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06/12/2022

REINALDO SPITALETTA
La maldición kafkiana
Lo que descubrió Guillermo Sánchez Trujillo

Reinaldo Spitaletta, Sombrero de mago, El Espectador, 6/12/2022

Tras descubrir, en una investigación ardua y de muchos años, que El Proceso, de Franz Kafka, es un palimpsesto de Crimen y castigo, de Dostoievski, a este señor, bajito, de barba y bigote, profesor de matemáticas, lector y autor de novelas policiales, el cielo se le vino encima y casi lo redujo a un exilio doloroso. El prodigioso hallazgo, fruto de pesquisas, desvelos, lecturas, análisis comparativos, tablas estadísticas, genomas dostokafkianos y un sinnúmero de dificultades y algunas alegrías sin par, puso a Guillermo Sánchez Trujillo bajo miradas sospechosas tanto adentro como afuera de Colombia.

En 2005, luego de haber encarnado al escritor ruso, como al de Praga, o eso parece a veces: unas, un fragmento de Franz; otras, uno de Fiódor, publicó, en la que se erigió como una primicia mundial, El Proceso, en la primera edición completa de la novela de acuerdo con el original del autor. Así pudo aclarar uno de los “mayores enigmas literarios del siglo XX”.

El aporte no era de menor cuantía. Ni siquiera los grandes expertos, lingüistas alemanes y de otras geografías, ni editores como Klaus Wagenbach, o biógrafos de la talla de Reiner Stach, pudieron resolver el misterio de la ordenación de los capítulos de El Proceso, ni tampoco advirtieron cuáles eran las “fuentes” de las historias del denominado “taciturno” de Praga (que no era tan taciturno). Ninguno de ellos ni siquiera supuso que la ciudad de El Proceso no es Praga, sino San Petersburgo. Y menos todavía que las peripecias del señor Josef K. proceden de las de Raskolnikov y otros personajes de Crimen y castigo.

Los rastreos iniciales los realizó en 1983, año del centenario del natalicio de Kafka. Leyó la biografía de Kafka, de Wagenbach. Escrutó, escarbó, supo de una carta que Kafka le había enviado a un amigo de juventud en la que confesaba su admiración por Dostoievski y en la que consignó la frase “un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado que llevamos dentro”. Y afloraron interrogantes como “¿hacha?” Y llegó la conexión con Raskolnikov, el gran personaje de Crimen y castigo. Advinieron lecturas de uno y de otro, relaciones, comparaciones, búsquedas, conexiones. Y pasó casi toda una vida en estas tareas hasta su descubrimiento mayor.

Además, no era solo la procedencia de El Proceso. Otras obras de Kafka, como La Metamorfosis, por ejemplo, tienen sus raíces en Crimen y Castigo. “Kafka no escribía textos, sino palimpsestos, y era necesario revelar el texto oculto, que era el que nutría y daba sentido a sus historias”, escribió Sánchez en la introducción de su prodigiosa edición crítica de El Proceso, en 2005.

La investigación develó las formas en que Kafka escribía, sus estructuras, sus crisis creativas, su relación dificultosa con las mujeres (como, por ejemplo, Felice Bauer), el por qué encriptaba sus historias… Kafka era un ser hecho de literatura, a la que consideraba su religión, su ombligo con el mundo. Para el escritor, vida y literatura eran una sola cosa. Kafka era la literatura en sí mismo.

“Para Kafka la vida era una aventura literaria y, como don Quijote, salió a vivir las aventuras leídas para, una vez vividas, volverlas a escribir”, señaló Sánchez en otro apartado de la introducción mencionada. A este investigador de Medellín, que ahora vive en una vereda del corregimiento Santa Elena, se le debe la primera edición completa, ordenada como la concibió su autor, de El Proceso. Todos sabemos que Max Brod, amigo y albacea del escritor checo, no quemó los manuscritos y desobedeció las presuntas órdenes kafkianas. Publicó, primero, El Proceso, sin poder descifrar cuál era el orden de la novela.

Después de su fenomenal descubrimiento, Guillermo Sánchez tuvo diversos reveses con editores, con las regalías (lo “tumbaron” con ellas, según dice), con resquemores de aquí y de allá. En Europa pasó de agache, nadie le paró bolas a su descomunal tarea, y por estas zonas tórridas le fue como “a los perros en misa”. Después de distintos reveses, hace tres o cuatro meses, de su propio bolsillo, publicó la “versión completa y ordenada” de El Proceso, de Franz Kafka, según el plan original del escritor. Unos cuantos ejemplares, casi todos “para los amigos”.

En cierta forma, ha sido kafkiano el destino de este obstinado investigador. Durante casi 100 años la novela no pudo publicarse como la diseñó y concibió su autor. Y apenas ahora se despeja el misterio. Es una edición histórica “que abrirá las puertas del laberinto kafkiano hasta el presente hermético y hará florecer los estudios sobre la obra y la vida del autor bajo una nueva luz”, escribe Sánchez. Sin embargo, según este, son más las puertas que se le han cerrado en sus intentos por dar a conocer la exigente investigación, como sus haberes y saberes.

Es, podría aventurarse una especulación, como si Kafka, desde otras esferas, hubiera lanzado una suerte de maldición porque un inquieto colombiano descifró lo que ningún europeo ni estudioso de ninguna parte había podido descubrir.


