad prácticamente desapareció.

La película muestra una Bagdad vibrante y floreciente antes de los ataques. «Esa granada simboliza la pérdida —la ruptura violenta de todo eso», dice Livni. «Después de trabajar en esta película, yo también echo de menos Bagdad.» Fotografías raras de la sinagoga Masouda Shem-Tov y relatos de niños asesinados y familias separadas ofrecen una imagen de pérdida colectiva. El testimonio de El’ani sobre el niño huérfano asesinado ante sus ojos —abandonado allí por sus padres adoptivos para que lo llevaran a Israel— es especialmente desgarrador.


El profesor Yehouda Shenhav-Shahrabani. Habló de «granadas de susto» lanzadas en cafés.
Foto Avner Shahaf

«Y luego llegan aquí, y de repente ven que quizá no es mejor aquí», dice Livni. «Algunos hablaban de un “sionismo cruel”, que era mejor hacer un sacrificio allá para traer a todos aquí y construir un país. Digamos que, en términos fríos y matemáticos, quizá es cierto. Pero ese niño huérfano abandonado —¿qué matemática justifica eso?»

Para Livni, el caso de la granada no es solo un hecho histórico, sino una parábola permanente sobre decisiones políticas e institucionales tomadas a costa de individuos. «Esto pasa en todas partes: la gran matemática destruye la vida de quienes solo quieren vivir», señala. «La guerra, los desalojos, las promesas rotas… El establishment siempre miente porque debe protegerse. Si dijera la verdad, casi no habría películas ni libros ni investigaciones.»

«El establishment siempre miente»

Según Livni, el establishment mintió cuando envió ciudadanos a asentarse en el Sinaí ocupado sin decirles que pronto serían desalojados; mintió cuando envió soldados a luchar en los últimos años prometiendo que si Gaza era ocupada, todo estaría bien; y ha mentido durante años a los residentes de la frontera de Gaza.

«Estoy haciendo ahora una película sobre los “Zorros de Kfar Aza”, el equipo de fútbol del kibutz. Algunos miembros fueron asesinados el 7 de octubre, y el equipo jugó un partido tres días después, en el kibutz Shefayim —descalzos— porque sus zapatos se habían quemado. Mantienen el equipo unido con todo lo que tienen. Son personas que no creen en el establishment, porque los traicionó. Los traicionó mucho antes del 7 de octubre, pero solo entonces lo comprendieron. Hablas con ellos y enseguida entiendes: tu rol aquí es ser un peón. Hoy estás aquí, mañana allí.»

El establishment israelí creó comisiones de investigación sobre el atentado en la sinagoga Masouda Shem-Tov, pero sus conclusiones siguen clasificadas. En Baghdad Files, Livni intenta acceder a estos materiales y descubre que están guardados en archivos estatales inaccesibles al público. Nadie puede leerlos.


Escritos de Nadel en la película. «Nadie investigó esto tan a fondo como él.» Foto “Baghdad Files”

«El secreto y la ocultación no hacen sino profundizar las sospechas», dice Livni. «Nadel recopiló testimonios por todo el país. Tenía nombres específicos, repetidos. Fuimos cuidadosos al no mencionarlos explícitamente, también por consideraciones legales. Lo que más lamento es no haber hecho esta película diez años antes, cuando todavía había muchos más testigos vivos.»

Para él, el silencio —el intento del establishment de enterrar la verdad— es el verdadero peligro. «Es como cuando de niño hiciste algo malo y esperas el castigo —estás listo para afrontarlo— pero nada ocurre. Se convierte en un secreto que guardas quizá con unas pocas personas —y ese secreto arde durante años, no se apaga. Porque todo lo silenciado acaba vengándose.»

La película muestra que la nueva generación de inmigrantes iraquíes también busca respuestas. «Es, sobre todo, el deseo de justicia. El Estado ya está establecido, todos están aquí, pero nuestra historia quedó atrás. Quieres saber la verdad: por qué mataron a tu abuelo, por qué murió ese niño», dice Livni. «Quieres saber, y alguien te detiene: “No vas a saber.” ¿Por qué? Son sus familias. Que revelen la verdad. Que muestren lo que tienen. Y hay un millón de casos así: los niños yemenitas [denuncias de que miles de niños inmigrantes yemeníes fueron secuestrados y dados en adopción en los primeros años del Estado de Israel], Pfizer [acuerdo entre Israel y Pfizer para suministrar vacunas contra la COVID-19 a cambio de datos médicos]… pero el establishment no dirá la verdad porque necesita proteger su poder.»

Sin embargo, Livni insiste en que la verdadera prueba de la película no es su importancia histórica, sino su calidad cinematográfica. «No quiero que digan que hice algo importante; quiero que digan que hice una buena película.» Y en efecto, Baghdad Files ofrece algo más que una crónica histórica: nostalgia por la Bagdad anterior a la explosión, la investigación de Nadel, las intrigas y el ocultamiento. Livni y la montadora Tal Shefi logran combinar nostalgia, documental detectivesco, trauma intergeneracional y una injusticia histórica sufrida por los judíos de países árabes a manos del establishment asquenazí fundador del Estado.

