Luis E. Sabini Fernández, 7/10/2022La prensa uruguaya informa que en Colonia se realizó un juicio para enfrentar y resolver un caso de violación
Año tras año, kilómetro tras kilómetro
viejos de frente estrecha
enseñan a los jóvenes el camino
con una expresión de cemento armado.
Jacques Prévert
Una vez más, triunfó
la pacatería, la ideología adocenada, el dogmatismo y no me extrañaría figure
allí como tóxico ingrediente, la envidia.
Con cierta lógica, el
código de penas no establece lo que se denomina
violación de un varón por parte de una mujer.
Porque efectivamente,
no se trata de una violación.
En todo caso, sobre
todo, tratándose de una femenina adulta y un varón niño o adolescente, puede
tratarse de seducción.
La seducción no es
tratada como delito salvo si se ejerce sobre menores. La seducción, empero, no
recibe el mismo tratamiento que la violación porque, justamente carece del
ingrediente de violencia, que trae aparejados tantos elementos negativos y
perdurables; heridas, miedo.
La fiscal del caso, reconoció
que había un enamoramiento. Suponemos que del menor hacia la madre de su condiscípula.
Dada la escasa edad del menor, no presumimos enamoramiento recíproco, que sin
embargo se puede dar entre adultos y quinceañeros, por ejemplo.
¿Cómo asimilar este
enamoramiento con la violación que un varón adulto puede cometer con una
niña/adolescente de 12 años? Puede ser que la niña esté enamorada de ese adulto
que remata su seducción en la cama. Pero hay una diferencia fundamental con
este caso: ella puede quedar embarazada. Con un resultado de por vida. El varón
enamorado llevado a la cama por una adulta no tendrá recuerdo de violencia
alguna y no llevará de por vida sino el grato recuerdo de haberse acostado con
quien amaba. Tal vez, en una etapa ya adulta pueda incluso evaluar que fue
herramienta de placer de aquella mujer. Pero no nos adelantemos.
Lo cierto es que en
este juicio también se reconoció “que este tipo de ilícitos no se
judicializan”. ‘Se
estima que los hombres no pueden ser violados’. ‘Ellos no se ven como víctimas,
y por eso no se denuncian este tipo de delitos.’
La noción de
delito se basa, en cambio, nos explican,
en que: “Es falso considerar que las mujeres no violan. Ellas también pueden
violar a niños y adolescentes”, corrige la fiscal Sigona, forzando la acepción
de violación que vemos inaplicables al varón (por parte de la mujer) (ibíd.)
La seducción tiene
otros inconvenientes; uno médico-sanitario, pero los riesgos al respecto
caracterizan todas las relaciones sexuales.
El foro judicial
formado alrededor de este episodio parte
de la base que se trata de una violación. Castiga a “la violadora” de varias
maneras; como bien destacó un jurisconsulto, sufre una pena aun mayor que la de
violadores varones sobre mujeres (violaciones estas últimas a menudo con
ingredientes sórdidos, sin que medie nada emparentable al amor).
Estos jurisconsultos
han procurado cercenarla, condenarla, denunciarla y aislarla por todos los
medios a su alcance (prohibición de trabajo con menores, pérdida de su patria
potestad). Y la obligan a reembolsarle al menor en cuestión, 12 salarios mínimos.
¿A santo de qué? Si de
este modo le han querido enseñar al menor perjudicado lo condenable que es lo
que le ha tocado vivir (estar enamorado y consumar un acto de amor con la
destinataria de su enamoramiento), han logrado monetarizar esa situación,
acercándola nolens volens a un cobro
por sexo. ¿Es el “cliente” que cobra?, ¿es la prostituida la que paga?
Y como frutilla del
postre, ¡9 años de cárcel! ¿Cómo podrá “atender” todas estas penas a la vez?
Se ha señalado que la
pena dada por esta “violación” es notoriamente mayor que la que se la dictado
contra violaciones propiamente dichas. A mi modo de ver, es “la prueba del
nueve” de que se ha actuado con inquina y sobrepasando toda ecuanimidad. Huele
a Roussier (la docente recordada al
comienzo de esta nota, fue tan hostigada, despedida, encarcelada, repudiada por
los padres del adolescente que procuró defender esa relación y fue internado
para “desintoxicación”, que finalmente terminó suicidándose).
Flaco favor han hecho
a la institucionalidad judicial sus representantes en Colonia, Uruguay. Que son los que tendrían
que ser sometidos a juicio. Por empezar, leyendo El lector, una novela que aborda el sexo habido entre un jovencito
estudiante, 15 años, totalmente empapado en un aguacero, y una
dueña de casa, 36 años, obrera, al parecer soltera, que lo seca y le cambia la
ropa. Schlink, Bernhard Schlink, no es tan idiota como para hablar de
violación, sino de relación. Muy peculiar, por cierto. Porque ella resulta ser
nazi y analfabeta. Y esto último es lo que da razón al título.
La pacatería recargada
de preceptos no nos hace mejores, ciertamente.