 

MICHAEL GORRA
La langue comme destructrice de mondes
Recension des deux nouveaux livres de Cormack McCarthy

Michael Gorra, The New York Review of Books, 22/12/2022
Traduit par
Fausto Giudice, Tlaxcala

Michael Gorra (1957) est un professeur usaméricain d’anglais et de littérature, actuellement titulaire de la chaire Mary Augusta Jordan de langue et littérature anglaises au Smith College, où il enseigne depuis 1985. Il est l’auteur notamment de Portrait of a Novel : Henry James and the Making of an American Masterpiece et The Saddest Words : William Faulkner’s Civil War.

Dans ce qui pourrait être ses deux derniers romans, Cormac McCarthy a assemblé une chronique familiale à partir de fragments, qui présente, pour la première fois dans son œuvre, des personnages ayant une vie intérieure et un passé significatif.

Ouvrages recensés :

The Passenger
by Cormac McCarthy
Knopf, 383 pp., $30.00

(à paraître en français aux éditions de l’Olivier en mars 2023)

Stella Maris
by Cormac McCarthy
Knopf, 190 pp., $26.00
(à paraître en français aux éditions de l’Olivier en mai 2023)

 Aucun lecteur habitué de Cormac McCarthy ne sera surpris d’apprendre que The Passenger commence par un cadavre. Ou plutôt deux cadavres, dont l’un a disparu. Celui que nous voyons, dans le prologue en italique d’une seule page qui ouvre le livre, est celui d’une jeune fille aux cheveux dorés et gelés, retrouvée pendue « parmi les poteaux gris et dénudés des arbres d’hiver ». Elle s’appelle Alicia Western, et elle est vêtue de blanc, avec une ceinture rouge qui la rend facilement repérable contre la neige, un « peu de couleur dans la désolation scrupuleuse ». C’est Noël 1972, dans une forêt proche du sanatorium du Wisconsin où la jeune femme de vingt ans s’est enregistrée, un endroit où elle est déjà allée.

 

Cormac McCarthy ; illustration de Harriet Lee-Merrion

C’est une prodige des mathématiques, fille d’un homme qui a travaillé sur le Projet Manhattan, mais elle est aussi visitée depuis l’âge de douze ans par une apparition qu’elle appelle le Kid de la Thalidomide, une silhouette d’un mètre de haut, avec des nageoires à la place des mains, qui n’est ni un rêve ni une hallucination mais “cohérente dans chaque détail”. Le Kid la surveille souvent, lui parle, la taquine et la pousse à bout, et connaît ses moindres pensées et faiblesses. Elle comprend qu’il n’est pas réel, mais elle croit aussi en son existence séparée, un être “petit, frêle et courageux... [et] honteux” du spectacle de son corps. Mais il ne lui rend pas visite seul. D’habitude, il amène des amis, ceux qu’Alicia appelle ses “amuseurs”, un vieil homme dans un manteau “marteau-piqueur”, par exemple, ou “une paire de nains assortis”. Ses médecins l’ont diagnostiquée comme schizophrène paranoïaque, certains pensent qu’elle est autiste, et selon un test de personnalité, elle est une “déviante sociopathe”. Aucune de ces étiquettes ne colle.

Et puis il y a le corps que l’on ne voit pas, celui qui aurait dû être retrouvé dans un jet privé à quarante pieds de profondeur dans le Golfe du Mexique. Nous sommes en 1980, et le frère aîné d’Alicia, Bobby, qui a décroché de Caltech [Institut californien d Technologie] et ancien pilote de course, travaille comme plongeur sauveteur à la Nouvelle-Orléans. Lui et sa partenaire ont été engagés pour enquêter sur le crash. Ils ouvrent la porte de l’avion et nagent lentement à l’intérieur, “les visages des morts à quelques centimètres”, leurs cheveux flottant avec leurs tasses de café vers le plafond. Le pilote et le copilote plus sept passagers en combinaison, et il ne faut pas longtemps à Bobby pour se rendre compte qu’il manque quelques éléments. Pas de sac de vol du pilote, pas de boîte noire, et le panneau de navigation a été retiré du tableau de bord. Leur entreprise sera payée par un mandat postal intraçable, mais plus tard dans la journée, Bobby trouve deux hommes avec des badges devant son appartement. Sept passagers, demandent-ils ? Vous êtes sûr ? Parce que le manifeste en indique huit, et les questions des agents confirment ses soupçons. Le loquet de la porte de l’avion était peut-être intact avant que le chalumeau de son partenaire ne l’ouvre, mais quelqu’un d’autre, quelqu’un de vivant, est entré et sorti avant eux de ce jet coulé.

Nous n’apprendrons jamais qui était ce passager, ni ce qui a provoqué la chute de l’avion. J’admets avoir une curiosité insatisfaite à ce sujet, mais il ne m’a pas fallu longtemps pour comprendre que ni Bobby ni moi n’obtiendrions de réponses. Le passager manquant, le huitième homme, est un MacGuffin, et il n’est pas le passager auquel le titre fait référence. C’est Bobby. Les deux mots n’ont pas d’étymologie commune, mais un passager est essentiellement passif. Un passager se laisse porter, il ne contrôle pas la destination, il ne conduit pas, ne dirige pas et ne décide pas. Et Bobby ne conduit plus, même s’il possède toujours une Maserati qu’il conduit parfois sur la route. C’est fini depuis qu’il a écrasé sa Lotus lors d’une course de Formule 2 et qu’il est tombé dans le coma, depuis qu’il en est sorti pour découvrir que sa sœur était morte.