Al final, la pregunta «¿quién lanzó la granada?» se desvanece, dejando espacio a otras: ¿qué significa un secreto nacional nunca revelado? ¿Qué ocurre cuando toda una comunidad lleva una memoria que contradice la narrativa oficial? ¿Cuál es el precio del silencio? ¿Y quién lo paga? Baghdad Files cumple el deseo de Nadel para un «futuro investigador» y demuestra que la historia de Israel no se escribe solo en documentos oficiales, sino también en memorias y testimonios —mucho más difíciles de silenciar.

Israël était-il derrière l’attentat contre une synagogue à Bagdad en 1951 ? Un nouveau documentaire israélien pose la question

Nirit Anderman, Haaretz, 6/11/2025
Traduit par Tlaxcala

Pendant des années, de nombreux émigrés irakiens juifs ont cru qu’Israël était responsable de l’attaque qui a bouleversé leur communauté afin de hâter leur Alyah. Un nouveau documentaire rouvre le dossier.


Une image tirée de « The Baghdad Files ». « Après avoir travaillé sur ce film, moi aussi, soudain, Bagdad me manque ». Images Ephrati Productions photoshoppées par Yaron Shin (Jewboy)

Le 4 janvier 1951, une forte explosion dévasta la synagogue Masouda Shem-Tov, au cœur de Bagdad. « La synagogue a été bombardée depuis une maison voisine (…) J’ai réussi à m’échapper avec le reste de la foule – quelque 600 à 700 personnes – qui s’est enfuie dans la panique », racontait quelques semaines plus tard Ezra Naim, un Juif ayant émigré d’Irak, à un journaliste de Davar. La rumeur qui circulait alors parmi les Juifs de Bagdad était que des émissaires d’Israël avaient jeté la grenade dans la synagogue.

« J’en avais entendu autant de la part de policiers et de fonctionnaires », ajoutait Naim. « Beaucoup de Juifs de Bagdad et d’autres villes sont (aujourd’hui) enfermés chez eux, priant beaucoup et attendant l’immigration. »

Le rapport publié dans Davar le 19 janvier 1951 fut relégué en page intérieure, presque perdu parmi de nombreuses autres informations. Mais la possibilité que des agents israéliens aient jeté cette grenade – qui tua quatre personnes et en blessa des dizaines – a, au fil des ans, hanté et révolté de nombreux immigrés irakiens.

Le réalisateur Avida Livni. « Je veux qu’on dise que j’ai fait un bon film. » Photo David Bachar

Bien que les autorités irakiennes aient arrêté trois militants sionistes à la suite de l’attaque, exécutant deux d’entre eux, l’État d’Israël a toujours nié toute implication dans cet incident, comme dans quatre autres attaques visant la communauté juive de Bagdad entre 1950 et 1951.

Pourtant, les Juifs bagdadis sont restés sceptiques. Même après leur arrivée en Israël, beaucoup ont affirmé pendant des décennies que les responsables de cette explosion – considérée comme un catalyseur de la grande vague d’émigration juive d’Irak vers Israël dans le cadre de l’opération Ezra et Néhémie dans les années 1950 – étaient des émissaires des institutions israéliennes plutôt que des ennemis de la communauté. Israël aurait facilement pu dissiper le flou entourant la question en publiant les conclusions de ses enquêtes officielles. Mais il a refusé de les rendre publiques.

Bagdad leur manque

Plus de 70 ans après l’explosion, la controverse sur l’identité des auteurs est ravivée dans un nouveau documentaire : The Baghdad Files, réalisé par Avida Livni, projeté au festival de Haïfa puis diffusé sur Kan 11. « Quelqu’un a jeté cette grenade, et le fait qu’aujourd’hui encore on ignore qui l’a jetée tient à des forces qui nous empêchent d’accéder à la vérité », explique Livni. « Quand on t’empêche d’accéder à la vérité, tu commences à la chercher, et il ne te reste que des histoires et des conjectures. Pour un réalisateur qui veut faire un documentaire intéressant, avec des rebondissements, c’est un point de départ fascinant. »

Le moteur dramatique du film est une malle de documents restée pendant des décennies dans les archives de l’Université Yale sans que personne ne s’y intéresse. Il s’agissait des papiers du journaliste israélien Baruch Nadel, ancien membre du Lehi (milice clandestine de la période pré-étatique), qui a écrit pour Yedioth Ahronoth et Ha’olam Hazeh, entre autres. Dans les années 1950, Nadel visita les ma’abarot — des camps de transit pour les nouveaux immigrants irakiens — et fut bouleversé par les conditions de vie insoutenables.