Maintenant il plonge. L’argent est bon et l’adrénaline aussi ; comme Alicia le dit à son psy, Bobby n’a jamais eu peur des hauteurs ou de la vitesse, mais des profondeurs, oh oui. Alors il plonge et il boit, une vie de Quartier français sans forme au-delà du moment présent, jusqu’à ce que l’avion s’écrase et qu’il commence à attendre ce qui va arriver. C’est là que les surprises commencent. Les cadavres vous saisissent, mais il y a bien d’autres choses qui vous retiennent : une histoire familiale troublée d’une part et un drame formel compliqué, enveloppant et exaltant d’autre part.

Jusqu’à présent, j’ai présenté la nouvelle œuvre de McCarthy comme s’il s’agissait d’un seul récit, allant de la mort d’Alicia à la vie actuelle de Bobby, lorsque les questions de ces agents le poussent finalement à quitter la ville pour vivre en dehors de ce qu’on n’appelait pas encore le réseau. McCarthy a cependant publié deux livres cet automne, The Passenger à la fin du mois d’octobre et Stella Maris au début du mois de décembre, et certaines des citations ci-dessus proviennent de ce dernier, qui porte le nom de l’hôpital psychiatrique où Alicia va mourir. Les deux livres sont aussi intimement liés que, eh bien, le frère et la sœur. Et aussi différents. Ils s’éclairent l’un l’autre, et pourtant la relation entre eux n’est pas plus facile à définir que celle entre des personnes qui respirent.

The Passenger est vaste, apparemment axé sur l’intrigue, mais aussi étrangement et agréablement digressif, plein de conversations de Bobby avec ses amis, l’un d’entre eux étant un transsexuel nommé Debussy Fields qui est à la tête d’un spectacle de travestis tout en économisant pour son opération, et un autre un détective privé ayant des idées bizarres sur les Kennedy. Stella Maris est beaucoup plus rigoureusement structuré et, après sa première page, entièrement dialogué : il s’agit de la transcription des séances électrisantes d’Alicia avec son dernier psychiatre, le Dr Cohen. Le livre ne la suit pas dans la neige, mais nous savons toujours que c’est là qu’elle va ; nous ne pouvons pas oublier, même au début, qu’elle est déjà morte depuis presque quatre cents pages.

Je suppose que vous pouvez lire l’un sans l’autre, The Passenger en particulier. Mais je ne peux pas imaginer que quelqu’un qui termine ce livre ne veuille pas continuer. Chacun d’eux offre des bribes différentes de l’histoire familiale, un détail dans l’un donnant un sens à un moment dans l’autre, comme s’ils s’infiltraient mutuellement. Alicia raconte tout du Kid à son psychiatre, mais le personnage lui-même n’apparaît que dans The Passenger, dans une série d’interchapitres en italique et d’une sinistre drôlerie qui brisent le flux de son récit central. Stella Maris offre un récit plus complet de l’accident de course de Bobby. Après qu’il a passé quelques mois inconscient, les médecins essaient de convaincre Alicia de le débrancher ; elle refuse même si elle ne croit pas qu’il va vivre. Chaque livre permet de mieux comprendre l’autre, tout comme le fait de rencontrer de vrais frères et sœurs ; ils ont été conçus en tandem et sont tout au plus semi-détachés.

Néanmoins, je pense qu’il faut commencer par The Passenger. Il soulève des questions que Stella Maris nous aide à comprendre, et bien que ce volume plus court n’y réponde pas précisément, le lire d’abord semblerait préventif. Pourtant, il ne s’agit en aucun cas d’une suite, et pas seulement parce que les dernières séances d’Alicia se déroulent avant les années 1980 de l’autre. En fait, Stella Maris pourrait même prendre le dessus, en tant que partenaire dominant de cette paire codépendante. McCarthy a apparemment livré une ébauche de ce livre il y a huit ans, alors que The Passenger était encore en morceaux, et un article du New York Times note que ses éditeurs ont eu un débat animé sur la manière de “conditionner” l’œuvre. Un seul volume ou deux ? Ils ont fait le bon choix.1

05/12/2022

SHAY HAZKANI
Qui a peur de révéler les “secrets” palestiniens de 1948 ?

Shay Hazkani, Haaretz, 4/12/2022

Traduit par Fausto Giudice, Tlaxcala

 

Shay Hazkani est professeur associé d'histoire à l'université du Maryland. Son livre “Dear Palestine: A Social History of the 1948 War a remporté le Korenblat Book Award in Israel Studies pour 2022. Un documentaire basé sur ses recherches, “L'opinion du soldat”, a été présenté en première au Festival du film de Jérusalem en 2022. Le Dr Hazkani a participé à diverses luttes concernant les politiques de déclassification des archives en Israël. En 2019, il a adressé une pétition à la Cour suprême israélienne avec l'Association pour les droits civils, afin de contraindre le service de renseignement intérieur israélien, le Shin Bet, à ouvrir ses archives au public. Avant sa carrière universitaire, Shay a travaillé comme journaliste couvrant la Cisjordanie et l'armée israélienne.

Lorsque les Archives de l'État d'Israël refusent de diffuser des documents pillés aux Palestiniens sous prétexte que cela « porterait atteinte à la sécurité nationale », il est clair qu'il s'agit d'une couverture pour une crainte totalement différente.

Des réfugiés palestiniens quittant leur village, lieu inconnu, 1948. Photo : UNRWA

 

Vous vous êtes sans doute demandé à un moment donné, comme moi, quel genre d'État arabe les Palestiniens envisageaient en 1948 s'ils avaient gagné la guerre. Quels étaient leurs plans ? Où avaient-ils l'intention de construire leur version de l'autoroute Ayalon ? Voulaient-ils aussi assécher le marécage de Hula pour rendre plus disponibles les terres agricoles ?

 

Oh, et que pensaient-ils des 628 000 Juifs qui vivaient dans ce qui est maintenant Israël à la veille de la guerre ? Qu'avaient-ils l'intention de faire d'eux ?

 

Chaque semaine, le chroniqueur Ben-Dror Yemini raconte à ses lecteurs dans le Yedioth Ahronoth que les dirigeants arabes de 1948 ont appelé à jeter les Juifs à la mer. En d'autres termes, ils avaient l'intention de procéder à un massacre systématique.

 

Ainsi, sans accabler les lecteurs de Haaretz avec une recherche académique aride, je pense qu'il est utile de les informer qu'en 15 ans de recherche, au cours desquels j'ai lu des centaines de documents de propagande de 1947 à 1949, je n'ai rencontré qu'un seul cas dans lequel un dirigeant arabe a mentionné “mer” et “Juifs” dans la même phrase. Il s'agissait de l'Égyptien Hassan al-Banna, fondateur des Frères musulmans, dans un appel à expulser les Juifs d'Égypte.

 

Les citations plus familières (comme celle attribuée au secrétaire général de la Ligue arabe de l'époque, Azzam Pacha) ne sont pas étayées par des sources arabes fiables, et il n'est pas certain qu'elles aient jamais été prononcées.

 

Quoi qu'il en soit, je n'ai trouvé aucun appel au meurtre de Juifs au seul motif qu'ils étaient Juifs, que ce soit dans la propagande ou dans le matériel éducatif destiné aux Palestiniens et aux combattants arabes en 1948. À en juger par les documents que j'ai rassemblés pour mon dernier livre, les affirmations concernant un plan arabe visant à “jeter les Juifs à la mer” sont en fait ancrées dans la propagande sioniste officielle. Cette propagande a commencé pendant la guerre, peut-être pour encourager les combattants juifs à laisser aussi peu de Palestiniens que possible dans les zones qui allaient faire partie d'Israël. (Soit dit en passant, une comparaison de la propagande arabe et juive en 1948 révèle que la propagande des Forces de défense israéliennes et de leur précurseur, la Haganah, était beaucoup plus violente).

 

J'ai récemment pensé qu'une occasion en or d'en apprendre un peu plus sur les plans des Palestiniens en cas de victoire  en 1948 m'était tombée dessus. Cinq ans après avoir demandé l'autorisation d'examiner plusieurs dossiers qui avaient été pillés dans des institutions palestiniennes pendant la guerre et dont l'existence avait été dissimulée, les Archives de l'État d'Israël m'ont fourni une liste de dossiers provenant d'un département secret du ministère des Affaires étrangères appelé “département politique” (qui est devenu plus tard le Mossad). En 1948 et 1949, il était dirigé par un agent de renseignement nommé Boris Guriel.

 

Deux dossiers de la liste ont immédiatement attiré mon attention. Le premier, le dossier MFA 5/6100, était intitulé « Palestine - un État arabe indépendant ». Il contenait des documents produits par la Ligue arabe, apparemment dans le cadre de sa correspondance avec le gouvernement en exil de “Toute la Palestine” qui s'est installé dans la bande de Gaza pendant la guerre.

 

Selon les archives, ce dossier contenait « de la correspondance et des rapports sur la création d'un État arabe indépendant ». Mais il est tellement secret que ce n'est que 90 ans après sa création - c'est-à-dire en 2040 - que je serai autorisé à le lire.

 

Bien, ai-je pensé. Peut-être qu'ils ne peuvent pas me dire ce que les Palestiniens prévoyaient pour leur État indépendant, mais chaque enfant en Israël sait que lorsqu'il s'agit du célèbre mufti de Jérusalem, tout est déjà connu et ouvert à l'examen. Après tout, les liens d'Amin al-Husseini avec de hauts responsables du parti nazi et l'horrible propagande qu'il a diffusée à la radio pendant la Seconde Guerre mondiale sont les sujets favoris de la machine de diplomatie publique d'Israël depuis maintenant sept décennies.

 

Mais il s'avère que je me suis encore trompé. Les dossiers du département politique comprenaient également des documents écrits par le mufti entre 1946 et 1948 (dossier MFA 3/6100). Or, les archives m'ont informé que ces documents ne pouvaient être consultés que 90 ans après leur rédaction.

 

Mais ne vous inquiétez pas, ils ont accepté de partager la correspondance du mufti avec de hauts responsables nazis. Seule la question triviale de savoir ce que faisait le leader du mouvement national palestinien pendant la guerre ne peut être révélée.