« J’ai rencontré des gens en plein processus de désintégration mentale, physique et sociale », écrivait-il alors. « Certains, qui avaient réussi à préserver leur humanité, m’ont dit qu’ils avaient émigré d’Irak parce que des bombes leur avaient été jetées dessus par des Juifs irakiens sur ordre d’Israël. »

Au fil des années, Nadel retourna régulièrement voir des immigrants irakiens et recueillit des témoignages. De plus en plus d’anciens Juifs bagdadis lui dirent que des émissaires israéliens étaient derrière les attentats, et Nadel transcrivit fidèlement leurs témoignages. Mais lorsqu’il voulut publier ceux-ci, il se heurta à des démentis officiels.

Une décennie plus tard, lorsqu’un éditeur israélien lui demanda d’écrire un livre sur l’opération Ezra et Néhémie, Nadel déclara qu’il écrirait qu’Israël avait orchestré les attentats. L’éditeur, alarmé, retira son offre.


Immigrants irakiens dans des camps de transit, années 1950. Baruch Nadel écrivait qu’il avait rencontré « des gens en plein processus de désintégration mentale, physique et sociale ». Photo Meitar Collection, Pritzker Family National Photography Collection, Bibliothèque nationale d’Israël

Finalement, Nadel formula ces accusations dans une interview publiée en 1977 dans Bamaaracha (« Au combat »), un périodique consacré à la discrimination ethnique envers les Juifs originaires du Moyen-Orient et d’Afrique du Nord. Cela entraîna une plainte en diffamation déposée contre lui par Mordekhaï Ben-Porat, l’un des organisateurs de l’immigration juive irakienne.

Nadel commença à préparer sa défense — puis sa vie s’effondra. Sa fille, interviewée dans le film, dit qu’après la mort de son fils, il décida d’abandonner. Il signa un accord avec Ben-Porat, quitta Israël pour les USA, déposa ses archives personnelles à Yale — accompagnées d’une note destinée au « futur chercheur sur ce matériel » — et mourut à New York en 2014.

Trois ans plus tard, les professeurs Yehouda Shenhav-Shahrabani et Hannan Hever découvrirent ces documents et publièrent un article intitulé Violence in Baghdad (1950-1951), Violence of the Archives [en cours de traduction par Tlaxcala]. Livni raconte que c’est le journaliste Itay Ziv (critique TV de Haaretz) qui lui parla pour la première fois de ce trésor documentaire et lui proposa, ainsi qu’à la productrice Ayelet Ephrati, d’en faire un film.

Parce que c’était pendant la pandémie, au lieu de consulter les pages jaunies à Yale, Livni passa des heures devant son ordinateur à lire les recherches laissées par Nadel. « C’était comme lire un thriller », dit-il. « Je passais mes nuits à lire les témoignages qu’il avait rassemblés. Il y a de tout : des histoires personnelles, des documents, des conclusions. À un moment, je me suis dit : on a un film, même s’il n’y a pas de réponse définitive à la question de qui a jeté la grenade. »

Plutôt que de faire un film historico-chronologique, Livni choisit de centrer l’enquête sur la malle de Nadel. Selon lui, celle-ci contient quelque 117 témoignages recueillis par le journaliste. Le film invite le spectateur à suivre la démarche de Nadel : ses recherches des années 1950, son retour aux témoins dans les années 1960, ses préparatifs de procès dans les années 1970. De nouveaux témoignages de survivants encore vivants y sont intégrés, comme celui de Geula El’ani, qui se souvient de sa mère affirmant que la grenade avait été lancée par les clandestins juivfs — aux côtés de descendants de deuxième et troisième génération qui portent encore cette douleur et ces questions sans réponse.



Nadel en 1972. Il a laissé ses conclusions « au futur chercheur de ce matériel ». Photo Dan Hadani Collection, Bibliothèque nationale d’Israël

 Une communauté juive florissante avant l’exil

Baghdad Files raconte l’histoire de la communauté juive d’Irak, prospère et bien établie, dont une large partie — malgré le traumatisme du pogrom du Farhoud de 1941 — avait continué de vivre dans un relatif confort aux côtés de ses voisins musulmans. Après la création d’Israël, beaucoup n’étaient pas pressés de faire leur alyah. Contrairement aux couches populaires, des élites — médecins, commerçants, intellectuels — refusèrent de s’inscrire pour l’émigration.

Dans le film, Shenhav-Shahrabani note qu’en avril 1949 déjà, une suggestion fut faite au sein du Mossad Le’Aliyah Bet (branche de la Haganah chargée de l’immigration clandestine) de lancer « quelques grenades d’intimidation dans des cafés fréquentés principalement par des Juifs, accompagnées de tracts leur ordonnant de quitter l’Irak » afin d’accélérer l’émigration. En effet, après l’attentat de la synagogue en 1951, en quelques mois, plus de 80 000 Juifs demandèrent à renoncer à leur citoyenneté irakienne pour pouvoir partir en Israël — et la communauté se vida presque d’un seul coup.