 

Ces deux dossiers ne sont que la partie émergée de l'iceberg du patrimoine politique et culturel palestinien dissimulé dans les archives d'Israël. Ces documents ont été pris comme butin aux institutions et aux individus palestiniens en 1948, 1956, 1967 et 1982 (et bien sûr aussi dans les décennies suivantes), mais seule une partie d'entre eux peut être consultée.

 

Selon mes estimations, des dizaines de milliers de pages de documents arabes qui n'ont pas encore été mis à la disposition du public se trouvent dans les archives de l'État d'Israël, les archives des Forces de défense israéliennes, les archives du Mossad et les archives du service de sécurité Shin Bet. Ce dernier, selon un témoignage, a brûlé une partie de ces documents dans les années 1960.

 

Le fait que les archives du Shin Bet soient complètement fermées au grand public, avec l'approbation de la Haute Cour de justice, rend impossible de savoir ce qu'elles contiennent ou non. Mais même dans les autres archives, de nombreux dossiers pillés sont gardés cachés ; dans certains cas, même une liste de leur contenu n'est pas disponible.

 

D'ailleurs, il ne s'agit pas seulement de documents de l'élite politique palestinienne. À ma demande, un petit nombre de dossiers palestiniens pillés dans les archives de l'armée israélienne ont récemment été mis à disposition, contenant des milliers de pages de documents sur des personnes ordinaires.

 

L'un de ces dossiers, consacré à un homme nommé Wadia Iskander Azzam, comprend toute sa vie : le document d'enregistrement de sa maison à Safed, son certificat de mariage, les cartes de visite qu'il a collectionnées au cours de sa vie, son journal intime et quelques poèmes qu'il a écrits - tout un monde de documents sur une personne dont le monde a été détruit en 1948.

 

Lorsque les Archives de l'État d'Israël refusent de divulguer les documents pillés aux Palestiniens sous prétexte que cela « porterait atteinte à la sécurité nationale », il est clair que cela cache une toute autre crainte. Il n'y a pas et il ne peut pas y avoir de secrets d'État dans les documents arabes écrits par les Palestiniens, comme leurs plans pour un État palestinien indépendant ou les documents d'un orphelinat de Jaffa.

 

Le plus grand secret est l'existence même de ces documents, qui sont un mémorial à une civilisation palestinienne détruite. Ce « secret », craignent les fonctionnaires responsables de la déclassification des documents, pourrait ébranler le récit sioniste israélien et susciter des doutes chez les personnes désireuses d'examiner l'histoire d'un œil critique.

 

Imaginez qu'un autre pays possède les archives d'une communauté juive d'Europe de l'Est qui a été détruite pendant l'Holocauste, ou d'une communauté juive dans un pays musulman. Bien sûr, il n'y a pas de comparaison possible, mais que dirait Yad Vashem ? Ou les organisations juives des USA ? Le gouvernement usaméricain interviendrait-il pour mettre ces documents en sécurité ?

 

En fait, vous n'avez pas besoin d'imaginer, car il y a eu une pléthore de cas comme celui-ci au cours des 70 dernières années. L'un d'entre eux, toujours en cours, concerne les archives de la communauté juive de Bagdad, que les forces d'occupation usaméricaines ont prises au siège des services de renseignement irakiens en 2003.

 

Les USAméricains ont scanné l'ensemble des archives et les ont mises en ligne, et ils prévoient maintenant de les rendre au gouvernement irakien. Mais les représentants de la communauté juive irakienne exigent que les documents de Bagdad, où il ne reste plus de Juifs, ne soient pas rendus. La bataille fait toujours rage.

 

Israël aussi aura du mal à continuer à conserver l'héritage culturel d'un autre peuple, surtout lorsque la plupart des membres de ce peuple n'ont pas le droit d'accéder aux archives israéliennes pour étudier cet héritage. Tout comme d'autres aspects du conflit israélo-palestinien ont été internationalisés, le vol et la possession illégale par Israël du patrimoine des Palestiniens finiront par être portés devant les tribunaux internationaux. Israël serait bien avisé d'empêcher cela en publiant systématiquement les documents qu'il détient et en les rendant accessibles.

04/12/2022

FREDERIC WEHREY
La Libye en pleine tempête

Frederic Wehrey, The New York Review of Books, 3/12/2022
Traduit par
Fausto Giudice, Tlaxcala

Le changement climatique a apporté une nouvelle dimension dangereuse à la guerre des bandes politico-militaires

Vue d’une tempête de poussière dans le désert du Sahara, septembre 2014 ; Stocktrek/Getty Images.

Dans un bureau exigu et éclairé par des lampes fluorescentes, un fonctionnaire d’âge moyen et son équipe travaillent à ce qui est peut-être le travail le plus important pour les futures générations de Libyens. C’est une sorte de centre de commandement : des écrans d’ordinateur clignotants sur les bureaux, des câbles partout, et des cartes satellites au mur marquées de grandes spirales et de flèches. La bataille n’est pas contre un adversaire militaire, comme les innombrables groupes armés et leurs soutiens politiques qui se disputent le pouvoir et le butin économique dans cet État riche en pétrole depuis l’éviction de Mouammar Kadhafi lors de la révolution de 2011 soutenue par l’OTAN. Le fléau est bien plus insidieux, et les élites du pays, qui se chamaillent, semblent terriblement mal préparées à le combattre.