Le film montre Bagdad avant les attaques comme une ville vibrante et prospère où les Juifs se développaient. « Cette grenade symbolise la perte — la rupture violente de tout cela », dit Livni. « Après avoir travaillé sur ce film, moi aussi, soudain, Bagdad me manque. » Des photos rares de la synagogue Masouda Shem-Tov, ainsi que des récits d’enfants tués et de familles brisées, composent un tableau de perte collective. Le témoignage d’El’ani sur l’enfant orphelin tué sous ses yeux — après que ses parents adoptifs l’eurent laissé là pour qu’il soit emmené en Israël — est particulièrement bouleversant.


Le professeur Yehouda Shenhav-Shahrabani. Il a parlé de « grenades d’intimidation » lancées dans des cafés. Photo Avner Shahaf

« Et puis ils arrivent ici, et soudain ils comprennent que ce n’est peut-être pas mieux ici », dit Livni. « Certains parlaient de “sionisme cruel”, qu’il valait mieux faire un sacrifice là-bas afin de ramener tout le monde ici pour construire un pays. Disons que, froidement, mathématiquement, c’est peut-être vrai. Mais l’enfant orphelin dont les parents adoptifs l’ont laissé là-bas — est-ce que quelque chose justifie une telle mathématique ? »

Pour Livni, l’affaire de la grenade n’est pas seulement un événement historique, mais une parabole durable sur des décisions politiques prises au détriment d’individus. « ça arrive partout : la grande mathématique détruit la vie de gens qui veulent simplement vivre », dit-il, qu’il s’agisse de guerres, d’évacuations de communautés ou de promesses non tenues. « L’establishment ment toujours parce qu’il doit se protéger. S’il disait la vérité, on ne ferait presque plus de films, ni de livres, ni de recherches. »

“L’establishment ment toujours”

Selon Livni, l’establishment a menti lorsqu’il a envoyé des citoyens s’installer dans le Sinaï occupé sans leur dire qu’une évacuation était imminente ; il a menti en envoyant des soldats combattre ces dernières années en promettant que si Gaza était occupée, tout irait bien ; et il a bien sûr menti pendant des années aux habitants de la frontière avec Gaza.

« Je fais maintenant un film sur les “Renards de Kfar Aza”, l’équipe de football du kibboutz. Certains joueurs ont été tués le 7 octobre, et l’équipe a joué un match trois jours plus tard au kibboutz Shefayim — pieds nus — parce que leurs chaussures avaient brûlé. Ils maintiennent l’équipe avec tout ce qu’ils ont. Ce sont des gens qui ne croient plus du tout à l’establishment, parce qu’il les a trahis. Il les a trahis bien avant le 7 octobre, mais ils ne s’en sont rendu compte que ce jour-là. Tu leur parles et tu comprends : tu n’es ici qu’un pion. Un jour tu es ici, le lendemain tu es ailleurs. »

L’establishment israélien a mis en place des commissions d’enquête sur l’attentat à la synagogue Masouda Shem-Tov, mais leurs conclusions restent classifiées. Dans Baghdad Files, Livni tente d’accéder à ces documents, mais découvre qu’ils sont conservés dans des archives d’État inaccessibles au public. Personne n’a le droit de les lire.


Les écrits de Nadel dans le film. « Personne n’a étudié cela aussi profondément que lui ». Photo extraite du film “Baghdad Files”

« Le secret et la dissimulation ne font qu’accentuer les soupçons », dit Livni. « Personne n’a fait une recherche aussi approfondie que Baruch Nadel, qui a parcouru le pays pour recueillir des témoignages. Il a des noms [des suspects d’avoir lancé la grenade] précis, récurrents. Nous avons été prudents : nous n’avons pas voulu publier ces noms, notamment pour des raisons juridiques. Mais je regrette surtout de ne pas avoir fait ce film dix ans plus tôt, quand bien plus de gens étaient encore là pour témoigner. »

Pour lui, le silence — la tentative de l’establishment d’enterrer la vérité — est le véritable danger. « Quand tu fais une bêtise enfant et que tu attends la punition — tu es prêt à l’affronter — mais rien n’arrive. Alors cela devient un secret que tu gardes, peut-être avec quelques autres personnes — et ce secret brûle des années, il ne s’éteint pas. Parce que tout ce qui est tu finit par se venger. »

Le film montre clairement que la nouvelle génération d’immigrés irakiens cherche également des réponses. « C’est surtout le désir de justice. L’État est établi, tout le monde est là — mais notre histoire est restée derrière. Tu veux savoir pourquoi ton grand-père a été tué, pourquoi ce garçon est mort », dit Livni. « Tu veux savoir, et quelqu’un t’arrête : “Tu ne sauras pas.” Pourquoi ? Ce sont leurs familles. Qu’on révèle la vérité. Montrez ce que vous avez. Et il y a mille affaires comme celle-ci — les enfants yéménites [allégations selon lesquelles des milliers d'enfants immigrés yéménites ont été kidnappés et donnés en adoption dans les premières années de l'État d’Israël], Pfizer [accord entre Israël et Pfizer pour fournir en masse des vaccins contre la COVID-19 en échange de données médicales] – mais l'establishment ne dira pas la vérité car il doit protéger son pouvoir ».

Mais, insiste Livni: le véritable test du film n’est pas son importance historique, mais sa qualité cinématographique. « Je ne veux pas qu’on dise que j’ai fait quelque chose d’important ; je veux qu’on dise que j’ai fait un bon film. » En effet, Baghdad Files offre une expérience qui dépasse l’histoire : nostalgie de Bagdad avant la grenade, enquête de Nadel, intrigues, dissimulations — Livni et la monteuse Tal Shefi ont créé un documentaire mêlant nostalgie, enquête, traumatisme intergénérationnel et injustice historique infligée aux Juifs orientaux par l’establishment ashkénaze fondateur de l’État.

À la fin, la question « qui a jeté la grenade ? » s’efface, laissant place à d’autres : que signifie un secret national jamais révélé ? Que se passe-t-il lorsqu’une communauté porte une mémoire divergente du récit officiel ? Quel est le prix du silence ? Et qui le paie ? Baghdad Files réalise le vœu de Nadel pour un « futur chercheur » et prouve que l’histoire d’Israël s’écrit non seulement dans les archives officielles, mais aussi dans les souvenirs et les témoignages — beaucoup plus difficiles à réduire au silence.

Comment s’organiser depuis nos lieux de travail et d’étude face à la répression ?
Table-ronde du comité anti-répression du Campus Condorcet

 Mercredi 3 décembre à partir de 18h30, à l’Acabane (campus Condorcet, face au CROUS), le comité anti-répression de Condorcet organise une table-ronde à laquelle participeront Mathieu Rigouste, Elsa Marcel du Collectif d’Action Judiciaire, Kenan d’Urgence Palestine, Alessandro Stella ainsi que d’autres enseignant-es-chercheur-ses, personnels administratifs et étudiant-es réprimé-es pour leur soutien à la Palestine ou pour leur engagement syndical.

Sur le campus, les directions s’attaquent aux libertés syndicales et politiques

Comment s’organiser depuis nos lieux de travail et d’étude face à la répression ?

L’EHESS et le campus Condorcet s’illustrent comme des avant-postes de la répression dans l’Enseignement Supérieur et la Recherche. Ces derniers mois, plusieurs cas de censures, d’intimidations, de menaces de sanctions disciplinaires ou de placardisation visant enseignant-es-chercheur-ses, personnel-les et étudiant-es ont été signalés sur des boucles mail et lors d’AG du campus. Cet arsenal répressif cible avant tout les voix pro-palestiniennes et anti-impérialistes, mais aussi les syndicalistes et représentant-s élu-es qui dénoncent les dessous du “Harvard français” : des travailleur-ses sous contrats précaires, dans des situations de sous-effectifs chroniques associées à des surcharges de travail mettant en danger leur santé.

Cette répression s’inscrit dans le contexte d’un saut autoritaire à échelle nationale au cours des dix dernières années, qui s’est exacerbé sous le macronisme, où la criminalisation des soutiens à la Palestine s’est érigée comme le fer de lance d’une offensive plus large contre les oppositions de gauche : recours massif au délit d’apologie du terrorisme, dissolution d’organisations politiques.... Plus récemment, l’acharnement exercé à l’encontre d’Omar Alsoumi, porte-parole d’Urgence Palestine perquisitionné à son domicile puis placé en garde à vue après un gel de ses avoirs, ou encore les 4 mois fermes requis pour un manifestant du 18 septembre, ont rappelé le visage autoritaire du régime de la Ve République et de la macronie dans un contexte de militarisation à marche forcée sur fond d’attaques austéritaires.

Face à l’offensive maccarthyste, sur le campus et au-delà, plus de quatre-vingt étudiant-es et travailleur-ses réuni-es en AG Condorcet fin septembre ont voté la création d’un comité anti-répression. Ce comité a vocation à rassembler, sur un campus atomisé, l’ensemble des étudiant-es, doctorant-es, enseignant-es et personnel-les administratifs de Condorcet qui souhaitent faire front face à la répression dans un cadre large d’auto-organisation, indépendant des directions du campus. C’est pourquoi nous invitons tous-tes les étudiant-es et travailleur-ses du campus Condorcet à s’emparer pleinement de ce cadre, et à venir assister au premier événement public du comité : une table ronde pour réfléchir ensemble à comment s’organiser collectivement face aux censures, intimidations et harcèlement, et défendre nos libertés politiques et syndicales.

Avec la présence d’étudiant-es du campus, de travailleur-ses de l’administration et d’enseignant-es-chercheur-ses réprimé-es pour leur engagement pour la Palestine dont Alessandro Stella, ainsi que d’Elsa Marcel, avocate et militante au Collectif d’Action Judiciaire, Kenan d’Urgence Palestine et de Mathieu Rigouste, chercheur indépendant spécialiste de la répression d’État.