C’est le siège temporaire du Centre météorologique national de Libye, un bâtiment en béton coulé indescriptible, niché sur la route Qurji, du nom d’un capitaine de la marine ottomane qui a également fait construire une mosquée ornée dans la vieille ville voisine. Le directeur du centre, Ali Salem Eddenjal, affable et nerveux, m’accueille en s’excusant de l’exiguïté des lieux : il a dû quitter un autre quartier de la capitale en raison de violents affrontements entre milices, une histoire de déplacement forcé que de nombreux Libyens ne connaissent que trop bien. 

Pourtant, M. Eddenjal et son équipe poursuivent leurs efforts, surveillant, analysant, prévoyant et rapportant avec diligence un flux de données alarmantes que la plupart des Libyens connaissent déjà de première main. Le pays se réchauffe, les sécheresses sont plus sévères et plus longues, les précipitations plus rares, les tempêtes de sable et de poussière plus puissantes et plus fréquentes. Ce dernier phénomène s’est manifesté de manière spectaculaire en mars et en avril, lorsqu’un blizzard de particules s’est élevé du Sahara et a recouvert Tripoli et sa région. La brume de couleur saumon, stupéfiante sur Instagram, a entraîné la suspension des vols de l’aéroport de la ville. Elle a également suscité un avertissement de la mission de l’Union européenne en Libye, selon lequel les autorités du pays devaient s’attaquer aux effets actuels et imminents du changement climatique.   

C’est un avertissement qu’Eddenjal, qui a rédigé une thèse sur le changement climatique, n’a pas besoin d’entendre. Depuis des années, il prévoit les effets dévastateurs du réchauffement climatique anthropique sur son pays de près de sept millions d’habitants qui souffre d’un manque d’eau, effets qui seront exacerbés par des années de conflit, de corruption, de délabrement des infrastructures et de détérioration de l’environnement. Le tableau saisissant qu’il brosse augure à bien des égards l’avenir d’une grande partie de l’Afrique du Nord et du Moyen-Orient. La température annuelle moyenne de la Libye, ainsi que celle de l’ensemble du sud de la Méditerranée, augmente plus rapidement que celle du reste du monde, et devrait augmenter de deux degrés Celsius d’ici 2050. Les précipitations annuelles diminuent à un rythme tout aussi rapide, tandis que le niveau de la mer le long de la côte libyenne augmente de trois millimètres par an.

Dans un pays désertique où la grande majorité de la population réside dans une étroite bande de territoire près de la mer, ces changements seront catastrophiques. Alors que la chaleur, la sécheresse et l’insécurité alimentaire font des ravages à l’intérieur de la Libye, les infrastructures de services et d’assainissement déjà faibles des villes du nord vont céder sous l’afflux de Libyens de l’arrière-pays, qui rejoignent les milliers de citoyens toujours déplacés par la guerre. L’eau potable, dont 80 % est puisée dans des aquifères fossiles situés en profondeur dans le désert par un système de canalisations appelé “Grande rivière artificielle”, va diminuer en raison de l’évaporation des réservoirs ouverts et de l’extraction non durable. La hausse des températures s’accompagne également d’une augmentation de la demande d’électricité, qui poussera un réseau surchargé jusqu’au point de rupture, avec des conséquences dangereuses pour la santé et la sécurité alimentaire. Pendant ce temps, les tempêtes se déchaîneront sur des systèmes de drainage de mauvaise qualité, et certaines zones côtières, comme la ville portuaire orientale de Benghazi, seront gravement endommagées ou inondées.

Des Libyens pataugent dans des eaux de crue suite à de fortes pluies à Tripoli, Libye, octobre 2022. Mahmud Turkia/AFP/Getty Images

À cette crise s’ajoutent deux précarités flagrantes. La dépendance de la Libye à l’égard des exportations pétrolières pour financer le budget gonflé du secteur public - qui emploie 85 % de la population - l’a dangereusement exposée à la baisse imminente des prix mondiaux du pétrole, connue sous le nom de “pic pétrolier”, résultant de la transition vers les énergies renouvelables et des engagements en faveur de la réduction nette des émissions de carbone. De plus, le minuscule secteur agricole libyen, en déclin rapide, et la dépendance de la Libye à l’égard des importations pour plus des trois quarts de ses denrées alimentaires la rendent tout aussi vulnérable aux chocs alimentaires. Il est facile d’imaginer le cataclysme qui se profile à l’horizon : des pertes humaines et une ruine économique vertigineuses, accompagnées de la dissolution violente du pays en une mosaïque de territoires dirigés par des milices prédatrices utilisant l’eau, l’électricité, le carburant et la nourriture comme sources d’autorité.

Les signes avant-coureurs de cette dystopie sont déjà là. Rappelez-vous, par exemple, le spectacle, il y a quelques années, des habitants de Tripoli creusant pour trouver de l’eau à travers le béton à l’extérieur de leurs maisons, après le sabotage de la Grande Rivière artificielle - une cible privilégiée des criminels et des milices dans le sud. Ou encore la lutte que se livrent les quartiers de la capitale et de ses environs, soutenus par des groupes armés, pour le rationnement de l’électricité pendant les chauds mois d’été. Ou encore les blocages trop fréquents des ports et des champs pétroliers par des groupes armés et des factions politiques, qui contribuent aux longues files d’attente pour le gaz et l’électricité lors des pannes et créent un marché pour les générateurs privés de combustibles fossiles qui crachent des gaz d’échappement à proximité des habitations.  