S’ils touchent à l’un d’entre nous, donnons-nous les moyens de faire front ! Venez nombreux-ses le mercredi 3 décembre à 18h30 à l’Acabane (face au CROUS), au campus Condorcet. Ouvert à toustes !

27/11/2025

¿Qué saben los israelíes sobre el ejército, esa vaca sagrada?

Gideon Levy, Haaretz, 26/11/2025

Traducido por Tlaxcala

¿Qué sabemos de nuestro ejército? Casi nada. ¿Qué sabemos de la calidad de sus comandantes? Mucho menos.


De izquierda a derecha: Katz, Bibi y Zamir. Sobre la disputa entre Katz y Zamir, leer aquí

Cada oficial superior nombrado para un puesto es inmediatamente coronado por el coro de periodistas militares como un «oficial respetado» – siempre un oficial respetado, pero no está claro quién lo respeta ni por qué – y luego su mandato pasa sin que nadie, en la población civil, tenga idea alguna de si fue un buen comandante. Los generales y coroneles no son entrevistados, salvo en entrevistas empalagosas y embarazosas organizadas por la Portavocía del Ejército. Nadie sabe con certeza: ¿son buenos? ¿Son malos? ¿El ejército bajo su mando vale algo? ¿Quién sabe?

Después dejan el ejército y se convierten en comentaristas de estudio y en perritos falderos de los políticos, y entonces se revela por completo su desnudez. Resulta que nos engañaron, nos estafaron. El oficial respetado es a veces un necio; el agente secreto, un completo idiota. Sin dar nombres, los ejemplos abundan.

Muchos oficiales venerados de Tsahal, Mosad o Shin Bet pierden su halo de gloria al exponerse a la luz. Más les valdría quedarse en la sombra, especialmente en los últimos dos años, cuando coroneles retirados invadieron los estudios de televisión. Cada oficial y agente de inteligencia cree saber parlotear sobre cualquier tema del mundo – y la vergüenza no hizo sino intensificarse.

Esta semana, Israel estaba en un frenesí por ellos. ¿Se concretará el nombramiento del general Sombra como agregado militar en Washington? ¿Permanecerá el general Macana al frente de la Inteligencia Militar? Contenemos la respiración. Nadie tiene idea de quiénes son ni cuánto valen, pero todos tienen una opinión sobre quién es digno y quién no. Lo mismo ocurre con la batalla de los gigantes entre el ministro de Defensa y el jefe del Estado Mayor: todos tienen una opinión sobre quién es el bueno y quién es el malo.

Aparentemente, el campo democrático debería alegrarse de que exista un ministro de Defensa civil que ponga freno al ejército y le imponga límites. El hecho de que sea en realidad el campo derechista quien esté degollando a la más sagrada de todas las vacas sagradas, las FDI, debería ser alentador, incluso si se hace por las razones equivocadas.

Las FDI se han convertido en un monstruo desbocado. Solo el caos total y delirante en Israel podía producir una situación en la que el director del servicio secreto, el Shin Bet, se convierta en el guardián de la democracia, y el jefe del Estado Mayor, en el héroe del campo liberal, víctima del villano: el ministro civil de Defensa. Es cierto que el ministro de Defensa Israel Katz hizo todo lo posible para ganarse un nombre que suscita burla y repulsión, pero ¿qué sabemos de su oponente, el teniente general Eyal Zamir? ¿Es un buen jefe del Estado Mayor? ¿Uno malo? ¿Quién sabe? Esperemos a que se siente en los estudios televisivos como civil, y quizá volvamos a encogernos de vergüenza.

Lo que sí se sabe no interesa a la mayoría de los israelíes. Zamir es el comandante que convirtió Gaza en un cementerio y un páramo de escombros. Es el comandante que cometió (y comete) crímenes de guerra y genocidio. Es el comandante cuyos soldados roban el ganado palestino sin ser llevados ante la justicia. Cualquier apoyo hacia él, incluso contra Katz el Satán, es un apoyo a sus iniquidades, que algún día saldrán a la luz y serán juzgadas, ojalá al menos por el tribunal de la historia, si no antes.

Cuesta creer que su clara implicación en violaciones tan horrendas del derecho internacional no mejore ni empeore la opinión pública sobre él. Como si se tratara de un asunto marginal, un pasatiempo oscuro. Y no es solo él: todos los comandantes y soldados de las FDI – ninguno es juzgado por sus iniquidades. Se les perdona todo, porque nos protegen, supuestamente. Incluso se les perdona el fracaso del 7 de octubre. En la Esparta de 2025, las FDI siguen por encima de toda sospecha, una especie de vaca sagrada.

Aparentemente, el campo democrático debería alegrarse de que exista un ministro de Defensa civil que ponga freno al ejército y le imponga límites.

Que savent les Israéliens sur l’armée, cette vache sacrée ?

Gideon Levy, Haaretz, 26/11/2025

Traduit par Tlaxcala

Que savons-nous de notre armée ? Presque rien du tout. Que savons-nous de la qualité de ses commandants ? Encore moins.