Mais les signes avant-coureurs les plus tragiques de l’avenir climatique qui s’assombrit sont les milliers de réfugiés et de migrants libyens, dont beaucoup viennent des États subsahariens, qui ont fui les pénuries alimentaires, la violence et la pauvreté écrasante - des difficultés exacerbées par la dégradation de l’environnement et les événements climatiques - pour subir d’horribles abus aux mains des trafiquants et des groupes armés libyens, parfois soutenus par l’État libyen et, indirectement, par une Europe de plus en plus nativiste.

Eddenjal sait tout cela et plus encore. Mais pour l’instant, il veut me parler des tempêtes de sable.

HAARETZ
Les Palestiniens dénoncent l’exécution d’Ammar Mefleh en Cisjordanie

The Associated Press, Jack Khoury, Josh Breiner, Haaretz, 4/12/2022
Traduit par
Fausto Giudice, Tlaxcala

 Des témoins oculaires rejettent la version de la police israélienne selon laquelle Ammar Mefleh a été abattu en état de légitime défense et affirment que les forces de sécurité israéliennes ont empêché les médecins de tenter de le sauver alors qu'il gisait sur le trottoir.

Des soldats sur les lieux avec le Palestinien Ammar Mefleh étendu au sol, vendredi.

Un mémorial improvisé sur le trottoir avec un drapeau palestinien et un avis de deuil a rendu hommage samedi à un Palestinien de 22 ans dont la mort aux mains d'un officier de la police aux frontières israélienne - quatre coups de pistolet à bout portant - a été capturée sur une vidéo amateur largement partagée.

 

Un jour après la fusillade dans la ville de Hawara, en Cisjordanie occupée, les Palestiniens ont rejeté les affirmations de la police israélienne selon lesquelles Ammar Mefleh a été abattu en état de légitime défense après avoir attaqué des Israéliens, dont un policier aux frontières, et résisté à son arrestation.

Ils affirment que l'officier a tué Mefleh sans justification et que les forces de sécurité israéliennes ont empêché les médecins palestiniens de tenter de sauver l'homme gravement blessé qui gisait sur le trottoir d'une artère très fréquentée.

La vidéo de 38 secondes commence par une bagarre entre l'agent de la police aux frontières et trois Palestiniens, dont Mefleh, sur le trottoir, alors que la circulation est dense. L'officier a retenu Mefleh par un étranglement, et ils ont échangé des coups après que Mefleh se fut libéré. Il a essayé d'attraper le fusil d'assaut de l'officier, qui est tombé par terre derrière l'officier, hors de portée immédiate de Mefleh. Le policier a alors sorti son pistolet et tiré quatre coups de feu alors que Mefleh, désarmé, tombait au sol.

Immédiatement après la fusillade de vendredi, la police a affirmé que Mefleh avait porté un couteau et tenté d'attaquer deux Israéliens dans une voiture, puis avait essayé de pénétrer dans le véhicule verrouillé avec une pierre.

Ils ont déclaré que le conducteur a tiré et blessé Mefleh, qui a ensuite chargé un groupe de policiers aux frontières et en a poignardé un au visage. L'agent de la police aux frontières a tenté d'arrêter Mefleh, qui a résisté et a essayé d'attraper l'arme de l'agent, selon la police. L'officier qui a tiré sur lui n'a pas été blessé.

Samedi, le commissaire de la police aux frontières, le major général Amir Cohen, a déclaré qu'il y avait “97 % de chances” que Mefleh soit celui qui a poignardé l'officier.

Deux Palestiniens qui ont été témoins de l'incident et qui ont parlé à Haaretz ont donné un récit différent des événements. Daoud Dameidi, qui vit près de la route où l'incident s'est produit, a déclaré que, dans un premier temps, deux véhicules palestiniens ont été impliqués dans un accident. Ensuite, poursuit-il, une dispute a éclaté entre l'un des policiers présents sur les lieux et Mefleh, en raison des embouteillages créés par l'accident. Les deux ont commencé à se battre et Mefleh a couru vers une voiture, a-t-il dit, lorsqu'un Israélien en est sorti et a tiré sur Mefleh.

« Il a dû penser que c'était une attaque terroriste ou quelque chose comme ça... Il a dû frapper le jeune homme, puis le policier a essayé de l'arrêter, et il a résisté », dit Dameidi.

Dameidi a ajouté que deux personnes ont essayé de libérer Mefleh de l'emprise du policier, mais ce dernier a continué à le tenir. « Je n'ai pas vu que Mefleh avait un couteau ou tenait un outil tranchant. Il ne semblait pas que quelqu'un essayait de perpétrer une attaque ». Dameidi a ajouté que « même lorsque l'arme du policier est tombée, on peut voir que personne ne s'est approché de lui. Le policier aurait pu tirer une balle dans la jambe, et cela aurait été la fin. Pourquoi a-t-il dû le transpercer (Mefleh) de la sorte ? C'était une exécution ».