De g. à dr. Katz, Bibi et Zamir. Sur la querelle entre Katz et Zamir, lire ici

Chaque officier supérieur nommé à un poste est immédiatement couronné par le chœur des journalistes militaires comme un « officier respecté » – toujours un officier respecté, mais on ne sait pas qui le respecte ni pourquoi – et puis son mandat s’écoule sans que quiconque, dans la population civile, n’ait la moindre idée de s’il a été un bon commandant. Les généraux et les colonels ne sont pas interviewés, sauf lors d’entretiens mielleux et embarrassants organisés par le porte-parole de Tsahal. Personne ne sait vraiment : sont-ils bons ? Sont-ils mauvais ? L’armée qu’ils commandent vaut-elle quelque chose ? Qui sait ?

Ils quittent ensuite l’armée et deviennent des commentateurs de studio et les toutous des politiciens, et alors leur nudité complète se révèle. Il s’avère que nous avons été dupés, trompés. L’officier respecté est parfois un imbécile ; l’agent secret, un idiot complet. Sans citer de noms, les exemples ne manquent pas.

Nombre d’officiers vénérés de Tsahal, du Mossad ou du Shin Bet perdent leur auréole de gloire lorsqu’ils sortent à la lumière. Ils feraient mieux de rester dans l’ombre, surtout ces deux dernières années, lorsque des colonels à la retraite ont pris d’assaut les studios télévisés. Chaque officier et agent de renseignement pense savoir bavarder sur n’importe quel sujet au monde – et la gêne n’a fait que s’intensifier.

Cette semaine, Israël était en transe à leur sujet. La nomination du général Fantôme comme attaché militaire à Washington aura-t-elle lieu ? Le général Walou restera-t-il à la tête du renseignement militaire ? Nous retenons notre souffle. Personne n’a la moindre idée de qui ils sont ni de ce qu’ils valent, mais tout le monde a une opinion sur qui est digne et qui ne l’est pas. Il en va de même pour la bataille des géants entre le ministre de la Défense et le chef d’état-major : chacun a une opinion sur qui est le gentil et qui est le méchant.

En apparence, le camp démocratique devrait se réjouir qu’il existe un ministre de la Défense civil qui freine l’armée et lui fixe des limites. Le fait que ce soit en réalité le camp de droite qui égorge la plus sacrée de toutes les vaches sacrées, Tsahal, devrait être encourageant, même si cela se fait pour de mauvaises raisons.

Tsahal est devenue un monstre débridé. Seul le chaos total et délirant qui règne en Israël pouvait aboutir à une situation dans laquelle le directeur du service secret, le Shin Bet, devient le gardien de la démocratie, et le chef d’état-major de Tsahal, le héros du camp libéral, victime du méchant, le ministre civil de la Défense. Il est vrai que le ministre de la Défense Israel Katz a tout fait pour mériter un nom qui suscite le ridicule et le dégoût, mais que savons-nous de son adversaire, le ieutenent-général Eyal Zamir ? Est-il un bon chef d’état-major ? Un mauvais ? Qui sait ? Attendez qu’il s’installe dans les studios télévisés en civil, et nous risquons encore une fois de nous retrouver à grimacer de gêne.

Ce qui est connu n’intéresse pas la plupart des Israéliens. Zamir est le commandant de l’armée qui a transformé Gaza en cimetière et en champ de ruines. Il est le commandant de l’armée qui a commis (et commet) des crimes de guerre et un génocide. Il est le commandant de l’armée dont les soldats volent le bétail des Palestiniens sans être traduits en justice. Tout soutien à son égard, même contre Katz le Satan, est un soutien à ses iniquités, qui un jour seront révélées et jugées, espérons-le, au moins par le tribunal de l’Histoire, si ce n’est plus tôt.

Il est difficile de croire que son implication claire dans des violations aussi horribles du droit international n’améliore ni n’altère l’opinion que le public a de lui. Comme si cela n’était qu’une question marginale, un passe-temps obscur. Et il n’est pas seul : tous les commandants et soldats de Tsahal – aucun n’est jugé pour ses iniquités. Tout leur est pardonné, parce qu’ils nous protègent, paraît-il. On leur pardonne même l’échec du 7 octobre. Dans la Sparte de 2025, Tsahal est encore au-dessus de tout soupçon, une sorte de vache sacrée.

Apparemment, le camp démocratique devrait se réjouir qu’il existe un ministre de la Défense civil qui freine l’armée et lui fixe des limites.

26/11/2025

Palestine : par la Résolution 2803, le Conseil de sécurité de l’ONU légitime une occupation illégale

Micaela Frulli, Triestino Mariniello, il manifesto, 22/11/2025
Traduit par Tlaxcala

Micaela Frulli est professeure de droit international à l’université de Florence. Elle a notamment écrit « Immunité et crimes internationaux. L’exercice de la juridiction pénale et civile à l’égard des organes étatiques soupçonnés de crimes internationaux graves » (Giappichelli)

Triestino Mariniello est professeur de droit à l’université John Moores de Liverpool et fait partie de l’équipe juridique qui représente les victimes de Gaza devant la Cour pénale internationale.

La résolution 2803 du Conseil de sécurité du 17 novembre 2025, lue du point de vue du droit international, révèle des points critiques profonds et des contradictions qui compromettent sa validité et sa légitimité


Emad Hajjaj, mars 2024

La résolution 2803 du Conseil de sécurité du 17 novembre 2025, lue du point de vue du droit international, révèle de profondes contradictions et des points critiques qui compromettent sa validité et sa légitimité.

La plus grande limite réside dans la violation implicite du droit à l’autodétermination du peuple palestinien. La résolution subordonne toute « voie crédible vers l’autodétermination et la création d’un État palestinien » à la mise en œuvre d’un programme de réformes de l’Autorité nationale palestinienne, l’organisme qui administre la Cisjordanie, qui n’est d’ailleurs jamais mentionné dans la résolution. Cette conditionnalité transforme un droit inaliénable, reconnu par la Charte des Nations unies, réaffirmé à plusieurs reprises par la Cour internationale de justice (CIJ) et qui a valeur de norme contraignante, en un objectif à atteindre dans un avenir indéfini : la possibilité de construire un État palestinien est suspendue pour une durée indéterminée.

Toutefois, le Conseil de sécurité ne peut exercer ses pouvoirs en dehors du périmètre fixé par le droit international. La Commission du droit international des Nations unies a précisé que les décisions des organisations internationales ne peuvent créer d’obligations juridiques lorsqu’elles entrent en conflit avec les normes contraignantes du droit international général et que les actes normalement contraignants risquent d’être invalides s’ils violent des principes fondamentaux et impératifs.

La légalité de la mise en place d’une administration fiduciaire internationale sur Gaza est également douteuse, car elle reprend des modèles hérités de l’ère coloniale, tels que les mandats de la Société des Nations après la Première Guerre mondiale, conçus pour gouverner des territoires privés de leur autodétermination. Cette administration – confiée au « Board of Peace » (BoP), un organe hybride doté de pouvoirs étendus et peu définis – se superpose à l’occupation existante sans en contester l’illégalité, avec le risque de la consolider dans le temps. En outre, le BoP, présidé par le président usaméricain Donald Trump, crée une friction évidente avec les critères d’impartialité requis pour l’administration internationale d’un territoire. Les administrations internationales de la MINUK au Kosovo ou de l’UNTAET au Timor oriental étaient placées sous l’autorité de l’ONU et prévoyaient des mécanismes de garantie et de responsabilité.

L’autorisation de créer une Force internationale de stabilisation (ISF) et d’« utiliser toutes les mesures nécessaires » pour remplir son mandat rappelle la formule standard pour l’usage de la force contenue dans les autorisations précédentes accordées aux États, mais avec une différence cruciale : cette fois-ci, l’ISF agit sous l’autorité du « Board of Peace » et seule une demande générique est prévue pour les États qui en font partie afin qu’ils fassent régulièrement rapport au Conseil de sécurité.

En outre, une démilitarisation unilatérale de la bande de Gaza est prévue et il est établi que le retrait des troupes israéliennes doit être convenu avec l’armée israélienne, celle-ci pouvant maintenir sa présence pour une durée indéterminée.

En outre, la résolution n’aborde pas l’un des points les plus critiques : la détermination des responsabilités pour les violations du droit international commises au cours des deux dernières années. Il n’y a aucune référence aux rapports de la Commission d’enquête des Nations unies, qui constatent la commission de crimes internationaux et d’actes de génocide par Israël et ses dirigeants, ni à l’avis de la Cour internationale de justice de 2024 qui a déclaré l’illégalité de l’occupation et aux résolutions ultérieures de l’Assemble Générale de l’ONU, ni aux enquêtes de la Cour pénale internationale. Il est également déconcertant de constater l’absence totale de mesures de réparation et d’indemnisation pour les victimes, alors que ceux qui ont détruit la bande de Gaza sont exemptés de toute obligation de réparation.

La résolution sur Gaza intervient quelques jours après une autre décision controversée du Conseil de sécurité (résolution 2797 de 2025), celle sur le Sahara occidental. Dans ce cas, le texte, également présenté par les USA, a approuvé le plan d’autonomie proposé par le Maroc en 2007, reconnaissant de fait la souveraineté marocaine sur le Sahara occidental en violation du droit à l’autodétermination du peuple sahraoui.

À la lumière de ces développements, l’image d’un Conseil de sécurité qui tend à adopter des résolutions sous l’influence de certains de ses membres permanents, s’écartant ainsi de la légalité et de la Charte elle-même, apparaît de plus en plus clairement.

Le droit international finit ainsi par être traité non pas comme un instrument essentiel pour construire une paix juste, fondée sur le droit à l’autodétermination des peuples et le respect des principes fondamentaux, mais comme un obstacle à contourner.


Maisara Baroud, I’m still alive (je suis encore en vie), toile imprimée, 2024