Daoud Odeh, propriétaire d'un magasin de volailles dans la même rue, qui a assisté aux dernières minutes de l'incident, a également déclaré à Haaretz qu'un accident de voiture s'était produit. Après cela, a-t-il dit, un Israélien qui se trouvait sur les lieux a ouvert le feu pendant qu'un policier poursuivait Mefleh. Odeh n'a pas non plus vu que le jeune homme avait un couteau ou tout autre outil tranchant dans sa main.

Amir Cohen, chef de la police aux frontières israélienne, le mois dernier. Photo : Itai Ron

Samedi, le maire de Hawara, Moein Dmeidy, et d'autres personnes ont cité des témoignages de seconde main selon lesquels il y aurait eu une altercation entre Mefleh et un automobiliste israélien après un accident de voiture, mais les journalistes d'Associated Press n'ont pas pu trouver de témoins des événements qui ont conduit à la fusillade.

M. Dmeidy a déclaré que le policier n'avait aucune raison de tuer M. Mefleh alors qu'il l'avait déjà maîtrisé. Mefleh a été « tué de sang-froid », a déclaré le maire, qui est arrivé sur les lieux quelques instants après la fusillade. Dans une deuxième vidéo, on voit Mefleh bouger et se retourner sur le sol après avoir été abattu, et on ne sait pas exactement à quel moment il est mort.

Selon M. Dmeidy, une ambulance palestinienne est arrivée quelques minutes après la fusillade, mais les forces de sécurité ont empêché les médecins de lui porter secours. Dmeidy a déclaré qu'Israël n'a pas remis le corps de Mefleh pour qu'il soit enterré.

Tor Wennesland, l'envoyé spécial des Nations unies pour le processus de paix au Moyen-Orient, a écrit sur Twitter qu'il était "horrifié" par la fusillade et a adressé "ses sincères condoléances à la famille endeuillée." Il a appelé à une enquête approfondie et a déclaré que les responsables devaient être tenus pour responsables.

 

 Ammar Mefleh, 22 ans, a été tué vendredi par un policier israélien en Cisjordanie

Le porte-parole du ministère israélien des Affaires étrangères, Emmanuel Nahshon, a accusé l'envoyé de déformer la réalité. « Cet incident est une attaque terroriste, dans laquelle un policier israélien a été poignardé au visage et la vie d'un autre policier a été menacée, et par conséquent il a tiré sur son assaillant », a écrit Nahshon sur Twitter.

Samedi, les magasins situés le long de la route principale de Hawara ont été fermés en signe de protestation contre la fusillade. Un mémorial de fortune a été érigé à l'endroit où Mefleh a trouvé la mort. Il se compose d'un drapeau palestinien sur un petit mât et d'une affiche de décès adossée à celui-ci. L'affiche, avec une photo de Mefleh, indiquait que le parti Fatah du président palestinien Mahmoud Abbas pleure son fils « qui a été tué aux mains de l'occupation sioniste ».

 

Cette réaction est une déformation totale de la réalité. Cet incident est une attaque terroriste, au cours de laquelle un policier israélien a été poignardé au visage et la vie d'un autre policier a été menacée, ce qui l'a amené à tirer sur son assaillant. Il ne s'agit PAS d'une "échauffourée", mais d'une attaque terroriste ! https://t.co/1yoK8h7ehM
- Emmanuel Nahshon (@EmmanuelNahshon) le 3 décembre 2022

La vidéo des derniers instants de Mefleh était une documentation rare de l'un des incidents violents de plus en plus courants impliquant les forces de sécurité israéliennes et les Palestiniens, y compris des assaillants.

La montée des tensions israélo-palestiniennes a fait de 2022 l'année la plus meurtrière en Cisjordanie et à Jérusalem-Est dans ce conflit de longue date depuis 2006. Une nouvelle escalade est probable, car le gouvernement le plus à droite et le plus religieux de l'histoire d'Israël est sur le point d'être installé dans les prochaines semaines, avec le retour au pouvoir de l'ancien Premier ministre Benjamin Netanyahou.

 

 « Soutiens totalement le commandant de compagnie de la PAF qui a identifié l'incident d'hier, initié et neutralisé le terroriste et ainsi sauvé des vies. Toute tentative de déformer la réalité et de raconter une fausse histoire dans le monde est tout simplement une honte. Je souhaite un prompt rétablissement au combattant qui a été blessé dans l'incident. Nos forces de sécurité continueront d'agir résolument contre le terrorisme où qu'il lève la tête.
Yair Lapid (@yairlapid) le 3 décembre 2022.

Plus de 140 Palestiniens ont été tués dans les combats israélo-palestiniens cette année. L'armée israélienne affirme que la plupart des Palestiniens tués sont des militants. Mais des jeunes lanceurs de pierres protestant contre les incursions de l'armée israélienne et d'autres personnes non impliquées dans les affrontements ont également été tués.

La fusillade meurtrière de vendredi s'est déroulée sur fond de mois de raids d'arrestation israéliens en Cisjordanie, provoqués par une série d'attaques palestiniennes contre des Israéliens au printemps, qui ont fait 19 morts.

L'armée affirme que ces raids sont destinés à démanteler les réseaux de militants et à déjouer les attaques futures, mais les Palestiniens affirment qu'ils renforcent l'occupation israélienne illimitée, qui dure depuis 56 ans. Une récente vague d'attaques palestiniennes contre des cibles israéliennes a tué neuf autres personnes.